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miércoles, 28 de septiembre de 2022

Orígenes: Vida y Obra [06] - Benedicto XVI

Orígenes: Vida y Obra
[Padres de la Iglesia 06]
Benedicto XVI


Audiencia General correspondiente al miércoles 25 de Abril de 2007, continuando así su Ciclo de Catequesis sobre los Padres de la Iglesia.


[CP] En nuestras meditaciones sobre las grandes personalidades de la Iglesia antigua, conocemos hoy a una de las más destacadas. Orígenes de Alejandría es, en realidad, una de las personalidades determinantes para todo el desarrollo del pensamiento cristiano. Recoge la herencia de Clemente de Alejandría, sobre quien meditamos el miércoles pasado, y la proyecta al futuro de manera tan innovadora que lleva a cabo un cambio irreversible en el desarrollo del pensamiento cristiano. Fue un verdadero “maestro”; así lo recordaban con nostalgia y emoción sus discípulos: no sólo era un brillante teólogo, sino también un testigo ejemplar de la doctrina que transmitía. Como escribe Eusebio de Cesarea, su biógrafo entusiasta, “enseñó que la conducta debe corresponder exactamente a la palabra, y sobre todo por esto, con la ayuda de la gracia de Dios, indujo a muchos a imitarlo” (Hist. Eccl. VI, 3, 7).

Durante toda su vida anhelaba el martirio. Cuando tenía diecisiete años, en el décimo año del emperador Septimio Severo, se desató en Alejandría la persecución contra los cristianos. Clemente, su maestro, abandonó la ciudad, y el padre de Orígenes, Leónidas, fue encarcelado. Su hijo anhelaba ardientemente el martirio, pero no pudo realizar este deseo. Entonces escribió a su padre, exhortándolo a no desfallecer en el supremo testimonio de la fe. Y cuando Leónidas fue decapitado, el joven Orígenes sintió que debía acoger el ejemplo de su vida. Cuarenta años más tarde, mientras predicaba en Cesarea, declaró: “De nada me sirve haber tenido un padre mártir si no tengo una buena conducta y no honro la nobleza de mi estirpe, esto es, el martirio de mi padre y el testimonio que lo hizo ilustre en Cristo” (Hom. Ez. 4, 8).

En una homilía sucesiva –cuando, gracias a la extrema tolerancia del emperador Felipe el Árabe, parecía haber pasado la posibilidad de dar un testimonio cruento– Orígenes exclama: “Si Dios me concediera ser lavado en mi sangre, para recibir el segundo bautismo habiendo aceptado la muerte por Cristo, me alejaría seguro de este mundo... Pero son dichosos los que merecen estas cosas” (Hom. Iud. 7, 12). Estas frases revelan la fuerte nostalgia de Orígenes por el bautismo de sangre. Y, al final, este irresistible anhelo se realizó, al menos en parte. En el año 250, durante la persecución de Decio, Orígenes fue arrestado y torturado cruelmente. A causa de los sufrimientos padecidos, murió pocos años después. Tenía menos de setenta años.

domingo, 2 de octubre de 2016

Comentario del Libro del Profeta Isaías - Prólogo y Collationes [Incluye Video] - Santo Tomás de Aquino

Comentario del Libro del Profeta Isaías
Prólogo y Collationes [Incluye Video]
Santo Tomás de Aquino


Texto leído en el Curso de “Introducción a la Vida y Obra de Santo Tomás de Aquino” dictado por el Dr. Mario Caponnetto en el “Curso Tomista 2016” del Centro Pieper de Mar del Plata. Es parte del “Documento de Trabajo” de la Segunda Clase.


Prólogo 

Escribe la visión y exponla sobre unas tablas, para que quien leyere lo haga de corrido; porque es todavía una visión lejana y aparecerá en el final. Habacuc II, 2, 3.


De estas palabras, tres cosas pueden deducirse acerca del Libro del Profeta Isaías, que tenemos entre manos, a saber, el autor, el modo y la materia.

Respecto del Autor, a su vez, se han de establecer tres cosas: el Autor mismo, el Ministro del Autor y el Oficio del Ministro o su don.

El Autor se muestra en la orden que es dada al que habla; y es por eso que antes dice (Habacuc II, 2): Me respondió el Señor y dijo: escribe la visión, etc. En efecto, el Autor de la Sagrada Escritura es el Espíritu Santo. También, más abajo, Isaías XLVIII, 15: Ahora, el Señor me envió; y en Pedro II, I, 21: pues ninguna profecía ha venido por voluntad humana, etc.; el Espíritu, en efecto, habla los misterios, como se dice en Corintios I, XIV, 2

El Ministro se muestra en el acto del que escribe pues dice: escribe. La lengua del profeta fue órgano del Espíritu Santo, como dice el Salmo 44, 2: Mi lengua es como ágil pluma de escribano; y en Corintios I, III, 4, 5: Pero, ¿quién es Apolo, quién Pablo? Ministros suyos a quienes creísteis.

El Oficio del Ministro se muestra en el privilegio de la visión: dice, en efecto, la visión. Pues el que hoy es llamado Profeta, antiguamente se llamaba vidente, como se dice en Samuel I, IX, 9; y en Números XII, 6: Si hubiere entre vosotros un profeta del Señor, me apareceré a él en visión o le hablaré en sueños. El Autor, por tanto, resulta evidente.

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