Mostrando entradas con la etiqueta Acedia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Acedia. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de octubre de 2018

La Acedia y la Familia - P. Horacio Bojorge

La Acedia y la Familia
P. Horacio Bojorge


Un importante Encuentro con el prestigioso Sacerdote Jesuita, especialista en Sagrada Escritura y gran referente del Catolicismo en Iberoamérica. 


[CentroPieper/FVN] El R. P. Lic. Horacio Bojorge SJ, visita una vez más la ciudad de Mar del Plata, Argentina. En esta ocasión brindará una Conferencia sobre “La Acedia y la Familia” el próximo Jueves 11 de Octubre, de 19 a 21hs, en el Colegio San Alberto, ubicado en calle Carlos Pellegrini 3762. La entrada es libre y gratuita.

Organizada por el «Centro Pieper» y la «Fraternidad de Vida Nueva», dicha Conferencia constará de dos partes. En la Primera Parte, abordará el tema «Me Envió con Poderes – Un Balance». Y en la Segunda Parte, abordará el tema de la «Sanación del Varón y la Mujer». Se ruega puntualidad para comenzar en el horario anunciado.

El Padre Horacio Bojorge tiene una amplia experiencia Sacerdotal cosechada en el campo Académico y el Ministerio Sacerdotal, en Uruguay, Argentina y Paraguay. Es Profesor emérito de «Sagradas Escrituras» en diversas Instituciones Eclesiásticas de Teología y de «Cultura y Lenguas Bíblicas» en la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República (Montevideo). Además fue Presidente la Sociedad Internacional Tomás de Aquino (S.I.T.A.) – Sección Uruguay.

viernes, 15 de agosto de 2014

Juventud, Fiesta y Esperanza en la Obra de Josef Pieper: una Respuesta a la Cultura Posmoderna - Santiago Bellomo

Juventud, Fiesta y Esperanza en la Obra de Josef Pieper: una Respuesta a la Cultura Posmoderna
Dr. Santiago Bellomo


Ponencia presentada en el Congreso Internacional de Filosofía “Josef Pieper y el Pensamiento Contemporáneo”, celebrado en la Pontificia Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires, en Agosto del 2004.


Introducción

Un análisis superficial de las manifestaciones culturales y los modos de vida actualmente más generalizados pareciera indicarnos que la posmodernidad ha hecho de la juventud algo así como el paradigma de la vida feliz. Una enorme cantidad de anuncios publicitarios y “slogans” comerciales apelan a las propiedades o efectos rejuvenecedores de los productos que intentan vender. Ser eternamente joven, mantenerse joven, es el ideal no sólo de adolescentes, sino también, y por sobre todo, de innumerables adultos que hacen ingentes esfuerzos por prevenir las naturales y necesarias consecuencias del paso del tiempo. Y no se trata tan sólo de mantenerse joven en lo que respecta a las apariencias físicas: también es necesario manifestar una conducta acorde con los modos y costumbres de la juventud. Así, la ingenua y despreocupada “desinhibición” adolescente, el “presentismo” exento de pasado y futuro, la exacerbación de la vida emotiva (por mencionar tan sólo algunas características típicamente adolescentes), son toleradas y hasta fomentadas por la cultura posmoderna. Es esta «prioridad» de lo adolescente por sobre la vida adulta lo que parece explicar la actual prolongación y dilatación de la adolescencia como fenómeno psicológico, y la persistente resistencia a la maduración que se percibe en muchos jóvenes. 

Sin duda alguna, como rasgo privilegiado y representativo de la vida joven, se remarca el carácter festivo de la vida. Se trata de gozar cada momento con intensidad festiva, de procurar que existan suficientes momentos privilegiados de “fiesta” en que se pueda disfrutar el momento presente, olvidando las penurias y sacrificios que la rutina de la cotidianidad suele imponer. En este “ánimo festivo” se recrean y multiplican diversas instancias y modalidades de entretenimiento, al tiempo que se multiplican también los recursos en orden a garantizar que la fiesta prometida cumpla con su objetivo de entretener y distender. Como común denominador de todas estas prácticas y modalidades, subyace el deseo de disfrutar intensamente de la vida, algo característico de la “mentalidad juvenil” o “adolescente” que nuestros tiempos tan bien han logrado imponer.

miércoles, 1 de enero de 2014

Hacia la Santidad de la Inteligencia - P. Pie-Raymond Régamey

Hacia la Santidad de la Inteligencia
P. Pie-Raymond Régamey, OP


Pie-Raymond Régamey (1900-1996) fue un reconocido sacerdote dominico y un historiador del arte. Nacido en una familia protestante, se convirtió al catolicismo en 1926.


Integrar la actividad intelectual a la vida es algo que no se hace solo. 

