Lutero no Encabezó una Reforma sino una Revolución
Cardenal Gerhard Müller
Martín Lutero se afanó como nadie por destruir la Fe Católica sobre la Tradición, la Escritura, el Magisterio, los Sacramentos y la Iglesia. La mal llamada “Reforma” de Lutero se produjo contra el Espíritu Santo: se trató de una “Revolución”. En el contexto actual de negación de lo obvio cuando es políticamente incorrecto, las claras palabras del Cardenal en este artículo —publicado originalmente en “La Nuova Bussola Quotidiana” y traducido al español por Bruno Moreno Ramos para “InfoCatólica”— son, sin duda, de agradecer.
Hoy existe una gran confusión al hablar de Lutero y es necesario decir claramente que, desde el punto de vista de la Dogmática y de la Doctrina de la Iglesia, no se trató de una Reforma, sino de una Revolución, es decir, un cambio total de los fundamentos de la Fe Católica. No es realista argumentar que su intención era luchar contra algunos abusos en relación con las indulgencias o los pecados de la Iglesia del Renacimiento. Los abusos y las malas acciones siempre han existido en la Iglesia —no solo en el Renacimiento— y hoy siguen existiendo. La Iglesia es santa por la Gracia de Dios y los Sacramentos, pero todos los hombres de la Iglesia somos pecadores y todos necesitamos el perdón, el arrepentimiento y la penitencia.
Esta distinción es muy importante. En el libro escrito por Lutero en 1520, «De captivitate babylonica Ecclesiae» («La cautividad babilónica de la Iglesia»), queda absolutamente claro que Lutero había dejado atrás todos los principios de la Fe Católica, la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica y el Magisterio del Papa, de los Concilios y de los Obispos. En este sentido, malinterpretaba el concepto de desarrollo homogéneo de la Doctrina Cristiana, que ya se había explicado en la Edad Media, y llegó a negar el Sacramento como un signo eficaz de la Gracia que contiene… y sustituyó esta eficacia objetiva de los Sacramentos por una fe subjetiva. Lutero abolió cinco Sacramentos y también negó la Eucaristía: el carácter Sacrificial del Sacramento de la Eucaristía y la conversión real de la sustancia del pan y el vino en la sustancia del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. Asimismo, definió el Sacramento del Orden como una invención del Papa —a quien denominaba el Anticristo— en lugar de como una parte de la Iglesia de Jesucristo. En cambio, nosotros defendemos que la Jerarquía Sacramental, en comunión con el Sucesor de Pedro, es un elemento esencial de la Iglesia Católica y no solo un elemento de una organización humana.
Por esta razón, no podemos aceptar que la Reforma de Lutero se defina como una Reforma de la Iglesia en el sentido Católico. Es Católica una Reforma que consiste en una renovación de la fe vivida en la Gracia, la renovación de las costumbres y la ética, la renovación espiritual y moral de los Cristianos; no una nueva fundación, una nueva Iglesia.