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domingo, 23 de octubre de 2016

“El Hombre Moderno: Dilema entre la Cordura y la Insensatez” de Jordán Abud - Andrea Piscicelli

“El Hombre Moderno: Dilema entre la Cordura y la Insensatez” de Jordán Abud
Lic. Andrea Piscicelli


Estimados:

Los invitamos a participar del quinto Studium 2016 –Estudio Comunitario– del Centro Pieper, a realizarse el próximo Lunes 24 de Octubre a partir de las 19:15 hs. [atención: fecha original modificada] en el Centro Educativo FASTA, sito en Gascón 3145, de nuestra ciudad de Mar del Plata.

El tema que convoca en esta oportunidad es “El Hombre Moderno: Dilema entre la Cordura y la Insensatez” de Jordán Abud, que será presentado por la Lic. Andrea Piscicelli, continuando así el Estudio Comunitario con Mesa de Libros, Documentos y Autores que coordina el Centro Pieper bajo el lema: “Pasión por la verdad”.

La participación en este “Studium” del Centro Pieper es libre y gratuito.


*   *   *


Sobre el Libro "El Hombre Moderno: Dilema entre la Cordura y la Insensatez" y su autor Jordán Abud:

En la Introducción de este libro leemos:

"Vamos a intentar demostrar que el hombre moderno es insano.

Es preciso conocer la causa de los males y es también necesario conocer al hombre de hoy, al hombre moderno.

Al hombre moderno no en el sentido cronológico, sino axiológico, valorativo. Al hombre que es producto de la civilización moderna. Al que resulta del largo proceso de apartamiento del orden natural y sobrenatural, y que por momentos parecería no tener fondo en el cual detenerse.

Al hombre moderno evaluado, diagnosticado, a la luz de sus fines perfectivos, y en particular a la luz del fin último que es la contemplación de Dios, es decir, la felicidad eterna. 

Voces de alerta de no pocos pensadores católicos acerca de la crisis superlativa e inédita del hombre moderno en general y de su inteligencia en particular nos deben llevar a preguntarnos por dónde pasa esa crisis.

lunes, 1 de agosto de 2016

De la Casuística a la Misericordia ¿Hacia un Nuevo Arte de Complacer? - Mons. Michel Schooyans

De la Casuística a la Misericordia
¿Hacia un Nuevo Arte de Complacer?
Mons. Michel Schooyans


El Autor es Profesor Emérito de la Universidad de Lovaina, miembro de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales y consultor del Pontificio Consejo para la Familia. También es autor de numerosos libros y ensayos sobre bioética, demografía y políticas globales de la ONU. En este artículo, publicado originalmente en Junio del 2016 en “La Nuova Bussola Quotidiana”, alerta del regreso en nuestros días de un error muy antiguo en la teología moral católica: la casuística. A continuación transcribimos el artículo completo para el Blog del Centro Pieper en traducción de la Dra. María Isabel Pérez de Pío.


Presentación
     
Se podría pensar que la casuística está muerta y enterrada. Las controversias del siglo XVII estarían definitivamente superadas. Raros son nuestros contemporáneos que aún leen las “Cartas Provinciales” y los autores que Pascal (1623-1662) denuncia en ellas. Esos autores son los casuistas, es decir moralistas que se aplican en resolver casos de conciencia sin ceder al rigorismo [Nota del Centro Pieper: Las “negritas” son nuestras]. Al releer las famosas “Cartas”, nos impresionó la similitud que aparece entre un escrito controvertido del siglo XVII y las posiciones defendidas hoy en día por pastores y teólogos que aspiran a cambios radicales en la pastoral y la doctrina de la Iglesia. El sínodo sobre la familia (octubre 2014 – octubre 2015) puso en evidencia una pugna reformadora que las “Cartas Provinciales” permiten comprender mejor hoy. ¡He aquí que Pascal comienza a hacerse conocer en un día inesperado! Las páginas que siguen quieren simplemente estimular al lector, y ayudarle a descubrir un nuevo arte de complacer.
     
     
El tesoro de la Iglesia
     
El Sínodo sobre la Familia puso en evidencia –si ello hacía falta– un profundo malestar en la Iglesia. Crisis de crecimiento sin duda, pero también debates recurrentes sobre la cuestión de los divorciados-«recasados», los «modelos» de familia, el rol de la mujer, el control de los nacimientos, la gestación subrogada, la homosexualidad, la eutanasia. Inútil cerrar los ojos: la Iglesia es interpelada hasta en sus fundamentos. Estos se encuentran en el conjunto de las Sagradas Escrituras, en la enseñanza de Jesús, en la efusión del Espíritu Santo, en el anuncio del Evangelio por los Apóstoles, en una comprensión cada vez más afinada de la Revelación, en el asentimiento de fe de la comunidad creyente. Jesús confió a la Iglesia su misión de acoger estas verdades, de evidenciar su coherencia, de hacer memoria de ellas. La Iglesia no recibió del Señor ni la misión de modificar estas verdades, ni la misión de reescribir el Credo; ella es guardiana de este tesoro; ella debe estudiar estas verdades, explicitarlas, profundizar su comprensión e invitar a todos los hombres a adherir a ellas por la fe. Hay incluso discusiones –sobre el matrimonio por ejemplo– que fueron cerradas por el Señor mismo. Es precisamente para ocultar estas verdades históricas, que los descendientes de los fariseos negaron la historicidad de los Evangelios (cf. Mc 10, 11).  
     
