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viernes, 9 de agosto de 2024

El Último Progreso de los Tiempos Modernos: la Palabra Violada - Fray Mario José Petit de Murat OP

El Último Progreso de los Tiempos Modernos:
la Palabra Violada
Fray Mario José Petit de Murat OP


Mario José Petit de Murat (1908-1972), hombre completo y eminente según Leonardo Castellani [1], fue una estrella rutilante en el cielo de los Dominicos argentinos e hispanoamericanos. Petit de Murat luce tanto por su cautivante prosa como por su capacidad de penetración psicológica. Autor prolífico y profundo conocedor de Santo Tomás de Aquino, escribió y enseñó Teología, Metafísica, Psicología, Filosofía e Historia del Arte. Porteño de nacimiento, se radicó en Tucumán, donde murió atendiendo una Capilla rural en Timbó Viejo. Con gran alegría reproducimos en nuestro Blog del Centro Pieper este bellísimo texto de su autoría, esperanzados en colaborar humildemente con su difusión.



- I -

Tengamos por cierto que hemos ido a la deriva. Muchas han sido “las lluvias, ríos y vientos” que la apostasía de Europa desató contra el Hijo del hombre desde el Renacimiento hasta nuestros días [2]; como consecuencia se ha venido abajo con grande ruina todo lo que del cristianismo se intentara edificar sobre las arenas de la mediocridad, las tibiezas o los descuidos [3].

Es notorio que los tiempos renacentistas y pos renacentistas están especificados por la reincidencia en el pecado, no en el individual, el cual se desgrana en cualquier rincón del mundo a cada instante, sino en el de la sociedad humana, pronunciando esta vez contra Dios no sólo Creador sino también encarnado y Salvador. En consecuencia, el demonio y la nueva iniquidad disponen de mayor experiencia para su astucia y, así, la malicia ha progresado bastante sobre las antiguas tácticas.

En efecto, la rebeldía moderna ha añadido una perfección capital a la iniquidad. Trataremos de esbozar, siquiera, lo que este enunciado entraña:

Nuestra época se mueve dentro del ámbito de un mal teológico; la anima la peor malicia, la de una apostasía. Si queremos lograr, no ya el género sino también la especie de dicho mal, hallamos que no se trata de una apostasía cualquiera, la que apartara, por ejemplo, de la noticia que la razón o alguna tradición cierta y remota pudiera dar de Dios. Lo que la civilización actual intenta negar es la encarnación del Verbo, además de todo el orden sobrenatural y temporal originado por Él en la tierra. Si frente a este hecho recordamos que la medida de un mal está dada por el bien que niega [4], se entenderá que nos encontramos en la hora actual, ante un abismo idéntico a la nada; pues si se niega el Verbo eterno ¿qué nos queda de Dios y de las cosas? Si se niega la Encarnación -la cual revela la decisión divina de asumir todo lo auténticamente humano- ¿qué puede quedarnos del hombre? Sobre todo: ¿en qué se convertirá el verbo humano si existe la resolución inflexible de emplearlo en contra del Verbo divino, a costa de desgarrarlo en los nexos con su fuente, analogía y ejemplaridad suprema, que es ese mismo verbo?

Ciertamente, la Edad Moderna ha obtenido al fin, tras su labor tenaz de agnosticismo y subjetivismo, corromper la palabra en sí. El lenguaje del hombre en todo tiempo, ha nombrado también conceptos, deseos y acciones inicuas; incluso cosas concretas dedicadas a la iniquidad (meretriz, Baal). Se pudo también mentir, pero se mentía con cosas reales que no eran tal como se las nombraba más en sus circunstancias que en su ser mismo; sin embargo, permanecía inviolada la relación del signo verbal con la cosa significada. Se decía “paz” y cualquiera entendía que se iba a dar una real tranquilidad en el orden concretamente existente; cuando un rey asirio ambicionaba dominar a otro monarca, enviaba una embajada comunicándole que le arrancaría los ojos y le cortaría las manos si llegaba a resistir y no rendirle vasallaje. En cambio hoy se dice “hombre” y se piensa que se puede estar nombrando a un animal sin mas; asimismo, si un gobernante llega a pronunciar la palabra “paz” el vecino entiende que se esta preparando para la guerra, y cuando un país quiere apoderarse del mundo entero, oprime, destruye y aniquila en nombre del amor que profesa a la fraternal convivencia de los pueblos.

lunes, 24 de junio de 2024

La Analogía y el Conocimiento Humano de Dios en Santo Tomás de Aquino - Héctor Delbosco

La Analogía y el Conocimiento Humano de Dios en Santo Tomás de Aquino
Héctor Delbosco


Octava Conferencia [Modalidad Virtual] del XVIII Curso Anual 2024 del Centro Pieper titulado “«¡Nada más que Tú, Señor!» (Non nisi Te, Domine) - Legado de Santo Tomás de Aquino, a 750 años de su muerte”.


[Centro Pieper] El Centro de Humanidades Josef Pieper de Mar del Plata (Argentina), tiene el agrado de invitarlos a participar de la transmisión de la Conferencia del Dr. Héctor Delbosco titulada “La Analogía y el Conocimiento Humano de Dios en Santo Tomás de Aquino”

Esta Conferencia se transmitirá en vivo el próximo viernes 28 de Junio a partir de las 19:30hs de Argentina / 00:30hs de España. 

Podrá ser vista gratuitamente por el Canal de YouTube del Centro Pieper en el siguiente enlace:


O a través de la pantalla que se encuentra a continuación: 


¿Te la vas a perder?

miércoles, 15 de mayo de 2024

Dios, Sujeto y Objeto de la Teología, en Santo Tomás de Aquino: Síntesis que Trasciende - Fray Alberto Saguier Fonrouge OP

Dios, Sujeto y Objeto de la Teología, en Santo Tomás de Aquino: Síntesis que Trasciende
Fray Alberto Saguier Fonrouge OP


Sexta Conferencia [Modalidad Virtual] del XVIII Curso Anual 2024 del Centro Pieper titulado “«¡Nada más que Tú, Señor!» (Non nisi Te, Domine) - Legado de Santo Tomás de Aquino, a 750 años de su muerte”.


