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lunes, 27 de septiembre de 2021

El 18 de Julio y su Sentido Universal - Mario Caponnetto [Incluye Video del P. José Luis Torres Pardo: «Testimonio sobre el Alcázar de Toledo»]

El 18 de Julio y su Sentido Universal
Mario Caponnetto


En la Guerra Española (1936-1939) se jugó el destino de toda Europa. Fue en su esencia la última Empresa Católica, y por Católica, Ecuménica, emprendida por España en defensa de la Civilización común.
    

Con harta frecuencia se habla o se debate acerca del 18 de Julio de 1936, inicio de la Cruzada de Liberación de España (del que acaba de cumplirse el octogésimo quinto aniversario) como si se tratase tan sólo de un acontecimiento español o, mejor dicho, peninsular. Es innegable que esa fecha evoca un hecho decisivo en la historia de la España contemporánea, más allá del juicio que acerca de ella se formule. Es también innegable que el Alzamiento que tras una dura guerra puso fin a uno de los regímenes más criminales y ominosos de los que se tenga memoria obedeció a una compleja trama de causas incuestionablemente españolas. 
    
Sin embargo, sería un imperdonable error de perspectiva histórica reducir el significado de esta fecha entrañable a una cuestión exclusivamente española o aún hispánica. El 18 de Julio es una efeméride universal, cargada de un auténtico sentido ecuménico (en el buen sentido de la palabra) que va más allá de las circunstancias que rodearon aquel suceso y aún de los protagonistas de esa historia. Este significado puede resumirse en una sola expresión: el 18 de Julio representa la última cruzada de la Cristiandad contra uno de sus mayores y más crueles enemigos, el ateísmo comunista. Sabemos que dicho así puede sonar a slogan, a retórica fácil o a lugar común. Pero nada más lejos de ello.
    
Lo que se jugó en España en aquellos años de la contienda civil fue algo más, mucho más, que un conflicto entre españoles derivado de hechos políticos que conmovieron, hasta sus cimientos, la vida política y social de España. Allí se batieron, de un lado, lo que aún quedaba de la Cristiandad, y, del otro, el más feroz enemigo, hasta ese momento, de cuantos se levantaron contra ella a lo largo de la historia, tan feroz que hasta el recuerdo del Islam, derrotado en Lepanto, empalidece. 


P. José Luis Torres Pardo
«Testimonio sobre el Alcázar de Toledo»

    

martes, 8 de junio de 2021

Los Pueblos Precolombinos y la Conquista y Evangelización de América - Cristián Rodrigo Iturralde

Los Pueblos Precolombinos y la Conquista
y Evangelización de América
Prof. Cristián Rodrigo Iturralde


Tercera Conferencia del XVI Curso Anual 2021 titulado «Cristiandad e Hispanidad: su Sentido y su Vigencia».


[Centro Pieper] El Centro de Humanidades Josef Pieper de Mar del Plata (Argentina), tiene el agrado de invitarlos a participar de la transmisión en vivo de la Conferencia del Prof. Cristián Rodrigo Iturralde titulada “Los Pueblos Precolombinos y la Conquista y Evangelización de América”, el próximo viernes 11 de Junio a partir de las 18:30hs de Argentina. 

Podrá ser vista gratuitamente por el Canal de YouTube del Centro Pieper en el siguiente enlace:


O a través de la pantalla que se encuentra a continuación: 


¿Te la vas a perder?

martes, 28 de enero de 2020

Cuando una Civilización se Desfonda - Carlos Daniel Lasa

Cuando una Civilización se Desfonda
Carlos Daniel Lasa


Lasa es Argentino, Doctor en Filosofía por la Universidad Católica de Córdoba e Investigador Independiente del CONICET. En este artículo aborda con singular profundidad el choque que hoy se establece entre dos concepciones antagónicas de la existencia.


