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martes, 5 de febrero de 2019

Theologia Moderna: Radici Filosofiche, Raíces Filosóficas, Racines Philosophiques, Philosophical Roots [Novedad Editorial] - P. Ignacio Andereggen

Theologia Moderna:
Radici Filosofiche, Raíces Filosóficas, Racines Philosophiques, Philosophical Roots
Pbro. Dr. Ignacio Andereggen


Novedad Editorial: en enero de 2019 fue publicado un nuevo libro del Padre Ignacio Andereggen. Contiene diecisiete escritos indispensables para comprender las Raíces Filosóficas de la corriente dominante de la Teología Moderna Contemporánea.


[CentroPieper] Los textos del libro “Theologia Moderna” del P. Andereggen son, según sus propias palabras en el Prefacio, «el fruto de reflexión teológica y filosófica no solamente teórica, sino también, en cierta manera, práctica. Se trata de un pensamiento desarrollado durante largos años, en interacción con diferentes ambientes culturales y eclesiales, especialmente universitarios, de Europa y de América, en situaciones que cambian rápidamente, pero que presentan rasgos comunes en sus raíces filosóficas y en sus consecuencias teológicas. Manifiestan el influjo determinante de ciertos autores, pero también la recepción común de las líneas principales de la corriente filosófica moderna dominante».

Sin dudas el estudio de las fuentes filosóficas de la corriente dominante de la Teología Moderna Contemporánea –que hunde sus raíces en el influjo del iluminismo y el idealismo, y especialmente en autores como Kant, Hegel y Heidegger–, permite la comprensión del pensamiento de teólogos tan relevantes como Rahner y Von Balthasar, y una orientación adecuada en la situación doctrinal de la Iglesia en la época moderna y contemporánea.

Por eso Andereggen no duda en afirmar, en esta magnífica obra de 426 páginas, que «la necesaria renovación y regeneración de la vida de la Iglesia en nuestros días requiere no solamente la edificación de una genuina Teología sobre las bases de la Escritura y la Tradición, sino también la comprensión de las fuerzas principales que producen las diferentes y recurrentes crisis de la cultura cristiana contemporánea. A tal comprensión pretenden contribuir los capítulos que siguen. Los escritos se presentan en los idiomas en los que fueron elaborados o traducidos, sea en forma de conferencias o de artículos. Los lectores interesados en estas temáticas seguramente hallarán útil su publicación en las expresiones originales».

Para quienes estén interesados en comprar el libro “Theologia Moderna” del P. Andereggen, podrán adquirirlo a través de “Amazon” en el siguiente enlace:
https://www.amazon.es/Theologia-Moderna-filosofiche-philosophiques-philosophical/dp/1794023615/ref=sr_1_7?ie=UTF8

Para hacernos una idea más adecuada del contenido de esta obra, echemos un vistazo a los títulos de los diecisiete capítulos que la componen:

jueves, 10 de mayo de 2018

Rahner se Aleja de Santo Tomás de Aquino Absolutamente en Todo - P. Jaime Mercant Simó

Rahner se Aleja de Santo Tomás de Aquino Absolutamente en Todo
P. Jaime Mercant Simó


Mercant Simó, en su último análisis sobre la obra de Rahner, dice que «es posible que la Iglesia no empiece a salir de la fortísima crisis que está padeciendo hasta que se condenen una serie abundante de proposiciones rahnerianas, tanto filosóficas, como teológicas». Este Sacerdote, Doctor en Estudios Tomísticos por la Universidad Abat Oliba CEU (Barcelona), se explaya en la entrevista que le realizara Javier Navascués y que reproducimos a continuación.


[InfoCatólica/Correspondencia Romana/Centro Pieper] Karl Rahner, considerado el padre de la “nueva teología”, ha hecho muchísimo daño a la recta Doctrina Católica y sus erradas concepciones teológicas y filosóficas, en las antípodas del Tomismo, se han esparcido lamentablemente en grandes sectores de la Iglesia perdurando su dañina influencia hasta nuestros días.