[Centro Pieper] El Centro de Humanidades Josef Pieper de Mar del Plata (Argentina), tiene el agrado de invitarlos a participar de la transmisión de la Conferencia de Fray Alberto Saguier Fonrouge OP titulada "Dios, Sujeto y Objeto de la Teología, en Santo Tomás de Aquino: Síntesis que Trasciende"

Esta Conferencia se transmitirá en vivo el próximo viernes 17 de Mayo a partir de las 19:30hs de Argentina / 00:30hs de España. 

Podrá ser vista gratuitamente por el Canal de YouTube del Centro Pieper en el siguiente enlace:


O a través de la pantalla que se encuentra a continuación: 


¿Te la vas a perder?


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Fray Alberto Saguier Fonrouge OP
es Argentino. Es Sacerdote de la Orden de Predicadores (Dominicos) desde el año 1987. Es Profesor de Filosofía y Licenciado en Teología por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino en Roma, más conocida como “Angelicum”.

Fue Formador y varias veces Maestro de Novicios de la Orden. Sigue dando Clases de Filosofía y Teología. Colabora en la formación permanente de Benedictinos, Trapenses y Monjas Catalinas. 

Tiene publicaciones con temas de Espiritualidad e Historia.

jueves, 11 de enero de 2024

“Vencer o Morir”: La película sobre la Epopeya Católica de La Vendée contra la Revolución Francesa - Proyección: Viernes 12 Enero 2024 - 20hs - MdP

“Vencer o Morir”
La película sobre la Epopeya Católica de La Vendée
contra la Revolución Francesa


Cine-Debate con Proyección de la Película en el Centro Pieper de Mar del Plata: Viernes 12 de Enero, a partir de las 20hs (modalidad presencial / cupos limitados).


[CP] El Centro de Humanidades Josef Pieper de Mar del Plata [Argentina] tiene el agrado de invitarlos a su ciclo de Cine-Debate con la proyección de la Película “Vencer o Morir”, producida por la empresa que gestiona el parque temático de «Puy du Fou», una historia real que ha cautivado a más de 300 mil espectadores en Francia. 

El film presenta la epopeya del Rey de La Vendée, valiente levantamiento de muchos campesinos contra la República Francesa al ir en contra de sus creencias e ideales, sobre todo de la Fe Católica. Esta singular gesta de los Católicos Franceses, programáticamente olvidada, es una de las más gloriosas páginas de la historia moderna y merecía ser llevada al cine con una cuidada producción. La Guerra de Vendée fue una de las guerras civiles más violentas y mortíferas de la historia de Francia, considerada por muchos “el primer genocidio moderno”.
 
Tal como ha recordado sintéticamente Juan Orellana (en la edición número 69 de la revista Misión de España): «esta película francesa de género histórico … recrea la participación real del oficial de marina Athanase Charette en la llamada Guerra de la Vendée (1793-1796), originada cuando los campesinos contrarrevolucionarios de esa región se alzaron contra la República, recién instaurada tras la Revolución francesa. La indignación del pueblo se debía a su situación precaria, pero también a la persecución religiosa y al terror impuesto por el nuevo poder. La película se centra en las dramáticas peripecias de Charette, un hombre que se ve empujado a liderar un ejército de campesinos, que sacrifica a su familia y a sus mejores hombres en una guerra despiadada, y que es engañado por el Gobierno de París. Pero su condición de hombre de fe le permite vivir con dignidad los reveses que le brinda el devenir histórico. Por otra parte, los directores Paul Mignot y Vincent Mottez subrayan el valor de la unidad y amistad entre los compañeros de Charette, así como encumbra a una serie de mujeres, auténticas heroínas, que dieron una lección de valentía y amor al ideal. La cinta cuenta con unos secundarios estupendos, personajes llenos de matices, y lejos de planteamientos maniqueos. No es apta para los más pequeños».

martes, 7 de noviembre de 2023

Catequesis sobre San Francisco de Sales - Benedicto XVI

Catequesis sobre San Francisco de Sales
Benedicto XVI


Audiencia General correspondiente al Miércoles 2 de Marzo de 2011


«Dios es el Dios del corazón humano» (Tratado del amor de Dios, I, XV): en estas palabras aparentemente sencillas captamos la huella de la espiritualidad de un gran maestro, del que quiero hablaros hoy, san Francisco de Sales, obispo y doctor de la Iglesia. Nació en 1567 en una región francesa fronteriza. Era hijo del señor de Boisy, una antigua y noble familia de Saboya. Vivió a caballo entre dos siglos, el XVI y el XVII, recogió en sí lo mejor de las enseñanzas y de las conquistas culturales del siglo que terminaba, reconciliando la herencia del humanismo con la tendencia hacia lo absoluto propia de las corrientes místicas. Su formación fue muy esmerada; en París hizo los estudios superiores, dedicándose también a la teología; y en la Universidad de Padua, los estudios de derecho, como deseaba su padre, que concluyó de forma brillante con el doctorado en utroque iure, derecho canónico y derecho civil. En su armoniosa juventud, reflexionando sobre el pensamiento de san Agustín y de santo Tomás de Aquino, tuvo una profunda crisis que lo indujo a interrogarse sobre su salvación eterna y sobre la predestinación de Dios con respecto a sí mismo, sufriendo como verdadero drama espiritual las principales cuestiones teológicas de su tiempo. Oraba intensamente, pero la duda lo atormentó de tal manera que durante varias semanas casi no logró comer ni dormir bien. En el culmen de la prueba, fue a la iglesia de los dominicos en París y, abriendo su corazón, rezó de esta manera: «Cualquier cosa que suceda, Señor, tú que tienes todo en tu mano, y cuyos caminos son justicia y verdad; cualquier cosa que tu hayas decidido para mí...; tú que eres siempre juez justo y Padre misericordioso, yo te amaré, Señor (...), te amaré aquí, oh Dios mío, y esperaré siempre en tu misericordia, y repetiré siempre tu alabanza... ¡Oh Señor Jesús, tú serás siempre mi esperanza y mi salvación en la tierra de los vivos!» (I Proc. Canon., vol. I, art. 4). A sus veinte años Francisco encontró la paz en la realidad radical y liberadora del amor de Dios: amarlo sin pedir nada a cambio y confiar en el amor divino; no preguntar más qué hará Dios conmigo: yo sencillamente lo amo, independientemente de lo que me dé o no me dé. Así encontró la paz y la cuestión de la predestinación –sobre la que se discutía en ese tiempo– se resolvió, porque él no buscaba más de lo que podía recibir de Dios; sencillamente lo amaba, se abandonaba a su bondad. Este fue el secreto de su vida, que se reflejará en su obra más importante: el Tratado del amor de Dios.