Desde los “Hechos de los Apóstoles”, la Iglesia reconoce y proclama que ella es una, santa, católica y apostólica. Son sus «notas» distintivas. La Iglesia es una porque ella no tiene más que un solo corazón, el de Jesús. Ella es santa, pues  invita a la conversión al Señor, a la oración y a la contemplación del Señor. El hombre no tiene el poder de santificarse por si mismo, pero todos son llamados a responder al llamado universal a la santidad. Ella es católica, es decir que ella recibió del Espíritu Santo el don de lenguas: ella es universal. La comprensión de lenguas significa la unidad en la diversidad, fruto del Espíritu Santo. La Iglesia es además apostólica, es decir fundada sobre los apóstoles y los profetas. La sucesión apostólica significa que un lazo ininterrumpido nos une a la fuente misma de la doctrina de los apóstoles.
     
Para ofrecer al mundo la Buena Nueva que vino a traer el Señor, quiso asociar a su obra a hombres que eligió para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar a todas las naciones (cf. Mc 3, 13-19). Estos hombres dan testimonio de las palabras que ellos recogieron de la boca misma de Jesús y de los signos que  realizó. Estos testigos fueron llamados por el Señor para garantizar, de generación en generación, la fidelidad a la enseñanza que él mismo expuso. Les incumbe por lo tanto, profundizar la inteligencia de los testimonios que les conciernen y autentificar su tradición.
La enseñanza del Señor comporta una dimensión moral exigente. Esta enseñanza invita por cierto a una adhesión razonable a la regla de oro, que los grandes sabios de la humanidad meditaron desde siglos. Jesús lleva esta regla a su perfección. Ahora bien la tradición de la Iglesia comporta preceptos de conducta propios, en el primer lugar de los cuales figura el amor a Dios y al prójimo. «Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas» (cf. Mt 7, 12). Este doble mandamiento es la referencia fundamental para el actuar del cristiano. Este es llamado a abrirse a la iluminación del Espíritu, que es amor, y a corresponder a esta iluminación por la fe que obra por el amor (cf. Ga 5, 6). Entre este, el amor, y aquella, la fe, el vínculo es indisoluble. Si, en la enseñanza de la Iglesia, este vínculo es roto, la moral cristiana se hunde en diferentes formas de relativismo o de escepticismo. Se llega a contentarse con opiniones subjetivas y fluctuantes. La ruptura se instala entre la verdad y la acción. No hay ya referencia a la verdad, ni a la autoridad que esta garantiza. La transgresión termina por ser abolida, puesto que fueron rechazadas las referencias morales dadas por Dios a los hombres. Se llega hasta a sugerir que el hombre ni siquiera tiene ya necesidad de amar a Dios para salvarse, ni de creer en su amor. Golpeado por una ruptura fatal, la moral ve abrirse grande la puerta del legalismo, del agnosticismo y de la secularización. Las reglas de vida enseñadas por los Profetas, por el Señor, por los Padres de la Iglesia son metódicamente desactivadas. Prevalecen entonces las prescripciones de los nuevos legistas, los herederos de los escribas y los fariseos. La moral se convierte así en una forma de positivismo gnóstico, un saber reservado a iniciados. Ese saber solo encuentra «legitimidad» en las decisiones puramente voluntarias de los que se atribuyen el privilegio de enunciar una nueva moral, sin la referencia fundada en la verdad revelada.
     

viernes, 26 de octubre de 2012

La Misión del Intelectual Católico Hoy - P. Alfredo Sáenz

La Misión del Intelectual Católico Hoy
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ


Exposición completa del P. Alfredo Sáenz con ocasión del Acto Académico donde la Universidad Católica de La Plata (UCALP) le otorgó el “Doctorado Honoris Causa” – el lunes 22 de Octubre del 2012 –, en reconocimiento por sus aportes a la cultura católica.


Confrontados a una situación inédita, el católico de hoy, sobre todo el intelectual católico, tiene una misión inédita y debe, por consiguiente, dar una respuesta inédita. Antes de abocarnos al contenido de tal respuesta, no dejará de ser útil un sucinto análisis histórico de las distintas etapas de la cultura, para considerar la diversidad de reacciones que caracterizaron a los católicos.

Es indudable que la Edad Media conoció una admirable Weltanschauung, una cosmovisión muy esplendorosa del mundo. Durante esa época, el orden natural y el orden sobrenatural eran, sí, órdenes distintos, pero en modo alguno divorciados. Así como en Cristo la naturaleza humana y la divina se unen en la Persona divina sin dejar de distinguirse, así lo temporal se unió con lo eterno, lo carnal con lo espiritual, lo visible con lo invisible, sin perder cada ámbito su límite de autonomía.

