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lunes, 24 de junio de 2024

La Analogía y el Conocimiento Humano de Dios en Santo Tomás de Aquino - Héctor Delbosco

La Analogía y el Conocimiento Humano de Dios en Santo Tomás de Aquino
Héctor Delbosco


Octava Conferencia [Modalidad Virtual] del XVIII Curso Anual 2024 del Centro Pieper titulado “«¡Nada más que Tú, Señor!» (Non nisi Te, Domine) - Legado de Santo Tomás de Aquino, a 750 años de su muerte”.


[Centro Pieper] El Centro de Humanidades Josef Pieper de Mar del Plata (Argentina), tiene el agrado de invitarlos a participar de la transmisión de la Conferencia del Dr. Héctor Delbosco titulada “La Analogía y el Conocimiento Humano de Dios en Santo Tomás de Aquino”

Esta Conferencia se transmitirá en vivo el próximo viernes 28 de Junio a partir de las 19:30hs de Argentina / 00:30hs de España. 

Podrá ser vista gratuitamente por el Canal de YouTube del Centro Pieper en el siguiente enlace:


O a través de la pantalla que se encuentra a continuación: 


¿Te la vas a perder?

viernes, 30 de septiembre de 2022

Orígenes: el Pensamiento [07] - Benedicto XVI

Orígenes: el Pensamiento
[Padres de la Iglesia 07]
Benedicto XVI


Audiencia General correspondiente al miércoles 2 de Mayo de 2007, continuando así su Ciclo de Catequesis sobre los Padres de la Iglesia.


[CP] La catequesis del miércoles pasado estuvo dedicada a la gran figura de Orígenes, doctor alejandrino que vivió entre los siglos II y III. En esa catequesis, hablamos de la vida y la producción literaria de este gran maestro alejandrino, encontrando en la “triple lectura” que hacía de la Biblia el núcleo inspirador de toda su obra. No traté —para retomarlos hoy— dos aspectos de la doctrina de Orígenes, que considero entre los más importantes y actuales: me refiero a sus enseñanzas sobre la oración y sobre la Iglesia.

En realidad, Orígenes, autor de un importante tratado “Sobre la oración”, siempre actual, mezcla constantemente su producción exegética y teológica con experiencias y sugerencias relativas a la oración. A pesar de toda la riqueza teológica de su pensamiento, nunca lo desarrolla de modo meramente académico; siempre se funda en la experiencia de la oración, del contacto con Dios. En su opinión, para comprender las Escrituras no sólo hace falta el estudio, sino también la intimidad con Cristo y la oración. Está convencido de que el camino privilegiado para conocer a Dios es el amor, y de que no se puede conocer de verdad a Cristo sin enamorarse de él.

En la Carta a Gregorio, Orígenes recomienda: “Dedícate a la lectio de las divinas Escrituras; aplícate a ella con perseverancia. Comprométete en la lectio con la intención de creer y agradar a Dios. Si durante la lectio te encuentras ante una puerta cerrada, llama y te la abrirá el guardián, de quien Jesús dijo: «El guardián se la abrirá». Aplicándote de este modo a la lectio divina, busca con lealtad y confianza inquebrantable en Dios el sentido de las divinas Escrituras, que en ellas se encuentra oculto con gran amplitud. Ahora bien, no te contentes con llamar y buscar: para comprender los asuntos de Dios tienes absoluta necesidad de la oración. Precisamente para exhortarnos a la oración, el Salvador no sólo nos dijo: «buscad y hallaréis», y «llamad y se os abrirá», sino que añadió: «Pedid y recibiréis»” (Carta a Gregorio, 4).

sábado, 22 de enero de 2022

Presentación del Libro «Mitos, Dogmas y Epopeyas» - Agustín Monteverde

Presentación del Libro «Mitos, Dogmas y Epopeyas»
Agustín Monteverde


Transmisión en vivo por el canal del Centro Pieper en YouTube.


[CP] El Centro de Humanidades Josef Pieper de Mar del Plata (Argentina), tiene el agrado de invitarlos a participar de la transmisión en vivo de la “Presentación del Libro «Mitos, Dogmas y Epopeyas»” a cargo de su Autor, el Economista Agustín Monteverde el próximo jueves 27 de enero a partir de las 19hs (de Argentina).

