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miércoles, 11 de septiembre de 2019

Liberalismo y Nueva Cristiandad: Una Falsa Solución - Enrique Díaz Araujo

Liberalismo y Nueva Cristiandad: Una Falsa Solución
Dr. Enrique Díaz Araujo


Debido a la importancia de este tema como también al gran nivel de su expositor, es que recomendamos vivamente la participación en este evento, auspiciado por el «Frente Federal Familia y Vida» (FFFV) Mar del Plata.


[Centro Pieper] El Centro de Humanidades Josef Pieper tiene el agrado de invitarlos a participar del sexto Café Cultural del año, a realizarse el próximo viernes 13 de Septiembre a partir de las 19hs en Santiago del Estero 3965, de nuestra ciudad de Mar del Plata.

El tema que convoca en esta oportunidad es “Liberalismo y Nueva Cristiandad: Una Falsa Solución”, a cargo del Dr. Enrique Díaz Araujo, quien continúa así el Curso El Hombre, Animal Político que dicta el Centro Pieper este año, bajo el lema: “Pasión por la Verdad”.

El Ingreso a este Café Cultural es Libre y Gratuito. Se pide a los participantes una colaboración voluntaria para solventar gastos. 

sábado, 2 de enero de 2016

El P. Meinvielle y la Cristiandad en la Argentina [Incluye Video] - Héctor Hernández

El P. Meinvielle y la Cristiandad en la Argentina
[Incluye Video]
Héctor Hernández


Video de la Clase Magistral del Dr. Héctor Hernández sobre el tema "El P. Meinvielle y la Cristiandad en la Argentina", dictada el miércoles 11 de Agosto del 2010 en el marco de un Seminario sobre Fe y Razón organizado por el Centro Pieper de Mar del Plata.

El P. Meinvielle vivió muy austeramente, fue fundador de diversas instituciones y revistas culturales. Como intelectual, escribió unos 20 libros fundamentales. Sus trabajos sobre el marxismo, la Iglesia y el mundo moderno y su gran polémica con Maritain, traspasaron las fronteras de su patria, siendo reconocido internacionalmente como un destacado teólogo.

La doctrina de Meinvielle sobre la Cristiandad no es original sino que es la doctrina tradicional católica. Su concepción se enmarcó en un pensamiento católico esencial, que en lo fundamental no puede cambiar. "Se llama Cristiandad -subraya el Dr. Hernández- a la sociedad que adopta como principios informadores de su funcionamiento los principios católicos".

A continuación, el video de esta Clase Magistral:

sábado, 30 de agosto de 2014

Iglesia y Comunidad Política en la Obra de Julio Meinvielle, el Teólogo de la Cristiandad - Sergio Raúl Castaño

Iglesia y Comunidad Política en la Obra de Julio Meinvielle, el Teólogo de la Cristiandad 
Dr. Sergio Raúl Castaño


Artículo definitivo del Dr. Castaño [1] sobre Meinvielle y la Cristiandad –que ya había aparecido en Chile, España [2] y Polonia–, con numerosas precisiones y agregados en algunas notas sobre la naturaleza de la política, la doctrina tradicional, la innovación conciliar, el obediencialismo, etc., y que con permiso expreso del Autor reproducimos en nuestro Blog del Centro Pieper [3].



Meinvielle. Su Concepción de la Política

I. Nuestro Autor y nuestro Tema

El Pbro. Dr. Julio Ramón Meinvielle (Buenos Aires, 1905-1973) no es tan sólo la figura central de la escuela tomista argentina (una escuela que sigue “haciendo la diferencia” cuando se la compara con las tradiciones tomistas supérstites hoy en Occidente). Meinvielle es asimismo, tal vez, el más autorizado teórico contemporáneo –a la vez teólogo y filósofo– de las relaciones entre la Iglesia y el Estado, tema que trató en nuestros días en consonancia con la doctrina del Aquinate [4] y en continuidad con la doctrina católica de siempre. Nadie menos que Carlos A. Sacheri, el gran discípulo de Charles de Koninck y Emilio Komar [5], estampó el siguiente juicio sobre nuestro autor en el prólogo a El comunismo en la revolución anticristiana: “El libro reafirma la perspectiva teológica, característica de todo el pensamiento del autor, de la civilización cristiana o ciudad católica, esto es, de la Cristiandad. Al respecto cabe señalar que Julio Meinvielle es el máximo teólogo de[l tema de] la Cristiandad en lo que va del siglo veinte. Esta constante [...] jalona toda su labor intelectual” [6].
     
