jueves, 10 de noviembre de 2016

Caturelli - Héctor H. Hernández

Caturelli
Héctor H. Hernández


“Siempre que la Iglesia y la Patria lo necesitan, él como intelectual católico está”.


Doctores cuyas plumas nos legaron
De virtud y saber rico tesoro,
Al que es raudal de ciencia inextinguible
Rogadle por nosotros
Libro de las Horas, Fiesta de todos los Santos


Fue en 1998, ni un año más ni uno menos; pero en nuestro rastreo todavía no dimos con el día y el mes. Fue en Paraná, Entre Ríos, sin ninguna duda. Y en una biblioteca popular que está en calle Buenos Aires que, obviamente, no se ha movido de lugar. Fue el último acto que hizo el CENTOLIAR, (¿“último acto”?, digo hasta ahora, porque siempre hemos querido resucitarlo). Fue la reunión número 25 .


1. Centoliar

La sigla daba para un medicamento, “Centoliar gotas”, “Centoliar inyectable”, “Consulte antes a su médico”, “lea el prospecto”, y para las consiguientes chanzas; pero no: “Centro Tomista del Litoral Argentino”, para servir a la Patria. 

Nacimos a la sombra del convento “San Pablo Primer Ermitaño” de los dominicos de Santa Fe, es decir al amparo de Fray Rafael y Fray Amando (¿qué es lo que no hicieron uno y otro?: los Cuadernos de espiritualidad y teología; los retiros de matrimonios en Córdoba, que todas nuestras mujeres añoran; hasta las jornadas de jóvenes, luego agrandadas con el Centro “Hernandarias”), y éramos de esa ciudad, Paraná, Rosario, San Nicolás… federales. 

Nos habíamos propuesto rechazar por sistema la conferencia, e instaurar la amistad y la disputatio. Generalmente sobre trabajos de autores de la zona… mas algunos actos de divulgación… que fueron los más exitosos… Hasta llegó a salir de nosotros (Fray Armando y Mariano Morelli se pusieron la obra al hombro) un libro de bioética que tuvo dos ediciones: Valor de la vida. Cultura de la muerte.

Habíamos resuelto hacer un reconocimiento a Caturelli, pero hacerle dar una conferencia era traicionar nuestra ley suprema, y andarle con discusiones minuciosas, no iba… Entonces ingeniamos leer, en lo posible, todo lo que él escribió y plantearle preguntas sobre toda su obra… Es un decir… ¿leer todo Caturelli?... pero que algo de eso hicimos, lo hicimos… Créame lector. 


2. Jornada 25 

Era la Jornada número 25 del Centro, y fue su última actividad (hasta ahora… ya te dije… ¡“volveremos”!, ¿o no Leandro?).  

El esquema de la reunión, por lo que alcanzamos a registrar hasta ahora en nuestra investigación, fue aproximadamente el siguiente: 

1. Palabras de presentación del Centoliar, de nuestro método y de la disputatio, por el P. Fray Armando Díaz. 

2. Palabras de presentación de Caturelli por el Hernández, aludiendo someramente a su obra (exclusivamente sobre lo escrito hasta 1997).  Se lee su reproducción más abajo. 

3. Palabras de agradecimiento del Dr. Alberto Caturelli

4. Le formuló preguntas sobre historia de la filosofía, teología de las ideas y movimientos teológicos el Pbro. Dr. José María Pincemin (aludiendo a las distintas obras del autor sobre esos rubros), que Caturelli fue contestando. 

5. El P. Díaz formuló algunas preguntas sobre el tema educativo (Freire, Piaget, también objetos de estudio caturelliano).

6. El Dr. Hernández formuló algunas preguntas sobre pensadores políticos en la obra de Alberto Caturelli. 

Se conserva el texto, que fue aproximadamente el siguiente: 

Sobre Lugones. «Dr. Caturelli:  Ud. se ha ocupado sobre Lugones. ¿cómo se originó y qué fue lo que le llevó a escribir “El itinerario espiritual de Leopoldo Lugones”, Mikael, Paraná, 1981? ¿Podría trazarnos en dos palabras una especie de “balance de Lugones”, principalmente como pensador político y en su posición religiosa?».