Un valiente Sacerdote Mallorquín, Mn. Jaime Mercant, párroco de tres Parroquias de la Isla, por amor a la Iglesia y a lo más sagrado que tiene, la verdad divina, ha estudiado a fondo la metafísica deformada de Karl Rahner y a ella ha dedicado una Tesis Doctoral. «La Metafísica del Conocimiento de Karl Rahner: análisis de “Espíritu en el mundo”» (Gerona: Documenta Universitaria, 2018). En la Tesis Doctoral, dirigida por el prestigioso Tomista Argentino Pbro. Dr. Ignacio Andereggen, obtuvo la máxima calificación: sobresaliente cum laude por unanimidad. Posteriormente la propia Universidad le concedió el Premio Extraordinario de Doctorado.

No es posible entender la situación de la Iglesia hoy prescindiendo del influjo, directo e indirecto, de Karl Rahner. Stefano Fontana lo calificó como «el teólogo que ha enseñado a la Iglesia a rendirse al mundo» [ver aquí: http://multiespacioelcamino.blogspot.com.ar/2018/02/la-nueva-iglesia-de-karl-rahner-el.html] y Mons. Giampaolo Crepaldi [ver aquí: http://fraternidadvidanueva.blogspot.com.ar/2018/05/la-teologia-de-karl-rahner-y-las.html] pintó un certero retrato de algunas consecuencias derivadas de su obra:

«La dogmática se convierte en historia de los dogmas; la pastoral precede a la doctrina; el pecado es sustituido por distintos niveles de bien; la relación iglesia-mundo está pensada en términos de igualdad o incluso de prioridad del mundo como lugar de la revelación y de la salvación; lo sagrado y lo profano son unificados y la laicidad se convierte también en el estilo de la Iglesia; los dogmas son desmitificados para hacerlos comprensibles al hombre secularizado de hoy; la secularización es vista no sólo como positiva e inspirada por el cristianismo sino como el contexto óptimo para una fe que parte del mundo; la metafísica es sustituida por la hermenéutica y la doctrina es historicizada y hecha nacer de la situación». 

domingo, 3 de enero de 2016

Cultura Contemporánea, Cristología y Moral [Incluye Video] - Mons. Antonio Marino

Claves para Comprender la Cultura Contemporánea
Un Aporte desde la Relación entre Cristología y Moral
[Incluye Video]
Mons. Antonio Marino


Extracto de la ponencia presentada en el Curso sobre “Cultura y Contracultura en Nuestro Tiempo” del Centro Pieper, pronunciada el día 21 de Abril del 2012 en el CEDIER de Mar del Plata.
Al final se encuentra el video completo de esta ponencia.


I. Cristo y el Hombre

Entre el antropocentrismo y el teocentrismo

Con la encíclica Veritatis splendor, cuyos principales destinatarios son los obispos de la Iglesia Católica, el Papa Juan Pablo II, al proponer los fundamentos de la teología moral, ha buscado llegar a la conciencia de los hombres de nuestro tiempo, poniendo las bases para suscitar un diálogo orientado "no sólo a los creyentes sino a todos los hombres de buena voluntad" (VS 3).

Desde la Introducción de este magno texto, luego de afirmar que "la respuesta decisiva a cada interrogante del hombre, en particular a sus interrogantes religiosos y morales, la da Jesucristo", nos encontramos, en el n. 2, con el texto conciliar de Gaudium et spes 22:

Realmente, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Pues Adán, el primer hombre, era figura del que había de venir, es decir, de Cristo, el Señor. Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Sobre el Dilema de una Filosofía no Cristiana - Josef Pieper

Sobre el Dilema de una Filosofía no Cristiana
Josef Pieper


Münster (Westfalia)


Sabido es que las discusiones sobre el carácter problemático y hasta contradictorio e ilógico, del concepto de una “filosofía cristiana” están muy en boga. ¿Cómo puede uno razonar de aquel modo que llamamos el filosófico, una vez que haya aceptado con fe una determinada interpretación (a saber: la teológica), del mundo y de la existencia humana?

Allí nos enfrentamos, en efecto a un problema que no se puede tratar a la ligera. Aunque no sea éste el asunto que nos ocupa ahora, quisiera interesar al lector en los problemas que surgen a raíz de una filosofía no cristiana. Conste de entrada, que no me refiero a ciertos problemas intrínsecos (como el de la inmortalidad, de la obligación moral, etc.) de solución difícil para una filosofía no cristiana, sino a la cuestión, hasta diría al dilema que se halla precisamente implicado en la concepción misma de una filosofía no cristiana, vale decir en una acepción de la filosofía que prevalece desde hace varios siglos.