[La Prensa / CP] El agnóstico Malraux, en “Huéspedes de paso”, señalaba: “El drama de la juventud me parece consecuencia de otro drama, que se suele llamar el quebrantamiento del alma. Tal vez se dio algo semejante al final del Imperio Romano. Ninguna civilización puede vivir sin un valor supremo. Ni puede existir sin trascendencia”. Esto es cierto, pero agrego: el tema es el lugar donde pongamos ese valor supremo o qué entendamos por trascendencia.

Lo que yo advierto, en nuestros días, es que la trascendencia ha sido reemplazada por la furia de la destrucción, o como queramos llamarla: deconstrucción, desnaturalización, estrategia de descomposición. He oído de muchos que el primer acto del espíritu debe ser la rebelión, es decir, una acción de ruptura con todo aquello que sea ajeno a mis deseos. La obediencia (lo traduzco: aquel acto del espíritu que consiste en oír el misterio de lo que es) es cosa de esclavos, no de hombres libres y civilizados.

Sin embargo, este acto de rebeldía pasa a honrar a un nuevo patrono: el Marqués de Sade. En el nuevo mundo que nos toca vivir, extremadamente narcisista, que concibe al hombre como un sujeto de deseos puramente vitales, todo resulta posible. Este sujeto necesita que se le provea, de una manera rápida, la anhelada experiencia de divinidad (el conocido donjuanismo que adora su propio e interminable deseo).

Este apetito que no reconoce fondo ni forma, al que le es preciso situarse siempre más allá de todo límite, sacrifica a la mismísima persona humana cuando esta se transforma en un obstáculo. El Marqués de Sade lo exponía claramente en “Los 120 días de Sodoma”: “La vida de un hombre es algo tan poco importante que uno puede jugar con ella cuanto le plazca, como lo haría con la de un gato o la de un perro”.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

La Civilización Cristiana y la Revolución Anticristiana - P. Julio Meinvielle

La Civilización Cristiana y la Revolución Anticristiana
Pbro. Dr. Julio Meinvielle


El combate de Cristo se prolonga en la historia. Es una lucha totalitaria; abarca todo el hombre con todo lo que es, con todo lo que puede y con todo lo que tiene. La historia cobra sentido a la luz de esta gran lucha milenaria que libran los espíritus.

    
La Iglesia es combatida por la Revolución Anticristiana desde dentro y desde afuera. Por dentro, con la acción de cismáticos y herejes. Por fuera, con las sucesivas invasiones de pueblos paganos, y luego de las musulmanas. Pero la Ciudad Católica resiste, se defiende y difunde, hasta alcanzar su punto culminante en el siglo XIII. Luego ha de producirse su derrumbe.
    
    
La Ciudad Católica y las cuatro dimensiones del hombre
    
La Ciudad Católica medieval –decimos medieval porque puede haber una Ciudad Católica de otro signo histórico– señala un punto culminante de la cultura humana. Un punto culminante porque en ella se alcanza, en lo esencial, la perfección a que puede llegar el espíritu humano. Y en esto señalamos el criterio que nos debe guiar en la apreciación de las culturas.
    
Una cultura no es más que “lo humano [el hombre] manifestándose”. Una cultura será tanto más rica cuanto más ricas sean las manifestaciones del hombre. El valor de esas manifestaciones se debe ponderar de acuerdo a su contenido de realidad. La Realidad subsistente es Dios, de quien deriva todo bien y de quien todo bien finito no es sino Participación. De aquí que una cultura será tanto más rica cuanto más divinas, cuanto más cercanas a Dios sean las manifestaciones del hombre [1]. 
    
El hombre, que es un conflicto de potencia pura y acto puro, puede realizar “culturas” tan diversas como la divina de la Edad Media y la diabólica de la Rusia comunista.
    

domingo, 2 de septiembre de 2012

Objeto y Acción de la Masonería - P. Aníbal A. Rottjer

Objeto y Acción de la Masonería
P. Aníbal A. Rottjer

  
Material de Lectura Obligatoria para la Sexta Clase Magistral del Curso "Cultura y Contracultura en Nuestro Tiempo"


I

Los ritos masónicos inglés, escocés y norteamericano definen a la masonería como un “hermoso sistema moral, revestido de alegoría e ilustrado con símbolos”, y como “una ciencia que se ocupa en la investigación de la verdad divina”.

