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viernes, 3 de noviembre de 2017

El Que Llora [Sobre Léon Bloy] - Juan Manuel De Prada

El Que Llora
[Sobre Léon Bloy]
Juan Manuel De Prada


“Intransigente, desmesurado y virulento, Léon Bloy es quizá el más maldito de todos los escritores” afirma De Prada en este artículo escrito originalmente para el Diario ABC y que hoy reproducimos en el Blog del Centro Pieper al cumplirse 100 años de la muerte del destacado escritor católico francés, “peregrino de lo absoluto” como se llamó a sí mismo. “Sólo hay una tristeza, y es la de no ser santos” decía. Pedimos una oración por su alma.


Afirmaba Léon Bloy (1846-1917) que, cada vez que quería saber las últimas noticias, leía el «Apocalipsis»; por lo que no debe extrañarnos que, en un mundo donde nadie lee el «Apocalipsis», Bloy sea el escritor maldito por excelencia. Y es que Bloy, en verdad, es uno de los escritores más intransigentes, virulentos y desaforados que uno imaginarse pueda; y, por ello mismo, uno de los más apasionantes, cuya escritura nos zarandea sin remilgos con la fuerza brutal de su imaginación paradójica, sus visiones paradisíacas e infernales, sus llantos jeremíacos, sus extemporáneas y violentas invectivas.

Hijo de un ingeniero librepensador y de una piadosísima madre de ascendencia española, Bloy fue en su juventud un furibundo ateo: «Hubo un momento –confiesa– en el cual el odio por Jesús y por su Iglesia fue el único pensamiento de mi intelecto, el único sentimiento de mi corazón». A los 23 años se muda a París, donde trabará amistad con Huysmans y Barbey d’Aurevilly, que lo empujan a la fe.


Sin miramientos

Por supuesto, a su temperamento desmesurado no le bastará con ser un católico modosito: se enamora de Anne-Marie Poullet, una prostituta a la que, después de redimir de su oficio, convertirá al catolicismo; pero Anne-Marie acabará enloqueciendo, entre visiones místicas y apocalípticas. Para salvarse de la quiebra moral, Bloy publica en 1887 su primera novela, «Los desesperados», que le granjeará las ojerizas de todos los plumíferos de la época, a los que despelleja sin miramientos. En 1889 se casa con una danesa protestante a la que –¡por supuesto!– también convierte al catolicismo; y desde entonces nunca dejará de publicar con regularidad libros de títulos muy expresivos de su temperamento: «Cuentos descorteses», «La mujer pobre», «La que llora», «La sangre del pobre», «Exégesis de lugares comunes», «El peregrino de lo absoluto» o «En el umbral del Apocalipsis». Sin olvidarnos, por supuesto, de la que tal vez sea su obra maestra, el «Diario» que anualmente entregaba a la imprenta.

jueves, 21 de febrero de 2013

Pluma en Ristre de Leonardo Castellani - Juan Manuel De Prada

Pluma en Ristre de Leonardo Castellani
Juan Manuel De Prada


Sigo cumpliendo mi misión de descubrir al lector español el genio de Leonardo Castellani; y en ello hallo la gracia del vivir


Todos venimos a este valle de lágrimas con alguna misión modesta que no suele coincidir con las misiones farrucas y altisonantes que, en nuestro engreimiento, solemos arrogarnos; y en cumplir esa misión que nos ha sido asignada está la gracia del vivir. Yo descubrí esa misión cuando cayó en mis manos un libro de un tal Leonardo Castellani, un escritor argentino del que jamás había oído hablar; aunque para ser más preciso, el libro no "cayó" en mis manos, sino que en ellas lo puso Fabián Rodríguez Simón, Pepín para los allegados, un muy querido amigo porteño, librepensador y un poco comecuras, capaz sin embargo de reconocer el genio allá donde florece, aunque sea en terrenos tan adversos como los que merodeó Castellani, que fue siempre un paladín de la ortodoxia católica (un paladín magullado y escarnecido al modo quijotesco, convendría añadir). A Pepín le sorprendía sobremanera que un escritorazo como Castellani -ninguneado por la cultura oficial argentina- no fuera tampoco conocido de la mayoría de los católicos; y apostilló, sarcástico: "¡Así se entiende que os vaya tan mal!".

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