El mundo ofreció entonces un espectáculo cultural verdaderamente arquitectónico, catedralicio. La filosofía, por ejemplo, asumiendo todo lo que era valedero en el pensamiento tradicional de Platón, Aristóteles, Plotino, etc., lo injertó en el cosmos de la revelación. Al fin y al cabo aquella tradición no había sido sino una suerte de “preparación evangélica”, como la calificaron lo Padres de la Iglesia. ¿Acaso no decía Clemente de Alejandría: ¿Quién es Platón sino Moisés que habla en griego, como queriendo afirmar que la verdad natural era coherente con la sobrenatural, ya que ambas tenían, en última instancia, a Dios por autor? La arquitectura medieval, concretada tan maravillosamente en las catedrales, románicas y góticas, al tiempo que enseñaba al pueblo a orar en la belleza, insuflaba una nostalgia de la Belleza sustancial. La música, sea la del órgano, sea la de las voces humanas, esa música que rebotaba de arco en arco, llenando los recintos sagrados, no era sino la parte humana de un concierto que reunía los ángeles y los hombres, eco de la armonía trinitaria. La política conoció asimismo en aquélla época uno de sus picos históricos, pudiendo verse en la imagen de San Luis, rey de Francia, la encarnación del gobernante católico, aquel en quien la fe era algo penetrante, algo que imbuía todo el orden temporal cuyo encargo había recibido, en última instancia, del Emperador celeste, de quien era vicario en el orden temporal. La literatura, en sus diversas expresiones, desde los cantares de gesta hasta la Divina Comedia, constituía, en cierto modo, una especie de prolongación de la Sagrada Escritura, en el sentido de que seguía exponiendo el plan de Dios a través de las letras.

En fin, un orden temporal empapado de sacralidad. El papel del intelectual católico de entonces no era sino concretar esa visión temporal y trascendente en el marco de las instituciones, que tanto lo ayudaban para dicho cometido.

Con la aparición del Evo moderno, poco a poco, las cosas van a ir cambiando, pero en una dirección muy determinada, progresiva y disolvente. La filosofía comienza a abrir caminos desconocidos, adentrando al hombre en una interioridad cada vez más enclaustrada, en un distanciamiento creciente entre la realidad conocida y el sujeto cognoscente, hasta quedar este último encerrado en una total inmanencia; ruptura total del ser y del conocer. El artista, inspirando sus principios en la nueva filosofía, pretendió emular en cierta manera la actividad creadora de Dios, pero no con el espíritu de humildad intelectual que había caracterizado al período medieval, sino con un ímpetu de soberbia y autonomía evidentes; en un largo proceso que comienza, sintomáticamente, con la representación de un hombre desmesurado en su musculatura, como nos legó el por otro lado admirable Renacimiento, llegamos a la destrucción plástica del hombre en Picasso y su ulterior arbitraria reconstrucción, con total independencia del Arquetipo supremo, a cuya imagen y semejanza había sido hecho. La música se lanzó también a un proceso de exaltación del hombre; buscando más “expresarse” que expresar la armonía divina, acabó por destruirse a sí misma, reduciéndose a no ser sino puro ritmo, estruendoso ruido, sin contenido, sin armonía, sin serenidad.

La política olvidó sus instancias superiores, la autoridad se desvinculó del poder divino como de su fuente, y se lanzó por las vías de un maquiavelismo creciente hasta llegar a la masificación contemporánea o al esclavismo comunista. La literatura cortó amarras de las Sagradas Letras, desembocando en sus últimas etapas de una poesía sin sentido y una novelística pornográfica.

lunes, 1 de octubre de 2012

El R. P. Alfredo Sáenz recibirá Reconocimiento de la UCALP como «Doctor Honoris Causa»

El R. P. Alfredo Sáenz recibirá Reconocimiento de la UCALP como «Doctor Honoris Causa»


El Consejo Superior de la Universidad Católica de La Plata (UCALP) aceptó la propuesta del Sr. Rector Dr. Rafael Breide Obeid y resolvió, en su última reunión, conferir al Reverendo Padre Alfredo Sáenz el título de “Doctor Honoris Causa”, lo cual fue ratificado por decreto por el Gran Canciller de la UCALP, Mons. Héctor Aguer, como exigen las normas de la Universidad para estos casos.

Entre los fundamentos de esta importante distinción, a la que también consiente y adhiere el Arzobispo de La Plata, se destaca que el Padre Alfredo Sáenz es una relevante personalidad de la cultura católica, cuya obra intelectual y pastoral hacen plenamente merecido el honor que se le desea otorgar.

En la tarea intelectual del Padre Sáenz se distinguen sus méritos tanto académicos como culturales.

En el plano académico se licenció en Filosofía en el Colegio Máximo de San Miguel, profundizó estudios patrísticos en Roma en el Pontificio Ateneo San Anselmo, siéndole conferido el grado de Doctor en Teología con especialización en Sagrada Liturgia. Al volver a la Argentina comenzó su labor docente enseñando en el Colegio Máximo de San Miguel y posteriormente en el seminario de la Arquidiócesis de Paraná. Es dado destacar además su labor como secretario de redacción de la revista “Mikael”, valuarte de la cultura católica.