Venciendo la resistencia de su padre, Francisco siguió la llamada del Señor y, el 18 de diciembre de 1593, fue ordenado sacerdote. En 1602 se convirtió en obispo de Ginebra, en un período en el que la ciudad era el bastión del calvinismo, tanto que la sede episcopal se encontraba «en exilio» en Annecy. Pastor de una diócesis pobre y atormentada, en un enclave de montaña del que conocía bien tanto la dureza como la belleza, escribió: «[A Dios] lo encontré lleno de dulzura y ternura entre nuestras más altas y ásperas montañas, donde muchas almas sencillas lo amaban y lo adoraban con toda verdad y sinceridad; el corzo y el rebeco corrían de aquí para allá entre los hielos espantosos para anunciar sus alabanzas», (Carta a la madre de Chantal, octubre de 1606, en Oeuvres, ed. Mackey, t. XIII, p. 223). Y, sin embargo, fue inmensa la influencia de su vida y de su enseñanza en la Europa de la época y de los siglos siguientes. Es apóstol, predicador, escritor, hombre de acción y de oración; comprometido en hacer realidad los ideales del concilio de Trento; implicado en la controversia y en el diálogo con los protestantes, experimentando cada vez más la eficacia de la relación personal y de la caridad, más allá del necesario enfrentamiento teológico; encargado de misiones diplomáticas a nivel europeo, y de tareas sociales de mediación y reconciliación. Pero san Francisco de Sales es, sobre todo, un director de almas: el encuentro con una mujer joven, la señora de Charmoisy, lo impulsó a escribir uno de los libros más leídos de la edad moderna, la Introducción a la vida devota. De su profunda comunión espiritual con una personalidad excepcional, santa Juana Francisca de Chantal, nació una nueva familia religiosa, la Orden de la Visitación, caracterizada –como quiso el santo– por una consagración total a Dios vivida en la sencillez y la humildad, en hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias: «...quiero que mis Hijas –escribió– no tengan otro ideal que el de glorificar [a nuestro Señor] con su humildad» (Carta a mons. de Marquemond, junio de 1615). Murió en 1622, a los cincuenta y cinco años, tras una existencia marcada por la dureza de los tiempos y por los trabajos apostólicos.

La vida de san Francisco de Sales fue relativamente breve, pero de gran intensidad. La figura de este santo produce una impresión de extraña plenitud, demostrada con la serenidad de su búsqueda intelectual, pero también en la riqueza de sus afectos, en la «dulzura» de sus enseñanzas que han ejercido gran influencia en la conciencia cristiana. De la palabra «humanidad» encarnó distintas acepciones que, hoy como ayer, puede asumir este término: cultura y cortesía, libertad y ternura, nobleza y solidaridad. En su aspecto tenía algo de la majestad del paisaje en que vivió, conservando también su sencillez y su naturaleza. Las antiguas palabras y las imágenes con las que se expresaba resuenan inesperadamente, también en el oído del hombre de hoy, como una lengua nativa y familiar.


San Francisco de Sales, Doctor de la Iglesia
Benedicto XVI


sábado, 3 de junio de 2023

Catequesis sobre San Bernardo de Claraval - Benedicto XVI

Catequesis sobre San Bernardo de Claraval
Benedicto XVI


Audiencia General correspondiente al Miércoles 21 de octubre de 2009 [Nota del Centro Pieper: las “negritas” son nuestras].
 

Hoy quiero hablar sobre san Bernardo de Claraval, llamado el “último de los Padres” de la Iglesia, porque en el siglo XII, una vez más, renovó e hizo presente la gran teología de los Padres. No conocemos con detalles los años de su juventud, aunque sabemos que nació en el año 1090 en Fontaines, en Francia, en una familia numerosa y discretamente acomodada. De joven, se entregó al estudio de las llamadas artes liberales -especialmente de la gramática, la retórica y la dialéctica- en la escuela de los canónigos de la iglesia de Saint-Vorles, en Châtillon-sur-Seine, y maduró lentamente la decisión de entrar en la vida religiosa. Alrededor de los veinte años entró en el Císter, una fundación monástica nueva, más ágil respecto de los antiguos y venerables monasterios de entonces y, al mismo tiempo, más rigurosa en la práctica de los consejos evangélicos. Algunos años más tarde, en 1115, san Bernardo fue enviado por san Esteban Harding, tercer abad del Císter, a fundar el monasterio de Claraval (Clairvaux). Allí el joven abad, que tenía sólo 25 años, pudo afinar su propia concepción de la vida monástica, esforzándose por traducirla en la práctica. Mirando la disciplina de otros monasterios, san Bernardo reclamó con decisión la necesidad de una vida sobria y moderada, tanto en la mesa como en la indumentaria y en los edificios monásticos, recomendando la sustentación y la solicitud por los pobres. Entretanto la comunidad de Claraval crecía en número y multiplicaba sus fundaciones.

En esos mismos años, antes de 1130, san Bernardo inició una vasta correspondencia con muchas personas, tanto importantes como de modestas condiciones sociales. A las muchas Cartas de este período hay que añadir numerosos Sermones, así como Sentencias y Tratados. También a esta época se remonta la gran amistad de Bernardo con Guillermo, abad de Saint-Thierry, y con Guillermo de Champeaux, personalidades muy importantes del siglo XII. Desde 1130 en adelante empezó a ocuparse de no pocos y graves asuntos de la Santa Sede y de la Iglesia. Por este motivo tuvo que salir cada vez más a menudo de su monasterio, en ocasiones incluso fuera de Francia. Fundó también algunos monasterios femeninos, y fue protagonista de un notable epistolario con Pedro el Venerable, abad de Cluny, del que hablé el miércoles pasado. Dirigió principalmente sus escritos polémicos contra Abelardo, un gran pensador que inició una nueva forma de hacer teología, introduciendo sobre todo el método dialéctico-filosófico en la construcción del pensamiento teológico.

