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sábado, 6 de noviembre de 2021

La Hispanidad: una Misión Inconclusa - P. Alfredo Sáenz

La Hispanidad: una Misión Inconclusa
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ


Alfredo Sáenz, destacado Sacerdote Jesuita Argentino y admirado Profesor del Centro Pieper, estudia en este texto la situación espiritual en la España de la Conquista y su sentido Imperial, la Conquista como Evangelización y también como Cristiandad, impregnando la cultura, la política y la economía. Señala luego como se desgajan las Españas de aquende y allende del océano, e indica el camino para la construcción de un futuro mejor para los Hispánicos.


Resulta imprescindible considerar ante todo cuál era el estado político y religioso de la España que se aprestaba a encarar la empresa ciclópea de la Conquista.


Situación espiritual de España

El Descubrimiento de América ocurre en un momento de verdadera encrucijada histórica. Comienza la Conquista al culminar el siglo XV y se desarrolla en el siglo XVI, es decir, cuando en el resto de Europa la Edad Media ya no era casi sino un recuerdo del pasado, en medio de una terrible crisis, en camino de una desintegración progresiva. El edificio de la Cristiandad estaba profundamente conmovido. Las actividades humanas como el arte, la cultura, la economía etc., que antes se desarrollaban en jerarquica y gozosa subordinación a la Teología, ahora buscaban “liberarse” en sus principios rectores. Sobre este edificio ya averiado la reforma cayó como un rayo.

España trato de preservar, contra viento y marea, la fe de sus padres. Para ello debió sacudir el poder de la Media Luna. Recordemos que la Conquista de Granada acaeció precisamente en 1492, tras siete siglos de incesante lucha. Asimismo decretaban la expulsión de los judíos no bautizados, medida dictada no por consideraciones racistas, como aseguran los redactores de panfletos, sino por motivos religiosos exclusivamente para preservar la fe del pueblo español, y ello a pesar de que los Reyes Católicos no ignoraban el enorme quebranto económico que dicha medida iba necesariamente a ocasionar. Doce años antes los Reyes Católicos habían solicitado del Papa la institución en España del Tribunal de la Santa Inquisición.

Con estas medidas España quedó exenta de la invasión protestantizante que conmovió el resto de Europa. O mejor, la supo enfrentar e incluso anticipar en su propio terreno, con una reforma verdaderamente Católica. Ya en 1473, la decadencia espiritual del Clero español había sido considerada en los Sínodos locales. La voluntad de autocorregirse fue por cierto eficaz. Al diagnóstico certero siguieron los remedios adecuados. Pensemos que el que por aquel entonces ocupaba la Sede Pontificia fue Alejandro VI, de quien dice L. Pastor que “la iglesia antigua no hubiera admitido a los grados inferiores del clero, a causa de su vida desarreglada”. Así que España mal podía buscar respaldo para su proyecto de autorreforma en la Santa Sede, demasiado atareada en preocupaciones mundanas y renacentistas.

Fueron pues los Reyes Católicos, ayudados por eclesiásticos lúcidos y llenos de coraje, quienes debieron asumir la responsabilidad de la reforma de las instituciones eclesiásticas. Lo hicieron con la ayuda del Cardenal Mendoza primero, y del gran Cardenal Cisneros después. Ante todo, lograron del Papa el nombramiento de un grupo de excelentes Obispos. Cisneros se abocó principalmente a la restauración de los Monasterios, realizando una reforma que habría de figurar entre las más impresionantes de la historia eclesiástica. Por otro lado, y gracias a la inspiración divina, también en aquellas décadas brotaron del suelo español nuevas Congregaciones y Órdenes Religiosas, especialmente la militante Compañía de Jesús, con cuya ayuda España se pondría a la cabeza del movimiento de la contrareforma, llegando a ser el alma del Concilio de Trento.
 

miércoles, 25 de octubre de 2017

Lutero no Encabezó una Reforma sino una Revolución - Cardenal Gerhard Müller

Lutero no Encabezó una Reforma sino una Revolución
Cardenal Gerhard Müller


Martín Lutero se afanó como nadie por destruir la Fe Católica sobre la Tradición, la Escritura, el Magisterio, los Sacramentos y la Iglesia. La mal llamada “Reforma” de Lutero se produjo contra el Espíritu Santo: se trató de una “Revolución”. En el contexto actual de negación de lo obvio cuando es políticamente incorrecto, las claras palabras del Cardenal en este artículo —publicado originalmente en “La Nuova Bussola Quotidiana” y traducido al español por Bruno Moreno Ramos para InfoCatólica— son, sin duda, de agradecer. 