En el plano cultural puede destacarse su fecunda tarea como escritor católico con más de sesenta libros y centenares de artículos, con importantes títulos sobre diversos temas de incumbencia católica como espiritualidad, liturgia, comentarios evangélicos, cultura actual, historia de la iglesia, moral y arte, entre otros múltiples temas.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Arte y Estética en la Cultura Contemporánea [Esquema y Video] - P. Javier Bocci

Arte y Estética en la Cultura Contemporánea [Esquema y Video]
Desarrollo del Arte, Inspiración y Decadencia
Pbro. Lic. Javier Bocci


El esquema general del tema estaría contenido sencillamente en los tres puntos siguientes:

1. Desarrollo del arte. Identidad trascendental de la verdad, belleza y bondad, en unidad plena.

El surgimiento u origen del arte, y su desarrollo, se producen en el deseo de expresar la realidad, desentrañar su verdad y descubrir por tanto la bondad obrando correctamente de acuerdo a lo que es el hombre, el mundo y la vida, y por supuesto su sentido más profundo que llamamos “Theos” y descubrimos lenta y esforzadamente como “algo en sí”, en realidad Alguien en sí, y finalmente, y sólo por la misericordiosa revelación de Él mismo, como Tres Alguien: Dios N. S.

El camino para lograrlo es una lenta abstracción que comienza por los arquetipos, proceso natural en toda la narrativa de la historia. Vimos cómo este proceso se repite en búsqueda del logos, con diversos métodos o lógicas, desde Homero y Hesíodo, pasando por los physicos y las “ideas platónicas” hasta Aristóteles y la “materia prima” de donde se “educen” las formas. Consiste en desarrollar caracteres o modelos que expresen la realidad, y poco a poco ir enriqueciéndolos. Esto ocurre desde la Sagrada Escritura, pasando por la literatura griega, que propone modelos como Edipo, Prometeo, Sísifo, el mismo Aquiles, Narciso, y tantísimos más, que desarrollados por numerosos autores van cobrando cada vez más claridad en lo que quieren transmitir, especialmente acerca del hombre, en un lenguaje que ha sido llamado “mitopoiético”.

lunes, 30 de julio de 2012

San Pío X y la Fe Teologal de Bach - P. Javier Bocci

San Pío X y la Fe Teologal de Bach
Pbro. Lic. Javier Bocci


Material de Lectura Complementaria para la Cuarta Clase Magistral del Curso "Cultura y Contracultura en Nuestro Tiempo


La Iglesia Católica Apostólica Romana, considera al Luteranismo como una doctrina heterodoxa contumaz (es decir, persistente en sus afirmaciones con total conciencia), lo cual recibe en cualquier tratado de moral el duro nombre de herejía.

Ahora bien, esos tratados explican claramente la singularidad del pecado de herejía, que consiste en que mientras cualquier otro pecado, al perder el alma la Gracia Santificante quita de ella la virtus, el don de la Caridad, sólo el pecado contra la Fe, que tiene su expresión plena en la herejía, quita la virtus o don de la misma Fe.

Esto es una explicación absoluta u objetiva, que la Iglesia siempre enseñó no poder aplicarse con juicio certero a los casos concretos, las personas o sujetos, e.d. de manera “subjetiva”. Ello encuentra expresión clara en el antiguo y sabio adagio “de internis neque Ecclesia judicat” (acerca de las intenciones ni siquiera la Iglesia juzga), concretado familiarmente en el (antiguo) catecismo que proponía tres condiciones para el pecado grave de las cuales sólo una era objetiva (“materia grave”) y dos subjetivas o de la condición del sujeto, sólo conocida por Dios (“pleno conocimiento” y “deliberada intención”, e.d. lo que se refiere a la inteligencia –saber que es pecado– y a la voluntad –querer cometerlo, no estar constreñido–).

Arte y Fe - Joseph Ratzinger / Benedicto XVI

Arte y Fe
Joseph Ratzinger / Benedicto XVI
[Colaboración: P. Javier Bocci]


Material de Lectura Complementaria para la Cuarta Clase Magistral del Curso "Cultura y Contracultura en Nuestro Tiempo"


Lo Santo y lo Profano
Cardenal Joseph Ratzinger

Hay diversas razones que pueden haber motivado que muchas personas busquen un refugio en la vieja liturgia. Una primera e importante es que allí encuentran custodiada la dignidad de lo sagrado. Con posterioridad al Concilio, muchos elevaron intencionadamente, a nivel de programa la “desacralización”, explicando que el Nuevo Testamento había abolido el culto del templo: La cortina del templo desgarrada en el momento de la muerte de cruz de Cristo significaría –según ellos– el final de lo sacro. La muerte de Jesús fuera de las murallas, es decir, en el ámbito público, es ahora el culto verdadero. El culto, si es que existe, se da en la no-sacralidad de la vida cotidiana, en el amor vivido. Empujados por esos razonamientos, se arrinconaron las vestimentas sagradas; se despojó a las iglesias, en la mayor medida posible, del esplendor que recuerda lo sacro; y se redujo la liturgia, en cuanto cabía, al lenguaje y gestos de la vida ordinaria, por medio de saludos, signos comunes de amistad y cosas parecidas.

