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martes, 5 de febrero de 2019

Theologia Moderna: Radici Filosofiche, Raíces Filosóficas, Racines Philosophiques, Philosophical Roots [Novedad Editorial] - P. Ignacio Andereggen

Theologia Moderna:
Radici Filosofiche, Raíces Filosóficas, Racines Philosophiques, Philosophical Roots
Pbro. Dr. Ignacio Andereggen


Novedad Editorial: en enero de 2019 fue publicado un nuevo libro del Padre Ignacio Andereggen. Contiene diecisiete escritos indispensables para comprender las Raíces Filosóficas de la corriente dominante de la Teología Moderna Contemporánea.


[CentroPieper] Los textos del libro “Theologia Moderna” del P. Andereggen son, según sus propias palabras en el Prefacio, «el fruto de reflexión teológica y filosófica no solamente teórica, sino también, en cierta manera, práctica. Se trata de un pensamiento desarrollado durante largos años, en interacción con diferentes ambientes culturales y eclesiales, especialmente universitarios, de Europa y de América, en situaciones que cambian rápidamente, pero que presentan rasgos comunes en sus raíces filosóficas y en sus consecuencias teológicas. Manifiestan el influjo determinante de ciertos autores, pero también la recepción común de las líneas principales de la corriente filosófica moderna dominante».

Sin dudas el estudio de las fuentes filosóficas de la corriente dominante de la Teología Moderna Contemporánea –que hunde sus raíces en el influjo del iluminismo y el idealismo, y especialmente en autores como Kant, Hegel y Heidegger–, permite la comprensión del pensamiento de teólogos tan relevantes como Rahner y Von Balthasar, y una orientación adecuada en la situación doctrinal de la Iglesia en la época moderna y contemporánea.

Por eso Andereggen no duda en afirmar, en esta magnífica obra de 426 páginas, que «la necesaria renovación y regeneración de la vida de la Iglesia en nuestros días requiere no solamente la edificación de una genuina Teología sobre las bases de la Escritura y la Tradición, sino también la comprensión de las fuerzas principales que producen las diferentes y recurrentes crisis de la cultura cristiana contemporánea. A tal comprensión pretenden contribuir los capítulos que siguen. Los escritos se presentan en los idiomas en los que fueron elaborados o traducidos, sea en forma de conferencias o de artículos. Los lectores interesados en estas temáticas seguramente hallarán útil su publicación en las expresiones originales».

Para quienes estén interesados en comprar el libro “Theologia Moderna” del P. Andereggen, podrán adquirirlo a través de “Amazon” en el siguiente enlace:
https://www.amazon.es/Theologia-Moderna-filosofiche-philosophiques-philosophical/dp/1794023615/ref=sr_1_7?ie=UTF8

Para hacernos una idea más adecuada del contenido de esta obra, echemos un vistazo a los títulos de los diecisiete capítulos que la componen:

jueves, 10 de mayo de 2018

Rahner se Aleja de Santo Tomás de Aquino Absolutamente en Todo - P. Jaime Mercant Simó

Rahner se Aleja de Santo Tomás de Aquino Absolutamente en Todo
P. Jaime Mercant Simó


Mercant Simó, en su último análisis sobre la obra de Rahner, dice que «es posible que la Iglesia no empiece a salir de la fortísima crisis que está padeciendo hasta que se condenen una serie abundante de proposiciones rahnerianas, tanto filosóficas, como teológicas». Este Sacerdote, Doctor en Estudios Tomísticos por la Universidad Abat Oliba CEU (Barcelona), se explaya en la entrevista que le realizara Javier Navascués y que reproducimos a continuación.


[InfoCatólica/Correspondencia Romana/Centro Pieper] Karl Rahner, considerado el padre de la “nueva teología”, ha hecho muchísimo daño a la recta Doctrina Católica y sus erradas concepciones teológicas y filosóficas, en las antípodas del Tomismo, se han esparcido lamentablemente en grandes sectores de la Iglesia perdurando su dañina influencia hasta nuestros días.

