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jueves, 13 de junio de 2013

La Epopeya de los Cristeros - P. Alfredo Sáenz

La Epopeya de los Cristeros
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ


El próximo viernes 21 de Junio a partir de las 20.30 hs. contaremos con la presencia, en la ciudad de Mar del Plata, del Sacerdote Jesuita Argentino R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ, quien presentará en esta oportunidad el tema “La Epopeya de los Cristeros”

Organizada por la Asociación “Fraternidad de Vida Nueva” y con el Auspicio del “Centro Pieper”, el P. Sáenz dictará esta Clase Optativa del Curso “Maestros y Testigos Cristianos” en el Multiespacio Cultural EL CAMINO, Av. Luro 4344 - 1º Piso de nuestra ciudad de Mar del Plata y con ingreso libre de aranceles

Para mayor información, pueden llamar por teléfono al (0223) 495-0465 ó (0223) 155-03-4406.

Anacleto González Flores y la Epopeya Cristera - P. Alfredo Sáenz

Anacleto González Flores y la Epopeya Cristera
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ


Con el personalísimo estilo del P. Sáenz, este escrito suyo considera la figura fascinante de Anacleto González Flores y la gesta cristera en México de 1926-1929. Desde su llamado al sacerdocio hasta su martirio, Alfredo Sáenz retrata con arrobante interés la figura de «El Maestro», beatificado junto con sus compañeros de martirio.


Introducción

Consideraremos ahora una figura realmente fascinante, la de Anacleto González Flores, uno de los héroes de la Epopeya Cristera. Anacleto nació en Tepatitlán, pequeño pueblo del Estado de Jalisco, cercano a Guadalajara, el 13 de julio de 1888. Sus padres, muy humildes, eran fervientemente católicos. De físico más bien débil, ya desde chico mostró las cualidades propias de un caudillo de barrio, inteligente y noble de sentimientos. Pronto se aficionó a la lectura, y también a la música. Cuando había serenata en el pueblo, trepaba a lo que los mexicanos llaman «el kiosco», tribuna redonda en el centro de la plaza principal. Era un joven simpático, de buena presencia, galanteador empedernido, de rápidas y chispeantes respuestas, cultor de la eutrapelia.

A raíz de la misión que un sacerdote predicó en Tepatitlán, sintió arder en su corazón la llama del apostolado, entendiendo que debía hacer algo precisamente cuando su Patria parecía deslizarse lenta pero firmemente hacia la apostasía. Se decidió entonces a comulgar todos los días, y enseñar el catecismo de Ripalda a los chicos que lo seguían, en razón de lo cual empezaron a llamarlo «el maistro», sin que por ello se aminorara un ápice su espíritu festivo tan espontáneo y la amabilidad de su carácter. Al cumplir veinte años, ingresó en el seminario de San Juan de los Lagos, destacándose en los estudios de tal forma que solía suplir las ausencias del profesor, con lo que su antiguo sobrenombre quedó consolidado: sería para siempre «el Maistro».

Luego pasó al seminario de Guadalajara, pero cuando estaba culminando los estudios entendió que su vocación no era el sacerdocio. Salió entonces de ese instituto e ingresó en la Escuela Libre de Leyes de la misma ciudad, donde se recibió de abogado. Quedóse luego en Guadalajara, iniciando su labor apostólica y patriótica que lo llevaría al martirio. Pero antes de seguir con el relato de su vida, describamos el ambiente histórico en que le tocó vivir.

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