sábado, 21 de agosto de 2010

Psicología Posmoderna y Mística - P. Ignacio Andereggen

Psicología Posmoderna y Mística
Pbro. Dr. Ignacio Andereggen


Material de lectura obligatoria para la novena Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Contemporáneo.


¿En qué sentido hablamos de psicología y en qué sentido de posmodernidad?.

No puede decirse que se haya desarrollado científicamente una “psicología posmoderna” en el sentido en que surgió una “filosofía posmoderna”. Basta sin embargo recorrer rápidamente las publicaciones periódicas de psicología para que nos demos cuenta de que el tema de una indefinida “posmodernidad” se encuentra claramente presente. La línea psicológica “oficial” de la cultura contemporánea pretende asumir plenamente la elaboración filosófica “posmoderna”.

No se trata de una pretensión infundada. Sin saber probablemente del todo por qué, los psicólogos de vanguardia de filiación principalmente psicoanalítica intuyen una conexión entre su posición y la de los filósofos posmodernos.

Y tienen razón. En el sentido más propio del término la doctrina filosófica de los posmodernos es una “psicología”, y no, para hablar radicalmente y en sentido propiamente tomista, una metafísica (aunque con la ilusión, a veces, de haberla hecho resucitar).

Ahorrando un largo análisis filosófico, quisiera señalar claramente que la doctrina posmoderna, en la medida en que es unitaria, es mucho más “moderna” que lo que su autodenominación permite vislumbrar. No consiste sino en la consecuencia más lógica de ciertos filones de la filosofía moderna. Estos son los directamente anticristianos.

No puedo probar en esta sede la tesis de que el psicoanálisis de Freud, más allá de su aspecto ético-filosófico y terapéutico, al nivel fenomenológico, pero no por ello menos realmente, contiene más relación con las verdades teológicas que lo que a primera vista pudiera parecer. Sabemos que la doctrina freudiana abarca temas que van desde la virginidad consagrada del catolicismo hasta la Eucaristía, Cristo y la Trinidad, y naturalmente, el pecado y el pecado original (Cf. Totem y Tabú, El tabú de la virginidad, Moisés y la religión monoteísta).

Para utilizar una acertada expresión de Viktor Frankl (Homo patiens), aplicable tanto a su propia doctrina como a la de Freud -y al nihilismo, al cual él la refiere-, se trata de una “teología negativa” . Naturalmente no en el sentido del Comentario de Santo Tomás al Libro de los Nombres divinos del místico Dionisio citado por Frankl, en latín, al exponer esa expresión (“Hoc ipsum est Deum cognoscere, quod nos scimus nos ignorare de Deo quid sit”: “Esto mismo significa conocer a Dios que nosotros sabemos que ignoramos de Dios qué es”) , sino en el sentido de una teología “al revés, de una negación del “derecho” de la teología.

La misma expresión de "teología negativa" utiliza Fromm (Y seréis como dioses), citando a Moisés Maimónides, y a Eckhart, uno, fuente -secundaria- del pensamiento de Santo Tomás (y al cual el santo combate justo en el punto en el cual Fromm lo alaba) , y el otro, discípulo del gran doctor .

Por otra parte, en la formulación "puramente" filosófica de las doctrinas posmodernas y en las de sus inmediatos antecedentes, el psicoanálisis freudiano ocupa una función de capital importancia.

Para responder a fondo al problema presentado por el tipo de pensamiento que nos ocupa, debemos considerar, entonces, que la instancia filosófica, absolutamente indispensable, queda abarcada en la teológica -decisiva en la conformación total del pensamiento occidental-. Es que de hecho, como cristianos concretos, tenemos tal filosofía porque es realizada y recibida en una teología, sin negar con esto en absoluto la distinción y especificidad de los dos niveles. Se supone así la realidad de la fe.

Y en estos términos podemos afirmar, por un lado, que el cristianismo en su sentido más pleno implica la realización total de lo que busca la psicoterapia en general y el psicoanálisis (cfr. la etimología del término "psicoanálisis") en particular en cuanto concepciones del hombre .