Un valiente Sacerdote Mallorquín, Mn. Jaime Mercant, párroco de tres Parroquias de la Isla, por amor a la Iglesia y a lo más sagrado que tiene, la verdad divina, ha estudiado a fondo la metafísica deformada de Karl Rahner y a ella ha dedicado una Tesis Doctoral. «La Metafísica del Conocimiento de Karl Rahner: análisis de “Espíritu en el mundo”» (Gerona: Documenta Universitaria, 2018). En la Tesis Doctoral, dirigida por el prestigioso Tomista Argentino Pbro. Dr. Ignacio Andereggen, obtuvo la máxima calificación: sobresaliente cum laude por unanimidad. Posteriormente la propia Universidad le concedió el Premio Extraordinario de Doctorado.

No es posible entender la situación de la Iglesia hoy prescindiendo del influjo, directo e indirecto, de Karl Rahner. Stefano Fontana lo calificó como «el teólogo que ha enseñado a la Iglesia a rendirse al mundo» [ver aquí: http://multiespacioelcamino.blogspot.com.ar/2018/02/la-nueva-iglesia-de-karl-rahner-el.html] y Mons. Giampaolo Crepaldi [ver aquí: http://fraternidadvidanueva.blogspot.com.ar/2018/05/la-teologia-de-karl-rahner-y-las.html] pintó un certero retrato de algunas consecuencias derivadas de su obra:

«La dogmática se convierte en historia de los dogmas; la pastoral precede a la doctrina; el pecado es sustituido por distintos niveles de bien; la relación iglesia-mundo está pensada en términos de igualdad o incluso de prioridad del mundo como lugar de la revelación y de la salvación; lo sagrado y lo profano son unificados y la laicidad se convierte también en el estilo de la Iglesia; los dogmas son desmitificados para hacerlos comprensibles al hombre secularizado de hoy; la secularización es vista no sólo como positiva e inspirada por el cristianismo sino como el contexto óptimo para una fe que parte del mundo; la metafísica es sustituida por la hermenéutica y la doctrina es historicizada y hecha nacer de la situación». 

domingo, 9 de octubre de 2016

Filosofía Convaleciente - Ignacio Sánchez Cámara

Filosofía Convaleciente
Dr. Ignacio Sánchez Cámara


El Dr. Ignacio Sánchez Cámara, ex-rector de la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” y nombrado este año [2016] académico correspondiente de la Academia Nacional Argentina de Ciencias Morales y Políticas, recensiona en este artículo -publicado originalmente en el diario ABC- dos libros de Gianni Vattimo. Y nos ofrece las pistas oportunas para advertir en que consiste, al menos hablando genéricamente, su «pensiero débole».


Gianni Vattimo, profesor de Filosofía en Turín y periodista de opinión, es uno de los más populares y destacados teóricos y defensores de la posmodernidad y del «pensamiento débil». Prescindiendo de la polisemia del término «modernidad», sus ideas centrales son el levantamiento del acta de defunción de la metafísica, la muerte de la verdad absoluta, la imposibilidad de encontrar un fundamento, el final de los metarrelatos o grandes discursos (Lyotard) y la apoteosis de cierta manera de entender la hermenéutica. 

De estos presupuestos extrae Vattimo consecuencias favorables para la democracia, la tolerancia y una teoría procedimental de la verdad que pretende soslayar el escollo del relativismo. Hacia el consenso democrático, a través del pensamiento débil. Y todo ello, siguiendo la estela del pensar de Nietzsche y Heidegger

El ensayo “Después de la cristiandad” [1], fragmentario como corresponde a la asumida debilidad del pensamiento, es un sugestivo y si no me equivoco, fallido intento de legitimar un cristianismo posmoderno. La muerte del fundamento entraña también la de las razones en favor del ateísmo, pues éste es también uno de los grandes discursos impertinentes. Si nada es verdad absoluta, tampoco lo puede ser la negación de la existencia de Dios. La muerte de la metafísica entraña la posibilidad de la resurrección del cristianismo. Occidente es identificado con un «cristianismo secularizado». El renacimiento de la religión en la época posmetafísica resulta teóricamente legítimo y permite replantear las relaciones entre filosofía y religión. Se trata, naturalmente, de un cristianismo sin dogmas, fruto del consenso entre los creyentes y basado sólo en la ética del amor. No faltan las críticas, por cierto poco débiles, al «autoritarismo» de la Iglesia Católica.

