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martes, 12 de marzo de 2024

Jorge Ferro, el leal - Antonio Caponnetto

Jorge Ferro, el leal
Antonio Caponnetto


Agradecemos al Dr. Antonio Caponnetto estas sentidas y profundas palabras -como así también su permiso para reproducirlas en nuestro Blog del Centro Pieper- sobre el querido amigo y maestro Jorge Norberto Ferro (29 Abril 1949 - 10 Marzo 2024) Católico e Intelectual de fuste, miembro de la Comisión Directiva del Centro Pieper hasta su muerte y uno de los más destacados pioneros del estudio de J.R.R. Tolkien en español.


Salid sin duelo, lágrimas, corriendo
                                           Garcilaso


Durante casi cinco décadas desde que nos conocimos, en el viejo local de la “Librería de Verbo”, fueron muchas y diversas las cosas que compartimos. Los Congresos del Ipsa, los Foros de Oikos, las Jornadas de Formación Rioplatense, la investigación conicetiana en el Instituto de Ciencias Sociales, la aparición de Gladius, los artículos para Cabildo, ciertos peculiares Retiros de Perseverancia, un sinfín de conferencias, los viajes a la Autónoma de Guadalajara, las clases en el Don Jaime, los prólogos a libros de terceros, la frecuentación de amistades comunes, el mate, la palabra, la risa interminable, las visitas telefónicas matutinas, las peripecias personales y públicas... Todo aquello, creo, que se llama vida.
      
Y en estos hechos que enuncio sin precisiones ni exhaustividades, Jorge se destacaba por un haz de rasgos firmes y sólidos. Va el primero: enseñaba sin subirse a la tarima, con humildad genuina, con abajamiento sincero, con señorío auténtico. Pero cuando conversaba, su charla se volvía magisterio. Y era su docencia amical un canto a la eutrapelia, porque podía girar desde los picos más altos de la sabiduría clásica y perenne hasta los cuentos más desopilantes; desde las recomendaciones bibliográficas –de obras o de fragmentos que solo él conocía– hasta un anecdotario frondoso, cálido y edificante.
      
Acaso un segundo rasgo deba ser ponderado. Jorge corregía sin mortificar al corregido; ingeniándoselas siempre para empezar por lo bueno (aunque no existiera), hasta llegar al punto en que habíamos errado. Daba gusto ser enmendado así. Porque no era solo una pedagogía la que asomaba en el gesto; era una ontofanía. Posiblemente fuera el don del consejo, o su fruto inmediato; y era tanto más valioso su ejercicio porque él no lo presentaba de modo solemne sino afable; no con el índice hacia lo alto, sino con la palma de la mano sobre el hombro.
      

jueves, 15 de diciembre de 2022

El Bautismo de Aristóteles (por Santo Tomás de Aquino) - Ernesto Alonso

El Bautismo de Aristóteles (por Santo Tomás de Aquino) 
Ernesto Alonso


El pasado 13 de noviembre celebramos a Santo Tomás como patrono de todas las instituciones católicas de enseñanza. En este artículo, especial para el Blog del Centro Pieper, el Dr. Alonso pone de manifiesto “el arte de trabar felizmente fe y razón, las dos alas con las que el hombre se eleva a la Verdad”.


[CP] ¡Loca fantasía! ¿De qué estamos hablando? De una imaginación exaltada que acaso soñase si el filósofo griego se hubiese hecho cristiano. De si era conveniente o de necesidad. ¡Ah, los argumentos de conveniencia y de necesidad cuya trama tan diestramente dominaba el Doctor Angélico!

Ha de suponerse que Santo Tomás admiraba al Estagirita. Y consta que fray Tomás de Aquino denominaba “el Filósofo” a Aristóteles; él, tan poco afecto a exagerados desbordes del afecto. Tomás, por cierto, no es un “aristotélico”. Tomás es mucho más que el pensamiento del eminente griego, aunque, en palabras de Josef Pieper “Aristóteles no es un autor cualquiera que tiene algo notable que decir. Aristóteles es aquella energía de pensamiento que actúa elementalmente como un fenómeno de la Naturaleza, en cuyo campo de radiación perecen aclararse como por sí mismas las cuestiones fundamentales”. 
     
