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miércoles, 23 de julio de 2025

Orígenes del Grito «Viva Cristo Rey»: la Guerra Cristera y la Cruzada Española - P. Jorge López Teulón

Orígenes del Grito «Viva Cristo Rey»:
la Guerra Cristera y la Cruzada Española
P. Jorge López Teulón


Séptima Conferencia [Modalidad Virtual] del XIX Curso Anual 2025 del Centro Pieper titulado “Christus Regnat! La Realeza Social de Cristo, a 100 años de la Encíclica «Quas Primas» del Papa Pío XI”.


[Centro Pieper] El Centro de Humanidades Josef Pieper de Mar del Plata (Argentina), tiene el agrado de invitarlos a participar de la transmisión de la Conferencia del Pbro. Lic. Jorge López Teulón titulada “Orígenes del Grito «Viva Cristo Rey»: la Guerra Cristera y la Cruzada Española”

Esta Conferencia se transmitirá en vivo el próximo viernes 25 de Julio a partir de las 17:00hs de Argentina / 22:00hs de España. 

Podrá ser vista gratuitamente por el Canal de YouTube del Centro Pieper en el siguiente enlace:


O a través de la pantalla que se encuentra a continuación: 


¿Te la vas a perder?

viernes, 30 de septiembre de 2022

Orígenes: el Pensamiento [07] - Benedicto XVI

Orígenes: el Pensamiento
[Padres de la Iglesia 07]
Benedicto XVI


Audiencia General correspondiente al miércoles 2 de Mayo de 2007, continuando así su Ciclo de Catequesis sobre los Padres de la Iglesia.


[CP] La catequesis del miércoles pasado estuvo dedicada a la gran figura de Orígenes, doctor alejandrino que vivió entre los siglos II y III. En esa catequesis, hablamos de la vida y la producción literaria de este gran maestro alejandrino, encontrando en la “triple lectura” que hacía de la Biblia el núcleo inspirador de toda su obra. No traté —para retomarlos hoy— dos aspectos de la doctrina de Orígenes, que considero entre los más importantes y actuales: me refiero a sus enseñanzas sobre la oración y sobre la Iglesia.

En realidad, Orígenes, autor de un importante tratado “Sobre la oración”, siempre actual, mezcla constantemente su producción exegética y teológica con experiencias y sugerencias relativas a la oración. A pesar de toda la riqueza teológica de su pensamiento, nunca lo desarrolla de modo meramente académico; siempre se funda en la experiencia de la oración, del contacto con Dios. En su opinión, para comprender las Escrituras no sólo hace falta el estudio, sino también la intimidad con Cristo y la oración. Está convencido de que el camino privilegiado para conocer a Dios es el amor, y de que no se puede conocer de verdad a Cristo sin enamorarse de él.

En la Carta a Gregorio, Orígenes recomienda: “Dedícate a la lectio de las divinas Escrituras; aplícate a ella con perseverancia. Comprométete en la lectio con la intención de creer y agradar a Dios. Si durante la lectio te encuentras ante una puerta cerrada, llama y te la abrirá el guardián, de quien Jesús dijo: «El guardián se la abrirá». Aplicándote de este modo a la lectio divina, busca con lealtad y confianza inquebrantable en Dios el sentido de las divinas Escrituras, que en ellas se encuentra oculto con gran amplitud. Ahora bien, no te contentes con llamar y buscar: para comprender los asuntos de Dios tienes absoluta necesidad de la oración. Precisamente para exhortarnos a la oración, el Salvador no sólo nos dijo: «buscad y hallaréis», y «llamad y se os abrirá», sino que añadió: «Pedid y recibiréis»” (Carta a Gregorio, 4).

miércoles, 28 de septiembre de 2022

Orígenes: Vida y Obra [06] - Benedicto XVI

Orígenes: Vida y Obra
[Padres de la Iglesia 06]
Benedicto XVI


Audiencia General correspondiente al miércoles 25 de Abril de 2007, continuando así su Ciclo de Catequesis sobre los Padres de la Iglesia.


[CP] En nuestras meditaciones sobre las grandes personalidades de la Iglesia antigua, conocemos hoy a una de las más destacadas. Orígenes de Alejandría es, en realidad, una de las personalidades determinantes para todo el desarrollo del pensamiento cristiano. Recoge la herencia de Clemente de Alejandría, sobre quien meditamos el miércoles pasado, y la proyecta al futuro de manera tan innovadora que lleva a cabo un cambio irreversible en el desarrollo del pensamiento cristiano. Fue un verdadero “maestro”; así lo recordaban con nostalgia y emoción sus discípulos: no sólo era un brillante teólogo, sino también un testigo ejemplar de la doctrina que transmitía. Como escribe Eusebio de Cesarea, su biógrafo entusiasta, “enseñó que la conducta debe corresponder exactamente a la palabra, y sobre todo por esto, con la ayuda de la gracia de Dios, indujo a muchos a imitarlo” (Hist. Eccl. VI, 3, 7).

Durante toda su vida anhelaba el martirio. Cuando tenía diecisiete años, en el décimo año del emperador Septimio Severo, se desató en Alejandría la persecución contra los cristianos. Clemente, su maestro, abandonó la ciudad, y el padre de Orígenes, Leónidas, fue encarcelado. Su hijo anhelaba ardientemente el martirio, pero no pudo realizar este deseo. Entonces escribió a su padre, exhortándolo a no desfallecer en el supremo testimonio de la fe. Y cuando Leónidas fue decapitado, el joven Orígenes sintió que debía acoger el ejemplo de su vida. Cuarenta años más tarde, mientras predicaba en Cesarea, declaró: “De nada me sirve haber tenido un padre mártir si no tengo una buena conducta y no honro la nobleza de mi estirpe, esto es, el martirio de mi padre y el testimonio que lo hizo ilustre en Cristo” (Hom. Ez. 4, 8).

En una homilía sucesiva –cuando, gracias a la extrema tolerancia del emperador Felipe el Árabe, parecía haber pasado la posibilidad de dar un testimonio cruento– