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sábado, 3 de junio de 2023

Catequesis sobre San Bernardo de Claraval - Benedicto XVI

Catequesis sobre San Bernardo de Claraval
Benedicto XVI


Audiencia General correspondiente al Miércoles 21 de octubre de 2009 [Nota del Centro Pieper: las “negritas” son nuestras].
 

Hoy quiero hablar sobre san Bernardo de Claraval, llamado el “último de los Padres” de la Iglesia, porque en el siglo XII, una vez más, renovó e hizo presente la gran teología de los Padres. No conocemos con detalles los años de su juventud, aunque sabemos que nació en el año 1090 en Fontaines, en Francia, en una familia numerosa y discretamente acomodada. De joven, se entregó al estudio de las llamadas artes liberales -especialmente de la gramática, la retórica y la dialéctica- en la escuela de los canónigos de la iglesia de Saint-Vorles, en Châtillon-sur-Seine, y maduró lentamente la decisión de entrar en la vida religiosa. Alrededor de los veinte años entró en el Císter, una fundación monástica nueva, más ágil respecto de los antiguos y venerables monasterios de entonces y, al mismo tiempo, más rigurosa en la práctica de los consejos evangélicos. Algunos años más tarde, en 1115, san Bernardo fue enviado por san Esteban Harding, tercer abad del Císter, a fundar el monasterio de Claraval (Clairvaux). Allí el joven abad, que tenía sólo 25 años, pudo afinar su propia concepción de la vida monástica, esforzándose por traducirla en la práctica. Mirando la disciplina de otros monasterios, san Bernardo reclamó con decisión la necesidad de una vida sobria y moderada, tanto en la mesa como en la indumentaria y en los edificios monásticos, recomendando la sustentación y la solicitud por los pobres. Entretanto la comunidad de Claraval crecía en número y multiplicaba sus fundaciones.

En esos mismos años, antes de 1130, san Bernardo inició una vasta correspondencia con muchas personas, tanto importantes como de modestas condiciones sociales. A las muchas Cartas de este período hay que añadir numerosos Sermones, así como Sentencias y Tratados. También a esta época se remonta la gran amistad de Bernardo con Guillermo, abad de Saint-Thierry, y con Guillermo de Champeaux, personalidades muy importantes del siglo XII. Desde 1130 en adelante empezó a ocuparse de no pocos y graves asuntos de la Santa Sede y de la Iglesia. Por este motivo tuvo que salir cada vez más a menudo de su monasterio, en ocasiones incluso fuera de Francia. Fundó también algunos monasterios femeninos, y fue protagonista de un notable epistolario con Pedro el Venerable, abad de Cluny, del que hablé el miércoles pasado. Dirigió principalmente sus escritos polémicos contra Abelardo, un gran pensador que inició una nueva forma de hacer teología, introduciendo sobre todo el método dialéctico-filosófico en la construcción del pensamiento teológico.

Otro frente contra el que san Bernardo luchó fue la herejía de los cátaros, que despreciaban la materia y el cuerpo humano, despreciando, en consecuencia, al Creador. Él, en cambio, sintió el deber de defender a los judíos, condenando los rebrotes de antisemitismo cada vez más generalizados. Por este último aspecto de su acción apostólica, algunas decenas de años más tarde, Ephraim, rabino de Bonn, rindió a san Bernardo un vibrante homenaje. En ese mismo periodo el santo abad escribió sus obras más famosas, como los celebérrimos Sermones sobre el Cantar de los cantares. En los últimos años de su vida -su muerte sobrevino en 1153- san Bernardo tuvo que reducir los viajes, aunque sin interrumpirlos del todo. Aprovechó para revisar definitivamente el conjunto de las Cartas, de los Sermones y de los Tratados. Es digno de mención un libro bastante particular, que terminó precisamente en este período, en 1145, cuando un alumno suyo, Bernardo Pignatelli, fue elegido Papa con el nombre de Eugenio III. En esta circunstancia, san Bernardo, en calidad de padre espiritual, escribió a este hijo espiritual suyo el texto De Consideratione, que contiene enseñanzas para poder ser un buen Papa. En este libro, que sigue siendo una lectura conveniente para los Papas de todos los tiempos, san Bernardo no sólo indica cómo ser un buen Papa, sino que también expresa una profunda visión del misterio de la Iglesia y del misterio de Cristo, que desemboca, al final, en la contemplación del misterio de Dios trino y uno: “Debería proseguir la búsqueda de este Dios, al que no se busca suficientemente -escribe el santo abad-, pero quizá se puede buscar mejor y encontrar más fácilmente con la oración que con la discusión. Pongamos, por tanto, aquí término al libro, pero no a la búsqueda” (XIV, 32: PL 182, 808), a estar en camino hacia Dios.


