Caturelli
Héctor H. Hernández
“Siempre que la Iglesia y la Patria lo necesitan, él como intelectual católico está”.
“Doctores cuyas plumas nos legaron
De virtud y saber rico tesoro,
Al que es raudal de ciencia inextinguible
Rogadle por nosotros”
Libro de las Horas, Fiesta de todos los Santos
Fue en 1998, ni un año más ni uno menos; pero en nuestro rastreo todavía no dimos con el día y el mes. Fue en Paraná, Entre Ríos, sin ninguna duda. Y en una biblioteca popular que está en calle Buenos Aires que, obviamente, no se ha movido de lugar. Fue el último acto que hizo el CENTOLIAR, (¿“último acto”?, digo hasta ahora, porque siempre hemos querido resucitarlo). Fue la reunión número 25 .
1. Centoliar
La sigla daba para un medicamento, “Centoliar gotas”, “Centoliar inyectable”, “Consulte antes a su médico”, “lea el prospecto”, y para las consiguientes chanzas; pero no: “Centro Tomista del Litoral Argentino”, para servir a la Patria.
Nacimos a la sombra del convento “San Pablo Primer Ermitaño” de los dominicos de Santa Fe, es decir al amparo de Fray Rafael y Fray Amando (¿qué es lo que no hicieron uno y otro?: los Cuadernos de espiritualidad y teología; los retiros de matrimonios en Córdoba, que todas nuestras mujeres añoran; hasta las jornadas de jóvenes, luego agrandadas con el Centro “Hernandarias”), y éramos de esa ciudad, Paraná, Rosario, San Nicolás… federales.