lunes, 2 de julio de 2012

Arte y Estética en la Cultura Contemporánea - P. Javier Bocci

Arte y Estética en la Cultura Contemporánea
Pbro. Lic. Javier Bocci


El Centro de Humanidades Josef Pieper tiene el agrado de invitarlos a participar del cuarto Café Filosófico del año, a realizarse el sábado 7 de Julio a partir de las 10.15 de la mañana en el Multiespacio Cultural EL CAMINO, Av. Luro 4344 - 1º Piso, de nuestra ciudad de Mar del Plata.

El tema que convoca en esta oportunidad es “Arte y Estética en la Cultura Contemporánea”, a cargo del Pbro. Lic. Javier Bocci, quien continúa de esta manera el Curso “Cultura y Contracultura en Nuestro Tiempo” que dicta el Centro Pieper este año, bajo el lema: “Pasión por la verdad”.

Los interesados pueden inscribirse directamente en EL CAMINO, unos minutos antes del inicio del Café Filosófico, donde además se brindarán detalles del programa de todo el año.

Para mayor información, pueden llamar por teléfono al (0223) 495-0465 ó (0223) 155-03-4406.

viernes, 29 de junio de 2012

Verismo: La Decadencia del Arte Moderno - P. Javier Bocci

Verismo: La Decadencia del Arte Moderno
P. Javier Bocci

Material de Lectura para la cuarta Clase Magistral del Curso "Cultura y Contracultura en Nuestro Tiempo"

“Dios es expulsado del arte, envilecido hasta el verismo…” (San Pío X).

Como señala el Diccionario Larrouse, el Verismo es el movimiento estético que se desarrolló en Italia a partir de finales del siglo XIX y principios del XX, y que representaba la realidad sin idealizaciones, centrándose en la descripción de la vida de las clases populares. Como su nombre explicita (en Francia se denominó preferentemente “Naturalismo”), reivindica que el objeto del arte debe ser lo inmediato a los ojos y no alguna elaboración de ello.

El argumento de que “la realidad es así”, ha venido repitiéndose desde entonces, y tiene verdadera carta de ciudadanía en el arte fuertemente teñido de izquierda y apellidado “testimonial” en nuestro país. Ese argumento no vale nada. Porque el arte no consiste en mostrar lo grotesco, sino la belleza: El objeto del arte es el pulchrum, la belleza, no el factum.

El arte es la expresión de la realidad en cuanto bella, la realidad en su esencia y en las infinitas posibilidades de su esencia, no en las infinitas posibilidades de degradación de su esencia que pueden ocurrir en el factum, objeto del saber positivo del modernismo.

miércoles, 27 de junio de 2012

La “Vía Pulchritudinis” en el Magisterio de Benedicto XVI - P. Javier Bocci

La “Vía Pulchritudinis” en el Magisterio de Benedicto XVI
P. Javier Bocci (Comp.)


Material de Lectura Complementaria para la Cuarta Clase Magistral del Curso "Cultura y Contracultura en Nuestro Tiempo"


El Verdadero Arte Conduce a la Fe

"A mediados del siglo XVIII, el Papa Benedicto XIV, mandó grabar en el frontispicio del Museo Vaticano esta inscripción para explicar su finalidad: «Ad augendum Urbis splendorem et asserendam Religionis veritatem», «Para aumentar el esplendor de Roma y afirmar la verdad de la Religión cristiana».

El acercamiento a la verdad cristiana a través de la mediación de la expresión artística o histórico-cultural brinda una nueva oportunidad para hablar a la inteligencia y a la sensibilidad de personas que no pertenecen a la Iglesia católica y a veces pueden albergar prejuicios y desconfianza con respecto a ella. Los que visitan los Museos vaticanos tienen oportunidad de sumergirse en un concentrado de “teología por imágenes”, al detenerse en este santuario de arte y de fe. Permitidme poner de relieve una verdad que está escrita en el “código genético” de los Museos Vaticanos: la gran civilización clásica y la civilización judeo-cristiana no se contraponen, sino que convergen en el único plan de Dios. Lo demuestra el hecho de que el origen remoto de esta institución se remonta a una obra que con razón podríamos definir “profana” –el magnífico grupo escultórico del Laocoonte–, pero que, en realidad, insertada en el contexto vaticano, adquiere su plena y más auténtica luz. Es la luz de la criatura humana modelada por Dios, de la libertad en el drama de su redención, situada entre la tierra y el cielo, entre la carne y el espíritu. Es la Luz de una belleza que se irradia desde el interior de la obra artística y lleva al espíritu a abrirse a lo sublime, donde el Creador se encuentra con la criatura hecha a su imagen y semejanza. Todo esto podemos leerlo en una obra maestra como el Laocoonte, pero se trata de una lógica propia de todo el Museo, que desde esta perspectiva se presenta verdaderamente como un todo unitario en la compleja articulación de sus secciones, a pesar de ser tan diferentes entre sí" (Discurso en el V Centenario de los Museos Vaticanos, el 23 de Noviembre de 2006).


