(Génesis 3, 15)
P. Stefano Manelli
Extracto tomado de su libro "Mariología Bíblica".
“Yo pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia: ella (ipsa) te aplastará la cabeza” [1].
El dato histórico de este texto fundamental del Génesis nos presenta un grandioso drama que se resuelve en la alegría de una promesa de salvación.
En los albores de la humanidad nuestros progenitores, Adán y Eva, viven felices en el Paraíso Terrenal. Pero la mujer, Eva, resulta capturada por las insidias de la serpiente tentadora; cae en la culpa y arrastra consigo también al hombre, Adán.
El momento es terrible. Todo está comprometido. El género humano, en sus progenitores, se encuentra perdido para siempre, si es que no hubiera un Redentor capaz de restaurar al hombre en la amistad con Dios.
En este punto, en la oscuridad tenebrosa del estado de culpa, se abre un hilo de luz proyectado al futuro: interviene Dios y preanuncia precisamente una “mujer” que, con su simiente, estará en la lucha contra la serpiente a la cual le aplastará la cabeza.
Es por ello que el texto del Génesis ha sido justamente definido como “Protoevangelio”, es decir, el primero y más importante anuncio profético de la buena nueva de la salvación del género humano.