Por otro lado, de este modo, en sentido positivo, podremos sostener la validez de la psicología en sentido contemporáneo del término como camino de la sinceridad, del descubrimiento de la realidad, y así de eventual preparación del evangelio. Descubrimiento experimental, y a veces no querido, de verdades clásicas teológicas después del entenebrecimiento provocado por la filosofía moderna y contemporánea de raíz nominalista.

Con la ayuda de esos presupuestos podemos pasar al análisis de algunos textos claves del pensamiento más cercano a nosotros de gran relevancia psicológica. Comenzamos por Baudrillard, y, en la búsqueda de fundamentos retrocedemos a Foucault, aparentemente "superado" por el primero.

Baudrillard presenta la oposición irreductible entre religión y seducción. Es necesario que nos detengamos un momento para hacer destacar la valencia explícitamente "teológica" de los términos en la formulación del "posmoderno". Lo mismo puede decirse de su referencia a la "resurrección" de los valores del mal .

La seducción -término inspirado en el Diario del seductor de Kierkegaard- es el verdadero fondo de la realidad, que vela por destruir el orden de Dios. No se trata de un mero nominalismo crudo, sino de la reversibilidad de todos los signos como perversión "ontológica", es decir como el único "bien", que es el mal, y que Baudrillard concibe como femineidad .

El pensamiento de Jean Baudrillard implica la perspectiva de la superación del sexo como punto de referencia del valor y la perversión, pues, en efecto "el sexo está en todos lados, salvo en la sexualidad (Barthes)" . No es ésta, como tal, sin embargo, lo que vale, pues "Freud tiene razón: no hay más que una sola sexualidad, una sola libido - masculina. La sexualidad es esta estructura fuerte, discriminante, centrada en el falo, la castración, el nombre del padre, la represión. No hay otra. De nada sirve soñar con una sexualidad no fálica, no señalada, no marcada" . Cuando las mujeres en los movimientos feministas se oponen a esta sexualidad dejan de lado su verdadero valor, que es la seducción por la que dominan el universo simbólico más allá del real .

En verdad, no nos encontramos aquí sino ante lo que nos narra el libro del Génesis (capítulo 3, 13): "la serpiente me sedujo y comí (serpens decepit me et comedi)". Lo cual es coloridamente descripto por Kierkegaard en su Diario desde el punto de vista del hombre seductor. La Biblia habla de la serpiente. Pero con el procedimiento universal, generalizador (abstracto), de la inversión, en nuestro autor la seducción es transferida de la serpiente a la mujer. Lo cual, para Baudrillard, por supuesto, redunda en honor de la mujer. Es la reversión de lo que se hace, como señala la frase arriba citada, en "el nombre del padre". Sólo que, mientras para Freud, al final, ingenuamente, se trata de reemplazar una religión por otra, de hacer surgir el cristianismo que es la religión del hijo que mata al padre , aquí se trata de ir más allá.

La seducción es la realidad creadora de la "luz" del principio, una "evidencia fulgurante", lo cual implica el fin de la psicología y aun de la anatomía (así como terminó la filosofía en nuestra época posmoderna). Toda verdad es apariencia, es, en el fondo, mujer; no hay en realidad verdad . El método para llegar aquí es "clásico" en el pensamiento humano, y está descripto ya por Freud en su Traumdeutung, consiste en la antes aludida inversión .

Para Baudrillard su sentido último es el de la conversión del hombre en mujer. Esta es expresada nada menos que con el siguiente término: transubstanciación .

En la búsqueda de las raíces filosófico-"teológicas" del pensamiento así llamado posmoderno, que no es sino muy moderno, especialmente en el sentido de Hegel y Heidegger, llegamos a la claridad de Foucault. A pesar de que Baudrillard haya escrito un opúsculo con el título "Olvidar a Foucault", su posición es iluminadora para comprender un desarrollo como el anteriormente descripto.

Notemos en primer lugar el radical nominalismo común de base .

En él también las resonancias "teológicas" aparecen inmediatamente. La "Palabra" es creadora, o, más bien, la que "habla" .

Así como "Dios ha muerto", se da ahora la muerte del hombre, no porque se termine en el nihilismo, ingenuo, sino porque se lo supera, porque surgen nuevos dioses . El hombre como sujeto en el sentido de la filosofía clásica, no existe más .