Hoy existe una gran confusión al hablar de Lutero y es necesario decir claramente que, desde el punto de vista de la Dogmática y de la Doctrina de la Iglesia, no se trató de una Reforma, sino de una Revolución, es decir, un cambio total de los fundamentos de la Fe Católica. No es realista argumentar que su intención era luchar contra algunos abusos en relación con las indulgencias o los pecados de la Iglesia del Renacimiento. Los abusos y las malas acciones siempre han existido en la Iglesia —no solo en el Renacimiento— y hoy siguen existiendo. La Iglesia es santa por la Gracia de Dios y los Sacramentos, pero todos los hombres de la Iglesia somos pecadores y todos necesitamos el perdón, el arrepentimiento y la penitencia.

Esta distinción es muy importante. En el libro escrito por Lutero en 1520, «De captivitate babylonica Ecclesiae» («La cautividad babilónica de la Iglesia»), queda absolutamente claro que Lutero había dejado atrás todos los principios de la Fe Católica, la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica y el Magisterio del Papa, de los Concilios y de los Obispos. En este sentido, malinterpretaba el concepto de desarrollo homogéneo de la Doctrina Cristiana, que ya se había explicado en la Edad Media, y llegó a negar el Sacramento como un signo eficaz de la Gracia que contiene… y sustituyó esta eficacia objetiva de los Sacramentos por una fe subjetiva. Lutero abolió cinco Sacramentos y también negó la Eucaristía: el carácter Sacrificial del Sacramento de la Eucaristía y la conversión real de la sustancia del pan y el vino en la sustancia del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. Asimismo, definió el Sacramento del Orden como una invención del Papa —a quien denominaba el Anticristo— en lugar de como una parte de la Iglesia de Jesucristo. En cambio, nosotros defendemos que la Jerarquía Sacramental, en comunión con el Sucesor de Pedro, es un elemento esencial de la Iglesia Católica y no solo un elemento de una organización humana.

Por esta razón, no podemos aceptar que la Reforma de Lutero se defina como una Reforma de la Iglesia en el sentido Católico. Es Católica una Reforma que consiste en una renovación de la fe vivida en la Gracia, la renovación de las costumbres y la ética, la renovación espiritual y moral de los Cristianos; no una nueva fundación, una nueva Iglesia.

jueves, 5 de octubre de 2017

Robert Hugh Benson: Recordando a un Gigante Olvidado - Joseph Pearce

Robert Hugh Benson: Recordando a un Gigante Olvidado
Joseph Pearce


Pearce, Profesor de Literatura Inglesa y Biógrafo de todos los grandes Escritores Católicos de habla Inglesa desde la Conversión de John Henry Newman, ha escrito recientemente un artículo sobre Benson en «The Imaginative Conservative» donde da todas las claves de la obra del Autor de «Señor del Mundo». A continuación reproducimos en nuestro Blog del Centro Pieper ese texto, siguiendo el original inglés.


Robert Hugh Benson fue una de las más brillantes luminarias del firmamento literario Católico en los primeros años del siglo XX, creciendo su estrella en el fulgor de varias novelas bestseller, y declinando, o apagándose más bien, con su prematura muerte.

Nacido en 1871, Benson era el hijo menor de E. W. Benson [1], un distinguido clérigo anglicano que contaba entre sus amigos con el primer ministro William Ewart Gladstone. En 1882, cuando Benson tenía 11 años, su Padre se convirtió en Arzobispo de Canterbury. En 1896, habiendo recibido él mismo las órdenes anglicanas, fue Benson quien leyó las letanías en el funeral de su Padre en la Catedral de Canterbury. El hijo, sin embargo, no estaba destinado a seguir las huellas de su padre. En 1903, tras un periodo de escrupuloso examen interior, cuyos detalles aclaró de forma magistral en su apología autobiográfica «Confesiones de un Converso», Benson fue recibido en la Iglesia Católica. Ninguna Conversión desde la de John Henry Newman, casi 60 años antes, provocó tal controversia, sacudiendo con ondas sísmicas el establishment anglicano. Posteriormente, durante los siguientes once años hasta su muerte en 1914, fue un defensor incansable de la Iglesia Católica y un prolífico novelista y hombre de letras.