Nos imaginamos de buen grado que nos basta elegir los estudios a los cuales nos parece conveniente dedicarnos y ordenar el tiempo que debemos consagrarles: durante ese tiempo se tratará solamente de una técnica intelectual, de un arte de conducir nuestras facultades de conocimiento y no de una virtud moral. La virtud se nos presenta entonces como algo exterior al estudio. Ella es “prudencia”. Es decir, que para este estudio debemos utilizar sabiamente el tiempo de que disponemos y nuestras demás posibilidades, según nuestras vocaciones, en nuestras situaciones concretas. ¿Qué más queremos? Santo Tomás nos sorprende cuando coloca una virtud moral presidiendo el estudio [1].

Nuestro asombro crece al constatar que él considera a esta virtud como una forma de templanza: no solamente desea que demos una sabia medida a nuestras tendencias espontáneas en los actos de conocimiento, piensa además que en éstos el acento debe colocarse sobre un freno. Pero, si la moral o la espiritualidad (es todo uno) tiene algo que ver en ellos, ¿no es más bien en un sentido opuesto? Sabemos muy bien cómo debemos sacudir nuestra pereza, estimularnos a fin de afrontar las dificultades, renovar sin cesar nuestro esfuerzo de atención, vencer las tentaciones de facilidad: la de registrar simplemente las nociones y la del funcionamiento rutinario de nuestra razón; es difícil aplicarnos y hacerlo para penetrar realmente lo que está en causa. Dicho de otra manera, si hay una virtud del estudio en sí mismo, parece que tendría que ser una especie de coraje. Ahora bien, no contento con querer que efectivamente haya una, santo Tomás hace de ella precisamente un freno de la curiosidad. ¿No es extraño? Desde el momento que uno permanece sabiamente en los límites que corresponden al estudio, ¿puede equivocarse al querer conocer cada vez más? Todos los grandes espíritus estimulan nuestro espíritu. San Agustín nos grita: Intellectum valde ama, “Desea mucho comprender”, y: “Busca como quien debe encontrar; encuentra como quien debe buscar todavía”. El mismo santo Tomás murió antes de los cincuenta años agotado por el exceso de trabajo. 

Todo se aclarará si comprendemos radicalmente la malicia de la curiosidad. Entonces veremos cuánta moderación hace falta para integrar el estudio a la vida y que es esa misma moderación la que debe presidir este estudio.

viernes, 15 de febrero de 2013

El Hobbit. El viaje, una vez más - Jorge N. Ferro

El Hobbit
El viaje, una vez más
Jorge N. Ferro


Jorge Norberto Ferro es Licenciado y Doctor en Letras por la Facultad de Filosofía y Letras de la U.C.A. (Universidad Católica Argentina). Su Tesis Doctoral fue sobre Tolkien.


Introducción

En El Hobbit, Tolkien reelaborará, una vez más, el recurrente tema del viaje, constante en la gran tradición literaria. Viaje iniciático, en efecto, en cuyo transcurso "muere" el "hombre viejo" (¿hobbit viejo?) para dar lugar al verdadero, al que no puede manifestarse ni alcanzar su perfecta estatura, sofocado por las diversas miserias que lo ahogan. Viaje que implica una auténtica liberación de las virtualidades del personaje, ocultas aun a sus propios ojos, aunque pugnen sordamente por hallar su cauce. Viaje, en fin, para decirlo en términos acordes con la fe cristiana del autor, que constituye una plena conversión.

El viaje de Bilbo, como todos los grandes viajes literarios, es imagen de la vida del hombre. Instalado en su cómoda pequeñez, prisionero en sí mismo, el hobbit no podrá romper las cadenas de la mediocridad sin ayuda de afuera. Es así como irrumpe la Salvación -cuyo instrumento es el "mago" Gandalf- con exigencias impensables, desmesuradas, que hacen añicos la artificiosa construcción con que Bilbo intenta asfixiar su identidad profunda. Gandalf será el guía, el maestro -como el Mentor homérico-, el mediador entre la Providencia y el hobbit.

Bilbo vive muellemente en medio de una aparente seguridad, y su relación con los demás está signada por una paz y una respetabilidad de igual modo aparentes. Se encuentra aferrado en el aquende, podría decirse. Se ha conformado con los criterios mundanos. A lo largo de su viaje, estos criterios se irán desprendiendo -no sin dolor, es obvio- para dar paso al Bilbo real, a la vez que su relación con el prójimo adquirirá una riqueza y hondura muy distantes de la epidérmica cortesía anterior.

Entrada destacada

De cara a Dios, arraigados en Cristo, sobre la Tradición y la Ortodoxia - Mons. Héctor Aguer

De cara a Dios, arraigados en Cristo, sobre la Tradición y la Ortodoxia Mons. Héctor Aguer El Arzobispo emérito de La Plata (Argentina) afir...