Relación Esencial entre Estética y Ética

"No sólo el debate cultural y artístico, sino también la realidad cotidiana nos vuelven a proponer hoy la necesidad y la urgencia de un renovado diálogo entre estética y ética, entre belleza, verdad y bondad. Efectivamente, en diversos niveles emerge dramáticamente la separación, e incluso la contraposición, entre las dos dimensiones: la de la búsqueda de la belleza, aunque comprendida reductivamente como forma exterior, como apariencia que se ha de perseguir a toda costa, y la de la verdad y la bondad de las acciones que se llevan a cabo para realizar un fin.

lunes, 11 de junio de 2012

"Ética: Lecciones en la Universidad de Munich" de Romano Guardini [Video] - Daniel Aldama

"Ética: Lecciones en la Universidad de Munich" 
de Romano Guardini [Video]
Lic. Daniel Aldama


El primer «Studium» 2012 -Estudio Comunitario- del Centro Pieper se realizó el martes 17 de Abril en Mar del Plata, en cuya oportunidad se presentó el libro: "Ética: Lecciones en la Universidad de Munich" de Romano Guardini, a cargo del Lic. Daniel Aldama.

A continuación puede acceder al video de este encuentro.

sábado, 28 de abril de 2012

Paideia: los Ideales de la Cultura Griega - Werner Jaeger

Paideia: los Ideales de la Cultura Griega 
Introducción
Werner Jaeger


Material de Lectura para la Segunda Clase Magistral del Curso "Cultura y Contracultura en Nuestro Tiempo"


Paideia, la palabra que sirve de título a esta obra, no es simplemente un nombre simbólico, sino la única designación exacta del tema histórico estudiado en ella. Este tema es, en realidad, difícil de definir; como otros conceptos muy amplios (por ejemplo, los de filosofía o cultura), se resiste a ser encerrado en una fórmula abstracta. Su contenido y su significado sólo se revelan plenamente ante nosotros cuando leemos su historia y seguimos sus esfuerzos por llegar a plasmarse en la realidad. Al emplear un término griego para expresar una cosa griega, quiero dar a entender que esta cosa se contempla, no con los ojos del hombre moderno, sino con los del hombre griego. Es imposible rehuir el empleo de expresiones modernas tales como civilización, cultura, tradición, literatura o educación. Pero ninguna de ellas coincide realmente con lo que los griegos entendían por paideia. Cada uno de estos términos se reduce a expresar un aspecto de aquel concepto general, y para abarcar el campo del conjunto del concepto griego sería necesario emplearlos todos a la vez. Sin embargo, la verdadera esencia del estudio y de las actividades del estudioso se basa en la unidad originaria de todos estos aspectos –unidad expresa por la palabra griega– y no en la diversidad subrayada y completada por los giros modernos. Los antiguos tenían la convicción de que la educación y la cultura no constituyen un arte formal o una teoría abstracta, distintos de la estructura histórica objetiva de la vida espiritual de una nación. Esos valores tomaban cuerpo, según ellos, en la literatura, que es la expresión real de toda cultura superior. Así es como debemos interpretar la definición del hombre culto que encontramos en Frínico:

Φιλόλος ό φιλών λόγους χαι σπουδάζων περί παιδείαν


Posición de los Griegos en la Historia de la Educación Humana

Todo pueblo que alcanza un cierto grado de desarrollo se halla naturalmente inclinado a practicar la educación. La educación es el principio mediante el cual la comunidad humana conserva y trasmite su peculiaridad física y espiritual. Con el cambio de las cosas cambian los individuos. El tipo permanece idéntico. Animales y hombres, en su calidad de criaturas físicas, afirman su especie mediante la procreación natural. El hombre solo puede propagar y conservar su forma de existencia social y espiritual mediante las fuerzas por las cuales la ha creado, es decir, mediante la voluntad consciente y la razón. Mediante ellas adquiere su desarrollo un determinado juego libre, del cual carecen el resto de los seres vivos, si prescindimos de la hipótesis de cambios prehistóricos de las especies y nos atenemos al mundo de la experiencia dada. Incluso la naturaleza corporal del hombre y sus cualidades pueden cambiar mediante una educación consciente y elevar sus capacidades a un rango superior. Pero el espíritu humano lleva progresivamente al descubrimiento de sí mismo, crea, mediante el conocimiento del mundo exterior e interior, formas mejores de la existencia humana. La naturaleza del hombre, en su doble estructura corporal y espiritual, crea condiciones especiales para el mantenimiento y la transmisión de su forma peculiar y exige organizaciones física y espirituales cuyo conjunto denominamos educación. En la educación, tal como la practica el hombre, actúa la misma fuerza vital, creadora y plástica, que impulsa espontáneamente a toda especie viva al mantenimiento y propagación de su tipo. Pero adquiere en ella el más alto grado de su intensidad, mediante el esfuerzo consciente del conocimiento y de la voluntad dirigida a la consecución de un fin.