San Bernardo de Claraval, Doctor de la Iglesia


lunes, 29 de mayo de 2023

San Gregorio Magno: entre la Patrística y la Escolástica - Mario Caponnetto

San Gregorio Magno: entre la Patrística y la Escolástica
Mario Caponnetto


Segunda Conferencia del XVII Curso Anual 2023 del Centro Pieper titulado «Aproximación a los Doctores de la Iglesia».


[Centro Pieper] El Centro de Humanidades Josef Pieper de Mar del Plata (Argentina), tiene el agrado de invitarlos a participar de la transmisión de la Conferencia del Dr. Mario Caponnetto titulada “San Gregorio Magno: entre la Patrística y la Escolástica”.
 
Esta Conferencia se transmitirá en vivo el próximo viernes 02 de Junio a partir de las 19:30hs de Argentina. [Incluye Modalidad Presencial en el Multiespacio Cultural EL CAMINO, Santiago del Estero 3965 – Mar del Plata].

Podrá ser vista gratuitamente por el Canal de YouTube del Centro Pieper en el siguiente enlace:


O a través de la pantalla que se encuentra a continuación:


¿Te la vas a perder?


San Gregorio Magno nació en Roma en el año 540. Su Padre fue un Senador muy influyente. Después de adquirir una buena educación y estudiar derecho, el Emperador lo nombro magistrado principal en Roma. Heredó, a la muerte de su Padre, una gran fortuna.
Edificó siete Monasterios en Roma, el último de los cuáles fue en su propia casa y que se llamó Monasterio Benedictino de San Andrés. Él mismo tomó el hábito monástico a la edad de 35 años. Luego fue ordenado diácono y nombrado legado pontificio en Constantinopla entre el 579 y 586.
Tres años después, a la muerte del Papa Pelagio, fue elegido unánimemente Papa por los sacerdotes y el pueblo de Roma el día 3 de septiembre del año 590. Ejerció su Ministerio como un verdadero Pastor: se distinguió por su espíritu contemplativo, su oratoria, su modo de gobernar, su ayuda a los pobres, su propagación de la Fe. Tuvo un especial interés misionero sobre Inglaterra. Combatió la herejía con todas sus fuerzas. Compuso grandes obras sobre Teología Moral y Dogmática e hizo contribuciones clave a los Estudios Bíblicos, a la Cristología, a la Ascética, a la Liturgia de la Misa y al Oficio.
Apenas muerto, en el año 604, fue venerado ya como santo. Es Patrono de los liturgistas, sabios e investigadores, por su amplia erudición; y de los músicos y cantores, por la Escuela de Canto que fundó (canto gregoriano).
Su extraordinario trabajo le valió el nombre de “el Grande”.  

sábado, 27 de mayo de 2023

Catequesis sobre San Gregorio Magno - Benedicto XVI

Catequesis sobre San Gregorio Magno
Benedicto XVI


Audiencias Generales correspondientes al Miércoles 28 de mayo de 2008 [Primera Parte] y al Miércoles 4 de junio de 2008 [Segunda Parte].

 
[Primera Parte: Vida]

Hoy quiero presentar la figura de uno de los Padres más grandes de la historia de la Iglesia, uno de los cuatro doctores de Occidente, el Papa san Gregorio, que fue Obispo de Roma entre los años 590 y 604, y que mereció de parte de la tradición el título Magnus, Grande. San Gregorio fue verdaderamente un gran Papa y un gran doctor de la Iglesia [Nota del Centro Pieper: las “negritas” son nuestras].