Dado que la política es algo del hombre, y que Dios es el fin del hombre, resultará instructivo plantear inicialmente la relación entre ambas esferas en el seno del hombre mismo. Al famoso y a veces mal interpretado texto de Tomás de Aquino en S. Th., I-IIae., 21, 4 ad 3: “homo non ordinatur ad communitatem politicam secundum se totum, et secundum omnia sua”, Meinvielle le acota en primer lugar: “Este orden [la formalidad cognoscitiva del teólogo] comprende la totalidad del orden natural y, por tanto, también el orden político que está dentro del orden natural como su más perfecto y excelente valor, y la totalidad del orden sobrenatural. Esto dos órdenes totales, aunque extrínsecamente, están subordinados entre sí, como lo perfectible a lo que perfecciona” [7]. Pero antes de estudiar la relación entre ambos órdenes de la realidad convendrá detenernos en la concepción de la vida política en Meinvielle, pues en la peraltada valoración que nuestro autor hace del orden político radica una parte substantiva del fundamento de la defensa del principio de Cristiandad.
     
     
II. El Sentido de la Vida Política
     
Meinvielle observa que las concepciones filosóficas modernas (en sentido no cronológico, sino doctrinal) ven en la vida política un mal, aunque necesario. Con esto se vincula que la función del gobierno, intrínseca a la vida política, sea explicada por ellas como una realidad coactiva. Es decir que la necesidad del gobierno se funda en la necesidad de reprimir el mal moral; en última instancia –y ya adoptando una perspectiva teológica–, en contener los efectos del pecado. Así valorado como un bien secundum quid –preferible a la libre maldad de los hombres–, cuanto mayor fuera el grado de perfección espiritual de los hombres (en inteligencia y en virtud), menor sería la necesidad del gobierno político. Por contrario, “[l]os verdaderos tomistas” (entre los cuales, obviamente, él mismo se coloca), ven en la política –y consiguientemente en el gobierno– una realidad esencialmente ordenadora y no coactiva; anclada en una necesidad imprescriptible, mas no originada en una dimensión humana disvaliosa. En efecto, el gobierno de la polis se funda en la necesidad de conducción al bien común político [8]. Y sus facultades ordenadoras no se explican por la obligación de conjurar un mal, sino, por el contrario, por la de dirigir un cuerpo social orgánico, plural y jerárquico al máximo bien participable en la esfera mundanal [9]. El autor plantea de esta manera el que tal vez sea el tema más axial de la filosofía política. Se trata de la divisoria de aguas existente entre las teorías que pretenden explicar la política por el mal humano y aquéllas que reconocen su fundamentación en la necesidad de consecución de un bien que no está al alcance de los grupos aislados. O, en otros términos, su afirmación de que la política no constituye un bien secundum quid, y de raigambre puramente utilitaria; sino un bien en sí mismo valioso y causado por el bien del hombre y para un mayor bien del hombre [10]. Lo cual implica que ni la potestad política ni el derecho positivo anclen su necesidad en deficiencia humana alguna.
     

sábado, 26 de octubre de 2013

Influencia de la Cultura Francesa Católica de Post-Guerra en la Argentina - Inés de Cassagne

Influencia de la Cultura Francesa Católica de Post-Guerra en la Argentina
Inés de Cassagne


Inés Futten de la Colina de Cassagne es Dra. en Filosofía y Letras
por la Universidad de Buenos Aires (UBA)


Posibilidades de recepción:
francoparlantes y francolectores

En nuestro país la recepción de la producción literaria francesa era posible porque había francoparlantes y sobre todo francolectores. Los centros de estudio completo de idioma y cultura francesa eran la Alianza Francesa y el Instituto Nacional Superior del Profesorado en Lengua Vivas que formaba, con libros provenientes de Francia, profesoras de francés, preparándolas a lo largo de los ciclos primario y secundario. Pero también se enseñaba el idioma en los establecimientos de enseñanza pública y privada al menos hasta un nivel básico de “lectura”. 

El Colegio Nacional de Buenos Aires, dependiente de la Universidad de Buenos Aires, tenía un programa humanístico con insistencia en la lengua y literatura castellana, más seis años de latín, tres años de inglés o alemán y cuatro de lengua y literatura francesa. Para la enseñanza de ésta se usaba la completa y pormenorizada “Histoire de la littérature” de Lanson et Tuffraut, y  la colección “Classiques Larousse”; se alentaba a ver teatro francés: Molière, Racine o Corneille representados por la “Comédie Française” que daba sus ciclos en Buenos Aires.   

Con tal base, en el ciclo universitario era posible dar bibliografía en francés, en cualquiera de las Facultades de la única Universidad de Buenos Aires. Y con mayor razón para todas las materias de las tres carreras de la Facultad de Filosofía y Letras (las mencionadas más la de Historia). En cuanto a la transmisión de literatura católica: el profesor de Literatura Francesa, Federico Aldao, nos hizo descubrir la literatura medieval que él, en París, había aprendido directamente del medievalista Gustave Cohen. Habiendo investigado en especial los orígenes del teatro cristiano, G. Cohen no sólo publicó un libro con los textos recuperados, sino también agrupó un equipo teatral que se llamó “les Théophiliens” para representar los misterios y los milagros, entre ellos “Le miracle de Théophile”. El profesor Aldao había formado parte de dicho equipo, y en la UBA tradujo y publicó “Le mystère d’Adam”, del siglo XIII. 