Este libro es un apasionante relato sobre la historia del hombre en relación a la ciencia y la fe, y aborda los casos más destacados de antagonismos y convergencias entre ellas. En una exposición atrapante, Monteverde desarrolla los diferentes argumentos y contraargumentos lógicos, ontológicos y cosmológicos que diferentes pensadores de la historia han aportado sobre la existencia de Dios, para llevarnos luego de viaje por la epistemología. Es que el objeto de esta travesía intelectual ocupa el centro mismo de la discusión humana. Como afirma el físico John Polkinghorne, de la Universidad de Cambridge, “la cuestión de la existencia de Dios es la pregunta más importante que enfrentamos sobre la naturaleza de la realidad”. En el mismo sentido, el célebre historiador Paul Johnson sostuvo que “es lo más importante que los humanos siempre hemos estado llamados a responder”.

El destacado sacerdote argentino P. Juan José Sanguineti, referente del Pensamiento Tomista a nivel nacional e internacional, se ha referido a este libro señalando que le parece “excelente” y que “contiene mucha información científica y de filosofía de la ciencia, y de historia de la ciencia. Es agradable de leer. Y las relaciones fe-ciencia están muy bien enfocadas. Además es equilibrado. Seguro que hará mucho bien”.

Esta presentación podrá ser vista gratuitamente por el Canal del Centro Pieper en YouTube en el siguiente enlace:


O a través de la pantalla que se encuentra a continuación: 


¿Te la vas a perder?

lunes, 2 de marzo de 2015

Josef Pieper, la Belleza y la Poesía - Jorge N. Ferro

Josef Pieper, la Belleza y la Poesía
Dr. Jorge N. Ferro


Intentaremos aquí una aproximación a la obra de Josef Pieper desde las letras, de modo que, escudados alegremente en esto, nos tomaremos una serie de licencias que los severísimos filósofos sabrán disculpar y tolerar.

Y la primer cosa que salta a la vista, para un lector ingenuo, en cuanto a Pieper y su relación con la belleza, es que ésta se halla presente en su propio estilo, en su misma obra en cuanto tal. Hay una preocupación por que se cumpla aquella sentencia de “el esplendor de la verdad”: él presenta la verdad bella y claramente, y hace alusión y recurre a los grandes textos poéticos, constantemente. Para poner un solo ejemplo, en su tratado sobre la Prudencia va a tomar un texto de Paul Claudel, de la quinta de sus «Cinco Grandes Odas», y cita aquel pasaje donde el poeta dice: “la prudencia es al norte de mi alma como la proa inteligente que conduce todo el navío” [1]. Es decir, comprobamos fácilmente esta constante recurrencia a los textos poéticos y el gusto porque resplandezca la verdad que está presentando, porque resplandezca estilísticamente esta verdad.

Y esto en un tiempo en el que en los estudios de humanidades en general predomina muchas veces un lenguaje oscuro, deliberadamente oscuro. Sobre lo cual Pieper tiene palabras duras; no dejará de denunciar este fenómeno. Por ejemplo, en su «Defensa de la Filosofía», donde dice entre otras cosas: [...] “la dificultad de leer un libro filosófico depende con frecuencia, como todo el mundo sabe, únicamente de abuso del lenguaje, de modo que lo que pone obstáculos es el lenguaje y nada más que el lenguaje” [2].

Es decir que el lenguaje, que tendría que ser el ámbito de patencia de la verdad, translúcido, se convierte en una realidad opaca, que aleja de las cosas. Se referirá también Pieper a esa “terminología individual arbitraria” [3] que tiene tanta vigencia en numerosos contemporáneos nuestros que se dedican a las humanidades. Y el texto este de Pieper sobre la oscuridad deliberada nos trae a la memoria otro de un autor indudablemente menor, en un libro bastante cuestionable en muchos aspectos, pero que plantea esto casi en los mismos términos. Nos referimos a J. F. Revel, en su libro «El conocimiento inútil». Hablando de las modas intelectuales de nuestro tiempo, sostiene Revel que es elemento esencial a una moda intelectual el hecho de sustituir “las dificultades reales de la investigación científica”, es decir las dificultades que presenta el objeto estudiado, “por las dificultades artificiales de un estilo oscuro, precioso y pedante, que procura a sus lectores y a sus auditores, al mismo tiempo, la ilusión de hacer un esfuerzo y la satisfacción de creerse iniciados en un pensamiento particularmente arduo” [4]. O sea que hay una facilidad de hecho y una dificultad aparente; hay un vocabulario “iniciático’, dice, y un “elitismo de masas”.

viernes, 19 de julio de 2013

Sólo el que Conoce a Dios Conoce al Hombre - Romano Guardini

Sólo el que Conoce a Dios Conoce al Hombre
Romano Guardini


Traducción directa del alemán a cargo de Enrique Cassagne
Especial para el Centro Pieper


Al decir de Guardini, 
toda su Antropología está contenida en esta conferencia.


