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lunes, 2 de marzo de 2015

Josef Pieper, la Belleza y la Poesía - Jorge N. Ferro

Josef Pieper, la Belleza y la Poesía
Dr. Jorge N. Ferro


Intentaremos aquí una aproximación a la obra de Josef Pieper desde las letras, de modo que, escudados alegremente en esto, nos tomaremos una serie de licencias que los severísimos filósofos sabrán disculpar y tolerar.

Y la primer cosa que salta a la vista, para un lector ingenuo, en cuanto a Pieper y su relación con la belleza, es que ésta se halla presente en su propio estilo, en su misma obra en cuanto tal. Hay una preocupación por que se cumpla aquella sentencia de “el esplendor de la verdad”: él presenta la verdad bella y claramente, y hace alusión y recurre a los grandes textos poéticos, constantemente. Para poner un solo ejemplo, en su tratado sobre la Prudencia va a tomar un texto de Paul Claudel, de la quinta de sus «Cinco Grandes Odas», y cita aquel pasaje donde el poeta dice: “la prudencia es al norte de mi alma como la proa inteligente que conduce todo el navío” [1]. Es decir, comprobamos fácilmente esta constante recurrencia a los textos poéticos y el gusto porque resplandezca la verdad que está presentando, porque resplandezca estilísticamente esta verdad.

Y esto en un tiempo en el que en los estudios de humanidades en general predomina muchas veces un lenguaje oscuro, deliberadamente oscuro. Sobre lo cual Pieper tiene palabras duras; no dejará de denunciar este fenómeno. Por ejemplo, en su «Defensa de la Filosofía», donde dice entre otras cosas: [...] “la dificultad de leer un libro filosófico depende con frecuencia, como todo el mundo sabe, únicamente de abuso del lenguaje, de modo que lo que pone obstáculos es el lenguaje y nada más que el lenguaje” [2].

Es decir que el lenguaje, que tendría que ser el ámbito de patencia de la verdad, translúcido, se convierte en una realidad opaca, que aleja de las cosas. Se referirá también Pieper a esa “terminología individual arbitraria” [3] que tiene tanta vigencia en numerosos contemporáneos nuestros que se dedican a las humanidades. Y el texto este de Pieper sobre la oscuridad deliberada nos trae a la memoria otro de un autor indudablemente menor, en un libro bastante cuestionable en muchos aspectos, pero que plantea esto casi en los mismos términos. Nos referimos a J. F. Revel, en su libro «El conocimiento inútil». Hablando de las modas intelectuales de nuestro tiempo, sostiene Revel que es elemento esencial a una moda intelectual el hecho de sustituir “las dificultades reales de la investigación científica”, es decir las dificultades que presenta el objeto estudiado, “por las dificultades artificiales de un estilo oscuro, precioso y pedante, que procura a sus lectores y a sus auditores, al mismo tiempo, la ilusión de hacer un esfuerzo y la satisfacción de creerse iniciados en un pensamiento particularmente arduo” [4]. O sea que hay una facilidad de hecho y una dificultad aparente; hay un vocabulario “iniciático’, dice, y un “elitismo de masas”.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

El Mito de Narciso - Ovidio

El Mito de Narciso
Ovidio


Material de Lectura para la Octava Clase Magistral del Curso "Cultura y Contracultura en Nuestro Tiempo"


"Él, el vidente (Tiresias, que era ciego), afamado en toda Boecia, da respuestas certeras a quienes con ansiedad, buscan su ayuda. La primera que puede dar pruebas de lo verídico de sus sentencias es la ninfa Liriope, a quien el dios-río Cephisus, envolvió en las turbulencias de su corriente y la violó mientras la aprisionaba en sus aguas. Liriope quedó embarazada, y llegado el tiempo, la bella ninfa parió a un bello niño. Su belleza era inefable. Ya entonces, otras ninfas pretendían amarlo. El niño fue llamado Narciso. Preguntado el vidente Tiresias, si el niño llegaría a una edad avanzada, respondió: 'vivirá mucho si él no se conoce o no se ve a sí mismo'. Las palabras del profeta fueron desconcertantes y parecieron carecer de sentido. Pero la forma de su muerte y lo extraño de su infatuación, provocaron lo verdadero de tal aserción.