Nació en Roma, en torno al año 540, en una rica familia patricia de la gens Anicia, que no sólo se distinguía por la nobleza de su sangre, sino también por su adhesión a la fe cristiana y por los servicios prestados a la Sede apostólica. De esta familia habían salido dos Papas: Félix III (483-492), tatarabuelo de san Gregorio, y Agapito (535-536). La casa en la que san Gregorio creció se encontraba en el Clivus Scauri, rodeada de solemnes edificios que atestiguaban la grandeza de la antigua Roma y la fuerza espiritual del cristianismo. Los ejemplos de sus padres Gordiano y Silvia, ambos venerados como santos, y los de sus tías paternas Emiliana y Tarsilia, que vivían en su misma casa como vírgenes consagradas en un camino compartido de oración y ascesis, le inspiraron elevados sentimientos cristianos.

San Gregorio ingresó pronto en la carrera administrativa, que había seguido también su padre, y en el año 572 alcanzó la cima, convirtiéndose en prefecto de la ciudad. Este cargo, complicado por la tristeza de aquellos tiempos, le permitió dedicarse en un amplio radio a todo tipo de problemas administrativos, obteniendo de ellos luz para sus futuras tareas. En particular le dejó un profundo sentido del orden y de la disciplina: cuando llegó a ser Papa, sugirió a los obispos que en la gestión de los asuntos eclesiásticos tomaran como modelo la diligencia y el respeto que los funcionarios civiles tenían por las leyes.

Sin embargo, esa vida no le debía satisfacer, dado que, no mucho tiempo después, decidió dejar todo cargo civil para retirarse en su casa y comenzar la vida de monje, transformando la casa de la familia en el monasterio de San Andrés en el Celio. Este período de vida monástica, vida de diálogo permanente con el Señor en la escucha de su palabra, le dejó una perenne nostalgia que se manifiesta continuamente en sus homilías: en medio del agobio de las preocupaciones pastorales, lo recordará varias veces en sus escritos como un tiempo feliz de recogimiento en Dios, de dedicación a la oración, de serena inmersión en el estudio. Así pudo adquirir el profundo conocimiento de la sagrada Escritura y de los Padres de la Iglesia del que se sirvió después en sus obras.


San Gregorio Magno, Doctor de la Iglesia
Benedicto XVI


martes, 20 de junio de 2017

Nuestra Señora de Akita: una Advertencia para el Mundo Entero [Incluye Video] - Pablo Luis Fandiño

Nuestra Señora de Akita: una Advertencia para el Mundo Entero
[Incluye Video]
Pablo Luis Fandiño


En Akita (Japón) tuvo lugar una singular manifestación de la Santísima Virgen María, formalmente aprobada por la Iglesia, que por el tenor de sus mensajes es conocida como la “Fátima Oriental”. Al final de este post, le ofrecemos un video conteniendo lo fundamental de estos sucesos.


[El Perú necesita de Fátima/Corazones.org/Centro Pieper] Akita es una pequeña ciudad ubicada al noroeste de Honshu, la principal isla del Japón, al extremo opuesto de Sendai...

Al contrario de Portugal, donde Nuestra Señora de Fátima se apareció en 1917, la religión católica ha sido invariablemente minoritaria en el país del sol naciente. Sin embargo, como lo destaca la “Enciclopedia Católica” en su introducción al artículo sobre los mártires japoneses: “No hay en toda la historia de la Iglesia, un solo pueblo que pueda ofrecer a la admiración de los anales cristianos del mundo, tan glorioso como tan dilatado martirologio, como el de las gentes del Japón” [1].

Akita fue, en el siglo XVII, efusivamente regada con la sangre de los mártires. En efecto, el 3 de junio de 1624, durante una feroz persecución que se desató contra los católicos, Masakage, hijo del señor feudal de la región de Akita, mandó quemar vivos en esta ciudad a 32 cristianos [2]. La Madre de Dios escogió pues esta tierra bendita, para dar a conocer sus más íntimos pensamientos, como un complemento del Mensaje revelado en Fátima.

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