La pregunta

El conocimiento que el hombre tiene de sí mismo depende del conocimiento que tiene de Dios; su saber sobre sí mismo depende de los pensamientos con los que piensa en Dios. ¿Cómo es esto? ¿Cómo se funda un conocimiento en el otro? Esta pregunta es decisiva: de su respuesta depende, simplemente, todo.


Materialismo e idealismo

Se encuentra la imagen del hombre del "materialismo". Se constituyó en el transcurso de la Revolución Francesa, se desarrolló durante el siglo XIX y determina hoy el pensamiento totalitario. Para ella sólo hay "materia". La materia era desde siempre y, en razón de sus leyes esenciales, se puso en movimiento. Así se ha llegado desde la materia inerte hasta la vida orgánica, desde la orgánica a la psíquica, y de ésta a la espiritual. Si fuera posible retornar a lo último, todo podría deducirse de las propiedades de la materia (así como un químico puede reducir una combinación a sus elementos componentes y a determinadas condiciones de experiencia). Para el materialismo entonces, el hombre resulta no ser más que una combinación material compleja.

A esta imagen se opone la "idealista", desarrollada por los grandes sistemas de los siglos XVIII y XIX. Según ella, lo primero y propio es el "Espíritu", mejor dicho, el "Espíritu Absoluto" o "Espíritu del Mundo". Primero estuvo atado y mudo, pero quiere por sí mismo hacerse poderoso. Así genera la materia. En su permanente enfrentamiento con ella va conformando "el mundo" hasta que finalmente llega, en el hombre, a tener conciencia de sí mismo. El espíritu eterno subyace al hombre y constituye su esencia. En él todo encuentra su sentido.

viernes, 25 de febrero de 2011

La “Justicia” en Josef Pieper

La “Justicia” en Josef Pieper
Estudio Comunitario con Mesa de Libros, Documentos y Autores


Estimados:

Los invitamos a participar del segundo Studium –Estudio Comunitario– del Centro Pieper, a realizarse el próximo martes 1 de Marzo a partir de las 18.30 hs. en el Centro Educativo FASTA, sito en Gascón 3145, de nuestra ciudad de Mar del Plata.

El tema que convoca en esta oportunidad es “La virtud de la Justicia según Josef Pieper”, continuando así el Estudio Comunitario con Mesa de Libros, Documentos y Autores que coordina el Centro Pieper bajo el lema: “Pasión por la verdad”.

viernes, 28 de enero de 2011

Prudencia - Josef Pieper

Prudencia
Josef Pieper


«Si tu ojo es sencillo, tu cuerpo entero se inundará de luz» (Mt 6, 22)


I. La primera de las Virtudes Cardinales


La prudencia, «madre» de las virtudes morales

De entre los diferentes principios que informan la doctrina clásico-cristiana de la vida, ninguno producirá tan viva extrañeza al hombre de nuestros días, sin excluir al cristiano, como éste que enunciamos a continuación: que la virtud de la prudencia es la «madre» y el fundamento de las restantes virtudes cardinales: justicia, fortaleza y templanza; que, en consecuencia, sólo aquel que es prudente puede ser, por añadidura, justo, fuerte y templado; y que, si el hombre bueno es tal, lo es merced a su prudencia.

La extrañeza nos sobrecogería más hondamente aún si percibiéramos el grave rigor con que ese principio está mentado. Pero la rutina nos ha ido habituando a no ver más que una alegoría en cualquier especie de orden jerárquico de magnitudes espirituales y morales, máxime si se trata de virtudes; en cualquier caso, algo que en el fondo es inútil. Poco nos importa saber cuál de las cuatro virtudes cardinales haya de ser la que resulte merecedora del «primer premio» en este certamen de jerarquía que los teólogos «escolásticos» tuvieron a bien organizar.

