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jueves, 5 de junio de 2025

Cristo Rey: Ayer, Hoy y Siempre - Luis Roldán

Cristo Rey: Ayer, Hoy y Siempre
Luis Roldán


Cuarta Conferencia [Modalidad Virtual] del XIX Curso Anual 2025 del Centro Pieper titulado “Christus Regnat! La Realeza Social de Cristo, a 100 años de la Encíclica «Quas Primas» del Papa Pío XI”.


[Centro Pieper] El Centro de Humanidades Josef Pieper de Mar del Plata (Argentina), tiene el agrado de invitarlos a participar de la transmisión de la Conferencia del Dr. Luis Roldán titulada “Cristo Rey: Ayer, Hoy y Siempre”. 

Esta Conferencia se transmitirá en vivo el próximo viernes 6 de Junio a partir de las 19hs de Argentina

Podrá ser vista gratuitamente por el Canal de YouTube del Centro Pieper en el siguiente enlace:

O a través de la pantalla que se encuentra a continuación: 


¿Te la vas a perder?

domingo, 4 de agosto de 2024

La Liturgia, el Valle de los Caídos y Josef Pieper - Jorge Soley

La Liturgia, el Valle de los Caídos y Josef Pieper
Jorge Soley


Extractamos aquí parte del artículo de Jorge Soley, publicado originalmente en el Portal Español de Noticias “El Debate” con el título «El Cofre del Tesoro: las Memorias de Pieper». Se trata de textos escritos durante diferentes momentos de su vida, de los que hemos querido elegir tres para este posteo en el Blog del Centro Pieper: dos ponen foco en la Liturgia y el otro en el Valle de los Caídos.


[El Debate / Centro Pieper] El célebre filósofo Josef Pieper (1904-1997) publicó a lo largo de su vida tres libros de memorias. El primero, Lo que aún nadie sabía, recoge los años que van desde 1904 a 1945. A continuación, en Todavía no acabó el día, Pieper pasa revista a su vida entre 1945 y 1964. Por último, Una historia sin final, transcurre entre 1964 y 1984. Traducidos al español, han sido publicados recientemente por Ediciones Cristiandad en un solo tomo, que agrupa los tres libros originales bajo el título Escritos autobiográficos.

Son textos escritos durante diferentes momentos de la vida de Pieper y, por ello mismo, aunque hay una sola voz narrativa, con su propia e inconfundible personalidad, los enfoques son diversos. Hay periodos en los que la vida universitaria y cultural alemana cobra gran protagonismo, con abundante detalle, en otros son los viajes que Pieper hace a lo largo y ancho del mundo los que adquieren mayor protagonismo. Por último, la deriva de la Iglesia, especialmente en Alemania, durante el posconcilio, ocupa no pocas de las páginas del periodo final.

Rescatamos aquí algunos de sus pasajes:

[…]


[Canto Gregoriano, propio de la Liturgia Romana]

“En la Constitución Conciliar sobre la Liturgia, se lee: «la Iglesia considera el Canto Gregoriano como el canto propio de la Liturgia Romana». ¿Pero dónde se lo puede aún escuchar y cantar realmente?… Al oír los cantos que antaño todo el mundo conocía, no sin dolor y vergüenza se da cuenta uno de la superficialidad con que el cristianismo católico ha echado por la borda esos tesoros inconmensurables y quizás los haya perdido ya de manera irrecuperable”.

lunes, 20 de noviembre de 2023

“No prefiera nada antes que la Obra de Dios” (San Benito) - Jornadas Virtuales de Reflexión sobre Liturgia 2023

“No prefiera nada antes que la Obra de Dios” (San Benito)
Jornadas Virtuales de Reflexión sobre Liturgia 2023


Estas Jornadas, organizadas por el Centro de Humanidades Josef Pieper de Mar del Plata, pretenden aportar una reflexión al gran tema de la Liturgia.