No hay duda de que Benson pertenecía a una familia notable. Además del ascenso de su padre a la prominencia y la preeminencia en la Iglesia de Inglaterra, sus dos hermanos estaban entre los illustrissimi de los escritores eduardianos [del reinado de Eduardo VII, 1901-1910]. A. C. Benson [2], su hermano mayor, fue Master [Rector] del Magdalene College en Cambridge y se estableció como un fino biógrafo, autor de un diario y crítico literario, escribiendo celebradas biografías de Dante Gabriel Rossetti, Edward Fitzgerald, Walter Pater, Alfred Tennyson y John Ruskin. Su otro hermano, E. F. Benson [3], escribió prolíficamente y pasó a la posteridad sobre todo por sus novelas satíricas «Mapp y Lucia», adaptadas con éxito para la televisión. Sin embargo, R. H. Benson no desmerecería de sus hermanos mayores. Antes de morir a la trágicamente corta edad de 43 años, escribiría quince novelas de gran éxito y, tras ser Ordenado Sacerdote Católico en 1904, serviría como coadjutor en Cambridge, demostrando ser no menos popular como predicador vehemente de lo que ya era como escritor de ficción.

martes, 1 de noviembre de 2016

La Conmemoración ¿Católica? de la Reforma, Fruto Maduro del Modernismo, “Conglomerado de Todas las Herejías” - Mª Virginia Olivera de Gristelli

La Conmemoración ¿Católica? de la Reforma, Fruto Maduro del Modernismo, “Conglomerado de Todas las Herejías”
Mª Virginia Olivera de Gristelli


La Reforma protestante brota y sale de la Iglesia católica. Se plantea en sus comienzos como lo auténtico frente a lo inauténtico” (R. P. Horacio Bojorge S.J.)


Hoy es un día bastante siniestro para muchos católicos, no sólo porque gran parte de los hijos de la Iglesia se avendrán a celebrar como si se tratara de un chiste, el día de Halloween, sino porque otra porción que incluye a las máximas jerarquías de la Iglesia, participará  de una “conmemoración ecuménica” de la Reforma en el marco del viaje del Papa a Suecia.

Más allá del escándalo que –a Dios gracias, todavía– provoca este último hecho, lo que creo que no debemos perder de vista es que todo esto no es sino el fruto maduro de un lamentable proceso cultural y eclesial que hunde sus raíces en el modernismo teológico –definido certeramente por San Pío X como “conglomerado de todas las herejías”– y que ha ido mostrando cada vez menos tímidamente, notorias expresiones de su avance, hasta adquirir plena carta de ciudadanía frente al mundo.

Pero la pregunta que subyace a todo esto es: ¿a quiénes y a cuántos nos escandaliza y duele verdaderamente esta conmemoración?…

¿Hasta qué punto una gran parte de fieles no sólo conmemorará sino que celebrará este encuentro, yendo mucho más allá de las “buenas intenciones” explicadas por el Card. Koch, sin comprender demasiado su peligro? La razón solían expresarla algunas de nuestras abuelas con una frase infalible: “católico ignorante, seguro protestante”.

En efecto, tras décadas de vaciamiento doctrinal en la catequesis y supresión de la apologética en los seminarios y forma mentis de sacerdotes y obispos, la ecuación es elemental: cualquier ambigüedad doctrinal, contaminación de la fe, e incluso apostasía explícita, ha llegado a quedar completamente impune y pasa ya desapercibida para cada vez más fieles, imbuidos hasta el tuétano de modernismo, cuyo avance no se frenó convenientemente. Y de aquellas aguas, estos lodos.

domingo, 6 de septiembre de 2015

La Reforma Luterana y el Advenimiento de la Modernidad - P. Javier Bocci

La Reforma Luterana y el Advenimiento de la Modernidad
Pbro. Lic. Javier Bocci


El Centro de Humanidades Josef Pieper tiene el agrado de invitarlos a participar del quinto Café Cultural del año, a realizarse el próximo viernes 11 de Septiembre a partir de las 20hs en el Multiespacio Cultural EL CAMINO, Av.Luro 4344 – 1º Piso, de nuestra ciudad de Mar del Plata.