Pero es el caso que en la citada primacía de la prudencia sobre las restantes virtudes descansa nada más y nada menos que la integridad de orden y estructura de la imagen cristiano-occidental del hombre. El principio de la primacía de la prudencia refleja, mejor quizá que ningún otro postulado ético, la armazón interna de la metafísica cristiano-occidental, globalmente considerada; a saber: que el ser es antes que la verdad y la verdad antes que el bien. Y, por si esto fuera poco, en él se nos devuelve, como en un bruñido espejo, un postrer destello del misterio que guarda el puesto más central de la teología cristiana: el que nos dice que el Padre es el origen creador del Verbo Eterno, y que el Espíritu Santo procede del Padre y del Verbo.

martes, 18 de enero de 2011

«Experiencia» - Josef Pieper

«Experiencia»
Josef Pieper


La frase relativamente agresiva (y de seguro formulada con esa intención) «no hay otro camino que el de la experiencia para conocer íntimamente las cosas» puede entenderse en un sentido por completo aceptable. En todo caso, no tiene objeto ni merece la pena obstinarse en defender el carácter «filosófico» de las múltiples formas ensayísticas o sistematizadoras de un pensamiento meramente especulativo-constructivo.

Por otra parte, es un error mucho más frecuente de lo que se cree el considerar esa frase acerca de la experiencia como frase experimental, o sea nacida a su vez de la experiencia. Esto aparece claro en seguida, si no a primera vista. Quien la sostiene como verdad admite por ello mismo que nuestras convicciones básicas se apoyan necesariamente -y con entera legitimidad- en algo más que la experiencia, aunque también, por supuesto, en esta última.

¿Qué significa «experiencia»? Me atrevo a sugerir la siguiente respuesta provisional: Experiencia es conocimiento en razón de un contacto directo con la realidad. Este contacto se da -casi nadie lo pone ya en duda- no sólo (aunque sí principalmente) en la percepción sensorial, donde, como se dice en el primer párrafo de la Crítica de la razón pura, los objetos realmente «tocan nuestros sentidos». En efecto, «experimentamos» algo no sólo cuando nuestra mano palpa lo tangible o nuestros ojos ven lo manifiesto. Todo el hombre corporal es el reflector infinitamente diferenciado y sensible de ese contacto con la realidad y, como tal, un único órgano de posible experiencia.

lunes, 17 de mayo de 2010

Ser y Tiempo. Introducción - Martin Heidegger

Ser y Tiempo
Introducción
Martin Heidegger


Material de lectura obligatoria para la tercera Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Contemporáneo.


Exposición de la pregunta por el sentido del ser


Capítulo Primero: 
Necesidad, estructura y primacía de la pregunta por el ser


§ 1. Necesidad de una repetición explícita de la pregunta por el ser

Hoy esta pregunta ha caído en el olvido, aunque nuestro tiempo se atribuya el progreso de una reafirmación de la “metafísica”. Pese a ello, nos creemos dispensados de los esfuerzos para volver a desencadenar una γιγαντοδμαχία περί τῆς οὐσίας. Sin embargo, esta pregunta no es una pregunta cualquiera. Ella mantuvo en vilo la investigación de Platón y Aristóteles, aunque para enmudecer desde entonces —como pregunta temática de una efectiva investigación. Lo que ellos alcanzaron se mantuvo, a través de múltiples modificaciones y “retoques”, hasta la Lógica de Hegel. Y lo que, en el supremo esfuerzo del pensar, le fuera antaño arrebatado a los fenómenos, si bien fragmentaria e incipientemente, se ha convertido desde hace tiempo en una trivialidad.

No sólo eso. Sobre la base de los comienzos griegos de la interpretación del ser, llegó a constituirse un dogma que no sólo declara superflua la pregunta por el sentido del ser, sino que, además, ratifica y legitima su omisión. Se dice: el concepto de “ser” es el más universal y vacío. Como tal, opone resistencia a todo intento de definición. Este concepto universalísimo y, por ende, indefinible, tampoco necesita ser definido. Todo el mundo lo usa constantemente y comprende ya siempre lo que con él quiere decir. De esta manera, lo que estando oculto incitaba y mantenía en la inquietud al filosofar antiguo, se ha convertido en algo obvio y claro como el sol, hasta el punto de que si alguien insiste en preguntar aún por ello, es acusado de error metodológico.

