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sábado, 29 de agosto de 2026

Iglesia, levántate y resplandece - Mons. Héctor Aguer

Iglesia, levántate y resplandece
Mons. Héctor Aguer


Lúcida reflexión del Arzobispo Aguer ante la próxima visita del Papa León XIV a la Argentina.


Ante la próxima visita del Papa León XIV a nuestra Argentina, debemos pedirle al Señor que ella sirva, plenamente, para que el Sumo Pontífice, nos confirme en la Fe. Porque ésa es, sobre todo, la misión del Sucesor de Pedro, según el mandato del propio Jesucristo: Yo he rogado por ti para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos (Lc 22, 32). También, nosotros, debemos pedirle al Señor, auméntanos la fe (Lc 17, 5). Siempre deben interpelarnos las palabras de Cristo: Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra? (Lc 18, 8).

Oración, penitencia y limosna son los medios que todos los católicos tenemos a nuestro alcance. Y que, en estos días, debemos intensificar, de cara al anunciado viaje. Muy oportuno sería implorarle a Dios que nos libre de meras miradas sociológicas o políticas, sin referencias sobrenaturales. Los frutos de esas jornadas de noviembre solo los cosechará el Señor, con sus tiempos y sus modos. No está en nosotros calcularlos con cifras y estadísticas. La labor silenciosa de Dios en las almas no puede medirse por el número de concurrentes a los estadios, ni a los actos o celebraciones masivos.

Es evidente, de cualquier modo, que León XIV no encontrará a su paso aquel Paraíso –según sus propias palabras– que halló el entonces Cardenal Eugenio Pacelli, luego Papa Pío XII, en el Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires, de octubre de 1934. No será el caso, tampoco, de establecer comparaciones con el baño de multitudes que recibió San Juan Pablo II, en sus dos visitas a nuestro país, en 1982 y 1987. León XIV se encontrará con otra Argentina, crecientemente degradada espiritual y materialmente. Y con una Iglesia que ha visto descender, de manera alarmante, en los últimos años –especialmente, desde 2013– su número de fieles, y la práctica religiosa.
       

viernes, 20 de marzo de 2026

León XIV y las Constelaciones Educativas - Ernesto Alonso

León XIV y las Constelaciones Educativas 
Ernesto Alonso


El autor es Director General del Colegio Fasta San Vicente de Paúl de la Ciudad de Buenos Aires y un asiduo colaborador del Blog del Centro Pieper.


De constelaciones y de estrellas: la educación católica hoy

En octubre del año pasado, el Papa León XIV publicó una Carta Apostólica con el propósito de conmemorar los 60 años de la Declaración del Concilio Vaticano II, Gravissimum Educationis, dedicada a la educación cristiana. 

“Diseñar nuevos mapas de esperanza” es el nombre con el que el Papa tituló su reflexión sobre la educación católica en el actual entorno, caracterizado como complejo, fragmentado, hiperdigitalizado y herido por crisis de relaciones, por la inseguridad y las desigualdades. Los penosos resultados de dicho entorno los constatamos a diario: la fragmentación de la atención, las heridas emocionales y la extinción de todo deseo de mejora (n° 1.2., n° 11.1 y n° 9.1). 

Largos años han pasado desde aquella declaración conciliar, con crisis recurrentes que se han tornado crónicas, pero lo apelación al valor de la educación católica no ha menguado su fuerza. Y no puede menguarla pues la educación no es sino la ineludible extensión de la misión evangelizadora de la Iglesia. Lo refrenda el Papa cuando expresa que “la educación ha sido siempre una de las expresiones más altas de la caridad cristiana. El mundo necesita esa forma de esperanza” (n° 1.3). 

domingo, 9 de noviembre de 2025

«Ad Diem Illum Laetissimum» Carta Encíclica sobre la Devoción a la Santísima Virgen María - Papa Pío X

«Ad Diem Illum Laetissimum»
Carta Encíclica sobre la Devoción a la Santísima Virgen María
Papa Pío X


“Mater Poluli fidelis”, la más reciente “Nota” del Dicasterio para la Doctrina de la Fe que comanda el Cardenal Tucho Fernández y que fue firmada por León XIV, recibió un justificado aluvión de críticas, incluso de destacados mariólogos. Uno de ellos, el P. Serafino Lanzetta, sostuvo que «nunca en la historia de la Iglesia el Magisterio ha dicho lo que dice este documento; al contrario, básicamente afirma “exactamente lo opuesto” a lo que los Padres de la Iglesia y los Papas anteriores han enseñado históricamente» [1]. Para corroborar lo dicho por este Fraile Franciscano, nada mejor que leer esta elocuente Encíclica del Santo Papa Pío X donde explica en que consiste la Devoción a la Santísima Virgen María, Inmaculada Madre de Dios, Corredentora y Medianera de todas las Gracias. ¡Que la disfruten!


