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sábado, 4 de agosto de 2012

Comunicación Social y Relaciones Interpersonales en la Aldea Global - Ernesto Alonso

Comunicación Social y Relaciones Interpersonales en la Aldea Global
Lic. Ernesto Alonso


El Centro de Humanidades Josef Pieper tiene el agrado de invitarlos a participar del quinto Café Filosófico del año, a realizarse el sábado 11 de Agosto a partir de las 10.15 de la mañana en el Multiespacio Cultural EL CAMINO, Av. Luro 4344 - 1º Piso, de nuestra ciudad de Mar del Plata.

El tema que convoca en esta oportunidad es “Comunicación Social y Relaciones Interpersonales en la Aldea Global”, a cargo del Lic. Ernesto Alonso, quien continúa de esta manera el Curso “Cultura y Contracultura en Nuestro Tiempo” que dicta el Centro Pieper este año, bajo el lema: “Pasión por la verdad”.

Los interesados pueden inscribirse directamente en EL CAMINO, unos minutos antes del inicio del Café Filosófico, donde además se brindarán detalles del programa de todo el año.

Para mayor información, pueden llamar por teléfono al (0223) 495-0465 ó (0223) 155-03-4406.

Comunicación Social y Relaciones Interpersonales - Ernesto Alonso

Comunicación Social y Relaciones Interpersonales
en la Aldea Global
Lic. Ernesto Alonso


Material de Lectura para la Quinta Clase Magistral del Curso "Cultura y Contracultura en Nuestro Tiempo"


Los medios tradicionales de comunicación social y, últimamente, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han transformado el entorno en el que el hombre vive y se relaciona. “Ecosfera mediática” es la expresión que utilizan algunos para indicar la inevitable y penetrante significación que han venido teniendo los medios en la creación de la cultura humana de los últimos decenios.

Uno de los resultados más llamativos y vigorosos de esta nueva cultura es el fenómeno de la “mediatización de la realidad”. Vivimos e interpretamos la realidad a través de las “mediaciones”, textuales e icónicas, que nos ofrecen los medios de comunicación. Pareciera que los medios de comunicación no son sólo “ventanas” a través de las cuales percibimos la realidad tal cual esta es; tampoco son sólo “espejos” que reflejan lo que las cosas y las personas son. En muchos casos, los medios ofrecen “versiones” interesadas de la realidad; extraña combinación de rutinas profesionales, ideología, poder y otros intereses.

Los mismos medios debaten la importante cuestión de su propia misión: ¿“representan” la realidad o la “construyen”? Este dilema que afrontan los medios, tanto en su aspecto profesional como en su profunda dimensión ética, afecta directamente el ámbito de las relaciones interpersonales. El hombre, como “objeto de información” se ha convertido en un sujeto “plástico” y “maleable”, sin historia, sin identidad y sin proyecto. “Informado” y “consumidor”. Este pareciera ser el tipo humano producido e idealizado por los medios.

martes, 9 de febrero de 2010

Comunicación de la Realidad - Josef Pieper

Comunicación de la Realidad
Josef Pieper


Según los datos de la teología, la substancia dogmática de la fe cristiana puede compendiarse en dos palabras: «Trinidad» y «Encarnación». Es el «Doctor Común» de la cristiandad quien dice que todo el contenido del dogma cristiano se reduce a la doctrina del Dios Uno en tres Personas y a la participación del hombre en la vida divina, participación ejemplarmente realizada en Cristo.

Ahora bien, se da el caso de que la realidad enunciada en ese contenido de la revelación -en el fondo indiviso- se identifica con el acto mismo de enunciarla y con la persona del enunciante. Tal cosa apenas es posible en el mundo; y decimos «apenas» pensando en la excepción probablemente única de un ser humano que, dirigiéndose a otro, le declara: «Te amo». Tampoco el sentido principal de esta declaración es poner en conocimiento de otra persona un hecho objetivo, separable del declarante; trátase más bien de un auto-testimonio, y lo así testimoniado se realiza precisa y singularmente en el acto expreso de testimoniarlo. De ahí que el interlocutor, por su parte, sea incapaz de descubrir la inclinación amorosa de su congénere de otro modo que asumiendo lo que oye de sus labios. Cierto que ese amor puede también «acontecerle» sin más, como a un niño pequeño, pero sólo «se entera» de él, lo experimenta, por cuanto lo aprehende y lo «cree» al serle atestiguado en forma verbal; sólo así lo recibe y se le hace presente de veras.

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