Llegado Narciso a los 16 años y pese a su condición de efebo, muchos jóvenes y muchas muchachas buscaban ansiosamente su amor. Sus formas delicadas y su frío orgullo no permitieron que nadie tocara su corazón.

En una ocasión en la que estaba persiguiendo a un ciervo en el bosque, una cierta ninfa de extraño lenguaje, lo contempló y quedó prendada. Esta ninfa era Echo, quien no podía mantenerse en paz mientras otros hablaban y no podía comenzar a hablar, hasta que se dirigieran a ella. En ese tiempo Echo tenía corporeidad y no era solamente una voz. Y a pesar de ser locuaz, ella no podía hacer uso del lenguaje, más que repitiendo lo último que ella hubiera oído. La diosa Juno le había impuesto ese castigo, pues la había sorprendido en las montañas, en amores con su esposo. Del hecho también participaron otras ninfas. Echo, con astucia entretuvo a las diosas con una larga conversación, hasta que las otras ninfas pudieron huir. Cuando la diosa cayó en cuenta del hecho, le dijo a Echo: 'que tu lengua, por la que yo he sido engañada, sea limitada en sus posibilidades, y que solamente puedas hacer uso del lenguaje de la forma más breve posible'. A partir de ese entonces, Echo pudo solamente repetir las últimas palabras que había escuchado.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Arte y Estética en la Cultura Contemporánea [Esquema y Video] - P. Javier Bocci

Arte y Estética en la Cultura Contemporánea [Esquema y Video]
Desarrollo del Arte, Inspiración y Decadencia
Pbro. Lic. Javier Bocci


El esquema general del tema estaría contenido sencillamente en los tres puntos siguientes:

1. Desarrollo del arte. Identidad trascendental de la verdad, belleza y bondad, en unidad plena.

El surgimiento u origen del arte, y su desarrollo, se producen en el deseo de expresar la realidad, desentrañar su verdad y descubrir por tanto la bondad obrando correctamente de acuerdo a lo que es el hombre, el mundo y la vida, y por supuesto su sentido más profundo que llamamos “Theos” y descubrimos lenta y esforzadamente como “algo en sí”, en realidad Alguien en sí, y finalmente, y sólo por la misericordiosa revelación de Él mismo, como Tres Alguien: Dios N. S.

El camino para lograrlo es una lenta abstracción que comienza por los arquetipos, proceso natural en toda la narrativa de la historia. Vimos cómo este proceso se repite en búsqueda del logos, con diversos métodos o lógicas, desde Homero y Hesíodo, pasando por los physicos y las “ideas platónicas” hasta Aristóteles y la “materia prima” de donde se “educen” las formas. Consiste en desarrollar caracteres o modelos que expresen la realidad, y poco a poco ir enriqueciéndolos. Esto ocurre desde la Sagrada Escritura, pasando por la literatura griega, que propone modelos como Edipo, Prometeo, Sísifo, el mismo Aquiles, Narciso, y tantísimos más, que desarrollados por numerosos autores van cobrando cada vez más claridad en lo que quieren transmitir, especialmente acerca del hombre, en un lenguaje que ha sido llamado “mitopoiético”.

lunes, 30 de julio de 2012

San Pío X y la Fe Teologal de Bach - P. Javier Bocci

San Pío X y la Fe Teologal de Bach
Pbro. Lic. Javier Bocci


Material de Lectura Complementaria para la Cuarta Clase Magistral del Curso "Cultura y Contracultura en Nuestro Tiempo


La Iglesia Católica Apostólica Romana, considera al Luteranismo como una doctrina heterodoxa contumaz (es decir, persistente en sus afirmaciones con total conciencia), lo cual recibe en cualquier tratado de moral el duro nombre de herejía.

Ahora bien, esos tratados explican claramente la singularidad del pecado de herejía, que consiste en que mientras cualquier otro pecado, al perder el alma la Gracia Santificante quita de ella la virtus, el don de la Caridad, sólo el pecado contra la Fe, que tiene su expresión plena en la herejía, quita la virtus o don de la misma Fe.