jueves, 26 de mayo de 2011

Esperanza - Josef Pieper

Esperanza
Josef Pieper


«Aun cuando me diera la muerte, esperaré en El»
(Iob 13, 15)


I. Acerca del Concepto de «Status Viatoris»


Cuando se habla del hombre como «peregrino en la tierra», del «peregrinaje» de la vida terrena, una especie de unción melodramática suele desvirtuar no sólo la seriedad y virilidad de esta expresión, sino también su fuerza como imperativo. Esas palabras no son ya el claro espejo de la realidad que deben en primer término reflejar. Su sentido originario queda encubierto por diversas resonancias de carácter estético e irresponsable; casi le oculta un velo de alusiones secundarias perturbadoras, cuyo falso sentimentalismo priva al hombre de hoy, y ante todo a la joven generación y quizá precisamente a los mejores de ella, del placer de encontrarse con la realidad última a que se alude en aquellas palabras.

Sin embargo, dicha expresión pertenece a los fundamentos de la humana existencia cristiana, pues el concepto de status viatoris es uno de los conceptos fundamentales de toda teoría cristiana de la vida.

Viator quiere decir el que está en camino, y status viatoris, el estado del ser que está en camino. El concepto opuesto correspondiente es el status comprehensoris. Quien ha captado, logrado, alcanzado, no es ya viator, sino comprehensor; la Teología ha tomado esta palabra de una carta de San Pablo: «Hermanos, yo no creo haber logrado (comprehendisse) aún el fin» (Epístola a los Filipenses 3, 13). Estar en camino, ser viator, quiere decir caminar hacia la felicidad; haber alcanzado, ser comprehensor, quiere decir poseer la felicidad. Con la palabra felicidad, sin embargo, se entiende ante todo la plenitud objetiva en el orden del ser, y sólo en segundo lugar la respuesta subjetiva a esta plenitud. Y dicha plenitud es la visión beatífica de Dios.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Nietzsche y la Consumación del Ateísmo - P. Francisco Leocata

Nietzsche y la Consumación del Ateísmo
P. Francisco Leocata


Material de lectura obligatoria para la decima Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Contemporáneo.


Con Schopenhauer se ha obrado en la filosofía moderna un cambio importante: lo metafísico del mundo no reside ya en el pensamiento sino en la tendencia, lo racional parece brotar de lo irracional.

F. Nietzsche tomará empuje de ese punto de partida, y lo llevará a sus últimas consecuencias. En los comienzos de su carrera es un brillante filólogo de la escuela de Ritschl.

Su libro sobre el «Origen de la tragedia» es en cierto modo la coronación y la emancipación de ese período. En ella está al germen de todo el pensamiento nietzscheano. Ve en el mundo griego una lucha entre al principio apolíneo y el dionisíaco. El primero, amante de la forma clara y esplendorosa, tiende a la perfección estática, al mundo ideal. El segundo, inquietud desbordante y embriagadora, mueve a la danza y empuja a la vida.

domingo, 22 de agosto de 2010

Fenomenología, Hermenéutica y Relativismo - P. Ignacio Andereggen

Fenomenología, Hermenéutica y Relativismo
Pbro. Dr. Ignacio Andereggen


Estimados:

Los invitamos a participar del octavo Café Filosófico del año, a realizarse el viernes 27 de Agosto a partir de las 19.30 hs. en el Multiespacio Cultural “El Camino”, sito en Av. Luro 4344 – 1º Piso, de nuestra ciudad de Mar del Plata.

El tema que convoca en esta oportunidad es “Fenomenología, Hermenéutica y Relativismo”, a cargo del Pbro. Dr. Ignacio Andereggen, en el marco del Curso sobre Historia del Pensamiento Contemporáneo que dicta el Centro Pieper este año, bajo el lema: “Pasión por la verdad”.