Y John H. Newman, citado por Pieper, asevera que “él (Aristóteles) nos ha dicho, antes de que hubiésemos nacido, lo que significaban nuestras propias palabras e ideas. En muchas cosas ´pensar rectamente´ quiere decir tanto como ´pensar como Aristóteles´”. 
     

martes, 15 de marzo de 2022

Misterio de Iniquidad y Liberalismo en las Enseñanzas del P. Leonardo Castellani - P. Horacio Bojorge

Misterio de Iniquidad y Liberalismo en las Enseñanzas del P. Leonardo Castellani
P. Horacio Bojorge


Ante un nuevo aniversario de la partida de este mundo del P. Castellani, fallecido el 15 de marzo de 1981, reproducimos en nuestro Blog del Centro Pieper un extracto de la Conferencia del P. Bojorge titulada “El Liberalismo es la Iniquidad” –dictada en el XI Encuentro de Formación Católica de Buenos Aires del año 2008, organizado por el Círculo de Formación San Bernardo de Claraval– donde recuerda sus valiosas y vigentes enseñanzas. [Las “negritas” son nuestras].


Entre nosotros, pocos han disertado, con la profusión y la profundidad del Padre Leonardo Castellani, sobre el misterio de la iniquidad en el contexto apocalíptico del Anticristo y también sobre el liberalismo como fenómeno apocalíptico relacionado con el misterio de la iniquidad.

Voy a recordar aquí un poco extensamente algunos pasajes de Castellani, que me parece sirven de repaso y confirmación de lo dicho, por expresar una visión coincidente con lo que he venido exponiendo. Espero también que sus dichos amenicen esta argumentación que ya va siendo demasiado larga.

El Misterio de la iniquidad –dice Castellani– es el odio a Dios y la adoración idolátrica del Hombre”.
 
Aunque en este lugar el Padre Castellani no establezca la ecuación con el liberalismo, ella es evidente. También el liberalismo se define adecuadamente como ‘negación de Dios y endiosamiento del hombre’.

Oigamos pues lo que nos dice el Padre Castellani sobre el Misterio de iniquidad comentando otras figuras del Apocalipsis conexas con este misterio:

jueves, 5 de octubre de 2017

Robert Hugh Benson: Recordando a un Gigante Olvidado - Joseph Pearce

Robert Hugh Benson: Recordando a un Gigante Olvidado
Joseph Pearce


Pearce, Profesor de Literatura Inglesa y Biógrafo de todos los grandes Escritores Católicos de habla Inglesa desde la Conversión de John Henry Newman, ha escrito recientemente un artículo sobre Benson en «The Imaginative Conservative» donde da todas las claves de la obra del Autor de «Señor del Mundo». A continuación reproducimos en nuestro Blog del Centro Pieper ese texto, siguiendo el original inglés.


Robert Hugh Benson fue una de las más brillantes luminarias del firmamento literario Católico en los primeros años del siglo XX, creciendo su estrella en el fulgor de varias novelas bestseller, y declinando, o apagándose más bien, con su prematura muerte.

Nacido en 1871, Benson era el hijo menor de E. W. Benson [1], un distinguido clérigo anglicano que contaba entre sus amigos con el primer ministro William Ewart Gladstone. En 1882, cuando Benson tenía 11 años, su Padre se convirtió en Arzobispo de Canterbury. En 1896, habiendo recibido él mismo las órdenes anglicanas, fue Benson quien leyó las letanías en el funeral de su Padre en la Catedral de Canterbury. El hijo, sin embargo, no estaba destinado a seguir las huellas de su padre. En 1903, tras un periodo de escrupuloso examen interior, cuyos detalles aclaró de forma magistral en su apología autobiográfica «Confesiones de un Converso», Benson fue recibido en la Iglesia Católica. Ninguna Conversión desde la de John Henry Newman, casi 60 años antes, provocó tal controversia, sacudiendo con ondas sísmicas el establishment anglicano. Posteriormente, durante los siguientes once años hasta su muerte en 1914, fue un defensor incansable de la Iglesia Católica y un prolífico novelista y hombre de letras.