Esto es una explicación absoluta u objetiva, que la Iglesia siempre enseñó no poder aplicarse con juicio certero a los casos concretos, las personas o sujetos, e.d. de manera “subjetiva”. Ello encuentra expresión clara en el antiguo y sabio adagio “de internis neque Ecclesia judicat” (acerca de las intenciones ni siquiera la Iglesia juzga), concretado familiarmente en el (antiguo) catecismo que proponía tres condiciones para el pecado grave de las cuales sólo una era objetiva (“materia grave”) y dos subjetivas o de la condición del sujeto, sólo conocida por Dios (“pleno conocimiento” y “deliberada intención”, e.d. lo que se refiere a la inteligencia –saber que es pecado– y a la voluntad –querer cometerlo, no estar constreñido–).

Arte y Fe - Joseph Ratzinger / Benedicto XVI

Arte y Fe
Joseph Ratzinger / Benedicto XVI
[Colaboración: P. Javier Bocci]


Material de Lectura Complementaria para la Cuarta Clase Magistral del Curso "Cultura y Contracultura en Nuestro Tiempo"


Lo Santo y lo Profano
Cardenal Joseph Ratzinger

Hay diversas razones que pueden haber motivado que muchas personas busquen un refugio en la vieja liturgia. Una primera e importante es que allí encuentran custodiada la dignidad de lo sagrado. Con posterioridad al Concilio, muchos elevaron intencionadamente, a nivel de programa la “desacralización”, explicando que el Nuevo Testamento había abolido el culto del templo: La cortina del templo desgarrada en el momento de la muerte de cruz de Cristo significaría –según ellos– el final de lo sacro. La muerte de Jesús fuera de las murallas, es decir, en el ámbito público, es ahora el culto verdadero. El culto, si es que existe, se da en la no-sacralidad de la vida cotidiana, en el amor vivido. Empujados por esos razonamientos, se arrinconaron las vestimentas sagradas; se despojó a las iglesias, en la mayor medida posible, del esplendor que recuerda lo sacro; y se redujo la liturgia, en cuanto cabía, al lenguaje y gestos de la vida ordinaria, por medio de saludos, signos comunes de amistad y cosas parecidas.

viernes, 29 de junio de 2012

Verismo: La Decadencia del Arte Moderno - P. Javier Bocci

Verismo: La Decadencia del Arte Moderno
P. Javier Bocci

Material de Lectura para la cuarta Clase Magistral del Curso "Cultura y Contracultura en Nuestro Tiempo"

“Dios es expulsado del arte, envilecido hasta el verismo…” (San Pío X).

Como señala el Diccionario Larrouse, el Verismo es el movimiento estético que se desarrolló en Italia a partir de finales del siglo XIX y principios del XX, y que representaba la realidad sin idealizaciones, centrándose en la descripción de la vida de las clases populares. Como su nombre explicita (en Francia se denominó preferentemente “Naturalismo”), reivindica que el objeto del arte debe ser lo inmediato a los ojos y no alguna elaboración de ello.

El argumento de que “la realidad es así”, ha venido repitiéndose desde entonces, y tiene verdadera carta de ciudadanía en el arte fuertemente teñido de izquierda y apellidado “testimonial” en nuestro país. Ese argumento no vale nada. Porque el arte no consiste en mostrar lo grotesco, sino la belleza: El objeto del arte es el pulchrum, la belleza, no el factum.

El arte es la expresión de la realidad en cuanto bella, la realidad en su esencia y en las infinitas posibilidades de su esencia, no en las infinitas posibilidades de degradación de su esencia que pueden ocurrir en el factum, objeto del saber positivo del modernismo.

miércoles, 27 de junio de 2012

La “Vía Pulchritudinis” en el Magisterio de Benedicto XVI - P. Javier Bocci

La “Vía Pulchritudinis” en el Magisterio de Benedicto XVI
P. Javier Bocci (Comp.)


Material de Lectura Complementaria para la Cuarta Clase Magistral del Curso "Cultura y Contracultura en Nuestro Tiempo"


El Verdadero Arte Conduce a la Fe

"A mediados del siglo XVIII, el Papa Benedicto XIV, mandó grabar en el frontispicio del Museo Vaticano esta inscripción para explicar su finalidad: «Ad augendum Urbis splendorem et asserendam Religionis veritatem», «Para aumentar el esplendor de Roma y afirmar la verdad de la Religión cristiana».