De ahí se siguen algunas conclusiones generales. En primer lugar, la educación no es una propiedad individual, sino que pertenece, por su esencia, a la comunidad. El carácter de la comunidad se imprime en sus miembros individuales y es, en el hombre, en una medida muy superior a los animales, fuente de toda acción y de toda conducta. En parte alguna adquiere mayor fuerza el influjo de la comunidad sobre sus miembros que en el esfuerzo constante para educar a cada nueva generación de acuerdo con su propio sentido. La estructura de toda sociedad descansa en las leyes y normas escritas o no escritas que la unen y ligan a sus miembros. Así, toda educación es el producto de la conciencia viva de una norma que rige una comunidad humana, lo mismo si se trata de la familia, de una clase social o de una profesión, que de una asociación más amplia, como una estirpe o un estado.

sábado, 9 de octubre de 2010

Esencia Educativa de la “Inútil” Filosofía - Michele Federico Sciacca

Esencia Educativa de la “Inútil” Filosofía
Michele Federico Sciacca


Material de lectura obligatoria para la duodécima Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Contemporáneo.


¿Quién, por lo menos una vez en su vida no ha repetido, aunque sea en chanza, el dicho vulgar de que la filosofía “es esa cosa con la cual y sin la cual se queda uno tal cual”?. No lo dijo en chanza, sin embargo Aristóteles. ¿Pero cómo?. ¿Para Aristóteles la filosofía es esa cosa con la cual y sin la cual se queda uno tal cual…, etc?. Por cierto que sí; en efecto, para él es la única ciencia verdaderamente “inútil”, o sea que tiene su fin en sí misma; la ciencia que “no sirve”, justamente porque no es medio sino fin; la única absolutamente “desinteresada”, no empírica sino contemplativa. Filosofía es amor a la verdad, desprovista de cualquier fin extrínseco y extraño a la búsqueda de la verdad. Cuando se dice que la filosofía “no sirve”, que “no es útil”, y expresiones análogas, se piensa ofenderla (¡qué groseros son a menudo los hombres!) y en cambio se está tejiendo su más bello elogio. Su gran nobleza reside justamente en ser fin de sí misma, en tener como objeto la verdad pura sin reparar en otra cosa; de todas las ciencias, es la única verdaderamente “liberadora”; de todos los hombres, el filósofo es el único verdaderamente “libre”. Todo para él se convierte en medio, todo “sirve”; sólo la filosofía es fin, sólo la verdad “no sirve”; y él pertenece a la verdad: a nadie más, a ninguna otra cosa. Una búsqueda filosófica que pudiera servir a algo extraño a la pura búsqueda de la verdad en sí no sería ya un “filosofar”, sino una traición a la filosofía. La verdad que se convierte en medio de un fin que no sea ella misma es una verdad ofendida, vilipendiada, desconocida, subordinada a algo que le es absolutamente inferior (aunque sean todos los bienes juntos de la tierra), convertida en esclava de un amo –sea este un trono o un tesoro- que es siempre su siervo.

Considérese al artista, al que lo es verdaderamente (no al seudoartista que saca provecho del arte): contempla y canta, esculpe, pinta. “Contempla” un bello jardín lleno de flores y expresa esa belleza –que es su belleza– en un soneto, en un cuadro, en una página musical. ¿Estudia acaso si las plantas son criptógamas o fanerógamas?. No, porque si actúa como artista no lo hace como botánico. ¿Calcula tal vez la extensión en áreas del jardín?. No, porque el artista no es geómetra ni topógrafo. ¿Piensa por ventura a qué precio podría vender las bellas rosas y las perfumadas gardenias?. No, porque si es artista (¿no hay duda, verdad?) no es comerciante. Contempla la belleza pura, desinteresada, libérrimo y libérrimamente.

Así es el filósofo, el gran poeta de la verdad, que sondea, insomne y alerta, el misterio del cosmos humano y natural. Contempla la verdad, se abandona a ella, se hunde en ella, y no se preocupa de otra cosa: la ama como verdad, libérrimamente. ¿Y qué otra cosa podría importarle?. ¿Qué hay que sea más que la verdad o como la verdad?. Él, que se ha hecho humilde estudiante de la verdad, es el gran señor del mundo, el aristócrata del espíritu, patrón de todas las cosas porque las mide desde su altura y a todas las encuentra de bien pequeña estatura comparadas con la verdad. ¿Cómo podría atacarse, interesándolo en las cosas del mundo, a quien como el filósofo está en un coloquio con lo infinito, con lo eterno?. “Vive en las nubes”, se dice. ¡Y no!. Más arriba aún, porque el pensamiento tiene alas más robustas que las del águila y es capaz de vuelos más potentes. El filósofo tiene los pies en la tierra, pero la tierra no lo tiene; por eso es libre: porque de nada es súbdito, excepto de la verdad, que es celeste.