Sobre Esquiú. «Dr. Caturelli: su tesis doctoral versó sobre Esquiú y Ud. ha vuelto sobre él. Su libro “Mamerto Esquiú. Vida y pensamiento” (1953) tiene segunda edición de 1971. ¿Por qué su interés por el tema, cómo se desarrolló su investigación y, de nuevo como con Lugones, puede trazarnos un “balance de Esquiú”, sobre todo en el aspecto político? En especial debo confesarle que tengo una espina clavada en mi corazón que yo haría valer como abogado del diablo en su canonización, y es llamarle a Urquiza “nuestro libertador”. El tema está, como es sabido, en el liberalismo o no liberalismo de Esquiú y los alcances de la aceptación por su parte de la Constitución de 1853. Es posible que en esto entrerrianos, cordobeses, catamarqueños y bonaerenses no tengamos puntos de vista idénticos dentro de un común punto de vista argentino». Contestó brillantemente Alberto Caturelli.  

7. El P. Pincemin le formuló cuestiones a propósito de Maurras. Y Caturelli siguió trabajando…

8. También hubo preguntas sobre Masonería (sobre lo cual también escribió), y sobre “La Iglesia y las catacumbas”.

9.  También se le hicieron preguntas más personales y técnicas al escritor sobre: a) Maestros y amigos; b) Cómo se decide a escribir y publicar un libro o un artículo; Cómo trabaja; Consejos sobre cómo trabajar; Qué errores cometió y qué consejos nos da; Sinsabores, apuros y papelones; Preguntas difíciles que le han hecho en alguna conferencia; Los congresos de la Sociedad Católica Argentina de Filosofía, la obra organizativa magna de AC; Su obra que más le gustó; La que más resonancia tuvo; El libro que hubiera querido escribir. En qué está trabajando. Libros en que trabaja, libros ya enviados a publicar, etc... Misión del intelectual católico en la Argentina de hoy. –Y Caturelli se siguió ganando el salario, que consistió en una comida muy fraternal al lado del río. Como era habitual, AC concurrió con su esposa, la inolvidable Celia. 

Van ahora las palabras de presentación prometidas, que dije entonces, limitando la glosa de sus obras a 1997 (siguió trabajando Don Alberto mucho más allá de 1997 …).


3. “Siempre que la Iglesia y la Patria lo necesitan, él como intelectual católico está”

«Puesto en la tarea de hacer una breve introducción a este diálogo con el Dr. Caturelli, yo quisiera sintetizar sus merecimientos con estas palabras: Siempre que la Iglesia y la Patria lo necesita, él como intelectual católico está. 

Y esto plantea un problema interesante, con cierta analogía a un pasaje evangélico: Porque muchos dirán: ¿Cuándo lo necesitó la Iglesia y cuándo lo necesitó la Patria a Alberto Caturelli y,  sobre todo, cuando se lo dijo a él, que no tiene voto de obediencia?

No se trata aquí, claro está, en lo que a nosotros nos interesa, que “estuve enfermo y... fuimos a verte” (Mateo 25, 36), aunque sepamos por algún cura amigo -que él ni se imagina-, su compartir noches del servicio sacerdotal de urgencia con el nada filosófico cargo de... “chofer”. El filósofo chofer de la asistencia sacerdotal urgente… Ni se trata de un material “tuve hambre, y me disteis de comer”..., sino de otra cosa, de las obras de misericordia espirituales que un pensador católico puede y debe ofrecer, tema con el que estamos en el inicio de esta jornada pero con el que también terminaremos. 

Yo pienso que ante el hambre de verdad de la gente, también Nuestro Señor puede decir: “hacía falta la filosofía sistemática y la diste con generosidad”. Éste es uno de los rubros en que clasifico la obra caturelliana, que en esta materia, sólo en libros y ensayos y hasta 1997, porque ahí hicimos el recorte dado el año de la “Historia de la filosofía en la Argentina” consultada, registra 10 volúmenes... aparte de los artículos.

También “hacía falta documentar, juntar, que no se perdiera, la historia de la filosofía en Córdoba, en el medioevo y en la Argentina, Chile y Perú”, y allí escribió nuestro “discípulo bueno y fiel”: en este rubro contabilizó hasta 1997, entre libros y ensayos, 13 volúmenes (dejemos los artículos).

Hacía falta un esclarecimiento sobre pensadores católicos o cercanos o conversos que se han prestado a distintas interpretaciones. Hacía falta luz”, y allí estuviste trabajando sobre Frías, Esquiú, Donoso Cortés, Maurras, Saúl Taborda, Lugones, (6 volúmenes),  más Nimio de Anquín y nada menos que sobre la obra universitaria del gobernador federal cordobés Juan Bautista Bustos. 