La inversión (lo impensado [=dialéctico]), que es el fondo o método profundo de la realidad [Hegel], necesita la regla, la ley . Por eso mismo luchar contra este tipo de pensamiento en modo puramente filosófico puede llegar a producir el efecto no querido de reforzarlo.

Es necesario llegar a la instancia teológica, de la cual es profunda contrapartida, pues ve la realidad de este mundo como alejándose de Dios, como caída ("La Chute"), En este sentido es un "realismo", el realismo propio del idealismo que tiene su raíz en el pretendido pensamiento absoluto que abarca lo "impensable", el mal.

Las manifestaciones de impresionante claridad de los últimos pensadores contemporáneos , en el ámbito de la psicología humana, no hacen sino manifestarnos una real opción realizada ya en el interior del pensamiento de Freud, por ejemplo, según la cual, como mucho antes había dicho Hegel, "la virtud es vencida por el curso del mundo (Die Tugend wird also von dem Weltlaufe besiegt)" .

Se trata de la superación de la noción de "orden", y por lo mismo de "naturaleza", que lleva consigo el apartarse de lo que realmente se encuentra empíricamente, por "razones" extraempíricas, que no consisten sino en un determinado proyecto por el cual el hombre se autorrealiza, y en el fondo, más propia y teológicamente, en la negación de un proyecto verdaderamente divino. La realidad no puede ser de otro modo que como es en este mundo, es decir, mala. En este sentido, por supuesto Nietzsche es un punto de referencia ineludible.

Lo más hondo de este pensamiento es así el de ser una consciente mística cristiana negativa, no en el sentido clásico, sino en el de la negación de la verdad de la mística .

Mientras que Viktor Frankl y Erich Fromm hacen coincidir el nihilismo con la mística cristiana, Foucault, con más coherencia, lo niega, y hace aflorar el ateísmo implícito en Frankl y coexistente con la teología negativa en Fromm , que no es sino la oposición al Dios trinitario del cristianismo. Quien niega este Dios, habiéndolo alcanzado, niega en absoluto a Dios.

"Algún día habrá que tratar de definir las formas y las categorías fundamentales de este «pensamiento del afuera». Habrá, también, que esforzarse por encontrar las huellas de su recorrido, por buscar de dónde proviene y qué dirección lleva. Podría muy bien suponerse que tiene su origen en aquel pensamiento místico que, desde los textos del Seudo-Dionisio, ha estado merodeando por los confines del cristianismo: quizá se haya mantenido, durante un milenio más o menos, bajo las formas de una teología negativa. Sin embargo, nada menos seguro: pues si en una experiencia semejante de lo que se trata es de ponerse «fuera de sí», es para volverse a encontrar al final, envolverse y recogerse en la interioridad resplandeciente de un pensamiento que es de pleno derecho Ser y Palabra, Discurso por lo tanto, incluso si es, más allá de todo lenguaje, silencio, más allá de todo ser, nada.

Es menos aventurado suponer que la primera desgarradura por donde el pensamiento del afuera se abre paso hacia nosotros, es, paradójicamente, en el monólogo insistente de Sade" .

Al principio era la negligencia . La negligencia es lo opuesto del "Espíritu Santo" que se cernía sobre el caos y lo vacío del principio. Se trata de la inversión en la obra de Dios que crea la luz, para volver a la noche del caos . Esta noche no es la "noche oscura" de la fe (san Juan de la Cruz); o mejor dicho, es, de esa noche, sólo la aparición del mal.

Se trata de una verdadera descripción del (o de un) "pecado contra el Espíritu Santo" .

Surge de aquí una "noche oscura" diabólica, como "ética" .

Muerte de Dios, el de muchos nombres e innombrable según la mística clásica cristiana (Dionisio) .

Se trata de una verdadera "mística", a la que corresponde una cierta pasividad, la del "Príncipe de este mundo", que lo tiene esclavizado. Esta incluye tal vez una visión del infierno, y aun del diablo como rostro, en contraposición al Cielo y a la visión beatífica “Cara a cara” .