No hay duda de que Benson pertenecía a una familia notable. Además del ascenso de su padre a la prominencia y la preeminencia en la Iglesia de Inglaterra, sus dos hermanos estaban entre los illustrissimi de los escritores eduardianos [del reinado de Eduardo VII, 1901-1910]. A. C. Benson [2], su hermano mayor, fue Master [Rector] del Magdalene College en Cambridge y se estableció como un fino biógrafo, autor de un diario y crítico literario, escribiendo celebradas biografías de Dante Gabriel Rossetti, Edward Fitzgerald, Walter Pater, Alfred Tennyson y John Ruskin. Su otro hermano, E. F. Benson [3], escribió prolíficamente y pasó a la posteridad sobre todo por sus novelas satíricas «Mapp y Lucia», adaptadas con éxito para la televisión. Sin embargo, R. H. Benson no desmerecería de sus hermanos mayores. Antes de morir a la trágicamente corta edad de 43 años, escribiría quince novelas de gran éxito y, tras ser Ordenado Sacerdote Católico en 1904, serviría como coadjutor en Cambridge, demostrando ser no menos popular como predicador vehemente de lo que ya era como escritor de ficción.

viernes, 17 de junio de 2016

En Busca de la Verdad: el Pensamiento Religioso de John Henry Newman - Daniel Aldama

En Busca de la Verdad: el Pensamiento Religioso de John Henry Newman
Lic. Daniel Aldama


Estimados:

Los invitamos a participar del primer Studium 2016 –Estudio Comunitario– del Centro Pieper, a realizarse el próximo Martes 21 de Junio a partir de las 19:15 hs. en el Centro Educativo FASTA, sito en Gascón 3145, de nuestra ciudad de Mar del Plata.

El tema que convoca en esta oportunidad es “En Busca de la Verdad: el Pensamiento Religioso de John Henry Newman”, que será presentado por el Lic. Daniel Aldama, iniciando así el Estudio Comunitario con Mesa de Libros, Documentos y Autores que coordina el Centro Pieper bajo el lema: “Pasión por la verdad”.

La participación en este “Studium” del Centro Pieper es libre y gratuito.

martes, 30 de julio de 2013

Discurso en Roma al Recibir el Biglietto que le Anunciaba su Designación Cardenalicia - Beato John Henry Newman

Discurso en Roma al Recibir el Biglietto
que le Anunciaba su Designación Cardenalicia
Beato John Henry Newman


Traducción y comentario de Fernando María Cavaller.


En la mañana del lunes 12 de mayo de 1879, Newman fue al "Palazzo della Pigna", la residencia del Cardenal Howard, que le había cedido sus apartamentos para recibir allí al mensajero del Vaticano que traía el Biglietto de parte del Cardenal Secretario de Estado, informándole que en un Consistorio secreto, que había tenido lugar esa misma mañana, el Santo Padre [NdE: León XIII] le había elevado a la dignidad de Cardenal. 

A las once en punto, las habitaciones estaban llenas de católicos ingleses y americanos, tanto eclesiásticos como laicos, y también muchos miembros de la nobleza romana y dignatarios de la Iglesia, reunidos para ser testigos de la ceremonia. 

Poco después del mediodía fue anunciado el mensajero consistorial. Al entrar entregó el Biglietto en manos de Newman, quien, después de romper el sello, lo pasó a Mons. Clifford, obispo de Clifton, el cual leyó el contenido en voz alta. Luego, el mensajero informó al nuevo Cardenal que Su Santidad lo recibiría en el Vaticano a las diez de la mañana del día siguiente, para conferirle la birreta cardenalicia. 