[CP] El Centro de Humanidades Josef Pieper de Mar del Plata, Argentina, invita a sus Jornadas Virtuales de Reflexión sobre Liturgia 2023 que llevan por título “No prefiera nada antes que la Obra de Dios”, una frase de San Benito en su Regla (Cap. 43), que se desarrollarán el próximo 24, 25 y 26 de Noviembre.

Estas Jornadas, cuyas Conferencias se dictarán completamente en modo «Virtual», quieren recordar que la “Obra de Dios” –como llamaba San Benito a la Liturgia– tiene una importancia central tanto en la vida de toda comunidad eclesial como en la vida de todo bautizado. Pues, como señala el Papa Pío XII, «en toda acción litúrgica, juntamente con la Iglesia, está presente su divino Fundador: Jesucristo está presente en el augusto sacrificio del altar, ya en la persona de su ministro, ya, principalmente, bajo las especies eucarísticas; está presente en los sacramentos con la virtud que transfunde en ellos, para que sean instrumentos eficaces de santidad; está presente, finalmente, en las alabanzas y en las súplicas dirigidas a Dios, como está escrito: “Donde dos o tres se hallan congregados en mi nombre, allí me hallo yo en medio de ellos”». Por eso recuerda que «la sagrada liturgia», como la llama, «es, por consiguiente, el culto público que nuestro Redentor tributa al Padre como Cabeza de la Iglesia, y el que la sociedad de los fieles tributa a su Fundador y, por medio de Él, al Eterno Padre» (Pío XII, Encíclica Mediator Dei, 28-29). 

A continuación, detallamos el Programa Completo de las Jornadas, con los enlaces para ver las Conferencias en Vivo por el Canal del Centro Pieper en YouTube:


Viernes 24 de Noviembre

19hs “El Latín, Lengua de la Iglesia”
P. Brian Moore

       Puede ver la Conferencia aquí:




Sábado 25 de Noviembre

10hs “La Necesidad de los Sacramentos para la Salvación”
P. Jorge Hidalgo

       Puede ver la Conferencia aquí:




16hs “El Drama Litúrgico”
Pablo Marini

       Puede ver la Conferencia aquí:




19hs “Lo Mutable y lo Inmutable en la Liturgia – Una Reflexión acerca de los Cambios Litúrgicos”
Claudio Mayeregger

       Puede ver la Conferencia aquí:




Domingo 26 de Noviembre

19hs “Referencias Litúrgicas en el Catecismo de la Iglesia Católica”
P. Jonatan Gusmerotti

       Puede ver la Conferencia aquí:



lunes, 31 de julio de 2023

Catequesis sobre san Agustín de Hipona - Benedicto XVI

Catequesis sobre san Agustín de Hipona
Benedicto XVI


Audiencias Generales de los miércoles 9 de enero, 16 de enero, 30 de enero, 20 de febrero y 27 de febrero de 2008.


[1] La vida
 
Después de las grandes festividades navideñas, quiero volver a las meditaciones sobre los Padres de la Iglesia y hablar hoy del Padre más grande de la Iglesia latina, san Agustín: hombre de pasión y de fe, de altísima inteligencia y de incansable solicitud pastoral. Este gran santo y doctor de la Iglesia a menudo es conocido, al menos de fama, incluso por quienes ignoran el cristianismo o no tienen familiaridad con él, porque dejó una huella profundísima en la vida cultural de Occidente y de todo el mundo.

Por su singular relevancia, san Agustín ejerció una influencia enorme y podría afirmarse, por una parte, que todos los caminos de la literatura latina cristiana llevan a Hipona (hoy Anaba, en la costa de Argelia), lugar donde era obispo; y, por otra, que de esta ciudad del África romana, de la que san Agustín fue obispo desde el año 395 hasta su muerte, en el año 430, parten muchas otras sendas del cristianismo sucesivo y de la misma cultura occidental.