Acá hacen falta dos observaciones explicativas, mejor dicho: dos restricciones. Primero que esta tesis del dilema de una filosofía no cristiana está relacionada exclusivamente con la órbita de la civilización occidental, quedando fuera de mis consideraciones aquellas partes de la India y de China, que aún no han sido impregnadas de la civilización occidental. Segundo, que entiendo por filosofía el ideario de los grandes iniciadores de la filosofía occidental, como, por ejemplo, Pitágoras, Platón y Aristóteles. Aunque en el fondo esto no signifique otra cosa que tomar al pie de la letra el sentido corriente de la expresión, surgen de esta reflexión consecuencias de gran importancia. Cierto es que a nadie se puede impedir imaginarse que la “Filosofía” sea algo completamente estrambótico y “original”, pero quien así piensa no podrá menos de tolerar que se lo interprete como si se refiriese a lo que la palabra “Filosofía” significaba en los tiempos de su origen. En efecto, creo que Bertrand Russell, quien habla en un tratado intitulado History of Western Philosophy tanto de Platón como de John Dewey, presupone, por lo menos, tal grado de concordancia entre la “Enseñanza de las Ideas” platónicas y el “Instrumentalismo” de John Dewey, que ambas concepciones puedan pretender con razón que se las reúna bajo el denominador común de la Filosofía.

El concepto “Filosofía”, empero, ha sido definido por primera vez en la tradición occidental por Pitágoras, Platón y Aristóteles. Y esta su definición ha sido confirmada unánimemente al menos hasta la postrimería del medioevo, i, e. durante aproximadamente dos mil años. Por supuesto es imposible interpretar en este espacio el antiguo concepto de filosofía en toda su extensión, pero dos elementos importantes han de ser dilucidados en estas líneas.

miércoles, 11 de mayo de 2011

La «Dei Verbum» y los Sentidos Bíblicos y Extra Bíblicos (1) - P. Horacio Bojorge

La «Dei Verbum» y los Sentidos Bíblicos y Extra Bíblicos (1)
R. P. Horacio Bojorge, S.J.


Conferencia dictada en el Centro Pieper – Mar del Plata – 7 de mayo del 2011


Agradezco a Cristian Iglesias y a los organizadores de estas Jornadas Pro Vida y Familia [1], de la SITA  [2] en Argentina y del Centro Pieper, la oportunidad de venir a Mar del Plata y de dirigirles la palabra en el Centro Pieper.

Cristian me pidió que desarrollara algún tema de hermenéutica, dado que el año pasado estuvieron estudiando el documento de la Comisión Bíblica “La Interpretación de la Biblia en la Iglesia” que, con razón, les ha causado cierta perplejidad a algunos.

Confieso que me resultaba muy difícil demarcar un tema tratable en el lapso del que dispongo.

Y esto es así, no solamente por la vastedad del asunto en sí y por la dificultad de acotar algún tema dentro de asunto tan vasto, sino porque es un tema que considero de alguna manera, y por así decirlo, autobiográfico.

Afortunadamente convinimos con Cristian en que el tono de esta exposición podría ser más bien coloquial que académico. Y por eso me atrevo a darle al asunto de la hermenéutica bíblica en la iglesia una impostación algo autobiográfica y de “memorias”.

Hay un hecho que me ha ocupado a lo largo de mi vida sacerdotal y que me sigue provocando a pensar y sobre todo a discernir.

Ese hecho es la coexistencia de, por un lado, una normativa eclesial sobre la hermenéutica bíblica, normada desde León XIII en adelante por varias encíclicas pontificias y finalmente en el Concilio Vaticano II por la «Dei Verbum», y por otro lado las desviaciones en la interpretación de las Sagradas Escrituras que proliferan en nuestros tiempos a pesar de la normativa eclesial.