Otro frente contra el que san Bernardo luchó fue la herejía de los cátaros, que despreciaban la materia y el cuerpo humano, despreciando, en consecuencia, al Creador. Él, en cambio, sintió el deber de defender a los judíos, condenando los rebrotes de antisemitismo cada vez más generalizados. Por este último aspecto de su acción apostólica, algunas decenas de años más tarde, Ephraim, rabino de Bonn, rindió a san Bernardo un vibrante homenaje. En ese mismo periodo el santo abad escribió sus obras más famosas, como los celebérrimos Sermones sobre el Cantar de los cantares. En los últimos años de su vida -su muerte sobrevino en 1153- san Bernardo tuvo que reducir los viajes, aunque sin interrumpirlos del todo. Aprovechó para revisar definitivamente el conjunto de las Cartas, de los Sermones y de los Tratados. Es digno de mención un libro bastante particular, que terminó precisamente en este período, en 1145, cuando un alumno suyo, Bernardo Pignatelli, fue elegido Papa con el nombre de Eugenio III. En esta circunstancia, san Bernardo, en calidad de padre espiritual, escribió a este hijo espiritual suyo el texto De Consideratione, que contiene enseñanzas para poder ser un buen Papa. En este libro, que sigue siendo una lectura conveniente para los Papas de todos los tiempos, san Bernardo no sólo indica cómo ser un buen Papa, sino que también expresa una profunda visión del misterio de la Iglesia y del misterio de Cristo, que desemboca, al final, en la contemplación del misterio de Dios trino y uno: “Debería proseguir la búsqueda de este Dios, al que no se busca suficientemente -escribe el santo abad-, pero quizá se puede buscar mejor y encontrar más fácilmente con la oración que con la discusión. Pongamos, por tanto, aquí término al libro, pero no a la búsqueda” (XIV, 32: PL 182, 808), a estar en camino hacia Dios.


San Bernardo de Claraval, Doctor de la Iglesia


sábado, 20 de mayo de 2023

Carta al Cardenal Biffi con Ocasión del IX Centenario de la Muerte de San Anselmo - Benedicto XVI

Carta al Cardenal Biffi con Ocasión del IX Centenario de la Muerte de San Anselmo
Benedicto XVI
 

Al señor Cardenal Giacomo Biffi
Enviado especial a las celebraciones del
IX centenario de la muerte de san Anselmo


Con ocasión de las celebraciones en las que usted, venerado hermano, participará como mi legado en la ilustre ciudad de Aosta para el IX centenario de la muerte de san Anselmo, que tuvo lugar en Canterbury el 21 de abril de 1109, me complace encomendarle un mensaje especial, en el que deseo subrayar los aspectos destacados de este gran monje, teólogo y pastor de almas, cuya obra ha dejado una huella profunda en la historia de la Iglesia [Nota del Centro Pieper: las negritas son nuestras].

Este aniversario constituye una oportunidad, que no se debe desaprovechar, para renovar el recuerdo de una de las figuras más luminosas de la tradición de la Iglesia e incluso de la historia del pensamiento occidental europeo. La ejemplar experiencia monástica de san Anselmo, su método original al considerar el misterio cristiano, su sutil doctrina teológica y filosófica, su enseñanza sobre el valor inviolable de la conciencia y sobre la libertad como adhesión responsable a la verdad y al bien, su apasionada obra de pastor de almas, dedicado con todas sus fuerzas a la promoción de la “libertad de la Iglesia”, nunca han dejado de suscitar en el pasado el más vivo interés, que el recuerdo de su muerte está felizmente volviendo a encender y favoreciendo de diversos modos y en muchos lugares.

En esta memoria del “Doctor magnífico” -como se suele llamar a san Anselmo- no puede menos de destacar de modo particular la Iglesia de Aosta, en la que nació y que con razón se complace en considerarlo su hijo más ilustre. Aunque salió de Aosta en su juventud, siguió llevando en su memoria y en su corazón un conjunto de recuerdos que afloraron siempre en su conciencia en los momentos más importantes de su vida. Entre estos recuerdos, ciertamente ocupaban un lugar particular la imagen dulcísima de su madre y la majestuosa de los montes de su valle, con sus cumbres altísimas y perennemente cubiertas de nieve, en las que veía reflejada, como un símbolo fascinante y sugestivo, la sublimidad de Dios.

jueves, 15 de diciembre de 2022

El Bautismo de Aristóteles (por Santo Tomás de Aquino) - Ernesto Alonso

El Bautismo de Aristóteles (por Santo Tomás de Aquino) 
Ernesto Alonso


El pasado 13 de noviembre celebramos a Santo Tomás como patrono de todas las instituciones católicas de enseñanza. En este artículo, especial para el Blog del Centro Pieper, el Dr. Alonso pone de manifiesto “el arte de trabar felizmente fe y razón, las dos alas con las que el hombre se eleva a la Verdad”.


[CP] ¡Loca fantasía! ¿De qué estamos hablando? De una imaginación exaltada que acaso soñase si el filósofo griego se hubiese hecho cristiano. De si era conveniente o de necesidad. ¡Ah, los argumentos de conveniencia y de necesidad cuya trama tan diestramente dominaba el Doctor Angélico!

Ha de suponerse que Santo Tomás admiraba al Estagirita. Y consta que fray Tomás de Aquino denominaba “el Filósofo” a Aristóteles; él, tan poco afecto a exagerados desbordes del afecto. Tomás, por cierto, no es un “aristotélico”. Tomás es mucho más que el pensamiento del eminente griego, aunque, en palabras de Josef Pieper “Aristóteles no es un autor cualquiera que tiene algo notable que decir. Aristóteles es aquella energía de pensamiento que actúa elementalmente como un fenómeno de la Naturaleza, en cuyo campo de radiación perecen aclararse como por sí mismas las cuestiones fundamentales”. 
     
Y John H. Newman, citado por Pieper, asevera que “él (Aristóteles) nos ha dicho, antes de que hubiésemos nacido, lo que significaban nuestras propias palabras e ideas. En muchas cosas ´pensar rectamente´ quiere decir tanto como ´pensar como Aristóteles´”. 
     

sábado, 22 de octubre de 2022

Tres Notas sobre la Ideología en un Texto de Rubén Calderón Bouchet [In Memoriam] - Ernesto Alonso

Tres Notas sobre la Ideología en un Texto de Rubén Calderón Bouchet
A propósito de “La Valija Vacía”
Ernesto Alonso


In Memoriam – al cumplirse el Décimo Aniversario de su partida de este mundo. 