El tema que convoca en esta oportunidad es “La Reforma Luterana y el Advenimiento de la Modernidad”, a cargo del Pbro. Lic. Javier Bocci, quien continúa así el Curso “El Trigo y la Cizaña (cf. Mt 13, 24-30) – Un Sentido Teológico de la Historia” que dicta el Centro Pieper este año, bajo el lema: “Pasión por la Verdad”.

El Curso está dirigido a Jóvenes mayores de 16 años y Adultos en general, Profesionales, Docentes y Estudiantes Universitarios, Agentes de Pastoral, etc. Los interesados pueden inscribirse directamente quince minutos antes del inicio del Café Cultural. 

miércoles, 2 de septiembre de 2015

La Civilización Cristiana y la Revolución Anticristiana - P. Julio Meinvielle

La Civilización Cristiana y la Revolución Anticristiana
Pbro. Dr. Julio Meinvielle


El combate de Cristo se prolonga en la historia. Es una lucha totalitaria; abarca todo el hombre con todo lo que es, con todo lo que puede y con todo lo que tiene. La historia cobra sentido a la luz de esta gran lucha milenaria que libran los espíritus.

    
La Iglesia es combatida por la Revolución Anticristiana desde dentro y desde afuera. Por dentro, con la acción de cismáticos y herejes. Por fuera, con las sucesivas invasiones de pueblos paganos, y luego de las musulmanas. Pero la Ciudad Católica resiste, se defiende y difunde, hasta alcanzar su punto culminante en el siglo XIII. Luego ha de producirse su derrumbe.
    
    
La Ciudad Católica y las cuatro dimensiones del hombre
    
La Ciudad Católica medieval –decimos medieval porque puede haber una Ciudad Católica de otro signo histórico– señala un punto culminante de la cultura humana. Un punto culminante porque en ella se alcanza, en lo esencial, la perfección a que puede llegar el espíritu humano. Y en esto señalamos el criterio que nos debe guiar en la apreciación de las culturas.
    
Una cultura no es más que “lo humano [el hombre] manifestándose”. Una cultura será tanto más rica cuanto más ricas sean las manifestaciones del hombre. El valor de esas manifestaciones se debe ponderar de acuerdo a su contenido de realidad. La Realidad subsistente es Dios, de quien deriva todo bien y de quien todo bien finito no es sino Participación. De aquí que una cultura será tanto más rica cuanto más divinas, cuanto más cercanas a Dios sean las manifestaciones del hombre [1]. 
    
El hombre, que es un conflicto de potencia pura y acto puro, puede realizar “culturas” tan diversas como la divina de la Edad Media y la diabólica de la Rusia comunista.
    

martes, 1 de septiembre de 2015

Lutero, gran Hereje - P. José María Iraburu

Lutero, gran Hereje
Pbro. Dr. José María Iraburu


La tesis de que la decadencia moral de la Iglesia, bajo los Papas renacentistas, había llegado a un extremo intolerable, y que Lutero encabezó a los «protestantes» contra esta situación, exigiendo una «reforma», es falsa y ningún historiador actual es capaz de sostenerla.


Actualidad de Lutero.– El próximo 31 de octubre se cumplirá un nuevo aniversario de las 95 tesis clavadas en 1517 por Lutero en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg. Son varias las publicaciones recientes sobre Lutero, en las que se le muestra como enamorado de la Biblia y difusor de la misma en el pueblo, reformador de una Iglesia romana corrompida en su tiempo, etc. Parece, pues, oportuno hacer algunas verificaciones.

No fue reformador de costumbres, sino de doctrinas.– La tesis de que la decadencia moral de la Iglesia, bajo los Papas renacentistas, había llegado a un extremo intolerable, y que Lutero encabezó a los «protestantes» contra esta situación, exigiendo una «reforma», es falsa y ningún historiador actual es capaz de sostenerla. Entre otras razones, porque el mismo Lutero desecha esa interpretación de su obra en numerosas declaraciones explícitas. «Yo no impugno las malas costumbres, sino las doctrinas impías». Y años después insiste en ello: «Yo no impugné las inmoralidades y los abusos, sino la sustancia y la doctrina del Papado». «Entre nosotros –confesaba abiertamente–, la vida es mala, como entre los papistas; pero no les acusamos de inmoralidad», sino de errores doctrinales. Efectivamente, «bellum est Luthero cum prava doctrina, cum impiis dogmatis» (Melanchton).