Me he ocupado por escrito, en mi vida, por lo menos en seis principales oportunidades, de la «Dei Verbum» como norma de la hermenéutica católica y de los errores hermenéuticos contemporáneos.

jueves, 24 de febrero de 2011

Justicia - Josef Pieper

Justicia
Josef Pieper


«La corrupción de la justicia tiene dos causas: la falsa prudencia del sabio y la violencia del poderoso» (Tomás de Aquino. Comentario al libro de poderoso)


I. Lo debido


Complejidad de la justicia y simplicidad del principio: «A cada uno, lo suyo»

Entre las cosas que hoy nos importan, pocas hay, al parecer, que no guarden íntima relación con la justicia. Una sola mirada que lancemos en derredor bastará para comprobarlo. La tarea que primero salta a la vista es la más urgente de todas: la de saber cómo será posible volver a implantar en el mundo un poder auténtico. A continuación se perfilan, en apretada sucesión, el tema de los «derechos del hombre», la cuestión de la «guerra justa» y los «crímenes de guerra», el problema de la responsabilidad en el caso de una orden injusta; el derecho a oponer resistencia a la autoridad ilegítima; la pena de muerte, el duelo, la huelga política, la igualdad de derechos del hombre y la mujer. Cada uno de estos conceptos constituye, como es sabido, tema de enconada controversia; y cada uno de ellos se encuentra en muy inmediata relación con el concepto de justicia.

Pero, ante todo, reparemos en esta circunstancia: cualquiera que se detenga a medir la realidad que a diario nos circunda por su mayor o menor grado de aproximación al ideal de la «justicia», se percatará sin tardanza de que, entre los muchos nombres que posee la infelicidad en este mundo, el que preferentemente ostenta es el de la injusticia. «La más grande y repetida forma de miseria a que están expuestos los seres humanos consiste en la injusticia, más bien que en la desgracia». No en vano tomó expresamente Aristóteles como punto de partida del estudio de las principales formas de justicia la previa exposición de los modos de lo injusto, que están más al alcance de nuestra experiencia: «la diversidad de formas de injusticia sirve para hacer patente la diversidad de formas de justicia».

Ahora bien, por cierto que sea que la idea de «justicia» traiga a la mente al punto una insumisa variedad de manifestaciones y aspectos concretos, no menos indudable es, por otra parte, que la tal idea arrastra también la presencia de un pensamiento de la simplicidad más extrema, al que se reduce toda esa variedad. Ya Platón lo mencionaba como una verdad transmitida de largo tiempo atrás.

Es la idea de que hay que dar a cada uno lo suyo.

sábado, 16 de octubre de 2010

Josef Pieper: Filosofía, Contemplación y Sabiduría - Héctor J. Delbosco

Josef Pieper: Filosofía, Contemplación y Sabiduría
Prólogo
Dr. Héctor J. Delbosco


Material de lectura obligatoria para la decimotercera Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Contemporáneo.


Introducción: Su personalidad filosófica

Josef Pieper ha sido uno de los más importantes pensadores cristianos del siglo XX. Con asombrosa lucidez, abordó un amplio espectro de cuestiones esenciales para el hombre y la sociedad de nuestro tiempo. Como fruto de estas reflexiones nos dejó una vasta obra escrita, que sobrepasa largamente el medio centenar de libros e incluye una gran cantidad de artículos y publicaciones diversas. Algunos de sus escritos fueron traducidos a más de quince idiomas, y registran numerosas ediciones.

Sus obras están redactadas en un estilo llano y con un lenguaje accesible, lo que no impide reconocer la inmensa erudición que fundamenta sus afirmaciones. Sus méritos no pasaron inadvertidos al mundo académico, que le otorgó numerosas distinciones: miembro de la Deutsche Akademie für Sprache und Dichtung (Academia Alemana de la Lengua y la Poesía, de Darmstadt) y de la Pontificia Academia Romana de Santo Tomás de Aquino; doctor honoris causa en Filosofía y en Teología por diferentes universidades de su país; profesor invitado en distintos centros académicos de los Estados Unidos, Canadá, España, India, Japón; y muchos otros reconocimientos.

Una característica destacada de su estilo de pensamiento es su maestría en el arte de iluminar los problemas actuales desde los principios perennes de la filosofía, que él supo repensar y transmitir al hombre actual como pocos. Sin pretender hacer un repaso exhaustivo de todos sus temas, lo que excedería en mucho los objetivos de esta presentación, podemos mencionar algunos de los que suscitaron su reflexión orientadora.

jueves, 19 de agosto de 2010

Fenomenología, Hermenéutica y Relativismo - P. Ignacio Andereggen

Fenomenología, Hermenéutica y Relativismo
Pbro. Dr. Ignacio Andereggen


Material de lectura obligatoria para la octava Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Contemporáneo.