Especial para el Blog del Centro Pieper


[CP] Primeramente, un brevísimo recuerdo personal del querido profesor y maestro, don Rubén Calderón Bouchet (1918 - 2012). Lo conocí en Mendoza, siendo yo un adolescente que comenzaba a formarse en algunos círculos de universitarios católicos. Capturó mi atención y mi admiración la primera vez que lo escuché, hablando sobre los fundamentos de la Ciudad Cristiana. Profundamente me impresionó que un hombre pudiese hablar con tanta solidez, sapiencia y elegancia sin tener un papel, o un esquema, a la vista. 

Pocos años después, fue mi profesor de Metafísica en la Universidad Católica, también en Mendoza. Extraordinarias solían ser sus clases, con dosis de explicación rigurosa y sabrosas anécdotas. Nos confesaba, en confianza y con ese humor fino que tan bien lo caracterizaba, que enseñaba esa disciplina no porque fuese su especialidad, sino para mantener el buen juicio y el “apego" a Santo Tomás de Aquino. 

Concluidos mis estudios, lo seguí durante unos cuantos años en conferencias y cursos; pero, sobre todo, en la lectura de unas cuantas de sus obras. Más tarde o más temprano, siempre vuelvo a un libro de Calderón Bouchet. No deja de asombrarme su cabeza ordenada y ordenadora y, no menos que otra cualidad, su estilo pulcro que tan armoniosamente combina la elegancia del francés con la campechanía del español criollo. 

martes, 10 de agosto de 2021

Gerardo Medina - Octavo Aniversario (10 de Agosto 2013 - 2021) - Mario Caponnetto

Gerardo Medina - Octavo Aniversario
Mario Caponnetto


10 de Agosto 2013 - 2021


Se cumplen hoy ocho años de la partida de nuestro entrañable amigo y maestro Gerardo Medina. Dios se lo llevó muy joven cuando esperábamos mucho de su magisterio y de su sabiduría. Pero, bien sabemos, el Señor ama las primicias.

Nos quedan su ejemplo de auténtico intelectual católico, el recuerdo de su amistad y de las horas pasadas juntos en el estudio y en la búsqueda de la Verdad, de esa Verdad que no muere y que, estoy seguro, ya ha de estar contemplando en la luz de la gloria.

martes, 31 de marzo de 2020

Doce Reglas para la Cuarentena - Maximiliano Loria

Doce Reglas para la Cuarentena
Maximiliano Loria


Ante una situación que roza lo trágico como la que estamos afrontando, tenemos la obligación de intentar escrutar la realidad y de alzar la voz, aun a riesgo de que cometamos algún yerro y se nos critique. Si alguno nos refuta, habrá tenido antes que detenerse a pensar, lo cual es ya una ganancia para todos.


[La Capital / CP] Los filósofos no damos simplemente consejos sino que invitamos a otros a reflexionar. Y ante una situación que roza lo trágico como la que estamos afrontando, tenemos la obligación de intentar escrutar la realidad y de alzar la voz, aun a riesgo de que cometamos algún yerro y se nos critique. Si alguno nos refuta, habrá tenido antes que detenerse a pensar, lo cual es ya una ganancia para todos.

El mundo de hoy busca soluciones rápidas, sacarse velozmente de encima los problemas a fin de poder retornar, aún más rápidamente, a la distracción. Pues a nadie se le oculta que, si vivimos, vivimos para la diversión. Cuando impartía clases en la escuela media, siempre decía a mis estudiantes que ellos habían trastocado el orden de las cosas. Para la mayor parte de ellos, el trabajo escolar era, precisamente, aquello que venía a interrumpir el perpetuo recreo en el que aspiraban a instalarse. Yo los amonestaba diciendo que, en realidad, la cosa era al revés: la pausa era en realidad aquello que les permitía recobrar fuerzas para el estado de trabajo que juntos debíamos abordar, si es que deseábamos vislumbrar algo de la alegría propia del aprendizaje. Demás está decir que nunca comulgué demasiado con los pedagogos de moda que dicen que los chicos tienen que divertirse mientras aprenden y que es preciso hacer un juego de todo acto educativo. La adquisición de la ciencia es algo hermoso pero arduo. Los jóvenes, claro está, tenían sus motivos para exigir su recreo eterno, pues los medios que ellos masivamente consumen no suelen pregonar otra cosa que la búsqueda de dispersión, mediante el consumo de bienes materiales y placeres corporales.

En síntesis, el coronavirus vino a interrumpir nuestro perpetuo recreo y nos puso, cual añejo maestro, a todos en penitencia, llamados a reflexionar en un rincón del aula (jaula) de nuestra propia casa. Entonces, ¿qué podemos hacer ahora?, ¿qué tenemos que pensar en esta clausura que Dios o el destino nos han inexorablemente impuesto? Si bien no hay soluciones existenciales mágicas, pueden señalarse algunas verdades que la tradición filosófica y religiosa occidental ha sabido rumiar a lo largo de los siglos. Claro que no es sencillo ponerlas en práctica, porque de la cabeza al corazón (del saber al saber vivir), existe, en ocasiones, una gran distancia. Y es necesario reconocer que los afectos dominan mayoritariamente nuestra conducta. De aquí que, como nos enseñó Aristóteles, sea tan importante sentir lo que es debido, cuando es debido y del modo en que es debido.

domingo, 7 de abril de 2019

Ideologías Modernas y Política Tradicional - Javier Gutiérrez Fernández-Cuervo

Ideologías Modernas y Política Tradicional
Javier Gutiérrez Fernández-Cuervo


Todas las ideologías políticas modernas tienen algo en común: se han olvidado de la realidad y parten de una idea extrapolada hasta el absoluto según la cual se sostiene todo su querer hacer.