Los interesados pueden inscribirse directamente en “El Camino”, unos minutos antes del inicio del Café Filosófico.

Para mayor información, pueden llamar por teléfono al:
(0223) 495-0465 ó (0223) 154-36-3298.


jueves, 19 de agosto de 2010

Fenomenología, Hermenéutica y Relativismo - P. Ignacio Andereggen

Fenomenología, Hermenéutica y Relativismo
Pbro. Dr. Ignacio Andereggen


Material de lectura obligatoria para la octava Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Contemporáneo.


Se trata de captar uno de los mecanismos más profundos de la filosofía contemporánea, y que más determinan la situación de nuestra época, incluso en el campo teológico. Nos referiremos en primer lugar a Husserl, quien a su vez influye sobre Heidegger e indirectamente sobre la hermenéutica posterior. Veamos en primer lugar algunos textos de Husserl. En su obra “Fenomenología y teoría del conocimiento” desarrolla una amplia especulación acerca de los principios generales del conocimiento, de la conciencia, y de su aplicación a la psicología.

Digamos inmediatamente que la filosofía de Husserl retoma muy fielmente la construcción filosófica de Kant, aunque muchas veces trasponiendo los términos. En este sentido su filosofía es aparentemente rígida y nada relativista. Para Husserl hay una estrecha conexión entre la teoría del conocimiento y la fenomenología pura. La razón, en el modo de Kant, se contrapone a la sensibilidad, que decir a la facultad de la experiencia sensible y a la opinión común. Los enunciados de la sensibilidad son meramente subjetivos y mutan según el sujeto que juzga. Sin embargo los enunciados de la misma razón se presentan como también contradictorios . Husserl establece una especie de historia de la filosofía desde el punto de vista fenomenológico. En ella destaca, por ejemplo, que en la actitud escéptica de Gorgias se encuentran germinalmente los puntos de una filosofía trascendental. Refiriéndose a Descartes nos dice que la conciencia pura (del indudable yo pienso) no debería ser concebida como conciencia del sentido natural, de la mente o del ánimo o del intelecto, como hizo el filósofo francés, siendo incoherente con el sentido profundo en el que se apoyaba su método de la duda. Dice Husserl literalmente "como sea, este yo (ego) no es el ser humano en el mundo, porque éste, con su corporeidad, está puesto como inexistente".

Husserl afirma que es difícil poner a Kant entre los psicologistas. Hay una necesidad, sin embargo, de abandonar el terreno naturalístico y los límites kantianos del problema del conocimiento. Según Husserl la gnoseología es ingenua y lo mismo hay que decir de la lógica. “Esta ingenuidad se pierde cuando la reflexión sobre la conciencia cognoscente no se limita, al modo de la psicología (también ella "ingenua") a considerar las diversas vivencias del conocer como procesos naturales reales, como hacen las ciencias de la naturaleza, sino que refiriendo estas vivencias a un ser objetivo y una verdad objetiva es perturbada por problemas relativos "a la posibilidad del conocimiento"”. Según el filósofo moravo la crítica de la razón pura está hecha de intuiciones grandiosas pero confusas de las verdades más profundas .

martes, 18 de mayo de 2010

Pensamiento Existencial y Existencialismo: Heidegger y Sartre - Claudio Mayeregger

Pensamiento Existencial y Existencialismo: Heidegger y Sartre
Lic. Claudio Mayeregger


Estimados:

Los invitamos a participar del tercer Café Filosófico del año, a realizarse el próximo sábado 22 de Mayo a partir de las 10 de la mañana en Multiespacio Cultural “El Camino”, sito en Av. Luro 4344 – 1º Piso, de nuestra ciudad de Mar del Plata.

El tema que convoca en esta oportunidad es “Pensamiento existencial y existencialismo: Heidegger y Sartre”, a cargo del Lic. Claudio Mayeregger, quien continúa así el ciclo de Pensamiento Contemporáneo que dicta el Centro Pieper bajo el lema: “Pasión por la verdad”.