Se trata de captar uno de los mecanismos más profundos de la filosofía contemporánea, y que más determinan la situación de nuestra época, incluso en el campo teológico. Nos referiremos en primer lugar a Husserl, quien a su vez influye sobre Heidegger e indirectamente sobre la hermenéutica posterior. Veamos en primer lugar algunos textos de Husserl. En su obra “Fenomenología y teoría del conocimiento” desarrolla una amplia especulación acerca de los principios generales del conocimiento, de la conciencia, y de su aplicación a la psicología.

Digamos inmediatamente que la filosofía de Husserl retoma muy fielmente la construcción filosófica de Kant, aunque muchas veces trasponiendo los términos. En este sentido su filosofía es aparentemente rígida y nada relativista. Para Husserl hay una estrecha conexión entre la teoría del conocimiento y la fenomenología pura. La razón, en el modo de Kant, se contrapone a la sensibilidad, que decir a la facultad de la experiencia sensible y a la opinión común. Los enunciados de la sensibilidad son meramente subjetivos y mutan según el sujeto que juzga. Sin embargo los enunciados de la misma razón se presentan como también contradictorios . Husserl establece una especie de historia de la filosofía desde el punto de vista fenomenológico. En ella destaca, por ejemplo, que en la actitud escéptica de Gorgias se encuentran germinalmente los puntos de una filosofía trascendental. Refiriéndose a Descartes nos dice que la conciencia pura (del indudable yo pienso) no debería ser concebida como conciencia del sentido natural, de la mente o del ánimo o del intelecto, como hizo el filósofo francés, siendo incoherente con el sentido profundo en el que se apoyaba su método de la duda. Dice Husserl literalmente "como sea, este yo (ego) no es el ser humano en el mundo, porque éste, con su corporeidad, está puesto como inexistente".

Husserl afirma que es difícil poner a Kant entre los psicologistas. Hay una necesidad, sin embargo, de abandonar el terreno naturalístico y los límites kantianos del problema del conocimiento. Según Husserl la gnoseología es ingenua y lo mismo hay que decir de la lógica. “Esta ingenuidad se pierde cuando la reflexión sobre la conciencia cognoscente no se limita, al modo de la psicología (también ella "ingenua") a considerar las diversas vivencias del conocer como procesos naturales reales, como hacen las ciencias de la naturaleza, sino que refiriendo estas vivencias a un ser objetivo y una verdad objetiva es perturbada por problemas relativos "a la posibilidad del conocimiento"”. Según el filósofo moravo la crítica de la razón pura está hecha de intuiciones grandiosas pero confusas de las verdades más profundas .

martes, 15 de junio de 2010

El Liberalismo Político de Karl Popper - Gabriel J. Zanotti

El Liberalismo Político de Karl Popper
Dr. Gabriel J. Zanotti


Material de lectura obligatoria para la quinta Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Contemporáneo.


Ponencia para el Congreso Filosófico Internacional “Karl Popper: vigencia y transformación de su pensamiento”, en Rosario (Argentina), 5 de Junio de 2004.


1. Introducción

Es habitual que la visión del liberalismo político de Karl Popper se considere bajo la siguiente interpretación, a la cual llamaremos “interpretación habitual” (IH). Según la IH, el liberalismo político en Popper consiste en:

a) la afirmación de la tolerancia y la libertad de expresión basada en la negación de la posibilidad de certeza por parte del ser humano;

b) la tolerancia como una especie de sedimentación de su filosofía de las ciencias, donde el método de conocimiento está basado en las conjeturas y refutaciones pero nunca en certezas;

c) una especie de última afirmación del optimismo iluminista de la razón. Popper sería el último de los racionalistas frente a cierto post-modernismo típico de los 60 para adelante.

martes, 18 de mayo de 2010

El Ser y la Nada. Introducción - Jean Paul Sartre

El Ser y la Nada
Introducción
Jean Paul Sartre


Material de lectura obligatoria para la tercera Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Contemporáneo.