[InfoCatólica/CentroPieper] Anarquismo, liberalismo, socialismo, independentismo, fascismo, comunismo, nacionalismo, marxismo y un largo etc. de «ismos» rodean hoy nuestras vidas y nuestras conversaciones al hablar de política. Y todos estos sistemas se engloban bajo el término de “ideologías políticas”. Sin embargo, conviene resaltar que todas estas ideologías proceden de hace no mucho tiempo, y son realmente ideologías modernas, pues nacen del subjetivismo moderno. La diferencia con la forma de hacer política en occidente antes de la llegada del pensamiento moderno es elemental y, si no se distingue, será imposible salir del binomio izquierda-derecha que tan desgastado está y tan poco resultado ha demostrado obtener.

La lógica moderna consiste, básicamente, en eliminar al fundamento objetivo último de la moral y poner la razón humana en su lugar, al «hombre, ser supremo para el hombre» como dirían Volney y Marx. Esto se ejemplifica manifiestamente en la curiosa anécdota de la Revolución Francesa en la que se llevó una prostituta a lo que sería el Congreso y se la adoró como la diosa razón, asignándole el altar mayor de la Catedral de París. Esto es: quitar a Dios y poner al hombre, a su razón, como fundamento de la realidad. Esta pretensión ilustrada recibe el nombre de “racionalismo”.

El racionalismo modernista ha tenido repercusión en todos los aspectos de la vida y, por tanto, necesariamente también en la filosofía. Siendo que ya no está Dios y que de Él proceden el universo y la ley natural, ahora es necesario repensar todo: destruir todo el edificio de tus creencias y partir de lo que conoces por ti mismo, con claridad y distinción, como diría Descartes para fundamentar su duda metódica. Destruir para construir de cero. Es decir, que a partir de aquí las ideologías nacerán del subjetivismo moderno, alejados de la realidad objetiva.

lunes, 26 de noviembre de 2018

La Familia en el Plan de Dios y en el Nuevo Orden Mundial - Andrea Piscicelli y Cristian Rodríguez Iglesias

La Familia en el Plan de Dios y en el Nuevo Orden Mundial
Lic. Andrea Piscicelli y Prof. Cristian Rodríguez Iglesias


[Centro Pieper] El Centro de Humanidades Josef Pieper tiene el agrado de invitarlos a participar del séptimo y último Café Cultural del año, a realizarse el próximo viernes 30 de Noviembre a partir de las 20:15hs en el Multiespacio Cultural EL CAMINO, Catamarca 2336 (casi Brown), de nuestra ciudad de Mar del Plata.

El tema que convoca en esta oportunidad es “La Familia en el Plan de Dios y en el Nuevo Orden Mundial”, a cargo de la Lic. Andrea Piscicelli y del Prof. Cristian Rodríguez Iglesias, quienes finalizan así el Curso “La Verdad en la era de la posverdad - Una Respuesta a los Dilemas Antropológicos y Morales de Nuestro Tiempo” que dicta el Centro Pieper este año, bajo el lema: “Pasión por la Verdad”.

El Ingreso es Libre de Aranceles.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Ante la Angustiosa Espera del Submarino ARA San Juan

Ante la Angustiosa Espera del Submarino ARA San Juan


Amar la Patria es el amor primero
Y es el postrer amor después de Dios
Y si es crucificado y verdadero
Ya son uno los dos, ya no son dos.
P. Leonardo Castellani


Los versos de Castellani que encabezan estas líneas nos recuerdan una antigua verdad olvidada: el amor a Dios y el amor a la Patria son los amores esenciales de todo hombre. Todos, por cierto, somos hijos de Dios en el orden de la gracia e hijos de una tierra en el orden histórico.

Ambos amores se hacen uno en el dolor. Eso es lo que el pueblo argentino está viviendo en estas horas angustiosas aguardando la suerte de cuarenta y cuatro de sus hijos perdidos en el inmenso Mar Austral.

Dios, que en su inescrutable Providencia suele servirse del mal para ponerlo al servicio del bien -tal, en esencia, el misterio de la Cruz- ha hecho resurgir en estos días de dolor y de angustia lo mejor del alma argentina: una fe que aunque soterrada sigue viva y un patriotismo que aunque parecía muerto hoy se muestra vivo.

viernes, 3 de noviembre de 2017

El Que Llora [Sobre Léon Bloy] - Juan Manuel De Prada

El Que Llora
[Sobre Léon Bloy]
Juan Manuel De Prada


“Intransigente, desmesurado y virulento, Léon Bloy es quizá el más maldito de todos los escritores” afirma De Prada en este artículo escrito originalmente para el Diario ABC y que hoy reproducimos en el Blog del Centro Pieper al cumplirse 100 años de la muerte del destacado escritor católico francés, “peregrino de lo absoluto” como se llamó a sí mismo. “Sólo hay una tristeza, y es la de no ser santos” decía. Pedimos una oración por su alma.


Afirmaba Léon Bloy (1846-1917) que, cada vez que quería saber las últimas noticias, leía el «Apocalipsis»; por lo que no debe extrañarnos que, en un mundo donde nadie lee el «Apocalipsis», Bloy sea el escritor maldito por excelencia. Y es que Bloy, en verdad, es uno de los escritores más intransigentes, virulentos y desaforados que uno imaginarse pueda; y, por ello mismo, uno de los más apasionantes, cuya escritura nos zarandea sin remilgos con la fuerza brutal de su imaginación paradójica, sus visiones paradisíacas e infernales, sus llantos jeremíacos, sus extemporáneas y violentas invectivas.

Hijo de un ingeniero librepensador y de una piadosísima madre de ascendencia española, Bloy fue en su juventud un furibundo ateo: «Hubo un momento –confiesa– en el cual el odio por Jesús y por su Iglesia fue el único pensamiento de mi intelecto, el único sentimiento de mi corazón». A los 23 años se muda a París, donde trabará amistad con Huysmans y Barbey d’Aurevilly, que lo empujan a la fe.