*   *   *


Sobre el Bicentenario: reprogramación

El Centro Pieper de Mar del Plata ofrece también un ámbito de reflexión sobre lo que se ha dado en llamar el “Bicentenario”. Para esto, a reprogramado -por razones ajenas al Centro- para el Jueves 3, Viernes 4 y Sábado 5 de Junio, en el Centro Educativo FASTA Mar del Plata, el Seminario que el Dr. Enrique Díaz Araujo brindará sobre “Mayo Revisado”, en relación a la Semana de Mayo de 1810.

Para mayor información, pueden llamar por teléfono al (0223) 495-0465;
ó (0223) 154-36-3298 / 155-03-4406.

O pueden escribir al siguiente correo electrónico:

El Ser y la Nada. Introducción - Jean Paul Sartre

El Ser y la Nada
Introducción
Jean Paul Sartre


Material de lectura obligatoria para la tercera Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Contemporáneo.


En busca del Ser


I. La idea de fenómeno

El pensamiento moderno ha realizado un progreso considerable al reducir lo existente a la serie de las apariciones que lo manifiestan. Se apuntaba con ello a suprimir cierto número de dualismos que causaban embarazo a la filosofía, y a reemplazarlos por el monismo del fenómeno. ¿Se ha logrado hacerlo?.

Cierto es que se ha eliminado en primer lugar ese dualismo que opone en lo existente lo interior a lo exterior. Ya no hay un exterior de lo existente, si se entiende por ello una piel superficial que disimularía a la mirada la verdadera naturaleza del objeto. Y esta verdadera naturaleza, a su vez, si ha de ser la realidad secreta de la cosa, que puede ser presentida o supuesta pero jamás alcanzada porque es «interior» al objeto considerado, tampoco existe. Las apariciones que manifiestan lo existente no son ni interiores ni exteriores: son equivalentes entre si, y remiten todas a otras apariciones, sin que ninguna de ellas sea privilegiada. La fuerza, por ejemplo, no es un conato metafísico y de especie desconocida que se enmascararía tras sus efectos (aceleraciones, desviaciones, etc.); no es sino el conjunto de estos efectos. Análogamente la corriente eléctrica no tiene un reverso secreto: no es sino el conjunto de las acciones físico-químicas (eléctricas, incandescencia de un filamento de carbono, desplazamiento de la aguja del galvanómetro, etc.) que la manifiestan. Ninguna de estas acciones basta para revelarla. Pero tampoco apunta hacia algo que esté demís de ella, sino que apunta hacia sí misma y hacia la serie total. Se sigue de ello, evidentemente, que el dualismo del ser y el aparecer tampoco puede encontrar derecho de ciudadanía en el campo filosófico. La apariencia remite a la serie total de las apariencias y no a una realidad oculta que habría drenado para si todo el ser de lo existente. Y la apariencia, por su parte, no es una manifestación inconsistente de ese ser. Mientras ha podido creerse en las realidades nouménicas, la apariencia se ha presentado como algo puramente negativo. Era «lo que no es el ser»; no tenia otro ser que el de la ilusión y el error. Pero este mismo ser era un ser prestado; consistía en una falsa apariencia, y la máxima dificultad que podía encontrarse era la de mantener con suficiente cohesión y existencia a la apariencia para que no se reabsorbiera por si misma en el seno del ser no-fenoménico. Pero, si nos hemos desprendido de una vez de lo que Nietzsche llamaba «la ilusión de los trasmundos», y si ya no creemos en el ser-por-detrás-de-la-aparición esta se torna, al contrario, plena positividad, y su esencia es un «parecer» que no se opone ya al ser, sino que, al contrario, es su medida. Pues el ser de un existente es, precisamente, lo que parece. Así llegamos a la idea de fenómeno, tal como puede encontrarse, por ejemplo, en la «fenomenología» de Husserl o de Heidegger: el fenómeno o lo relativo-absoluto. Relativo sigue siendo el fenómeno, pues el «aparecer» supone por esencia alguien a quien aparecer. Pero no tiene la doble relatividad de la Erscheinung kantiana. El fenómeno no indica, como apuntando por sobre su hombro, un ser verdadero que tendría, él sí, carácter de absoluto. Lo que el fenómeno es, lo es absolutamente, pues se devela como es. El fenómeno puede ser estudiado y descrito en tanto que tal pues es totalmente indicativo de sí mismo.