En busca del Ser


I. La idea de fenómeno

El pensamiento moderno ha realizado un progreso considerable al reducir lo existente a la serie de las apariciones que lo manifiestan. Se apuntaba con ello a suprimir cierto número de dualismos que causaban embarazo a la filosofía, y a reemplazarlos por el monismo del fenómeno. ¿Se ha logrado hacerlo?.

Cierto es que se ha eliminado en primer lugar ese dualismo que opone en lo existente lo interior a lo exterior. Ya no hay un exterior de lo existente, si se entiende por ello una piel superficial que disimularía a la mirada la verdadera naturaleza del objeto. Y esta verdadera naturaleza, a su vez, si ha de ser la realidad secreta de la cosa, que puede ser presentida o supuesta pero jamás alcanzada porque es «interior» al objeto considerado, tampoco existe. Las apariciones que manifiestan lo existente no son ni interiores ni exteriores: son equivalentes entre si, y remiten todas a otras apariciones, sin que ninguna de ellas sea privilegiada. La fuerza, por ejemplo, no es un conato metafísico y de especie desconocida que se enmascararía tras sus efectos (aceleraciones, desviaciones, etc.); no es sino el conjunto de estos efectos. Análogamente la corriente eléctrica no tiene un reverso secreto: no es sino el conjunto de las acciones físico-químicas (eléctricas, incandescencia de un filamento de carbono, desplazamiento de la aguja del galvanómetro, etc.) que la manifiestan. Ninguna de estas acciones basta para revelarla. Pero tampoco apunta hacia algo que esté demís de ella, sino que apunta hacia sí misma y hacia la serie total. Se sigue de ello, evidentemente, que el dualismo del ser y el aparecer tampoco puede encontrar derecho de ciudadanía en el campo filosófico. La apariencia remite a la serie total de las apariencias y no a una realidad oculta que habría drenado para si todo el ser de lo existente. Y la apariencia, por su parte, no es una manifestación inconsistente de ese ser. Mientras ha podido creerse en las realidades nouménicas, la apariencia se ha presentado como algo puramente negativo. Era «lo que no es el ser»; no tenia otro ser que el de la ilusión y el error. Pero este mismo ser era un ser prestado; consistía en una falsa apariencia, y la máxima dificultad que podía encontrarse era la de mantener con suficiente cohesión y existencia a la apariencia para que no se reabsorbiera por si misma en el seno del ser no-fenoménico. Pero, si nos hemos desprendido de una vez de lo que Nietzsche llamaba «la ilusión de los trasmundos», y si ya no creemos en el ser-por-detrás-de-la-aparición esta se torna, al contrario, plena positividad, y su esencia es un «parecer» que no se opone ya al ser, sino que, al contrario, es su medida. Pues el ser de un existente es, precisamente, lo que parece. Así llegamos a la idea de fenómeno, tal como puede encontrarse, por ejemplo, en la «fenomenología» de Husserl o de Heidegger: el fenómeno o lo relativo-absoluto. Relativo sigue siendo el fenómeno, pues el «aparecer» supone por esencia alguien a quien aparecer. Pero no tiene la doble relatividad de la Erscheinung kantiana. El fenómeno no indica, como apuntando por sobre su hombro, un ser verdadero que tendría, él sí, carácter de absoluto. Lo que el fenómeno es, lo es absolutamente, pues se devela como es. El fenómeno puede ser estudiado y descrito en tanto que tal pues es totalmente indicativo de sí mismo.

Al mismo tiempo cae la dualidad de la potencia y el acto. Todo esta en acto. Tras el acto no hay ni potencia, ni «exis», ni virtud. Nos negaremos, por ejemplo a entender por «genio» -en el sentido en que se dice de Proust que «tenia genio» o que «era» un genio- una potencia singular de producir ciertas obras, potencia que no se agotaría precisamente en la producción de las mismas. El genio de Proust no es ni la obra considerada aisladamente ni el poder subjetivo de producirla: es la obra considerada como el conjunto de las manifestaciones de la persona. Por eso, en fin, podemos rechazar igualmente el dualismo de la apariencia y la esencia. La apariencia no oculta la esencia, sino que la revela: es la esencia.

lunes, 17 de mayo de 2010

Ser y Tiempo. Introducción - Martin Heidegger

Ser y Tiempo
Introducción
Martin Heidegger


Material de lectura obligatoria para la tercera Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Contemporáneo.