Venerables Hermanos: Salud y bendición apostólica

[1. Recuerdo de la declaración del Dogma de la Inmaculada Concepción]

El paso del tiempo, en el transcurso de unos meses, nos llevará a aquel día venturosísimo en el que, hace cincuenta años, Nuestro antecesor Pio IX, Pontífice de santísima memoria, ceñido con una numerosísima corona de Cardenales y Obispos, con la autoridad del Magisterio infalible, proclamo y promulgo como cosa Revelada por Dios que la Bienaventurada Virgen María estuvo inmune de toda mancha de pecado original desde el primer instante de su Concepción [2]. Nadie ignora con qué espíritu, con qué muestras de alegría y de agradecimiento públicos acogieron aquella promulgación los fieles de todo el mundo; verdaderamente nadie recuerda una adhesión semejante tanto a la augusta Madre de Dios como al Vicario de Jesucristo o que tuviera eco tan amplio o que haya sido recibida con unanimidad tan absoluta.


[2. Demostraciones de piedad mariana]

Y ahora, Venerables Hermanos, después de transcurrido medio siglo, la renovación del recuerdo de la Virgen Inmaculada necesariamente hace que resuene en nuestras almas el eco de aquella alegría santa y que se repitan aquellos espectáculos famosos de antaño, expresiones de fe y de amor a la augusta Madre de Dios. Nos impulsa con ardor a alentar todo esto la piedad con la que Nos, durante toda nuestra vida, hemos tratado a la Santísima Virgen, por la gracia extraordinaria de su protección; esperamos con toda seguridad que así será, por el deseo de todos los católicos, que siempre están dispuestos a manifestar una y otra vez a la gran Madre de Dios sus testimonios de amor y de honra. 

Además, tenemos que decir que este deseo Nuestro surge sobre todo de que, por una especie de moción oculta, Nos parece apreciar que están a punto de cumplirse aquellas esperanzas que impulsaron prudentemente a Nuestro antecesor Pio IX y a todos los Obispos del mundo a proclamar solemnemente la definición del dogma de la Concepción Inmaculada de María.

miércoles, 11 de junio de 2025

La ciudad se llenó de alegría - Ernesto Alonso

La ciudad se llenó de alegría
Ernesto Alonso 


De la civitas pagana a la ciudad cristiana 
      
[CentroPieper] No hace mucho leía un pasaje del libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 8, versículos 1-8, que relata la dispersión que tuvo lugar entre los miembros de la comunidad cristiana de Jerusalén, pocos días después del martirio del diácono Esteban, disgregándose muchos de los discípulos por Judea y Samaria. Huyeron muchos, en efecto, a causa de una violenta persecución, permaneciendo en la ciudad santa solo los apóstoles. 

El relato de Hechos da cuenta del ensañamiento de Saulo de Tarso contra la Iglesia, pero, al mismo tiempo, señala que aquellos que se dispersaron anunciaban la Buena Noticia a las gentes de las ciudades y poblados en los que entraban. Fue Felipe quien bajó a Samaría y predicaba a Cristo, confirmando su testimonio con poderosos signos que convirtieron a muchos. “El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría”.  Otra versión dice: “(…) lo cual fue causa de gran alegría en aquella ciudad” (Hechos 8, 8-9). 

“La ciudad se llenó de alegría”. ¿Cuál fue la causa de esa alegría? Unos hombres, creyendo en Cristo, a quien habían acompañado en sus días de maestro y predicador, obraban ahora signos portentosos, pues paralíticos y lisiados se curaban y los espíritus malignos eran expulsados. Pero no solo se trató de signos extraordinarios, sino que la predicación era causa de admiración y de alegría, anunciando la Buena Nueva del Mesías resucitado. 

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