Reformador de la doctrina católica.– Lutero, efectivamente, combatió con todas sus fuerzas contra la doctrina de la Iglesia Católica. Para empezar, arrasó con la Biblia, ya que dejándola a merced de el libre examen, cambió la infalible y única Palabra Divina por una variedad innumerable y contradictoria de falibles palabras humanas. Se llevó por delante la sucesión apostólica, el sacerdocio ministerial, los Obispos y sacerdotes, la doctrina de Padres y Concilios. Eliminó la Eucaristía, en cuanto sacrificio de la redención. Destruyó la devoción y el culto a la Santísima Virgen y a los santos, los votos y la vida religiosa, la función benéfica de la ley eclesiástica. Dejó en uno y medio los siete sacramentos. Afirmó, partiendo de la corrupción total del hombre por el pecado original, que «la razón es la grandísima puta del diablo, una puta comida por la sarna y la lepra» (etc., así cinco líneas más). Y por la misma causa, y con igual apasionamiento, negó la libertad del hombre (1525, De servo arbitrio), estimando que «lo más seguro y religioso» sería que el mismo término «libre arbitrio» desapareciera del lenguaje. Como lógica consecuencia, negó también la necesidad de las buenas obras para la salvación. En fin, con sus «respuestas correctas», según escribe un autor de hoy, destruyó prácticamente todo el Cristianismo, destrozando de paso la Cristiandad.

miércoles, 2 de abril de 2014

La Masonería y la Iglesia: Dos Visiones del Orden Mundial [Video] - P. Alfredo Sáenz

La Masonería y la Iglesia: Dos Visiones del Orden Mundial
[Video]
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ


Esta Clase Magistral titulada “La Masonería y la Iglesia: Dos Visiones del Orden Mundial” estuvo a cargo del R. P. Dr. Alfredo Sáenz SJ, Sacerdote Jesuita Argentino, y formó parte del «Curso 2012» del Centro Pieper que trató sobre “Cultura y Contracultura en Nuestro Tiempo”. 

La misma se realizó el sábado 08 de Septiembre en el Multiespacio Cultural “EL CAMINO” de Mar del Plata, Argentina, y hoy nos complacemos en ofrecerla a todos los visitantes de nuestro Blog.

A continuación puede acceder al video de este encuentro.

jueves, 22 de octubre de 2009

El Hombre Moderno. Descripción Fenomenológica - P. Alfredo Sáenz

El Hombre Moderno
Descripción fenomenológica
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ


Material de Lectura para la Novena Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Moderno.


Introducción

Antes de dar comienzo a nuestra descripción convendrá aclarar los términos elegidos. Decimos que trataremos del “hombre moderno”. Esta expresión es aparentemente insustancial y sin sentido, ya que siempre el hombre es moderno. Lo era ya el hombre de las cavernas y lo seguirá siendo hasta el fin de los tiempos. Siempre el hombre es de su época. Pero lo que acá queremos significar es otra cosa. Tomamos la palabra “moderno” no en el sentido cronológico del vocablo sino en un sentido axiológico, es decir, valorativo. Queremos referirnos al hombre que es producto de la llamada “civilización moderna”. También esta fórmula requiere explicación ya que, por los motivos anteriormente aducidos, toda civilización es igualmente moderna. Pero la entendemos en el sentido que le ha dado la Iglesia en su Magisterio de los últimos tiempos para calificar a la civilización resultante del largo proceso de apartamiento del orden sobrenatural, e incluso del orden natural, que se inició con el declinar de la Edad Media. Civilización moderna significa, pues, en nuestro caso, la civilización creada sobre los escombros de la antigua civilización fundada en el cristianismo. Y entendemos por “hombre moderno” al hombre que es fruto de dicha civilización.

Decimos, asimismo, que nuestra descripción será de índole “fenomenológica”. Este adjetivo es de origen kantiano. Max Scheler lo retomó para significar la consideración del hombre a través de sus valores y actitudes. Kant sostenía que en los seres hay un númenon, es decir, la esencia escondida, y un fenómeno, o sea, lo que de ella aparece al exterior. Pues bien, nosotros intentaremos una descripción del hombre de hoy, del que camina por la calle, el que ve televisión, según se nos manifiesta en sus diversas valoraciones y actitudes anímicas o existenciales.