Al comienzo de esta investigación no es posible discutir en detalle los prejuicios que constantemente suscitan y alimentan la convicción de que no es necesario preguntar por el ser. Ellos hunden sus raíces en la ontología antigua misma. Ésta, por su parte, sólo podrá ser adecuadamente interpretada —en lo que respecta al terreno de donde han brotado sus conceptos ontológicos fundamentales, y a la justeza de la legitimación y del número de las categorías— siguiendo el hilo conductor de la aclaración y respuesta de la pregunta por el ser. Llevaremos, pues, la discusión de estos prejuicios tan sólo hasta el punto en que pueda verse la necesidad de una repetición de la pregunta por el sentido del ser. Estos prejuicios son tres:

viernes, 29 de enero de 2010

«Obrar la Verdad» - Josef Pieper

«Obrar la Verdad»
Josef Pieper


La prudencia, como base formal y «madre» de todas las virtudes humanas, es el troquel delicado pero firme de nuestro espíritu, que moldea el conocimiento de la realidad transformándola en ejecución del bien. Encierra en sí la humildad del escuchar silencioso, es decir imparcial, la íntima fidelidad de la memoria, el arte de dejarse informar de algo, la serenidad ante lo inesperado. La prudencia es gravedad pausada y, por decirlo así, filtro de la reflexión, a la par que audacia frente a lo definitivo del decidir. Denota nitidez, rectitud, apertura, imparcialidad de ánimo por encima de todos los enredos y utilitarismos únicamente «tácticos».

La prudencia es, como escribe Paul Claudel, la «sabia proa» de nuestra idiosincracia orientada a la perfección en la diversidad de lo finito.

En la virtud de la prudencia se cierra y sujeta el anillo de la vida activa de modo perfecto: al captar la realidad, el hombre interviene en ella, realizándose al propio tiempo a sí mismo en lo decidido y hecho. La hondura de todo esto se revela en una sentencia aparentemente extraña de Tomás de Aquino, según la cual la prudencia, virtud soberana del «gobierno» de la vida, consuma la dicha suprema del hacer.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Sabiduría y Educación en el Pensamiento de O. Clement - Héctor Padrón


Sabiduría y Educación en el Pensamiento de O. Clement
Dr. Héctor Jorge Padrón

Universidad Nacional de Cuyo - Conicet


Preliminar


Propio de la Sabiduría y del Sabio es ordenar (1). Ahora bien, habrá que precisar aquí que no se trata de la experiencia del orden al cual nos tiene habituados la metodología y la epistemología de raíz cartesiana. El orden de una construcción perfectamente articulada según la exigencia diáfana de las razones more mathematico y, después, more trascendental, de raíz kantiana. El orden en cuestión no es nunca una construcción que nos pertenece a nosotros a partir de la iniciativa de nuestra razón; sino, ante todo, algo que la totalidad de la inteligencia del hombre (ratio et intellectus) descubre como don y como exigencia inexcusable de la realidad. Así, entonces, el ordenar aquí es el escuchar, el descubrir desde el asombro y la fidelidad del discípulo, el celebrar inacabablemente el gozo de la experiencia de la Sabiduría: el Secreto y la Comunión. Este orden se propone a partir de ciertos requisitos que será preciso cumplir con generosidad: el silencio y el pudor. Se comprende por qué la antítesis de la Sabiduría es la obscena multiplicación de las palabras y aun de los signos que interpretarán, indefinidamente, otras palabras y, todo esto, en el proceso de una creciente confusión. En suma: Babilonia.

Toda nuestra Educación debe descubrir los niveles solidarios de la Sabiduría: la sabiduría filosófica, teológica y, finalmente, mística (2) si, como se presume, quiere seguir siendo humana (3).

Uno de los rasgos principales de la actitud de la Sabiduría es que a través de la totalidad de los niveles mencionados -filosófico, teológico y místico- permite que el hombre pueda revertir el movimiento por el que nos abandonamos a la fuerza de la corriente -cualquiera ella sea: la de lo cotidiano, la de la moda intelectual o la de una interpretación ideológica de la historia- dejándonos ir y arrastrar y, en cambio, remontar contra corriente hacia la profundidad de la fuente para buscar abismarnos en la verdad y ser poseídos por ella. Una de las serias dificultades de esta conducta consiste en la necesidad de aceptar quedarnos solos. Esta soledad se promueve a partir no sólo del esfuerzo y la exigencia constantes sino, también, de la paciencia y la perseverancia indispensables para que, efectivamente, nos sea posible mirar y ver, en el sentido de contemplar la realidad de cada cosa en su rostro (4). Todo ocurre como si la Sabiduría, en su totalidad, reclamara siempre una purificación de nuestra inteligencia, un modo de sentir y de pensar que nos complace llamar icónico, en cuanto que debe atravesar lo visible para tratar de aprehender lo invisible (5).

viernes, 9 de octubre de 2009

Blas Pascal - Etienne Gilson y Thomas Langan

Blas Pascal
Etienne Gilson - Thomas Langan


Material de Lectura para la Octava Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Moderno.


