sábado, 21 de septiembre de 2013

Esbozo de Nicolás Gómez Dávila y Homenaje al Dr. Martín Pouysségur - Juan Campos Carlés

Esbozo de Nicolás Gómez Dávila
y Homenaje al Dr. Martín Pouysségur
Dr. Juan Campos Carlés


Estimados:

Los invitamos a participar del décimo Studium 2013 –Estudio Comunitario– del Centro Pieper, a realizarse el próximo Martes 24 de Septiembre a partir de las 18.30 hs. en el Centro Educativo FASTA, sito en Gascón 3145, de nuestra ciudad de Mar del Plata.

El tema que convoca en esta oportunidad es “Esbozo de Nicolás Gómez Dávila y Homenaje al Dr. Martín Pouysségur”, que será presentado por el Dr. Juan Campos Carlés, continuando así el Estudio Comunitario con Mesa de Libros, Documentos y Autores que coordina el Centro Pieper bajo el lema: “Pasión por la verdad”.

Originariamente este tema iba a ser expuesto por el Dr. Martín Pouysségur, gran amigo y miembro de la Comisión Directiva del Centro Pieper, quien partió a la casa del Padre en el mes de Abril de este año. Es por esto que aprovechamos la oportunidad para homenajearlo y hablar de su admirado Gómez Dávila.

La participación en este “Studium” del Centro Pieper es libre y gratuita.


Los Esperamos.


Para mayor información:
(0223) 495-0465
(0223) 155-03-4406
centropieper@gmail.com 


*   *   *


Cómo ha escrito Pouysségur: “Nicolás Gómez Dávila nació el 18 de mayo de 1913 en Cajicá, departamento de Cundinamarca, municipio situado a 39 kilómetros de Bogotá, en el seno de una familia de clase alta, y murió en esta última ciudad el 17 de mayo de 1994, poco tiempo después de haber alcanzado algo que nunca deseó ni le interesó tener: el reconocimiento internacional a su ingenio, gracias a las traducciones a las que acabo de aludir.

Como escribiera Franco Volpi, su biografía podría resumirse en tres palabras: “Nació, escribió, murió”, aunque en el interín una serie de circunstancias marcaron su vida; así, en el designio de sus padres de llevarlo a Francia para recibir una educación humanística cristiana en un colegio benedictino, pasando sus vacaciones en Inglaterra donde aprovechó para perfeccionar su inglés, sufrió una alteración parcial por causa de una enfermedad nunca diagnosticada que lo obligó a guardar reposo en su casa parisina durante casi dos años, quedando su formación en manos de preceptores privados franceses que profesaban lenguas antiguas y filosofía, consiguiendo así y allí, como es obvio, un impecable dominio del francés, del griego y del latín, persuadiéndose, como escribiera años después, que: “El que no aprendió latín y griego vive convencido, aunque lo niegue, de ser sólo semiculto”.

Luego de regresar a Colombia y casarse a los veintitrés años con María Emilia Nieto, con la que tuvo tres hijos, un accidente de polo en el que se fracturó las caderas lo dejó seriamente impedido constriñéndolo, de allí en más, a quedarse la mayor parte del tiempo leyendo en su casa de Bogotá. Allí llegó a reunir, con la ayuda del librero de origen vienés Hans Ungar -un mito de las librerías en Colombia-, una biblioteca de 30.000 volúmenes que acaba de adquirir el Banco de la República de ese país, de los cuales, a medida que los leía iba tomando notas y destilando glosas y aforismos, publicados, casi en la clandestinidad, a impulso de amigos y parientes, bajo el singular y enigmático título: “Escolios a un texto implícito”, “texto” que nadie develó a ciencia cierta cuál pudo haber sido, pues no era sino la síntesis de todas esas ingentes lecturas.

Sin embargo, no se detuvo allí su búsqueda del “don de lenguas” para mejor comprensión de sus lecturas y percepción de esa música que, de acuerdo con palabras de Enrique Larreta -en su soneto “La Pampa”-, “alguien llamó callada”. Para Gómez Dávila: “La idea de traducir un poema es la última que se le debe ocurrir al que lo admira”, y al español nativo, al griego y al latín, al francés, al inglés, al alemán y al italiano, se sumaron el ruso -Dostoïevsky, Konstantin N. Leontiev, Rozanov, Berdiaev, Soloviev, etc.- y hasta el danés, para poder adentrarse en los arcanos de Kierkegaard.

El regreso a su tierra fue definitivo, con excepción de un largo viaje en automóvil por el viejo continente que hizo en compañía de su mujer a poco de terminada la Segunda Guerra Mundial, reflejado en patéticas palabras: “Viajar por Europa es visitar una casa para que los criados nos muestren las salas vacías donde hubo fiestas maravillosas”. Forma gráfica de decir que, para quien se proclamaba abiertamente “católico, reaccionario y retardatario”, los europeos -víctimas de la explosión demográfica, la democracia que pretende sustituir la voluntad de Dios por la voluntad del número y la revolución industrial- estaban en vías de extinción y que las salas donde hubo fiestas maravillosas se habían vaciado.