Suponemos como ya conocidos, aunque fuere a grandes rasgos, los principales jalones del proceso de apostasía que caracteriza a los últimos siglos. Tras la civilización comúnmente llamada medieval, se inició dicho proceso, que pasa por el Renacimiento, la Reforma protestante, el Iluminismo, la Revolución francesa, la Revolución soviética, y ahora el Nuevo Orden Mundial. No se trata, por cierto, de bloques compactos. Incluso sería injusto tachar al Renacimiento de antimedieval. Dentro del llamado Renacimiento hay una buena dosis de espíritu medieval, sobre todo en el llamado “primer Renacimiento”, así como en el interior de la Edad Media hubo también pequeños “renacimientos”. No son períodos seccionables con regla y escuadra, pero sí marcan diversas tendencias que se concatenan entre sí [1].

viernes, 29 de mayo de 2009

Reforma Protestante y Pensamiento - P. Sebastián Vivas

Reforma Protestante y Pensamiento
P. Sebastián Vivas


Estimados:

Los invitamos a participar del próximo Café Filosófico, a realizarse el sábado 6 de Junio a partir de las 10 de la mañana en el Multiespacio Cultural EL CAMINO, sito en Av. Luro 4344 – 1º Piso, de nuestra ciudad de Mar del Plata.

El tema que convoca en esta oportunidad es “Reforma protestante y pensamiento”, a cargo del P. Sebastián Vivas, en el marco del Curso sobre Historia del Pensamiento Moderno que dicta el Centro Pieper este año, bajo el lema: “Pasión por la verdad”.

Los interesados pueden inscribirse directamente en el Multiespacio Cultural EL CAMINO, unos minutos antes del inicio del Café Filosófico, donde además se brindarán detalles del programa de todo el año.

Para mayor información, pueden llamar por teléfono al (0223) 495-0465 ó (0223) 154-36-3298.

Vida de Martín Lutero y Principales Acontecimientos de la Reforma en Alemania - Joseph Lortz

Vida de Martín Lutero y Principales Acontecimientos de la Reforma en Alemania
Joseph Lortz


Material de Lectura para la Tercera Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Moderno.


Desde el nacimiento hasta su viaje a Roma

Martín Lutero nació en Eisleben en 1483, de una familia de pequeños campesinos, pero con afanes de progreso. No tuvo de niño una religiosidad especial; como sus contemporáneos, creció en un ambiente fuertemente influido por la fe en las brujas y en el demonio. Su infancia y años escolares fueron duros, mas no excesivamente.

Fue a la escuela en Mansfeld (de 1489 a 1495), donde aprendió a leer y escribir, así como canto y latín; los textos para el ejercicio de lectura eran de carácter religioso. De 1496 a 1497 fue alumno de los Hermanos de la Vida Común en Magdeburgo. De 1498 a 1501 estuvo en Eisenach. En conjunto, es muy probable que adquiriera una idea bastante moralista y cosificada del cristianismo.

De 1501 a 1505 estudió en la facultad «filosófica» (facultad de artes) de la Universidad de Erfurt. Rígida vida de internado. Lecciones minuciosamente prescritas, repeticiones diarias, debates semanales. El sistema oficial de filosofía era la «via moderna», según la doctrina de Ockham, esto es, el nominalismo (expresamente la Escolástica tardía, y sólo ella) [1]. Se hacía fortísimo hincapié en la fuerza de la voluntad humana. La gracia pasaba a segundo plano, propiamente resultaba superflua. La voluntad divina se acentuaba hasta convertirla en arbitrariedad, y lo mismo se hacía con la severa justicia de Dios. Fue muy importante el modo de pensar atomizado y a-sacramental que ya entonces arraigó en Lutero, antes de que comenzase sus estudios teológicos. Y junto a todo ello, pacíficamente, el humanismo. Lutero, más tarde, censuró acremente el método escolástico [2]; pero, en realidad, durante estos años lo asimiló en buena medida. La alta Escolástica (que sitúa a la gracia en el centro) nunca fue realmente conocida por Lutero.

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