Pocas veces una civilización ha encontrado un espíritu tan grande, capaz de acoger sus valores y de exaltar su riqueza intrínseca, inventando ideas y formas de las que se alimentarían las generaciones posteriores, como subrayó también Pablo VI: «Se puede afirmar que todo el pensamiento de la antigüedad confluye en su obra y que de ella derivan corrientes de pensamiento que empapan toda la tradición doctrinal de los siglos posteriores» (AAS, 62, 1970, p. 426: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 31 de mayo de 1970, p. 10).

lunes, 23 de mayo de 2022

Manías Progresistas - Mons. Héctor Aguer

Manías Progresistas
Mons. Héctor Aguer


Considero útil, referirme a algunas «manías típicas del progresismo»: la rabieta ideológica contra la sotana, el odio del latín, desprecio al Santo Rosario y la Liturgia de las Horas, manipulación de la Liturgia, el temor-terror de aparecer distintos, el relativismo y el absolutismo constructivista, la teoría del cristianismo anónimo y el deísmo…


[InfoCatólica/CentroPieper] ¿Qué es el progresismo? Me refiero al eclesiástico, que a semejanza del secular, mira hacia el futuro como si el mundo y la Iglesia estuvieran en marcha, evolucionando siempre hacia lo mejor. Podríamos considerar al evolucionismo como una especie de epónimo del progresismo religioso. Éste constituye un sistema de ideas y actitudes «de avanzada», que se despega orgullosamente de toda adhesión a la Tradición. 

El así llamado modernismo de principios del siglo XX fue descrito y condenado por San Pío X, en la Encíclica Pascendi dominici gregis y el Decreto Lamentabili sane exitu. En él confluían una filosofía de cuño kantiano (racionalista) –que repudiaba el pensamiento aristotélico-tomista–, los estudios positivos de la Sagrada Escritura de inspiración protestante–liberal y el afán de igualar la cultura cristiana con la que reinaba en una Europa configurada por las revoluciones del siglo XIX, las cuales tenían su raíz en la Revolución Francesa de 1789, y su iluminismo. Los modernistas padecían una especie de incomodidad, como si fuesen ajenos o hubieran quedado afuera de lo que la Edad Moderna proponía. Además, reinaba en el modernismo la confusión entre la doctrina, sus contenidos y los modos de expresión. En este capítulo, el progresismo posconciliar lo supera ampliamente. San Vicente, monje galo-romano del Monasterio de Lerins, a mediados del siglo V, había distinguido en su Commonitorium entre la expresión de la Verdad cristiana, que lógicamente se reubicaba en las diversas épocas y culturas expresándose de un modo nuevo (nove), pero sin modificaciones o añadidura de cosas nuevas (nova).

El progresismo católico se desarrolló bajo el influjo del llamado «espíritu del Concilio». El Vaticano II (1962–1965) aprobó 14 documentos casi por unanimidad; en ellos se presentaba el catolicismo «puesto al día», en virtud de una clara intención de aggiornamento. Las discusiones y enfrentamientos esbozados ya en los debates conciliares, se agravaron posteriormente en divisiones dolorosas que confundieron a muchos sacerdotes y fieles. Hay recordadas expresiones de Pablo VI, que invitan a la circunspección en la valoración del Concilio, y permiten reconocer la gravedad de los años que le siguieron con la imposición de las arbitrariedades progresistas: «Esperábamos una floreciente primavera y sobrevino un crudo invierno»; «por alguna rendija el humo de Satanás se ha introducido en la Casa de Dios». 

sábado, 13 de mayo de 2017

Profesora: María Delia Buisel

Prof. María Delia Buisel
Profesora del Centro Pieper
Ciclo 2017


María Delia Buisel es Argentina, Profesora de Castellano y Literatura por el Instituto Terrero de la ciudad de La Plata y Profesora en Letras por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

Con una larga tarea docente, fue Profesora de Latín en la Universidad Nacional de La Plata, de 1981 al 2015; en la Universidad Nacional de Mar del Plata, de 1983 a 1985; en el Seminario Mayor San José de La Plata, de 1989 al 2012; en el Instituto Terrero de La Plata, de 1999 al 2006.

