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sábado, 24 de septiembre de 2022

San Ireneo de Lyon [04] - Benedicto XVI

San Ireneo de Lyon
[Padres de la Iglesia 04]
Benedicto XVI


Audiencia General correspondiente al miércoles 28 de Marzo de 2007, continuando así su Ciclo de Catequesis sobre los Padres de la Iglesia.


[CP] En las Catequesis sobre las grandes figuras de la Iglesia de los primeros siglos llegamos hoy a la personalidad eminente de san Ireneo de Lyon. Las noticias biográficas acerca de él provienen de su mismo testimonio, transmitido por Eusebio en el quinto libro de la “Historia eclesiástica”.

San Ireneo nació con gran probabilidad, entre los años 135 y 140, en Esmirna (hoy Izmir, en Turquía), donde en su juventud fue alumno del Obispo san Policarpo, quien a su vez fue discípulo del Apóstol san Juan. No sabemos cuándo se trasladó de Asia Menor a la Galia, pero el viaje debió de coincidir con los primeros pasos de la comunidad cristiana de Lyon: allí, en el año 177, encontramos a san Ireneo en el Colegio de los Presbíteros.

Precisamente en ese año fue enviado a Roma para llevar una carta de la comunidad de Lyon al Papa Eleuterio. La misión romana evitó a san Ireneo la persecución de Marco Aurelio, en la que cayeron al menos 48 mártires, entre los que se encontraba el mismo Obispo de Lyon, Potino, de noventa años, que murió a causa de los malos tratos sufridos en la cárcel. De este modo, a su regreso, san Ireneo fue elegido Obispo de la ciudad. El nuevo pastor se dedicó totalmente al Ministerio Episcopal, que se concluyó hacia el año 202-203, quizá con el martirio.

sábado, 27 de agosto de 2022

San Ignacio de Antioquía [02] - Benedicto XVI

San Ignacio de Antioquía
[Padres de la Iglesia 02]
Benedicto XVI


Audiencia General correspondiente al miércoles 14 de Marzo de 2007, continuando así su Ciclo de Catequesis sobre los Padres de la Iglesia.


[CP] Como hicimos ya el miércoles pasado, hablamos de las personalidades de la Iglesia primitiva. La semana pasada hablamos del Papa Clemente I, tercer Sucesor de san Pedro. Hoy hablamos de san Ignacio, que fue el tercer obispo de Antioquía, del año 70 al 107, fecha de su martirio. En aquel tiempo Roma, Alejandría y Antioquía eran las tres grandes metrópolis del imperio romano. El concilio de Nicea habla de tres “primados”: el de Roma, pero también Alejandría y Antioquía participan, en cierto sentido, en un “primado”.

San Ignacio era Obispo de Antioquía, que hoy se encuentra en Turquía. Allí, en Antioquía, como sabemos por los Hechos de los Apóstoles, surgió una comunidad cristiana floreciente: su primer Obispo fue el Apóstol san Pedro –así nos lo dice la tradición– y allí “por primera vez los discípulos recibieron el nombre de cristianos” (Hch 11, 26). Eusebio de Cesarea, un historiador del siglo IV, dedica un capítulo entero de su Historia eclesiástica a la vida y a la obra literaria de san Ignacio (III, 3). “Desde Siria –escribe– Ignacio fue enviado a Roma para ser arrojado como alimento a las fieras, a causa del testimonio que dio de Cristo. Al realizar su viaje por Asia, bajo la custodia severa de los guardias” (que él, en su Carta a los Romanos, V, 1, llama “diez leopardos”), “en cada una de las ciudades por donde pasaba, con predicaciones y exhortaciones, iba consolidando las Iglesias; sobre todo exhortaba, con gran ardor, a guardarse de las herejías que ya entonces comenzaban a pulular, y les recomendaba que no se apartaran de la tradición apostólica”. 

La primera etapa del viaje de san Ignacio hacia el martirio fue la ciudad de Esmirna, donde era Obispo san Policarpo, discípulo de san Juan. Allí san Ignacio escribió cuatro cartas, respectivamente, a las Iglesias de Éfeso, Magnesia, Trales y Roma. “Habiendo partido de Esmirna –prosigue Eusebio– Ignacio fue a Tróada, y desde allí envió otras cartas”:  dos a las Iglesias de Filadelfia y Esmirna, y una al Obispo Policarpo. Eusebio completa así la lista de las cartas, que han llegado hasta nosotros como un valioso tesoro de la Iglesia del siglo I. Leyendo esos textos se percibe la lozanía de la fe de la generación que conoció a los Apóstoles. En esas cartas se percibe también el amor ardiente de un santo. Por último, desde Tróada el mártir llegó a Roma, donde, en el anfiteatro Flavio, fue dado como alimento a las bestias feroces.

sábado, 13 de agosto de 2022

San Clemente Romano [01] - Benedicto XVI

San Clemente Romano
[Padres de la Iglesia 01]
Benedicto XVI


Audiencia General correspondiente al miércoles 7 de Marzo de 2007, iniciando así su Ciclo de Catequesis sobre los Padres de la Iglesia.


[CP] Durante los meses pasados hemos meditado en las figuras de cada uno de los Apóstoles y en los primeros testigos de la fe cristiana mencionados en los escritos del Nuevo Testamento. Ahora, dedicaremos nuestra atención a los Padres Apostólicos, es decir, a la primera y a la segunda generación de la Iglesia después de los Apóstoles. Así podemos ver cómo comienza el camino de la Iglesia en la historia.

San Clemente, Obispo de Roma en los últimos años del siglo I, es el tercer sucesor de Pedro, después de Lino y Anacleto. El testimonio más importante sobre su vida es el de san Ireneo, Obispo de Lyon hasta el año 202, el cual atestigua que san Clemente “había visto a los Apóstoles”, “se había relacionado con ellos” y “tenía todavía la predicación apostólica en sus oídos y su tradición ante sus ojos” (Adversus haereses, III, 3, 3). Testimonios tardíos, entre los siglos IV y VI, atribuyen a san Clemente el título de mártir.

La autoridad y el prestigio de este Obispo de Roma eran tan grandes, que se le atribuyeron varios escritos, pero su única obra segura es la «Carta a los Corintios». Eusebio de Cesarea, el gran “archivero” de los orígenes cristianos, la presenta con estas palabras: “Nos ha llegado una carta de Clemente reconocida como auténtica, grande y admirable. Fue escrita por él, de parte de la Iglesia de Roma, a la Iglesia de Corinto... Sabemos que desde hace mucho tiempo y todavía hoy es leída públicamente durante la asamblea de los fieles” (Hist. Eccl. 3, 16).

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