Sin miramientos

Por supuesto, a su temperamento desmesurado no le bastará con ser un católico modosito: se enamora de Anne-Marie Poullet, una prostituta a la que, después de redimir de su oficio, convertirá al catolicismo; pero Anne-Marie acabará enloqueciendo, entre visiones místicas y apocalípticas. Para salvarse de la quiebra moral, Bloy publica en 1887 su primera novela, «Los desesperados», que le granjeará las ojerizas de todos los plumíferos de la época, a los que despelleja sin miramientos. En 1889 se casa con una danesa protestante a la que –¡por supuesto!– también convierte al catolicismo; y desde entonces nunca dejará de publicar con regularidad libros de títulos muy expresivos de su temperamento: «Cuentos descorteses», «La mujer pobre», «La que llora», «La sangre del pobre», «Exégesis de lugares comunes», «El peregrino de lo absoluto» o «En el umbral del Apocalipsis». Sin olvidarnos, por supuesto, de la que tal vez sea su obra maestra, el «Diario» que anualmente entregaba a la imprenta.

jueves, 19 de octubre de 2017

Robert Hugh Benson, un Recuerdo Personal - Fr. Joseph H. McMahon

Robert Hugh Benson, un Recuerdo Personal
Fr. Joseph H. McMahon


Hoy se cumplen 103 años de la muerte de Monseñor Benson. Hemos encontrado este artículo escrito por un Sacerdote norteamericano amigo de Benson que fue traducido al español por Beatrice Atherton. Publicado originalmente en el Blog “Bensonians”, hoy lo reproducimos en nuestro Blog del Centro Pieper. En él encontrarán algunos aspectos íntimos de su vida y sobre todo su fuerte celo Sacerdotal. 


I.- “Soledad”, la última novela de Mgr. Benson, cualquiera sea el veredicto de los críticos, será siempre para mí su mejor novela por un prejuicio de interés personal. Él escribió los últimos capítulos en las pocas horas de la mañana de un brillante día del agosto recién pasado, cuando por última vez yo viajé a Hare Street para ser su invitado por un fin de semana. Esa noche, después de la cena y después de mencionar los temas tratados en la novela y el propósito que perseguía al usarlos, él me leyó aquellos capítulos finales. La escena fue muy interesante e íntima.

Gracias a unas adquisiciones posteriores él había aumentado los terrenos que originalmente rodeaban la casa de Hare Street, hasta abarcar unas considerables tres o cuatro propiedades continuas. En una de ellas había levantado dos encantadores y pintorescos cottages. Creo que su idea era formar una distinguida colonia de católicos en esta remota y aburrida villa inglesa, que no había experimentado la presencia de católicos hasta que él llegó a establecerse ahí. Fue atraído por la belleza de la puerta de hierro forjado estilo Carlos II, la cual conduce a la larga, espaciosa, cuadrada y confortable casa que él compró. De esto estoy seguro, por su pórtico y sus viejos revestimientos.

Fue en uno de estos cottages, ocupado por una señora de distinguido linaje, conversa ella también, (N.Tr.: se trata de Miss Lyall, hija de Sir Alfred Lyall) donde fuimos invitados a tomar nuestro café. Fue una práctica habitual ir con él a la denominada en forma elegante “sala de estar de la casa de campo” a beber una pequeña taza de café y fumar innumerables cigarros mientras en un semicírculo alrededor de la hermosa habitación iluminados por una tenue luz de un candelabro eléctrico, se sentaban sus huéspedes y unos cuantos vecinos y visitas de ella. Apenas se intercambiaban los saludos la criada entraba con el brillante juego de café y entonces, con su característica impaciencia por la pérdida de tiempo, él preguntaba si podía comenzar. Leía rápidamente entre frecuentes aspiraciones a su cigarro. Para los desacostumbrados ojos americanos era divertido ver a estas graves damas inglesas, todas con “grandes aires”, alargando plateadas cajas de cigarros y encenderlos con calma fumando plácidamente mientras él leía, hasta que alguna interjección causaba que la lectura fuera suspendida al tiempo que una animada discusión tomaba lugar para decidir sobre algún punto de vista literario o de apreciación artística. Él no tomaba las críticas dócilmente. Al primer síntoma de desacuerdo se ponía rígido a la expectativa del ataque y con la determinación de defenderse. En más de un punto de la discusión de aquella tarde y en las posteriores, él tendría el buen sentido de analizar las críticas sobre las materias. Y entonces, con el cigarro pendiendo de sus labios, clavaría su lápiz en el manuscrito o quizás mantendría firme el manuscrito con la mano que sostenía el cigarro, el cual ardía con rapidez distribuyendo naturalmente sus cenizas libremente y con una fina indiferencia, y haría las correcciones.

sábado, 16 de septiembre de 2017

«La Revolución Cultural en la Argentina». Cuarenta Años Después - Ernesto Alonso

«La Revolución Cultural en la Argentina»
Cuarenta Años Después
Lic. Ernesto Alonso


El destacado Maestro mendocino, Dr. Abelardo Pithod, escribió en 1974 una interesantísima obra titulada «La Revolución Cultural en la Argentina» de la que se cumplen cuarenta años de su Segunda Edición. Y gracias a la pluma de uno de sus amigos y discípulos, el Lic. Ernesto Alonso, hoy con orgullo recordamos en este Blog del Centro Pieper. A la vista de los graves extravíos actuales de nuestra Argentina, dicha obra es profética, o, al menos, decididamente anticipatoria. Su luz continúa brillando vigorosamente y nos ofrece un inestimable auxilio para entender y afrontar los males presentes. Valgan estas líneas, entonces, como sencillo homenaje a la verdad proclamada y al error denunciado en aquellas páginas; y también a su Autor, el Profesor y Maestro Abelardo Pithod.


Abelardo Pithod, de memoria y en una pincelada 

La segunda edición de «La Revolución Cultural en la Argentina», un breve texto que apenas llega a las cien páginas, tuvo lugar en la segunda quincena de mayo de 1977. Se han cumplido ya cuarenta años. ¿Por qué me interesa recuperar un poco del olvido esta “obra de un científico, obra crítica y también polémica” como escribe el Dr. Roberto Brie en el prólogo? 

Este rescate y rememoración exterioriza motivos personales porque el autor, Dr. Abelardo Pithod, fue uno de mis grandes maestros mendocinos, profesor de Psicología General en la Universidad Católica Argentina (sede Mendoza), y con quien trabajé unos cuantos años como becario de investigación en el Centro de Investigaciones Cuyo (CIC) de esa ciudad. Puedo asegurar que conozco bastante bien al Dr. Pithod y aunque fuese una pérdida irreparable el olvido de sus lecciones en lo concerniente a mi formación intelectual y académica; lamentaría más, empero, extraviar el preciado tesoro que fueron las prolongadas charlas personales que solíamos mantener, café de por medio, en las tardes del CIC.   