El acercamiento a la verdad cristiana a través de la mediación de la expresión artística o histórico-cultural brinda una nueva oportunidad para hablar a la inteligencia y a la sensibilidad de personas que no pertenecen a la Iglesia católica y a veces pueden albergar prejuicios y desconfianza con respecto a ella. Los que visitan los Museos vaticanos tienen oportunidad de sumergirse en un concentrado de “teología por imágenes”, al detenerse en este santuario de arte y de fe. Permitidme poner de relieve una verdad que está escrita en el “código genético” de los Museos Vaticanos: la gran civilización clásica y la civilización judeo-cristiana no se contraponen, sino que convergen en el único plan de Dios. Lo demuestra el hecho de que el origen remoto de esta institución se remonta a una obra que con razón podríamos definir “profana” –el magnífico grupo escultórico del Laocoonte–, pero que, en realidad, insertada en el contexto vaticano, adquiere su plena y más auténtica luz. Es la luz de la criatura humana modelada por Dios, de la libertad en el drama de su redención, situada entre la tierra y el cielo, entre la carne y el espíritu. Es la Luz de una belleza que se irradia desde el interior de la obra artística y lleva al espíritu a abrirse a lo sublime, donde el Creador se encuentra con la criatura hecha a su imagen y semejanza. Todo esto podemos leerlo en una obra maestra como el Laocoonte, pero se trata de una lógica propia de todo el Museo, que desde esta perspectiva se presenta verdaderamente como un todo unitario en la compleja articulación de sus secciones, a pesar de ser tan diferentes entre sí" (Discurso en el V Centenario de los Museos Vaticanos, el 23 de Noviembre de 2006).


Relación Esencial entre Estética y Ética

"No sólo el debate cultural y artístico, sino también la realidad cotidiana nos vuelven a proponer hoy la necesidad y la urgencia de un renovado diálogo entre estética y ética, entre belleza, verdad y bondad. Efectivamente, en diversos niveles emerge dramáticamente la separación, e incluso la contraposición, entre las dos dimensiones: la de la búsqueda de la belleza, aunque comprendida reductivamente como forma exterior, como apariencia que se ha de perseguir a toda costa, y la de la verdad y la bondad de las acciones que se llevan a cabo para realizar un fin.

martes, 26 de mayo de 2009

Sobre el Amor - Marsilio Ficino

Sobre el Amor
Marsilio Ficino
(1433-1499)


Material de Lectura Complementaria para la Segunda Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Moderno.


DISCURSO II
CAPÍTULO III


Cómo la belleza es esplendor de la bondad divina y cómo Dios es centro de cuatro círculos


Y no sin un propósito los antiguos teólogos colocaron la bondad en el centro; y en el círculo la belleza. Digo por cierto la bondad en un centro; y en cuatro círculos la belleza. El único centro de todas las cosas es Dios. Los cuatro círculos que en torno a Dios giran continuamente son la mente, el alma, la naturaleza y la materia. La mente angélica es un círculo estable; el alma, móvil por sí misma. La naturaleza se mueve en otros, pero no por otros; la materia no sólo en otros, sino también por otros es movida.

Mas ahora declararemos por qué a Dios nosotros lo llamamos centro, y por qué círculos a los otros cuatro. El centro es un punto del círculo, estable e indivisible; en donde muchas líneas divisibles y móviles van a su circunferencia en forma semejante. Esta circunferencia, que es divisible, no gira de otra manera en torno al centro, sino como un cuerpo redondo sobre un eje. Y es tal la naturaleza del centro que, aunque sea uno, indivisible y estable, sin embargo se encuentra en cada parte de muchas, más bien, de todas las líneas móviles y divisibles: puesto que en cada parte de cada línea está el punto.

Pero, como ninguna cosa puede ser tocada sino por su semejante, las líneas que van de la circunferencia hacia el centro no pueden tocar ese punto, sino con uno solo de sus puntos igualmente simple, único e inmóvil. ¿Quién negará que sea justo llamar a Dios el centro de todas las cosas? Considerando que es en todas las cosas del todo único, simple e inmóvil; y que todas las cosas que son producidas por él son múltiples, compuestas y de algún modo móviles; y como ellas salen de él, así también a semejanza de líneas o de circunferencias a él retoman. De tal modo la mente, el alma, la naturaleza y la materia, que de Dios proceden, se esfuerzan por igual de retornar hacia él; y desde todas partes con todo esmero lo circundan.

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