Al mismo tiempo cae la dualidad de la potencia y el acto. Todo esta en acto. Tras el acto no hay ni potencia, ni «exis», ni virtud. Nos negaremos, por ejemplo a entender por «genio» -en el sentido en que se dice de Proust que «tenia genio» o que «era» un genio- una potencia singular de producir ciertas obras, potencia que no se agotaría precisamente en la producción de las mismas. El genio de Proust no es ni la obra considerada aisladamente ni el poder subjetivo de producirla: es la obra considerada como el conjunto de las manifestaciones de la persona. Por eso, en fin, podemos rechazar igualmente el dualismo de la apariencia y la esencia. La apariencia no oculta la esencia, sino que la revela: es la esencia.

lunes, 17 de mayo de 2010

Ser y Tiempo. Introducción - Martin Heidegger

Ser y Tiempo
Introducción
Martin Heidegger


Material de lectura obligatoria para la tercera Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Contemporáneo.


Exposición de la pregunta por el sentido del ser


Capítulo Primero: 
Necesidad, estructura y primacía de la pregunta por el ser


§ 1. Necesidad de una repetición explícita de la pregunta por el ser

Hoy esta pregunta ha caído en el olvido, aunque nuestro tiempo se atribuya el progreso de una reafirmación de la “metafísica”. Pese a ello, nos creemos dispensados de los esfuerzos para volver a desencadenar una γιγαντοδμαχία περί τῆς οὐσίας. Sin embargo, esta pregunta no es una pregunta cualquiera. Ella mantuvo en vilo la investigación de Platón y Aristóteles, aunque para enmudecer desde entonces —como pregunta temática de una efectiva investigación. Lo que ellos alcanzaron se mantuvo, a través de múltiples modificaciones y “retoques”, hasta la Lógica de Hegel. Y lo que, en el supremo esfuerzo del pensar, le fuera antaño arrebatado a los fenómenos, si bien fragmentaria e incipientemente, se ha convertido desde hace tiempo en una trivialidad.

No sólo eso. Sobre la base de los comienzos griegos de la interpretación del ser, llegó a constituirse un dogma que no sólo declara superflua la pregunta por el sentido del ser, sino que, además, ratifica y legitima su omisión. Se dice: el concepto de “ser” es el más universal y vacío. Como tal, opone resistencia a todo intento de definición. Este concepto universalísimo y, por ende, indefinible, tampoco necesita ser definido. Todo el mundo lo usa constantemente y comprende ya siempre lo que con él quiere decir. De esta manera, lo que estando oculto incitaba y mantenía en la inquietud al filosofar antiguo, se ha convertido en algo obvio y claro como el sol, hasta el punto de que si alguien insiste en preguntar aún por ello, es acusado de error metodológico.

Al comienzo de esta investigación no es posible discutir en detalle los prejuicios que constantemente suscitan y alimentan la convicción de que no es necesario preguntar por el ser. Ellos hunden sus raíces en la ontología antigua misma. Ésta, por su parte, sólo podrá ser adecuadamente interpretada —en lo que respecta al terreno de donde han brotado sus conceptos ontológicos fundamentales, y a la justeza de la legitimación y del número de las categorías— siguiendo el hilo conductor de la aclaración y respuesta de la pregunta por el ser. Llevaremos, pues, la discusión de estos prejuicios tan sólo hasta el punto en que pueda verse la necesidad de una repetición de la pregunta por el sentido del ser. Estos prejuicios son tres:

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Josef Pieper y el Humanismo Tomista - P. Abelardo Lobato

Josef Pieper y el Humanismo Tomista
P. Fray Dr. Abelardo Lobato, O.P.