Por su parte, el gran profesor Angel Battistessa traducía los nuevos “misterios” compuestos por Paul Claudel: “L’Annonce faite à Marie”, “Le Soulier de Satin”, y “Partage de Midi”, que podíamos ver asimismo en el teatro, gracias el equipo de Jean-Louis Barrault-Madeleine Renaud (año 1954). Jean Louis Barrault dio una conferencia en la Facultad de Derecho de la UBA para jóvenes. 

No es de extrañar, entonces, que en torno a la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, en la calle Viamonte, en sólo dos cuadras florecieran cuatro librerías con abundante material en francés: las librerías “Letras”, “Verbum”, “Galatea” y “del Temple”. La tercera era por completo librería francesa, y la cuarta, católica, ya nos lleva a nuestro tema

domingo, 13 de enero de 2013

Los Neomaritaineanos. Aproximación al Nuevo Liberalismo Católico - Fernando Romero Moreno

Los Neomaritaineanos
Aproximación al Nuevo Liberalismo Católico
Fernando Romero Moreno


Reproducimos el artículo del Dr. Romero Moreno [1] publicado en el número 22 del Diario de Filosofía del Derecho de la UCA en Noviembre del 2011


Agradezco a los Doctores
Alfonso Santiago, Gabriel Zanotti, Roberto Bosca y Mons. Mariano Fazio,
por su apoyo y/o consejos para la publicación de esta nota,
a pesar de las críticas que hago respecto de alguna de sus ideas.



1. El error del “liberalismo católico”, es de antigua data. Con diversidad de matices y tendencias, puede rastrearse su origen en el pensamiento de Lamennais y probablemente su representante mayor en el siglo XX haya sido Jacques Maritain. La oposición entre las tesis de este liberalismo con la Fe católica fue expuesta por la mayoría de los Papas, sobre todo a partir de Gregorio XVI.

Como saben los entendidos, en su naturaleza más íntima el liberalismo católico es, por un lado, un naturalismo o semi-naturalismo político [2] que promueve un laicismo “moderado”, según aquel apotegma clásico convertido por ellos en “ideal” o “tesis”: La Iglesia libre en el Estado libre. Es decir, la renuncia a la doctrina del Estado católico, convirtiendo en una norma “de máxima” la hipótesis del Estado laico “aconfesional”, respetuoso de la Ley Natural y de la libertad de la Iglesia.

Junto con esto, caracteriza al liberalismo católico un intento de superar el individualismo y el utilitarismo de los liberales ilustrados mediante una antropología “personalista” [3] que desnaturaliza la naturaleza del bien común.

Estos dos aspectos se manifiestan luego en la valoración que hacen del capitalismo, la democracia, la Revolución y la Modernidad.


martes, 20 de abril de 2010

Profesor: Carlos Daniel Lasa

Dr. Carlos Daniel Lasa
Profesor del Centro Pieper
Ciclo 2010


Nació en Luján, Provincia de Buenos Aires, el 21 de abril de 1959.

Doctor en Filosofía (Universidad Católica de Córdoba, 1993).

Decano del Instituto de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Villa María, períodos: 2003–2007; 2007–2011.

Actual Profesor Asociado por Concurso de la Cátedra de Filosofía (Universidad Nacional de Villa María).

Profesor de Filosofía en la Universidad Católica de Salta (Sede Villa María) y Profesor Invitado, Universidad del Salvador (Sede Reconquista).

Ex Profesor Titular de Metafísica en la Licenciatura en Filosofía (Universidad Católica de Córdoba).

Actual Profesor de la Maestría en Investigación Educativa de la Universidad Católica de Córdoba y del Doctorado en Educación de la Universidad Católica de San Juan.

Investigador Independiente y Miembro de la Comisión Asesora en Filosofía, Psicología y Educación del CONICET.


sábado, 13 de junio de 2009

Voltaire y Rousseau. Ideólogos de la Revolución Francesa - P. Alfredo Sáenz

Voltaire y Rousseau
Ideólogos de la Revolución Francesa
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ


Material de Lectura para la Cuarta Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Moderno.


Protagonismo de las ideas en la Revolución


No son pocos los que identifican la Revolución Francesa con el derramamiento de sangre y la guillotina. Pero eso fue lo postrero. La Revolución comenzó mucho antes, subvirtiendo primero el orden de las ideas [1].