En el propio país de Pascal, los profesores de filosofía suelen comenzar sus conferencias sobre él citando una célebre página de El genio del cristianismo, de Chateaubriand, que dice así:

“Hubo un hombre que, a los doce años, con líneas y círculos, creó las matemáticas; que, a los dieciséis, escribió sobre las cónicas el tratado más docto que se conoció desde la Antigüedad; que, a los diecinueve, redujo a mecanismos una ciencia totalmente existente en la inteligencia; que, a los veintitrés, demostró los fenómenos de la gravedad del aire y destruyó uno de los grandes errores de la antigua física; que, a la edad en que otros hombres apenas comienzan a despertarse, había recorrido todo el círculo de las ciencias humanas, había comprobado su futilidad y había vuelto los ojos hacia la religión; que, desde este momento hasta su muerte (a los 39 años) y siempre enfermo y dolorido, fue capaz de fijar el lenguaje hablado por Bossuet y por Racine, dejando el modelo del más perfecto ingenio y del más profundo razonamiento; que, para terminar, en los breves intervalos de sus dolores, resolvió, a modo de distracción, uno de los más difíciles problemas de geometría, y fue grabando en el papel pensamientos que tienen más sabor a Dios que a hombre. Este asombroso genio se llamó Blas Pascal”.


El Método de la Geometría

Tanto para Pascal como para Descartes, el verdadero método en todos los dominios del conocimiento natural era la matemática, y para ambos “matemática” equivalía a geometría; sólo que esta significaba para Descartes su propia Geometría, la de 1637, mientras que Pascal veía tal ciencia representada por su Ensayo sobre las cónicas, que publicó en 1640, en forma de simple pliego, cuando sólo tenía 16 años. Se han perdido otros trabajos matemáticos suyos de la misma época; y sólo los conocemos por cierto resumen que de ellos hizo Leibnitz con la intención declarada de “encontrar un método contra otro método: pura geometría contra álgebra pura”. Es que Leibnitz, para enfrentar aquella geometría algebraica de Descartes, que usaba a las matemáticas como una especie de llave maestra para resolver todos los problemas, quería oponerle la nueva matemática pascaliana, instrumento recién inventado en cada caso por la mente del investigador para resolver cada problema en particular. Descartes andaba detrás de una ciencia especulativa de la Naturaleza, una física teórica como la de sus Principios de Filosofía; Pascal, en cambio, deseaba pensar matemáticamente, sin tener que experimentar con la realidad física.

miércoles, 8 de abril de 2009

Guillermo de Ockham - Fernand van Steenberghen

Guillermo de Ockham
Fernand van Steenberghen


Material de Lectura para la Primera Clase Magistral del Curso de Historia del Pensamiento Moderno.


Vida y Obras

Nacido hacia 1285 en el condado de Surrey, Guillermo estudió artes liberales (antes de 1309) y la teología (1309-1315) en Oxford. Bachiller bíblico en 1315, bachiller sentenciario en 1317, enseñó hasta 1324 sin llegar al magisterio, razón por la cual se lo conoce con el nombre de Venerabilis Inceptor. Denunciado en Avignon, en 1323, por sus enseñanzas, es citado a la corte papal en 1324. El proceso se arrastró lentamente sin llegar a una condenación. A fin de mayo de 1328, habiendo tomado partido por los espirituales contra Juan XXII, Ockham huyó de Avignon y encontró refugio en la corte de Luis de Baviera, primero en Pisa, después en Munich (1329), donde se comprometió a fondo en el conflicto político-religioso entre el Emperador y el Papa. Excomulgado desde junio de 1328, trató de reconciliarse con la Iglesia y con su orden después de la muerte de Luis de Baviera (1347), pero murió en 1349 y se ignora si había obtenido su perdón.

