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miércoles, 8 de abril de 2020

La Jaula Electrónica y la Libertad Interior - Ernesto Alonso

La Jaula Electrónica y la Libertad Interior
Ernesto Alonso


Una de las maneras de infligir una derrota al totalitarismo consiste en preservar incólume la libertad interior.


Coronavirus, Tecnología y “Jaula Electrónica” 
     
[Centro Pieper] “China pudo lograr tan buenos resultados contra el coronavirus porque tenía un régimen de control de la población que hizo que la población no sufriera tanto el encierro, porque estaban acostumbrados”, comentó días pasados un sabihondo tecnólogo en la señal TN (Todo Noticias) sin advertir la enormidad que acaba de proferir. 
     
Nada digamos de la probable cantidad de muertes, cuarenta y dos mil según versiones estimables, que se han ocultado en Whuan, la provincia donde se originó el virus, para desmentir la exaltada eficacia china por boca del tecnólogo. 
     
Pésimo desacierto todavía, si develamos que el pueril acostumbramiento de los obedientes chinos no es otra cosa que una monstruosa dominación a la que el Estado Comunista, modernización capitalista mediante, viene sometiendo al nutrido proletariado chino; pues debe saberse que los socialismos “realmente existentes” no han hecho otra cosa que aplastar a su amado proletariado como si el Partido no fuese sino la odiada Burguesía disfrazada, eso sí, de vanguardia revolucionaria.  
     

martes, 31 de marzo de 2020

Doce Reglas para la Cuarentena - Maximiliano Loria

Doce Reglas para la Cuarentena
Maximiliano Loria


Ante una situación que roza lo trágico como la que estamos afrontando, tenemos la obligación de intentar escrutar la realidad y de alzar la voz, aun a riesgo de que cometamos algún yerro y se nos critique. Si alguno nos refuta, habrá tenido antes que detenerse a pensar, lo cual es ya una ganancia para todos.


[La Capital / CP] Los filósofos no damos simplemente consejos sino que invitamos a otros a reflexionar. Y ante una situación que roza lo trágico como la que estamos afrontando, tenemos la obligación de intentar escrutar la realidad y de alzar la voz, aun a riesgo de que cometamos algún yerro y se nos critique. Si alguno nos refuta, habrá tenido antes que detenerse a pensar, lo cual es ya una ganancia para todos.

El mundo de hoy busca soluciones rápidas, sacarse velozmente de encima los problemas a fin de poder retornar, aún más rápidamente, a la distracción. Pues a nadie se le oculta que, si vivimos, vivimos para la diversión. Cuando impartía clases en la escuela media, siempre decía a mis estudiantes que ellos habían trastocado el orden de las cosas. Para la mayor parte de ellos, el trabajo escolar era, precisamente, aquello que venía a interrumpir el perpetuo recreo en el que aspiraban a instalarse. Yo los amonestaba diciendo que, en realidad, la cosa era al revés: la pausa era en realidad aquello que les permitía recobrar fuerzas para el estado de trabajo que juntos debíamos abordar, si es que deseábamos vislumbrar algo de la alegría propia del aprendizaje. Demás está decir que nunca comulgué demasiado con los pedagogos de moda que dicen que los chicos tienen que divertirse mientras aprenden y que es preciso hacer un juego de todo acto educativo. La adquisición de la ciencia es algo hermoso pero arduo. Los jóvenes, claro está, tenían sus motivos para exigir su recreo eterno, pues los medios que ellos masivamente consumen no suelen pregonar otra cosa que la búsqueda de dispersión, mediante el consumo de bienes materiales y placeres corporales.

En síntesis, el coronavirus vino a interrumpir nuestro perpetuo recreo y nos puso, cual añejo maestro, a todos en penitencia, llamados a reflexionar en un rincón del aula (jaula) de nuestra propia casa. Entonces, ¿qué podemos hacer ahora?, ¿qué tenemos que pensar en esta clausura que Dios o el destino nos han inexorablemente impuesto? Si bien no hay soluciones existenciales mágicas, pueden señalarse algunas verdades que la tradición filosófica y religiosa occidental ha sabido rumiar a lo largo de los siglos. Claro que no es sencillo ponerlas en práctica, porque de la cabeza al corazón (del saber al saber vivir), existe, en ocasiones, una gran distancia. Y es necesario reconocer que los afectos dominan mayoritariamente nuestra conducta. De aquí que, como nos enseñó Aristóteles, sea tan importante sentir lo que es debido, cuando es debido y del modo en que es debido.

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