La bibliografía que existe sobre la Revolución Francesa es inmensa. Entre nosotros, destaquemos un notable ensayo de Enrique Díaz Araujo, del que nos valdremos para desarrollar el tema [2].

Dos fueron los «ideólogos» principales que prepararon la Revolución.

Ante todo Voltaire, hombre singular, por cierto, apoltronado en un cómodo deísmo o teísmo cuya principal virtualidad consistiría en contener los posibles ímpetus del bajo pueblo por el que no ocultaba su más profundo desprecio. Su lema hasta la muerte sería: «Ecrassez l’infame» («destruid a la infame»), es decir, a la Iglesia. «Jesucristo –dirá– necesitó doce apóstoles para propagar el cristianismo. Yo voy a demostrar que basta uno solo para destruirlo». Voltaire aplicó su inteligencia práctica a la labor panfletaria. Desde su lujosa residencia de Ferney daría a luz libelo tras libelo, donde se afirmaba que la Biblia no tenía grandeza ni belleza, que el Evangelio sólo había traído desgracias a los hombres, que la Iglesia, entera y sin excepción, era corrupción o locura. Simplificación caricaturesca, incansable repetición de los mismos motivos, tales eran sus procedimientos predilectos.

Fue también el maestro de la duda y del criticismo como método de trabajo. En el artículo que escribió para la Enciclopedia bajo el título «¿Qué es la verdad?», decía: «De las cosas más seguras, la más segura es dudar». Gracias a sus vínculos con la masonería, Voltaire entró en contacto epistolar con varios soberanos de Europa, como José I de Austria, los ministros Pombal de Portugal y Aranda de España, María Teresa de Austria, y sobre todo Federico II de Prusia (al que llamó «el Salomón del Norte») y Catalina la Grande de Rusia (a la que denominó «la Semíramis del Norte»), y así contribuyó para que el antiguo despotismo se convirtiese en un «despotisrno ilustrado», como comenzó a llamarse. «Era –comenta Hazard– una figura de minué: reverencia de los príncipes a los filósofos y de los filósofos a los príncipes» [3].

Pero el maestro principal del siglo XVIII fue Rousseau. Bien señala Díaz Araujo que «casi toda la problemática de la Revolución –el utopismo, el mesianismo, el crístianismo corrompido, la mística democrática, la voluntad general totalitaria, el monismo político-religioso, la relígión secular, el optimismo ético, el progresismo indefinido, la pedagogía anárquica, la santificación del egoísmo, el romanticismo, etc.–, pasa por su obra. Todos los revolucionarios prácticos, desde Marat y Saint-Just, pasando por Babeuf, Marx, Lenin, Bakunin, Trotsky, hasta llegar al Che Guevara y Mao-Tse-Tung, son tríbutarios suyos y discípulos confesos o vergonzantes» (Prometeo desencadenado... 28).

viernes, 30 de enero de 2009

Id a Tomás (4) Apóstol de los Tiempos Modernos - Eudaldo Forment

Id a Tomás
Principios fundamentales del pensamiento de Santo Tomás
Eudaldo Forment Giralt


4
«Apóstol de los Tiempos Modernos»


En la celebración del sexto centenario de la canonización de Santo Tomás, el filósofo francés Jacques Maritain dijo en Aviñón, donde el papa Juan XXII lo había canonizado el 18 de julio de 1323, que «su doctrina aparece como la única poseedora de energías harto poderosas y suficientemente puras como para obrar con eficacia (...) sobre el universo entero de la cultura, para restablecer en el orden a la inteligencia humana y, con la gracia de Dios, conducir así por los senderos de la Verdad al mundo que agoniza por falta de conocer» (Maritain, 1942, 79).

Precisó seguidamente, en su conferencia, que «el mal, que sufren los tiempos modernos, es ante todo, un mal de la inteligencia; comenzó por la inteligencia y ahora ha llegado hasta las más profundas raíces de la inteligencia ¿Por qué admirarnos si el mundo aparece como envuelto por las tinieblas? Si tu ojo estuviere malo, todo tu cuerpo estará entenebrecido (Mt 6, 23) (...) En el comienzo de todos nuestros desórdenes, podemos apreciar, por de pronto y ante todo, una ruptura de las normas supremas de la inteligencia. La responsabilidad de los filósofos es aquí inmensa» (Maritain, 1942, 80).

Los principales síntomas de este mal son tres. El primero, de orden racional.

«La inteligencia cree afirmar su poder negando y rechazando, tras la teología, la metafísica como ciencia, renunciando a conocer la Causa primera y las realidades inmateriales y alimentando una duda, más o menos refinada, que hiere a la vez la percepción de los sentidos y los principios de la razón, es decir, aquello mismo de que depende nuestro conocimiento. Este presuntuoso hundimiento del conocer humano se puede calificar con una sola palabra: agnosticismo».

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