A lo cual, con su causticidad habitual, agregó que: “Los monumentos levantados en los últimos doscientos años no los visitan con admiración sino tontos”.

Tomó conciencia así, siguiendo el pensamiento de Vassili Rozanov (1856-1919), y reflejado a lo largo de muchos “escolios”, que: “No hay ninguna duda que la razón profunda de todo lo que pasa actualmente reside en el vacío colosal dejado por el cristianismo difunto en la humanidad europea (rusa incluida); todo se desmorona en el vacío del alma, privada de su contenido antiguo”.

A ese pensamiento añadió, a la sazón, el de Nicolai Berdiaev, para quien: “El cristianismo vuelve al estado en que se encontraba antes de la aparición de Constantino, debe emprender de nuevo la conquista del mundo”, lo que le hace razonar a Brussell que: “leyendo hoy la obra de Nicolás Gómez Dávila, podría ser bien que nos encontráramos con el primer brote de esta idea”, de lo que es prueba significativamente elocuente el “escolio”: “¿Por qué no imaginar posible, después de varios siglos de hegemonía soviética, la conversión de un nuevo Constantino?”, premonición que no llegó a varios siglos, aunque la hegemonía actual no es la soviética sino la del pensamiento único políticamente correcto y anticristiano, haciéndose esperar todavía la llegada de un gobernante católico, con una sola ley y una sola religión, como el hijo de Santa Elena, para conquistar el mundo.

Con semejante forma de pensar era evidente que no podía tomar parte activa en la vida cultural y política de Colombia, patria de nacimiento que para él no existía, afirmando que “lo único que tenía en común con sus compatriotas era el pasaporte”. No se dejó seducir tampoco por el canto de sirenas del “establishment” colombiano que, no obstante, lo tentó varias veces con el ofrecimiento de embajadas en diversas capitales europeas, acorde con los pergaminos de su obra –una obra cuya publicación lamentablemente se realizó de una manera casi oculta y no favoreció su divulgación, como bien lo señaló Franco Volpi-. Es también significativo el brillo por su ausencia, en la inmensa biblioteca de “don Colacho”, de los libros de su coterráneo Gabriel García Márquez, premio Nobel de literatura 1982 -quien paradójicamente habría dicho (en privado), refiriéndose a Gómez Dávila, que “si yo no fuera de izquierda, pensaría en todo y de todo como él”-, y de otros escritores latinoamericanos muy en boga en su momento (Cortázar, Carlos Fuentes, Roa Bastos, Rulfo, Sábato, Vargas Llosa, etc.), salvo las más que justificadas excepciones de Borges, Alejo Carpentier, Álvaro Mutis, Octavio Paz y Orlando Téllez. También fue tajante la mordacidad de su juicio sobre la literatura norteamericana al afirmar “que deja de ser literatura cuando comienza a ser americana”.

Así fue transcurriendo la vida sedentaria de este hombre singular, que estaba fuera de nuestro tiempo, ajeno al “pensamiento único” (“El moderno cree vivir en un pluralismo de opiniones, cuando lo que hoy impera es una unanimidad asfixiante”) y a la desinformación periodística -televisiva, radial y escrita-, ya que “Las noticias son el substituto de las verdades”. Leyendo incansablemente a todo rumbo, pues “la literatura toda es contemporánea para el lector que sabe leer”, y pensando, “ocupación tan deliciosa que nos hace soportar la mediocridad de nuestros pensamientos”, estaba vinculado, sin embargo, con la realidad por medio de sus amigos y seguidores -Francisco Pisano de Brigard, Douglas Botero, Alberto Lleras Camargo, Hernando Téllez, Abelardo Forero Benavídez, Álvaro Mutis y otros escritores, periodistas, miembros de la Universidad de los Andes, a cuya fundación contribuyó-, que lo visitaban puntualmente todos los domingos y a quienes, con timidez, leía sus escolios hasta que lo sorprendió la muerte el 17 de mayo de 1994, en la biblioteca de su casa, donde había pedido ser llevado después de recibir los santos sacramentos”.


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Para leer antes del Studium:
Esbozo de Gómez Dávila – Martín Pouysségur

Dr. Martín Pouysségur – In Memoriam (23 Abril 2013):


Para conocer el plan de estudios comunitarios del «Studium» del Centro Pieper Ciclo 2013, haga click en el siguiente enlace:


Para conocer el Programa del Curso “Maestros y Testigos Cristianos - en el Año de la Fe”, haga click en el siguiente enlace:





1 comentario:

  1. Felicitaciones al merecido homenaje al Dr. Pouysségur. El vió venir todo lo que está sucediendo

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