Josef Pieper llegó al final de su fecunda existencia hace tres años, el 6 de noviembre de 1997, en Münster, Westfalia. Dejó tras sí una larga estela de admiración, de reconocimiento, tanto a su persona cuanto a su ingente producción literaria. El homenaje que le tributaron sus discípulos en el año 1994, al cruzar el umbral de los 90 años, fue elocuente. Más de 600 intelectuales de todos los continentes se dieron cita en Münster para venerar a un maestro. Le admiraron sobre todo los jóvenes que perciben la miseria de la cultura presente y la urgencia de dar respuesta a los retos que plantea el tercer milenio a las puertas.

Pieper es un ejemplo de pensador cristiano. Está muy por encima de la seducción del presente que a tantos arrastra. Él se apoya en la tradición ya consolidada del pasado, pero no para repetirla sino para dar un salto hacia delante. Su recia personalidad deja un impacto positivo que las generaciones de jóvenes estudiosos saben apreciar. Juan Pablo II se ha unido a ese homenaje de los estudiosos por medio de una carta de felicitación por la lección de vida y de pensamiento que nos ha dado. El Papa le elogia porque ha sabido insertar su pensamiento en la rica tradición del pensar cristiano y ha tenido en cuenta al gran maestro Tomás de Aquino. “Ha puesto a los jóvenes en contacto con el rico patrimonio de la filosofía cristiana. El pensar de su propio maestro Santo Tomás de Aquino, de cuya obra polifacética supo como ningún otro, extraer tantas enseñanzas de una manera desacostumbrada, llegó a ser para las generaciones más jóvenes un instrumento, que en base a la imagen cristiana del hombre, es apto para penetrar en la realidad del tiempo y de la eternidad. De esa manera les ha comunicado una sólida base existencial. Y ha orientado todo su esfuerzo filosófico únicamente al servicio de la verdad, que se encuentra en Jesucristo” [1].

El discípulo de Tomás tiene clara esta conexión entre el pensar y el ser, entre el entender y la verdad. Tiene sin duda su interés el saber lo que los hombres han pensado, pero en buena parte eso no perfecciona nuestro entendimiento. Sólo la verdad de lo que han pensado tiene el don de contribuir a nuestra perfección. Sólo la verdad tiene una fuerza invencible. El maestro es el que lleva a la verdad. En este homenaje a un ilustre pensador que ha elegido la escuela de Tomás yo me limito a evocar su lección de humanismo, en tres instancias: Cómo leer hoy a Tomás de Aquino, cómo a través de su ejemplo, ser en verdad un pensador cristiano, cómo forjar el humanismo del tercer milenio desde el cultivo de las virtudes.

viernes, 13 de febrero de 2009

La Verdad de las Cosas, un Concepto Olvidado - Josef Pieper

La Verdad de las Cosas, un Concepto Olvidado
Josef Pieper


Publicado en «Revista Universitas», Stuttgart, vol. VII, nº. 4, 1970.


Si se pasa revista a cualquier libro filosófico de la época actual, casi con toda seguridad no se encontrará ni el concepto ni siquiera la expresión “verdad de las cosas”. Esto no es casual: en la generalidad del pensamiento filosófico de nuestro tiempo, no existe lugar para ese concepto; por así decirlo, “no está previsto”. Ser verdad es algo que se puede decir de pensamiento y de ideas, de frases y de opiniones, pero no de cosas. Nuestro juicio sobre la realidad puede ser verdadero (o también falso), pero calificar las realidades mismas —las “cosas”— de verdaderas es algo que nos parece absurdo y carente de sentido: ¡las cosas son reales, pero no “verdaderas”! Si se considera este hecho desde el punto de vista histórico, se ve que se trata de algo más que una simple renuncia a la utilización de un determinado concepto o de un término concreto. No se trata simplemente de una ausencia por así decirlo “neutral”, o de una forma particular de ver las cosas. Antes bien, esta no utilización y esta ausencia del concepto “verdad de las cosas”, son el resultado de un largo proceso de presiones y fraudes: o sea, para decirlo de forma algo menos agresiva, de un proceso de eliminación.