Ha dictado Cursos de Especialización en Universidades Nacionales (Rosario, Buenos Aires, Cuyo y Salta) y en Universidades Extranjeras (Araraquara, Ouro Preto y Río de Janeiro [de Brasil], Madrid y Granada [de España], Segni [de Italia], UNAM y Guadalajara [de México]).

Vicedirectora del “Centro de Estudios Latinos” de la Universidad Nacional de La Plata hasta el 2015. Asimismo, fue Directora de la Revista AUSTER de ese Centro, con Referato Internacional y 20 números editados desde 1996 hasta el año 2015.

viernes, 28 de agosto de 2015

La Actual Protestantización del Catolicismo - P. Miguel Poradowski

La Actual Protestantización del Catolicismo
Pbro. Dr. Miguel Poradowski


Con esta entrega, fechada en 1980, el P. Poradowski [1] coronaba una serie de artículos suyos dedicados a la “Sociología del Protestantismo” [2]. Aplicando los principales aspectos de ese proceso sociológico al catolicismo, logra poner de manifiesto su protestantización creciente.


[Introducción]

En los últimos años, con gran frecuencia, aparecen en muchos ambientes católicos las opiniones según las cuales el catolicismo actualmente está sufriendo un proceso de “protestantización” [3]. Y quienes más insisten en este asunto son los católicos convertidos del protestantismo. Con dolor y sorpresa constatan que errores del protestantismo abandonados por ellos son propagados ahora por la jerarquía católica.

A todo observador objetivo le parece innegable que la Iglesia Católica está profundamente revolucionada por la corriente protestante. La opinión general es que esto ocurre, pero —contrariamente a la situación del siglo XVI— no todos los católicos y especialmente los eclesiásticos clasifican este fenómeno como negativo, lo cual indica que el protestantismo ha despertado algunas simpatías entre la jerarquía eclesiástica [4].

Esta innegable presencia del protestantismo dentro de la Iglesia Católica de hoy día parece tener dos fuentes. Una, como en el siglo XVI, en algunos problemas interiores de la Iglesia misma [5]; y otra, [en] la influencia que sobre la Iglesia Católica ejerce el protestantismo, especialmente por los contactos facilitados a raíz del ecumenismo y de cuanto se efectúa bajo su pretexto y abuso [6].

Para completar, pues, nuestros ensayos sobre la “Sociología del protestantismo” de los tiempos de Lutero, vamos a ver, además —desde el punto de vista del esquema que hemos adaptado— si se puede hablar de la “protestantización” del catolicismo en la actualidad.

domingo, 29 de mayo de 2011

Amor - Josef Pieper

Amor
Josef Pieper


«El amor es el regalo esencial. Todo lo demás que se nos da sin merecerlo se convierte en regalo en virtud del amor»
(Summa theologica, 1, 38, 2)


I. A Vueltas con las Palabras


La pretendida «pobreza» del idioma

Hay razones más que suficientes que le sugieren a uno no ocuparse del tema del «amor». A fin de cuentas, basta con ir pasando las hojas de una revista ilustrada, mientras nos llega el turno en la peluquería, para que le vengan a uno ganas de no volver a poner en sus labios la palabra «amor» ni siquiera en un futuro lejano. Pero también nos da miedo esa otra actitud que, en el extremo opuesto, se goza de provocar malentendidos al hacer que la realidad del amor, transportada al terreno de lo irreal y fantasmagórico, se evapore y no deje de sí misma otra cosa que la pura «renunciación». En definitiva, pertenecen aquellas aprensiones al capítulo de los gustos y a la forma de encajar ciertas impresiones. Y hasta que no se superan esas reservas, no descubre uno la auténtica dificultad del asunto: es un tema verdaderamente inconmensurable. Pero, ¿puede decirse que se trata realmente de un tema? ¿No responde más bien la palabra «amor» a todo un conjunto de significaciones que, con apuros, pueden reducirse a un común denominador, como una palabra que cabalga su sentido sobre muchas islas flotantes y dispersas sin la más mínima comunicación entre sí? ¿Tienen algo que ver con esa «virtud teologal de la caridad», que en los catecismos suele ponerse después de la fe y de la esperanza, todos esos productos de la industria de la frivolidad que se dicen «amor», o lo que en el famoso ensayo de Stendhal se designa como amor físico? ¿Y qué tienen que ver con todo eso las ideas que Platón desarrolla en su Symposium? ¿No es acaso algo radicalmente distinto? Pero, aparte de esos extremos, nosotros mismos hablamos del amor al vino, del amor a la naturaleza o a la música. ¿Y no hay un abismo entre todo eso y la palabra de la Biblia, en la que se dice que Dios mismo es amor?