Exposición de la pregunta por el sentido del ser


Capítulo Primero: 
Necesidad, estructura y primacía de la pregunta por el ser


§ 1. Necesidad de una repetición explícita de la pregunta por el ser

Hoy esta pregunta ha caído en el olvido, aunque nuestro tiempo se atribuya el progreso de una reafirmación de la “metafísica”. Pese a ello, nos creemos dispensados de los esfuerzos para volver a desencadenar una γιγαντοδμαχία περί τῆς οὐσίας. Sin embargo, esta pregunta no es una pregunta cualquiera. Ella mantuvo en vilo la investigación de Platón y Aristóteles, aunque para enmudecer desde entonces —como pregunta temática de una efectiva investigación. Lo que ellos alcanzaron se mantuvo, a través de múltiples modificaciones y “retoques”, hasta la Lógica de Hegel. Y lo que, en el supremo esfuerzo del pensar, le fuera antaño arrebatado a los fenómenos, si bien fragmentaria e incipientemente, se ha convertido desde hace tiempo en una trivialidad.

No sólo eso. Sobre la base de los comienzos griegos de la interpretación del ser, llegó a constituirse un dogma que no sólo declara superflua la pregunta por el sentido del ser, sino que, además, ratifica y legitima su omisión. Se dice: el concepto de “ser” es el más universal y vacío. Como tal, opone resistencia a todo intento de definición. Este concepto universalísimo y, por ende, indefinible, tampoco necesita ser definido. Todo el mundo lo usa constantemente y comprende ya siempre lo que con él quiere decir. De esta manera, lo que estando oculto incitaba y mantenía en la inquietud al filosofar antiguo, se ha convertido en algo obvio y claro como el sol, hasta el punto de que si alguien insiste en preguntar aún por ello, es acusado de error metodológico.

Al comienzo de esta investigación no es posible discutir en detalle los prejuicios que constantemente suscitan y alimentan la convicción de que no es necesario preguntar por el ser. Ellos hunden sus raíces en la ontología antigua misma. Ésta, por su parte, sólo podrá ser adecuadamente interpretada —en lo que respecta al terreno de donde han brotado sus conceptos ontológicos fundamentales, y a la justeza de la legitimación y del número de las categorías— siguiendo el hilo conductor de la aclaración y respuesta de la pregunta por el ser. Llevaremos, pues, la discusión de estos prejuicios tan sólo hasta el punto en que pueda verse la necesidad de una repetición de la pregunta por el sentido del ser. Estos prejuicios son tres:

martes, 7 de julio de 2009

Atención: Medidas Preventivas ante la Pandemia de GRIPE "A"

Atención: Medidas Preventivas ante la Pandemia de GRIPE "A"


Estimados:

Dada la situación y la prudencia que requiere la emergencia sanitaria hemos decidido postergar la Clase Magistral sobre "Descartes y el racionalismo" del Lic. Gerardo Medina.

La misma, correspondiente al mes de Julio, se realizará el sábado 8 de Agosto a partir de las 10 de la mañana en el Multiespacio Cultural EL CAMINO, Av. Luro 4344 - 1º Piso de la ciudad de Mar del Plata.

viernes, 13 de febrero de 2009

La Verdad de las Cosas, un Concepto Olvidado - Josef Pieper

La Verdad de las Cosas, un Concepto Olvidado
Josef Pieper


Publicado en «Revista Universitas», Stuttgart, vol. VII, nº. 4, 1970.


Si se pasa revista a cualquier libro filosófico de la época actual, casi con toda seguridad no se encontrará ni el concepto ni siquiera la expresión “verdad de las cosas”. Esto no es casual: en la generalidad del pensamiento filosófico de nuestro tiempo, no existe lugar para ese concepto; por así decirlo, “no está previsto”. Ser verdad es algo que se puede decir de pensamiento y de ideas, de frases y de opiniones, pero no de cosas. Nuestro juicio sobre la realidad puede ser verdadero (o también falso), pero calificar las realidades mismas —las “cosas”— de verdaderas es algo que nos parece absurdo y carente de sentido: ¡las cosas son reales, pero no “verdaderas”! Si se considera este hecho desde el punto de vista histórico, se ve que se trata de algo más que una simple renuncia a la utilización de un determinado concepto o de un término concreto. No se trata simplemente de una ausencia por así decirlo “neutral”, o de una forma particular de ver las cosas. Antes bien, esta no utilización y esta ausencia del concepto “verdad de las cosas”, son el resultado de un largo proceso de presiones y fraudes: o sea, para decirlo de forma algo menos agresiva, de un proceso de eliminación.