En la gran tradición de la Filosofía Occidental —cuyos representantes son, entre otros, Pitágoras y Platón, pero también Aristóteles, San Agustín y Santo Tomás de Aquino, si atendemos a los dos milenios que se extienden entre el siglo sexto antes de Jesucristo y el comienzo de la “Edad Moderna”—, durante esa larga y fundamental época a que acostumbramos a calificar como “Renacimiento” (siglos XV y XVI), el concepto “verdad de las cosas” fue algo importante e incluso básico, tomándose como raíz de la comprensión de la realidad, a pesar de que en todos los tiempos parece haber sido bastante difícil aprehenderlo plenamente (ya en el siglo XI topamos con esta queja: “La verdad que radica en las propias cosas es algo sobre lo que recapacitan sólo unos pocos”. Así se expresa Anselmo de Canterbury, en su “Diálogo sobre la verdad”). Ni en la Antigüedad ni en la Edad Media se encuentra apenas una gran obra de contenido metafísico en la que el concepto “Verdad de las cosas” no ocupe un lugar central. Por encima de todo, fue Platón quien dijo que la verdad es lo mejor —“to áriston”—, lo más noble de las cosas. Y los grandes maestros de la Edad Media, en especial Santo Tomás de Aquino —a quien se puede calificar justamente como el último “magister” que tuvo la todavía no dividida Cristiandad Occidental y cuya actualidad permanece prácticamente inagotada— desarrolló unos conceptos muy diferenciados para conceder el lugar debido a las ideas acerca de la verdad de las cosas, o acerca de la verdad ontológica (así se designa en la mayoría de los casos); y de ahí que probablemente sería oportuno hablar de la verdad “óntica”, diferenciándola de la verdad lógica o cognoscitiva.

En la Edad Moderna —es decir, en el tiempo que se extiende desde principios del siglo XV hasta aproximadamente la época de Immanuel Kant—, el concepto de verdad de las cosas sufrió dos reveses: por una parte, el rechazo expreso polémico de este concepto; y por otra, la aparición de algunos otros principios metafísicos fundamentales íntimamente relacionados con aquél. La mayor parte de los filósofos del llamado Humanismo (siglos XV y XVI) afirmaron simplemente que era absurdo —no propiamente “falso”, sino sencillamente carente de todo sentido— decir que las cosas son verdaderas, no habiendo razón alguna para dar a ello un sentido discutible. Francis Bacon y Thomas Hobbes, Descartes y Spinoza, todos ellos son de esta opinión. Hobbes califica la doctrina sobre la verdad de las cosas de vacía y pueril. Spinoza dice, que tal concepto sólo podría admitirse en cuanto forma de hablar “puramente retórica”, pues no se puede hablar de ese tipo de pretensión con un exacto significado comprensible: quien califica las cosas de “verdaderas” actúa “como si”, toma las cosas como si pudiesen hablar, cuando en realidad son naturalmente mudas. Nos volveremos a ocupar más adelante sobre esta fórmula “las cosas son mudas”, brevemente, ya que es rica en consecuencias.

Además del rechazo claro y polémicamente formal, sobre el término “verdad de las cosas” incidió una segunda contingencia, en realidad la peor y más peligrosa. Me refiero a lo siguiente: el concepto, o mejor, el término “verdad de las cosas” fue conservado y mantenido en lo externo, pero al mismo tiempo era realmente falsificado y en todo caso desposeído de su significado originario: con la consecuencia completamente previsible de la pérdida forzosa de su fuerza delimitadora de la realidad, de su profundidad y de su interés. Esto es lo que pasó, sobre todo, en la Filosofía de las escuelas del siglo XVII y en la llamada Filosofía de la Ilustración del siglo XVIII; por lo demás, la Ilustración se entendió a sí misma o se presentó falsamente como continuadora de la Gran Tradición; Christian Wolff, por ejemplo, afirmó acerca de sí mismo estar mucho más en la línea de Santo Tomás de Aquino que en la de Leibniz.

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