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miércoles, 22 de noviembre de 2017

Ante la Angustiosa Espera del Submarino ARA San Juan

Ante la Angustiosa Espera del Submarino ARA San Juan


Amar la Patria es el amor primero
Y es el postrer amor después de Dios
Y si es crucificado y verdadero
Ya son uno los dos, ya no son dos.
P. Leonardo Castellani


Los versos de Castellani que encabezan estas líneas nos recuerdan una antigua verdad olvidada: el amor a Dios y el amor a la Patria son los amores esenciales de todo hombre. Todos, por cierto, somos hijos de Dios en el orden de la gracia e hijos de una tierra en el orden histórico.

Ambos amores se hacen uno en el dolor. Eso es lo que el pueblo argentino está viviendo en estas horas angustiosas aguardando la suerte de cuarenta y cuatro de sus hijos perdidos en el inmenso Mar Austral.

Dios, que en su inescrutable Providencia suele servirse del mal para ponerlo al servicio del bien -tal, en esencia, el misterio de la Cruz- ha hecho resurgir en estos días de dolor y de angustia lo mejor del alma argentina: una fe que aunque soterrada sigue viva y un patriotismo que aunque parecía muerto hoy se muestra vivo.

viernes, 15 de febrero de 2013

El Hobbit. El viaje, una vez más - Jorge N. Ferro

El Hobbit
El viaje, una vez más
Jorge N. Ferro


Jorge Norberto Ferro es Licenciado y Doctor en Letras por la Facultad de Filosofía y Letras de la U.C.A. (Universidad Católica Argentina). Su Tesis Doctoral fue sobre Tolkien.


Introducción

En El Hobbit, Tolkien reelaborará, una vez más, el recurrente tema del viaje, constante en la gran tradición literaria. Viaje iniciático, en efecto, en cuyo transcurso "muere" el "hombre viejo" (¿hobbit viejo?) para dar lugar al verdadero, al que no puede manifestarse ni alcanzar su perfecta estatura, sofocado por las diversas miserias que lo ahogan. Viaje que implica una auténtica liberación de las virtualidades del personaje, ocultas aun a sus propios ojos, aunque pugnen sordamente por hallar su cauce. Viaje, en fin, para decirlo en términos acordes con la fe cristiana del autor, que constituye una plena conversión.

El viaje de Bilbo, como todos los grandes viajes literarios, es imagen de la vida del hombre. Instalado en su cómoda pequeñez, prisionero en sí mismo, el hobbit no podrá romper las cadenas de la mediocridad sin ayuda de afuera. Es así como irrumpe la Salvación -cuyo instrumento es el "mago" Gandalf- con exigencias impensables, desmesuradas, que hacen añicos la artificiosa construcción con que Bilbo intenta asfixiar su identidad profunda. Gandalf será el guía, el maestro -como el Mentor homérico-, el mediador entre la Providencia y el hobbit.

Bilbo vive muellemente en medio de una aparente seguridad, y su relación con los demás está signada por una paz y una respetabilidad de igual modo aparentes. Se encuentra aferrado en el aquende, podría decirse. Se ha conformado con los criterios mundanos. A lo largo de su viaje, estos criterios se irán desprendiendo -no sin dolor, es obvio- para dar paso al Bilbo real, a la vez que su relación con el prójimo adquirirá una riqueza y hondura muy distantes de la epidérmica cortesía anterior.

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