En la gran tradición de la Filosofía Occidental —cuyos representantes son, entre otros, Pitágoras y Platón, pero también Aristóteles, San Agustín y Santo Tomás de Aquino, si atendemos a los dos milenios que se extienden entre el siglo sexto antes de Jesucristo y el comienzo de la “Edad Moderna”—, durante esa larga y fundamental época a que acostumbramos a calificar como “Renacimiento” (siglos XV y XVI), el concepto “verdad de las cosas” fue algo importante e incluso básico, tomándose como raíz de la comprensión de la realidad, a pesar de que en todos los tiempos parece haber sido bastante difícil aprehenderlo plenamente (ya en el siglo XI topamos con esta queja: “La verdad que radica en las propias cosas es algo sobre lo que recapacitan sólo unos pocos”. Así se expresa Anselmo de Canterbury, en su “Diálogo sobre la verdad”). Ni en la Antigüedad ni en la Edad Media se encuentra apenas una gran obra de contenido metafísico en la que el concepto “Verdad de las cosas” no ocupe un lugar central. Por encima de todo, fue Platón quien dijo que la verdad es lo mejor —“to áriston”—, lo más noble de las cosas. Y los grandes maestros de la Edad Media, en especial Santo Tomás de Aquino —a quien se puede calificar justamente como el último “magister” que tuvo la todavía no dividida Cristiandad Occidental y cuya actualidad permanece prácticamente inagotada— desarrolló unos conceptos muy diferenciados para conceder el lugar debido a las ideas acerca de la verdad de las cosas, o acerca de la verdad ontológica (así se designa en la mayoría de los casos); y de ahí que probablemente sería oportuno hablar de la verdad “óntica”, diferenciándola de la verdad lógica o cognoscitiva.

En la Edad Moderna —es decir, en el tiempo que se extiende desde principios del siglo XV hasta aproximadamente la época de Immanuel Kant—, el concepto de verdad de las cosas sufrió dos reveses: por una parte, el rechazo expreso polémico de este concepto; y por otra, la aparición de algunos otros principios metafísicos fundamentales íntimamente relacionados con aquél. La mayor parte de los filósofos del llamado Humanismo (siglos XV y XVI) afirmaron simplemente que era absurdo —no propiamente “falso”, sino sencillamente carente de todo sentido— decir que las cosas son verdaderas, no habiendo razón alguna para dar a ello un sentido discutible. Francis Bacon y Thomas Hobbes, Descartes y Spinoza, todos ellos son de esta opinión. Hobbes califica la doctrina sobre la verdad de las cosas de vacía y pueril. Spinoza dice, que tal concepto sólo podría admitirse en cuanto forma de hablar “puramente retórica”, pues no se puede hablar de ese tipo de pretensión con un exacto significado comprensible: quien califica las cosas de “verdaderas” actúa “como si”, toma las cosas como si pudiesen hablar, cuando en realidad son naturalmente mudas. Nos volveremos a ocupar más adelante sobre esta fórmula “las cosas son mudas”, brevemente, ya que es rica en consecuencias.

Además del rechazo claro y polémicamente formal, sobre el término “verdad de las cosas” incidió una segunda contingencia, en realidad la peor y más peligrosa. Me refiero a lo siguiente: el concepto, o mejor, el término “verdad de las cosas” fue conservado y mantenido en lo externo, pero al mismo tiempo era realmente falsificado y en todo caso desposeído de su significado originario: con la consecuencia completamente previsible de la pérdida forzosa de su fuerza delimitadora de la realidad, de su profundidad y de su interés. Esto es lo que pasó, sobre todo, en la Filosofía de las escuelas del siglo XVII y en la llamada Filosofía de la Ilustración del siglo XVIII; por lo demás, la Ilustración se entendió a sí misma o se presentó falsamente como continuadora de la Gran Tradición; Christian Wolff, por ejemplo, afirmó acerca de sí mismo estar mucho más en la línea de Santo Tomás de Aquino que en la de Leibniz.

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