Los escritos filosóficos de Ockham comportan la Expositio aurea, la Summa logicæ, la Expositio super libros Physicorum y las Quæstiones super libros Physicorum, las Summulæ in libros Physicorum y, por último, diversos opúsculos. Entre los escritos teológicos, muchos tienen una importancia considerable para la filosofía: la Ordinatio o comentario sobre el primer libro de las Sentencias, sobre todo el prólogo de ese comentario, donde el autor desarrolla largamente su teoría del conocimiento; los siete Quodlibeta, el Tractatus de prædestinatione.


Doctrinas Principales


Teoría del conocimiento.

La sensación es una forma intuitiva de conocimiento, pues alcanza al existente. En cuanto al conocimiento intelectual, que prolonga la sensación, puede ser intuitivo o bien abstractivo. El pensamiento intuitivo es aquel que capta la existencia (o la no existencia) de las realidades individuales, datos de la experiencia sensorial o de la experiencia interna; es el conocimiento más perfecto, único que es plenamente objetivo y evidente; empero Dios podría, por una intervención sobrenatural, en virtud de su potencia absoluta, causar en nosotros una intuición en la ausencia de su objeto. El conocimiento abstractivo es, en un primer sentido de la expresión, el que descuida la existencia de su objeto para no detenerse sino en su contenido; en un segundo sentido, es el conocimiento de un objeto de pensamiento abstraído de muchos individuos o universal.

martes, 3 de febrero de 2009

El Misterio y la Filosofía - Josef Pieper

El Misterio y la Filosofía
Josef Pieper


Publicado en «Folia Humanistica», XVIII, nº 207; marzo, 1980.


No va a hablarse aquí de lo que la filosofía o determinados filósofos opinan sobre el tema especial del “misterio”. De lo que se trata es del concepto de filosofía y del filosofar en cuanto les es propio una cierta relación con lo misterioso.


1.

En los tiempos culminantes de la conciencia filosófica, que desde luego parece que están tocando a su fin, alguna vez se olvidó que el concepto de filosofía y del filosofar son, desde el principio, unos conceptos más bien negativos, por lo menos se interpretaban más como negativos que como positivos. No necesito entrar aquí con detalle en la conocida historia de Pitágoras. Según una antigua leyenda fue este gran maestro del siglo VI antes de Jesucristo quien empleó por primera vez la palabra “filósofo”: sólo a Dios se le puede llamar sabio: el hombre, en el mejor de los casos, puede ser un amoroso buscador de sabiduría. También Platón habla de la contraposición entre sabiduría y filosofía, entre “sophos” y “philosophos”. En el Fedro pone en boca de Sócrates: Solón y Homero no deben ser llamados “sabios”, “eso me parece a mí, oh Fedro, demasiado grande, eso es algo que sólo corresponde a un Dios; sin embargo, llamarles filósofos me parece correcto y adecuado”. Y en el Convite Diotima pronuncia unas palabras que expresan los más profundos pensamientos platónicos formulados de forma negativa: “Ninguno de los dioses filosofa”.

Ahora bien, ¿qué significa todo esto más que la filosofía y el filosofar desde un principio fueron entendidos como algo que no es “sophía”, que no es sabiduría, no es conocimiento, no es comprensión, no es posesión de la verdad?

Esta manera de pensar no es una particularidad pitagórico-platónica. En efecto, Aristóteles, fundador de un filosofar crítico-científico, sigue por el mismo camino, por lo menos en lo que se refiere a la metafísica, la más genuina disciplina filosófica. Y Tomás de Aquino, en su magistral comentario a la Metafísica de Aristóteles, sigue de forma escrupulosamente fiel la opinión del genial griego cuando dice: la verdad metafísica sobre el ser, tomada en sentido estricto, no es una posesión que corresponda al hombre (non competit homini ut possessio), no es adquirida por el hombre como propiedad sino como algo dado en préstamo (sicut aliquid mutuatum). Tomás añade a esto un fundamento especulativo de una profundidad apenas alcanzable; aquí lo único que podemos hacer es simplemente enunciarla. Escribe lo siguiente: la sabiduría no puede ser una propiedad del hombre precisamente porque es buscada en razón de sí misma; aquello que podemos poseer plenamente no nos puede proporcionar la satisfacción de ser deseado por sí mismo; “únicamente es buscada por sí misma aquella sabiduría que no es susceptible de ser tenida por el hombre como posesión”.

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