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sábado, 1 de septiembre de 2018

Protestantización de la Cultura - P. Javier Olivera Ravasi

Protestantización de la Cultura
Pbro. Dr. Javier Olivera Ravasi


[Centro Pieper] El Centro de Humanidades Josef Pieper tiene el agrado de invitarlos a participar del quinto Café Cultural del año, a realizarse el próximo viernes 07 de Septiembre a partir de las 20:15hs en el Multiespacio Cultural EL CAMINO, Catamarca 2336 (casi Brown), de nuestra ciudad de Mar del Plata.

El tema que convoca en esta oportunidad es “Protestantización de la Cultura”, a cargo del Pbro. Dr. Javier Olivera Ravasi, quien continúa así el Curso “La Verdad en la era de la posverdad - Una Respuesta a los Dilemas Antropológicos y Morales de Nuestro Tiempo” que dicta el Centro Pieper este año, bajo el lema: “Pasión por la Verdad”.

Además, el sábado 8 de Septiembre, a partir de las 11hs y en el mismo Multiespacio Cultural EL CAMINO, el Padre Olivera dictará una Conferencia sobre “La «Devotio Moderna»”

El Curso 2018 del Centro Pieper está dirigido a Jóvenes mayores de 14 años y Adultos en general, Profesionales, Docentes y Estudiantes Universitarios, Agentes de Pastoral, etc. Los interesados pueden inscribirse directamente unos minutos antes del inicio del Café Cultural, donde además se brindarán detalles del programa para lo que queda del año. 

miércoles, 25 de octubre de 2017

Lutero no Encabezó una Reforma sino una Revolución - Cardenal Gerhard Müller

Lutero no Encabezó una Reforma sino una Revolución
Cardenal Gerhard Müller


Martín Lutero se afanó como nadie por destruir la Fe Católica sobre la Tradición, la Escritura, el Magisterio, los Sacramentos y la Iglesia. La mal llamada “Reforma” de Lutero se produjo contra el Espíritu Santo: se trató de una “Revolución”. En el contexto actual de negación de lo obvio cuando es políticamente incorrecto, las claras palabras del Cardenal en este artículo —publicado originalmente en “La Nuova Bussola Quotidiana” y traducido al español por Bruno Moreno Ramos para InfoCatólica— son, sin duda, de agradecer. 


Hoy existe una gran confusión al hablar de Lutero y es necesario decir claramente que, desde el punto de vista de la Dogmática y de la Doctrina de la Iglesia, no se trató de una Reforma, sino de una Revolución, es decir, un cambio total de los fundamentos de la Fe Católica. No es realista argumentar que su intención era luchar contra algunos abusos en relación con las indulgencias o los pecados de la Iglesia del Renacimiento. Los abusos y las malas acciones siempre han existido en la Iglesia —no solo en el Renacimiento— y hoy siguen existiendo. La Iglesia es santa por la Gracia de Dios y los Sacramentos, pero todos los hombres de la Iglesia somos pecadores y todos necesitamos el perdón, el arrepentimiento y la penitencia.

Esta distinción es muy importante. En el libro escrito por Lutero en 1520, «De captivitate babylonica Ecclesiae» («La cautividad babilónica de la Iglesia»), queda absolutamente claro que Lutero había dejado atrás todos los principios de la Fe Católica, la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica y el Magisterio del Papa, de los Concilios y de los Obispos. En este sentido, malinterpretaba el concepto de desarrollo homogéneo de la Doctrina Cristiana, que ya se había explicado en la Edad Media, y llegó a negar el Sacramento como un signo eficaz de la Gracia que contiene… y sustituyó esta eficacia objetiva de los Sacramentos por una fe subjetiva. Lutero abolió cinco Sacramentos y también negó la Eucaristía: el carácter Sacrificial del Sacramento de la Eucaristía y la conversión real de la sustancia del pan y el vino en la sustancia del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. Asimismo, definió el Sacramento del Orden como una invención del Papa —a quien denominaba el Anticristo— en lugar de como una parte de la Iglesia de Jesucristo. En cambio, nosotros defendemos que la Jerarquía Sacramental, en comunión con el Sucesor de Pedro, es un elemento esencial de la Iglesia Católica y no solo un elemento de una organización humana.

Por esta razón, no podemos aceptar que la Reforma de Lutero se defina como una Reforma de la Iglesia en el sentido Católico. Es Católica una Reforma que consiste en una renovación de la fe vivida en la Gracia, la renovación de las costumbres y la ética, la renovación espiritual y moral de los Cristianos; no una nueva fundación, una nueva Iglesia.

sábado, 29 de abril de 2017

Fátima y las Tres Revoluciones [Extracto] - Roberto de Mattei

Fátima y las Tres Revoluciones
[Extracto]
Roberto de Mattei


La relación entre el mensaje de Fátima de 1917 y el proceso Revolucionario que ataca a la Iglesia y la civilización cristiana ha sido el tema de una Conferencia del destacado historiador católico italiano Roberto de Mattei. A continuación reproducimos un extracto de dicha Conferencia a modo de introducción al Curso del Centro Pieper para este año que abordará “El Siglo de Fátima”.