De Pithod siempre me impresionó la admirable capacidad para observar en la realidad de hechos y personas la dimensión psicológica y social –era su especialidad– sin perder nunca de vista los grandes principios de la filosofía perenne. Tenía Pithod una “mente psicológica” pues sabía inteligir con penetración y certeza la “causalidad psíquica” en las complejas cuestiones político-sociales y culturales que examinábamos con frecuencia. No era un “tomista de estricta observancia”, si por ello se entiende una continua y sistemática dedicación a la filosofía de Santo Tomás, aunque es cierto que tuvo una excelente formación universitaria en filosofía en la Universidad Nacional de Cuyo. 
     
Abelardo era una “rara avis” entre los intelectuales mendocinos de aquellos años en razón de sus extrañas preferencias y orientaciones, tales como el psicoanálisis de Freud y algunos de los grandes temas y maestros de la sociología contemporánea. Con el paso de los años, y habiendo re-pasado en estos últimos meses «La Revolución Cultural…», advierto cuánto de providencia hubo en que una cabeza católica y realista nos ayudase a inteligir y descifrar los desvaríos de la imaginería freudiana y nos previniese contra los abusos del determinismo social, propios del “sociologismo”.  
     

viernes, 8 de septiembre de 2017

Cultura de la Verdad y Cultura de la Mentira [Incluye Video] - Cardenal Carlo Caffarra

Cultura de la Verdad y Cultura de la Mentira
[Incluye Video]
Cardenal Carlo Caffarra


Ponencia del Cardenal Carlo Cafarra, el pasado 19 de Mayo de 2017, en el IV Foro por la Vida en Roma, organizado por “Voice of the Family”. Al final de este post, publicamos el video completo.


[LifeSiteNews/InfoCatólica/Centro Pieper] El Cardenal Italiano Carlo Caffarra, Arzobispo Emérito de Bolonia –fallecido repentinamente el pasado 6 de Septiembre–, señaló en su presentación en el “IV Foro por la Vida”, en Roma, que hay dos fuerzas que se oponen entre sí en singular batalla.

La historia de la humanidad es una confrontación entre dos fuerzas: la fuerza de atracción, cuya fuente está en el Corazón herido del Crucificado-Resucitado, y el poder de Satanás, que no quiere ser expulsado de su reino”. El Cardenal dijo que el área en la que se desarrolla esta batalla es el corazón humano y tiene dos dimensiones, una interior y otra exterior. 

Esto es lo que está ocurriendo en el corazón del hombre: Jesús, la Revelación del Padre, ejerce una fuerte atracción hacia sí mismo. Satanás trabaja en contra de esto, para neutralizar la fuerza atractiva del Crucificado-Resucitado. La fuerza de la verdad que nos hace libres actúa sobre el corazón del hombre. Es la fuerza satánica de la mentira la que nos hace esclavos”, dijo. Por eso, “dado que el hombre está situado entre dos fuerzas opuestas, la condición en que se encuentra debe necesariamente dar lugar a dos culturas: la cultura de la verdad y la cultura de la mentira”.

jueves, 17 de agosto de 2017

La Secularización llega a la Iglesia cuando se Reduce la Fe a la Mentalidad del Hombre Moderno - Cardenal Robert Sarah

La Secularización llega a la Iglesia cuando se Reduce la Fe a la Mentalidad del Hombre Moderno
Cardenal Robert Sarah


El Cardenal Sarah ha advertido que la Secularización entra en la Iglesia cuando deja de proponer una Fe fundada en la Revelación de Cristo, para reducirla a las exigencias y la mentalidad del hombre moderno.


(ACIPrensa/InfoCatólica/CentroPieper).- El Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha presentado [el 29 de mayo del 2017], en Roma, la edición en alemán de su libro «La Fuerza del Silencio». 

«No es un misterio –y lo digo con gran sufrimiento–, que nuestro mundo moderno vive de hecho un alejamiento práctico de Dios», expresó el Purpurado al reflexionar sobre la importancia del silencio como medio de acercarse al Señor.

Existe un ambiente cultural, afirmó, «donde se evita sistemáticamente estar solo consigo mismo para mirarse dentro. El barullo, el chisme y las tecnologías enmascaran el vacío de un hombre que ya no sabe qué es vivir».

«Pero», sentenció, «aún más doloroso para mí es el constatar cómo esta superficialidad, esta impiedad injuriosa hacia Dios y hacia la persona humana haya entrado también en la Iglesia», y que la Liturgia –a la que el Concilio Vaticano II llamó «fuente y culmen de la vida cristiana»– es la «que más sufre por la reducción secularista que ocurre también dentro de la Iglesia».

domingo, 11 de junio de 2017

Se cumplen 100 años de la Revolución Rusa. El Régimen de Lenin Asesinó a Miles de Cristianos - P. J. Ginés

Se cumplen 100 años de la Revolución Rusa
El Régimen de Lenin Asesinó a Miles de Cristianos
P. J. Ginés


Lenin logró el poder con la Revolución Rusa en 1917 y en 7 años asesinó a 16.000 clérigos.


[ReL/Centro Pieper].- Se [cumplieron ya] cien años desde la huelga obrera del 23 de febrero de 1917 en Petrogrado que pondría en marcha la Revolución Rusa. Vladimir Lenin y el Partido Comunista llegarían a tomar el poder e instaurarían una dictadura comunista que duraría hasta 1991.

Cuando se habla de los crímenes del comunismo, muchos pasan rápido a hablar de Stalin, el sucesor de Lenin desde 1924. Pero lo cierto es que Lenin tenía muy claro el carácter anticristiano de su Revolución y la necesidad de matar clérigos a miles para instaurar el nuevo sistema desde el terror. Y así lo hizo.


Con Lenin, 16.000 clérigos asesinados en 7 años

En los 7 años que Lenin gobernó, desde la Revolución Rusa en 1917 hasta su muerte en 1924, unos 25.000 eclesiásticos ortodoxos fueron encarcelados y 16.000 ejecutados, según un estudio de 2004 del Doctor en Ciencias Matemáticas Nikolay Yemelianov, de la Universidad Humanitaria San Tijon. Lo mismo sucedió con los clérigos católicos, que eran mucho menos numerosos y cuyo caso está mucho menos estudiado.

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