Hacía falta esclarecer cuestiones sobre pensadores de la vereda de enfrente que envenenaban el catolicismo”, y allí estuvistes escribiendo sobre Freire y Piaget, aparte los escritos arquitectónicos, constructivos, sobre educación. 

Hacía falta también incursionar en la teología” y que el filósofo no abjurara de la revelación y abriera la filosofía a ella, y allí están los que contabilizo, sólo entre libros y ensayos -¡que otro que tenga tiempo haga la clasificación de artículos!- con “Cristocentrismo”, “El hombre y la historia”, “La Iglesia Católica y las catacumbas de hoy”, “Caín”, “Pluralismo cultural y sabiduría cristiana”, “Masonería”, y también en materia moral: la virtud de la “studiositas”...

También se nos ha dicho que “Si alguno dijere: ´Amo a Dios´, pero aborrece a su hermano, miente. Pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no es posible que ame a Dios, a quien no ve” (1 Juan 4, 20). Y allí su obra académica sobre filosofía y teología y sobre un amor a un especial prójimo, con sus aportes sobre América y sobre la Patria, sobre el patriotismo, sobre Sacheri y sobre las Malvinas y la guerra justa que entre libros y folletos son cuatro volúmenes, y en artículos son incontables. [Actualización 2016: En el Congreso de la SITA dedicado al patriotismo, que tuvo lugar este año en San Antonio de Arredondo, Caturelli fue quizá el autor más citado. Recuerdo por ejemplo la ponencia de Penna]. En suma, Caturelli también se ocupó del trabajo y no poco de la educación. De la Virgen María y el destino histórico nacional, y de la familia. 

Sobre él y su obra, esto es sobre Caturelli como objeto de estudio, sólo hasta 1997 se habían escrito 8 ensayos, libros o tesis publicados, y 33 artículos. Sus artículos (digo los escritos por Caturelli) según la historia consultada que llega como digo hasta 1997,  sumaban nada menos que 476. 

Hay una cosa que es, en efecto, el voto formal y canónico de obediencia, y otra cosa es la obediencia del Cristiano al Padre y a la Iglesia y del patriota a la Patria. Una cosa es el voto de obediencia, en que la razón y la voluntad del superior de algún modo se convierten en la razón y la voluntad del inferior, que siempre es y no deja de ser una especie de aquella obediencia a que todos estamos obligados. Pero ahí de algún modo se facilitan las cosas. Otra cosa es la obediencia del laico por su cuenta, gobernada también obviamente por la prudencia cristiana -como toda obediencia-, especialmente abierta a todas las manifestaciones de Dios a través formalmente de su Iglesia. Pero donde debe él hacer todo el trabajo de la inteligente adaptación a su aquí y ahora y emprender verdaderamente la conducción, la jefatura por así decir aunque no mande a nadie, y la decisión de la propia tarea. Compromiso intelectual y laical el de nuestro amigo. Ejercicio, sin duda, de la libertad. Ejercicio de la prudencia.

Compromiso intelectual y laical.

Pero nada clerical.

¡El clericalismo, cosa que abunda! Si la geografía de la Argentina quiere ser amputada, aunque un ángel o el Estado del Vaticano quieran que aceptemos la propuesta del Beagle, donde la Argentina perdió todo a cambio de nada, Caturelli alza su voz y alza su pluma. Consecuencia: por su argentina conducta fue separado como profesor del Seminario Arquidiocesano de Córdoba... 

¿Cómo se manifiesta “la orden de Nuestro Señor” a un intelectual laico para fundar y convocar y reunir durante años y años los Congresos de Filosofía Cristiana, algo que no es “seguir lo que se hizo siempre” ni “lo que mandan de arriba”? Esos Congresos permitieron a muchos noveles pensadores y escritores abrirse camino, hablar y escribir y publicar. Sucede como el aire, ahora que no los tenemos los valoramos más...  

Da clases a los más altos niveles y congresos en todo el mundo, y adonde le piden que hable, va y habla. Y acepta reportajes y escribir en diarios, en revistas. 

Y, a lo último pero no lo último en valor -¡créanme!-, vino como a ciegas a esta curiosa reunión que tiene hoy con nosotros, donde no conferenciará sino que será sometido a nuestras inquietudes. 

¡Gracias y que Dios se lo pague Don Alberto Caturelli!».





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