martes, 2 de diciembre de 2008

El Sentido de la Educación en Santo Tomás de Aquino - Mario Caponnetto


El Sentido de la Educación en
Santo Tomás de Aquino 
Dr. Mario Caponnetto


Una vez más la celebración de la Festividad de Santo Tomás de Aquino como Patrono de los Estudiantes, Colegios, Academias y Universidades Católicas, nos reúne para meditar acerca del sentido de la educación en la enseñanza perenne del Doctor Angélico. El tema de la educación, disperso a lo largo del vasto corpus de sus obras, se agrupa alrededor de tres aspectos fundamentales. En primer lugar, Tomás indaga sobre el oficio del maestro o, para decirlo más adecuadamente, sobre el género de vida que debe abrazar aquel que se dedica a enseñar a otros. En segundo término, su reflexión se vuelve sobre el acto mismo de enseñar, lo que podemos llamar el arte de la enseñanza -el ars docendi- que es mucho más que una técnica pedagógica, en el sentido actual de la palabra, sino una visión psicológica y aún antropológica del proceso educativo por lo que bien puede servirnos, hoy, para un discernimiento crítico respecto de la validez y utilidad de tales técnicas. Tercero, y último, el pensamiento de Santo Tomás apunta al fin de la educación en directa relación con el fin natural y sobrenatural de la existencia personal del educando.

Procuraremos pasar revista a cada uno de estos tres aspectos.


1. ¿Qué es un maestro? ¿Qué significa ser maestro?

La primera respuesta a este interrogante es la persona misma de Santo Tomás. Santo Tomás, en efecto, se nos aparece a nuestra mirada como un hombre de múltiples registros. En él coinciden el santo, el teólogo, el filósofo, el místico, el poeta de la Eucaristía, el predicador de multitudes, el pastor de almas. ¿Cuál de estos registros de su personalidad multiforme es el que lo caracteriza por encima de los otros? A nuestro entender, hay en Tomás un título que lo define y que permite asumir en una perspectiva unitaria la totalidad y la variedad de su poliédrica personalidad. Ese título es el de doctor cristiano. Tomás fue, por encima de todo, un doctor cristiano. Con esto no queremos decir que al santo, al pastor o al místico, los consideremos en menos. Simplemente lo que queremos destacar es que el título de doctor -y de doctor cristiano- es lo que especifica y lo que mejor explica, a la vez, la naturaleza de una vida y de una obra que casi no tienen parangón en la historia de la cultura humana y cristiana.Entonces, volvemos a preguntar, ¿qué es un doctor y, más propiamente, un doctor cristiano? Y siguiendo el curso de la vida, de la obra y de la doctrina del Angélico, respondemos: un doctor, un maestro, es alguien que enseña y, por eso mismo, une en sí, de manera eminente, y en el debido orden de su respectiva subordinación, las dos formas o géneros de en que suele dividirse vida humana, es decir, la vida contemplativa y la vida activa, constituyendo de ese modo un tercer género de vida, la vida mixta, que fue la vida que abrazó Santo Tomás en el marco de la Orden Dominicana. El doctor, el maestro (y vayamos tomando nota de la sinonimia) es, efectivamente, un contemplativo, pero un contemplativo que, al mismo tiempo que contempla, ejerce una acción bien definida: la de enseñar a otros; acción docente, que representa, por eso mismo, el elemento “activo”, la vida activa.

Ahora bien, para poder entender de qué modo se da esta unión de vida contemplativa y de vida activa, se ha de tener presente que la acción magisterial se nutre y se sostiene en una contemplación incesante. El doctor lleva a los otros, mediante su magisterio, la verdad previamente contemplada. Medita la verdad, la contempla y, luego en un gesto de libérrima generosidad, la transmite a los demás, a modo de don, como acto y efecto de la caridad. Contemplata aliis tradere: contemplación de la verdad que por amor se comunica y se transmite a los otros, esa es en esencia la vida del doctor que, al decir de Gilson, imita menos infielmente - dejando empero a salvo el abismo que las separa - la misma vida de Dios [1].El doctor realiza en sí, de un modo vivo, el admirable consorcio mediante el cual se unen y armonizan la contemplación y la acción. Y lo admirable consiste en que la donación de lo contemplado no disminuye en nada la fuerza y la libertad de la propia contemplación. Ocurre que en el peculiar género de vida del doctor, el acto magisterial no se encuentra forzada u ocasionalmente sobreañadido al acto de la contemplación sino que procede de ella y es su plenitud. La enseñanza es, en cierto modo y bajo determinados aspectos como veremos enseguida, principalmente una obra de la vida activa, uno de los modos más altos del ejercicio de la caridad; pero la enseñanza deriva de la contemplación, se alimenta de ella y, a su vez alimenta a la contemplación desde el momento en que lo contemplado al ser transmitido se enriquece y perfecciona. La contemplación alimenta a la enseñanza y la enseñanza alimenta a la contemplación.

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