Nos encontramos también, dentro de esa "mística", ante una metafísica de la confusión que imita la creación divina, que distingue; aquí el fondo es un otro que es el mismo . No parece demasiado audaz ver aquí, por lo tanto, una oposición consciente a Dios. "Por oposición al Altísimo, él (el Compañero) es el Ínfimo" .

Esta mística al revés no puede consistir, naturalmente, en la interioridad intensiva agustiniana, sino en el achatamiento dispersivo. Por eso no se da en el silencio, sino en el rumor . La mística (=conocimiento de lo secreto) se realiza en su opuesto. No hay profundidad .

Nos encontramos en verdad con un tema viejo, con la metafísica de la realidad como "resurrección desde la muerte" que ya había pensado Hegel, que pretende absorber, imitándola, una teología cristiana, y tomando de ella la fuerza de su propio pensamiento.

La conclusión inmediata que podemos sacar de esta demasiado sumaria y rápida consideración, es la de la necesidad de tomar en serio el pensamiento moderno (especialmente desde Hegel) y contemporáneo desde su verdadera instancia de comprensión: la teológico-espiritual, es decir, muy realmente "psico-lógica", humano-concreta, más allá de la filosofía misma. Tomar también en serio sus consecuencias prácticas, es decir, psicológicas, éticas de esta metafísica bíblica al revés: "la serpiente me sedujo y comí".

No prestar la debida atención a estos aspectos implicaría el riesgo de luchar con diez mil contra el que viene a nosotros con veinte mil (Lc 14, 31). Es que en verdad los hijos de las tinieblas son más astutos (con la "astucia de la razón" [Hegel]) que los hijos de la luz (Lc 16, 8). Por eso es necesario apelar a una sabiduría superior, la locura de la cruz, contra la filosofía de este mundo en el sentido de san Pablo.

Hagamos un ejercicio de filosofía-ficción. ¿Qué sucedería (o más probablemente: qué sucedió) en la mente de Foucault o Baudrillard si los enfrentásemos con todo el arsenal conceptual de la filosofía tomista?. Simplemente que, según ellos -lo cual para el caso es lo que interesa-, les haríamos un precioso favor. Mostraríamos nítidamente "la ley" que hace aparecer "lo impensado", la inversión [dialéctica] que sostiene el método de creación en cuanto caída, en cuanto ser atraídos por la muerte.

Más aún, haríamos posible "el rumor", la exterioridad del afuera (Foucault), la perpetua refutación que no concluye en nada, que tiende hacia la nada.

Y todavía, demostraríamos experimentalmente "la transubstanciación" de Baudrillard, el hombre que es mujer, a partir de la superioridad falocrática tomista del hombre sobre la mujer , que estaría en el fondo del dogma de la transubstanciación (como razón de todo pensamiento determinado), y que no podría resolverse realmente sino en el travestismo como resumen de la "reversibilidad" de los signos.

Naturalmente, o preternaturalmente, se trata de un efecto diabólico, de la sujeción de la creación divina al Príncipe de este mundo permitida por la debilidad humana. "¡En pecado me generó mi madre!" .

Es que debemos tomar en serio la afirmación de Largeault -sin aceptarla-: el nominalismo (como actitud de vida a la que sigue una filosofía) es irrefutable especulativamente . Es refutable prácticamente, en la lucha agustiniano-tomista entre los dos amores que construyeron dos ciudades.

El hombre, librado a sí mismo, sin Dios en el mundo, sin Dios Salvador, no puede ir sino hacia abajo, como tan exactamente mostraron Foucault, Baudrillard, y Santo Tomás.

"Estos que son de abajo tienen un origen ínfimo, y de este mundo, porque tienen el afecto orientado hacia las cosas terrenales" .

"Hay que saber que cada cual en su progresión sigue la condición de su origen; por lo tanto, las cosas que tienen ínfimo origen, si son libradas a sí mismas, tienden naturalmente hacia abajo. Y nada tiende naturalmente hacia arriba, sino lo que tiene origen superior" .

"«Si pues no creéis que yo soy, moriréis en vuestro pecado», como si dijese: nacisteis en el pecado original, del cual no podéis ser absueltos sino por mi fe" .


Ignacio E. M. Andereggen



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