Presentación del Centro Pieper

[Centro Pieper] El Profesor Roberto de Mattei, brillante discípulo de Plinio Corrêa de Oliveira, ha dictado una interesantísima Conferencia en la ciudad de Washington (USA) titulada “2017: Arrojando Luz sobre la Crisis de Hoy”, el pasado 27 de Marzo, ante un atento público de más de 200 personas. 

Cuando descubrimos su contenido, no pudimos menos que agradecer al cielo su valiosa tarea de síntesis, al mismo tiempo que reconocer en sus palabras muchos temas que hemos venido tratando en el Centro Pieper a lo largo de su historia. Y por si esto fuera poco, tenemos allí una suerte de “introducción” al Curso que proyectamos para este año 2017 en nuestro Centro y que versará sobre los cien años de Fátima. Evidentemente, y a pesar de la distancia geográfica que nos separa, estamos en el mismo espíritu. ¡Deo gratias!

De Mattei muestra en esta Conferencia cómo las raíces de la crisis actual pueden rastrearse en tres aniversarios que, curiosamente, se conmemoran todos ellos este año y ayudan a tomar conciencia de sus enormes influjos en la sociedad de nuestros días.

sábado, 13 de junio de 2009

Voltaire y Rousseau. Ideólogos de la Revolución Francesa - P. Alfredo Sáenz

Voltaire y Rousseau
Ideólogos de la Revolución Francesa
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ


Material de Lectura para la Cuarta Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Moderno.


Protagonismo de las ideas en la Revolución


No son pocos los que identifican la Revolución Francesa con el derramamiento de sangre y la guillotina. Pero eso fue lo postrero. La Revolución comenzó mucho antes, subvirtiendo primero el orden de las ideas [1].

La bibliografía que existe sobre la Revolución Francesa es inmensa. Entre nosotros, destaquemos un notable ensayo de Enrique Díaz Araujo, del que nos valdremos para desarrollar el tema [2].

Dos fueron los «ideólogos» principales que prepararon la Revolución.

Ante todo Voltaire, hombre singular, por cierto, apoltronado en un cómodo deísmo o teísmo cuya principal virtualidad consistiría en contener los posibles ímpetus del bajo pueblo por el que no ocultaba su más profundo desprecio. Su lema hasta la muerte sería: «Ecrassez l’infame» («destruid a la infame»), es decir, a la Iglesia. «Jesucristo –dirá– necesitó doce apóstoles para propagar el cristianismo. Yo voy a demostrar que basta uno solo para destruirlo». Voltaire aplicó su inteligencia práctica a la labor panfletaria. Desde su lujosa residencia de Ferney daría a luz libelo tras libelo, donde se afirmaba que la Biblia no tenía grandeza ni belleza, que el Evangelio sólo había traído desgracias a los hombres, que la Iglesia, entera y sin excepción, era corrupción o locura. Simplificación caricaturesca, incansable repetición de los mismos motivos, tales eran sus procedimientos predilectos.

Fue también el maestro de la duda y del criticismo como método de trabajo. En el artículo que escribió para la Enciclopedia bajo el título «¿Qué es la verdad?», decía: «De las cosas más seguras, la más segura es dudar». Gracias a sus vínculos con la masonería, Voltaire entró en contacto epistolar con varios soberanos de Europa, como José I de Austria, los ministros Pombal de Portugal y Aranda de España, María Teresa de Austria, y sobre todo Federico II de Prusia (al que llamó «el Salomón del Norte») y Catalina la Grande de Rusia (a la que denominó «la Semíramis del Norte»), y así contribuyó para que el antiguo despotismo se convirtiese en un «despotisrno ilustrado», como comenzó a llamarse. «Era –comenta Hazard– una figura de minué: reverencia de los príncipes a los filósofos y de los filósofos a los príncipes» [3].

Pero el maestro principal del siglo XVIII fue Rousseau. Bien señala Díaz Araujo que «casi toda la problemática de la Revolución –el utopismo, el mesianismo, el crístianismo corrompido, la mística democrática, la voluntad general totalitaria, el monismo político-religioso, la relígión secular, el optimismo ético, el progresismo indefinido, la pedagogía anárquica, la santificación del egoísmo, el romanticismo, etc.–, pasa por su obra. Todos los revolucionarios prácticos, desde Marat y Saint-Just, pasando por Babeuf, Marx, Lenin, Bakunin, Trotsky, hasta llegar al Che Guevara y Mao-Tse-Tung, son tríbutarios suyos y discípulos confesos o vergonzantes» (Prometeo desencadenado... 28).

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