Después de los acostumbrados cumplidos, Su Eminencia el Cardenal John Henry Newman pronunció el siguiente discurso, que desde entonces es conocido como Biglietto Speech. El texto original está en "My Campaign in Ireland", Aberdeen, 1896, pp. 393-400. El primer párrafo lo pronunció en italiano:

lunes, 23 de mayo de 2011

Fe - Josef Pieper

Fe
Josef Pieper


«Quien quiera saber, ha de creer»
(Aristóteles, De sophisticis elenchis 2, 2)


I. Concepto de Fe


El «verdadero» significado

¿Quién decide lo que hay que entender por fe?. ¿A quién corresponde juzgar cuál es el verdadero significado de esa y de otras palabras fundamentales del lenguaje de los hombres?. Nadie, naturalmente; ningún individuo en todo caso, por genial que sea, puede precisar y determinar algo semejante. Ya está, de antemano, determinado. Toda discusión ha de partir de eso ya dado desde siempre. Es de suponer que Platón, Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás sabían bien lo que hacían cuando comenzaban siempre por inquirir el lenguaje usual: ¿Qué piensan los hombres cuando dicen libertad, alma, vida, felicidad, amor o fe?. Es evidente que los venerables abuelos de la filosofía occidental no han considerado esto como un mero recurso didáctico; más bien han sido de la opinión de que sin tal conexión con el lenguaje hablado realmente por los hombres el pensamiento pierde su fuerza, convirtiéndose en algo fantástico y carente de base.

La averiguación de lo verdaderamente pensado en el lenguaje vivo de los hombres no puede, en cualquier caso, considerarse una tarea fácil de llevar a buen término. Es mucho lo que aboga por el contrario, es decir, por el hecho de que es casi imposible agotar y circunscribir de modo preciso la significación plena de las palabras, sobre todo de las palabras fundamentales. Quizá exceda las fuerzas de la conciencia individual el tenerlas presentes en su integridad, aunque sólo sea en una cierta medida; y a esto parece corresponder, como la otra cara de la moneda, que cada individuo, al utilizar con naturalidad las palabras, acostumbra pensar con ellas más de lo que en realidad conscientemente dice.

Puede ser que todo esto suene como una romántica exageración. Se puede mostrar, sin embargo, que no es así. Todo el mundo piensa, por ejemplo, que sabe con exactitud lo que significa una palabra tan de uso cotidiano como semejanza. Se dirá, quizá, que con semejanza se indica la coincidencia en algunos rasgos, a diferencia de la igualdad, «coincidencia en todos los rasgos». ¿Qué hay que objetar a una caracterización tan precisa y que, por lo demás, ha sido tomada de un conocido diccionario filosófico?. Sin embargo, es falsa; al menos, incompleta. Falta en ella un elemento esencial. Es algo que sólo salta a la vista de quien interroga al uso vivo del lenguaje. A él pertenece no sólo lo que los hombres de hecho dicen sino también lo expresamente no-dicho; es propio también de él el que determinadas palabras no puedan ser empleadas en un determinado contexto. En este sentido Santo Tomás propone una vez a nuestra consideración el hecho de que se puede razonablemente hablar del parecido de un hombre con su padre, mientras que, evidentemente, carece de sentido y resulta improcedente decir que el padre se asemeja a su hijo. En lo que se muestra que el concepto semejanza contiene un elemento significativo que en la definición citada, que parece tan exacta (coincidencia en algunos rasgos), ha sido pasado por alto y en silencio, a saber: el elemento del origen y la dependencia. ¿Quién sería capaz de afirmar que este elemento, en principio oculto, lo tenía presente de forma total y expresa?. Nadie deberá asombrarse, pues, si decimos que nos metemos en una empresa de dificultad máxima al intentar escudriñar la significación íntegra de una palabra fundamental; lo que con ella quiere decir y piensa realmente —esto es lo que hay que considerar bien— todo hombre mayor y con uso de razón.

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