El rito alemán afirma que es “la actividad de los hombres, íntimamente unidos, que sirviéndose de símbolos – tomados principalmente del oficio de albañil y de la arquitectura – trabajan por el bienestar de la humanidad, por el imperio de la moral, que ennoblece al hombre, y por la paz universal”. El Gran Oriente belga dice que es “una institución cosmopolita, que tiene por objeto la investigación de la verdad y el perfeccionamiento de la humanidad”.

El artículo 2º de los Estatutos de la Masonería Argentina, aprobados en 1955, dice: “La masonería es una institución que reconoce la existencia del Gran Arquitecto del Universo; y todas sus enseñanzas, actos y ceremonias se dirigen a captar la esencia, el principio y la causa de todas las cosas. Investiga las leyes de la Naturaleza para extraer de ellas las bases de la moral y de la Ética” [1].

jueves, 22 de octubre de 2009

El Hombre Moderno. Descripción Fenomenológica - P. Alfredo Sáenz

El Hombre Moderno
Descripción fenomenológica
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ


Material de Lectura para la Novena Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Moderno.


Introducción

Antes de dar comienzo a nuestra descripción convendrá aclarar los términos elegidos. Decimos que trataremos del “hombre moderno”. Esta expresión es aparentemente insustancial y sin sentido, ya que siempre el hombre es moderno. Lo era ya el hombre de las cavernas y lo seguirá siendo hasta el fin de los tiempos. Siempre el hombre es de su época. Pero lo que acá queremos significar es otra cosa. Tomamos la palabra “moderno” no en el sentido cronológico del vocablo sino en un sentido axiológico, es decir, valorativo. Queremos referirnos al hombre que es producto de la llamada “civilización moderna”. También esta fórmula requiere explicación ya que, por los motivos anteriormente aducidos, toda civilización es igualmente moderna. Pero la entendemos en el sentido que le ha dado la Iglesia en su Magisterio de los últimos tiempos para calificar a la civilización resultante del largo proceso de apartamiento del orden sobrenatural, e incluso del orden natural, que se inició con el declinar de la Edad Media. Civilización moderna significa, pues, en nuestro caso, la civilización creada sobre los escombros de la antigua civilización fundada en el cristianismo. Y entendemos por “hombre moderno” al hombre que es fruto de dicha civilización.

Decimos, asimismo, que nuestra descripción será de índole “fenomenológica”. Este adjetivo es de origen kantiano. Max Scheler lo retomó para significar la consideración del hombre a través de sus valores y actitudes. Kant sostenía que en los seres hay un númenon, es decir, la esencia escondida, y un fenómeno, o sea, lo que de ella aparece al exterior. Pues bien, nosotros intentaremos una descripción del hombre de hoy, del que camina por la calle, el que ve televisión, según se nos manifiesta en sus diversas valoraciones y actitudes anímicas o existenciales.

Suponemos como ya conocidos, aunque fuere a grandes rasgos, los principales jalones del proceso de apostasía que caracteriza a los últimos siglos. Tras la civilización comúnmente llamada medieval, se inició dicho proceso, que pasa por el Renacimiento, la Reforma protestante, el Iluminismo, la Revolución francesa, la Revolución soviética, y ahora el Nuevo Orden Mundial. No se trata, por cierto, de bloques compactos. Incluso sería injusto tachar al Renacimiento de antimedieval. Dentro del llamado Renacimiento hay una buena dosis de espíritu medieval, sobre todo en el llamado “primer Renacimiento”, así como en el interior de la Edad Media hubo también pequeños “renacimientos”. No son períodos seccionables con regla y escuadra, pero sí marcan diversas tendencias que se concatenan entre sí [1].

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