El que piensa en la riqueza de palabras que tienen otros idiomas, que se despliegan como un abanico al referirse a esa complicada realidad, podría creer que la dificultad de expresar el contenido del amor es un problema que sólo afecta a la lengua alemana, pues se ve obligada a emplear una misma palabra para expresar cosas distintas. Un especialista en filología antigua ha llamado a su propia lengua «pobre», porque sólo posee una palabra para «cosas que no tienen nada que ver una con otra», mientras que el griego y el romano, lo mismo que las lenguas modernas que se derivan del latín, disponen de media docena larga de vocablos. Un profesor de filosofía ha intentado aliviar esta supuesta penuria lingüística del idioma alemán proponiendo la absurda solución, por él mismo ya puesta en práctica, de distinguir al menos entre amor y amor (que se llamaría: amor sub-uno y amor sub-dos), pero insistiendo en que no se trata de dos «distintas especies de una misma noción genérica del “amor”».

En realidad la cosa es mucho más sencilla de lo que parece. En primer término, cuando se abandona el reino de los sustantivos y se entra en el de los verbos, resulta que la lengua alemana no es ni mucho menos tan pobre. Los hay que hacen asomarse a una profundidad de significación nada fácil de sondear. ¿Qué quiere decir, por ejemplo, «einander leiden mögen»? [NdT: Más o menos, «caerse bien mutuamente»]. Tiene, como todos los idiomas, en medio de la pluralidad de vocablos, una palabra base, que es también única y que reúne en sí y relaciona todas las demás especificaciones contenidas en las otras. Esa palabra es: amor. Omnis dilectio vel caritas est amor, sed non e converso. Esta frase no hace sino dejar constancia de un uso lingüístico vigente: toda dilectio (dilección) y toda caritas (caridad) es, en el fondo, amor (amour, amore, amor). Por tanto, lo discutible es precisamente el que todas esas cosas que el idioma alemán llama «amor» no tengan nada que ver entre sí. Sigmund Freud, que, por un lado, habla también del «abandono de la lengua en el empleo de la palabra “amor”», invita, por otro, a reflexionar sobre el hecho de que «todo uso idiomático, aun en medio de todos sus caprichos, permanece siempre fiel a alguna clase de realidad». De aquí se deduce que quizá haya una posibilidad de encontrar algo en esa pretendida «pobreza» del vocabulario alemán. Y esa posibilidad consiste en que la misma lengua nos incita a que no se pierda de vista lo que es unificante y común en todas las configuraciones del amor, y a que se tenga siempre en la conciencia esa convergencia a pesar del malaventurado uso restrictivo.

Es cierto, por otra parte, que existe ese abuso; y hasta parece incluso que son las palabras clave del habla humana las que más sufren esos achaques. Al menos así se ha dicho, y no sin razón. André Gide, llegado ya a los ochenta años y demasiado gastado para continuar escribiendo su diario, en sus últimos apuntes poco antes de morir escribe unas pocas palabras: «elegancia», «dignidad», «grandeza»... «me da miedo y casi vergüenza emplear estas palabras; es tal el descaro con que se ha abusado de ellas... Casi se las podría llamar vocablos obscenos, lo mismo que todas las palabras nobles, empezando por la virtud».

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