León XIII y el Americanismo
Mons. Pedro Daniel Martínez Perea
Texto publicado por el Sr. Obispo de San Luis en el año 2013, en un volumen colectivo de Homenaje al Padre Alfredo Sáenz, y digitalizado por el Centro Pieper para su Curso 2016 “Cristianismo en el Siglo XXI. Antecedentes, Conflictos, Perspectivas”.
El P. Alfredo Sáenz, en su lúcido libro sobre el modernismo, afirma que éste es deudor, entre otras doctrinas, del americanismo. Pues el americanismo consiste en el intento de la adaptación de la Iglesia con el mundo y con el 'espíritu del tiempo', en los cual se pone en evidencia la coherencia interna entre el americanismo y el modernismo. En otras palabras, los postulados del americanismo son los prolegómenos del modernismo [1].
El presente trabajo tiene por objeto profundizar este argumento, no sólo por lo que significa en sí mismo sino también, y sobre todo, por su gran actualidad. Daría la impresión que el tiempo no ha pasado. Luego de la exposición de la vida y el pensamiento del P. Isaac Hecker nos dedicaremos a desarrollar especialmente el Parlamento mundial de las religiones (Chicago 1893) y una referencia a la expansión del americanismo. De este modo podremos tener una mejor comprensión del porqué de la condena del americanismo por parte de León XIII (1899). En la conclusión tendremos oportunidad de hacer una reflexión teológica sobre el americanismo y sus consecuencias.
1. P. Isaac Hecker
El P. Hecker, era hijo de inmigrantes alemanes y bautizado en la Iglesia luterana [2]. Tipógrafo y miembro de un movimiento político democrático. El 2 de agosto de 1844 fue admitido en la Iglesia católica por el Obispo auxiliar de New York. Al año siguiente ingresó en el noviciado de los Padres Redentoristas y ordenado sacerdote el 23 de octubre de 1849 en Inglaterra. Desde su regreso a los Estados Unidos (1851) el P. Hecker se dedicó a las misiones entre emigrantes alemanes, como era la costumbre de los Padres Redentoristas. Con el tiempo y con la intención de realizarlas también para todos los fieles americanos el Arzobispo de New York le ofrece una casa. Comienza esa experiencia con dos compañeros y viaja a Roma, donde a los tres días de llegar es expulsado de su Congregación, por haber viajado sin permiso, violando así los votos religiosos. Recurre a la Santa Sede y finalmente, el 6 de marzo de 1858, queda libre de todos los cargos aunque sin pertenecer en adelante a la Congregación de los Redentoristas. El 10 de julio de ese mismo año funda en New York, con la aprobación del Arzobispo, la Comunidad Missionary Priests of St. Paul (Paulistas). En septiembre de 1908 tuvo la aprobación de la Santa Sede. Su doctrina y espiritualidad influyeron considerablemente en la Iglesia de los Estados Unidos. Participó en el Concilio plenario de Baltimore (1866) y en el Concilio Vaticano I (1869-1870) como teólogo del Arzobispo de Baltimore [3].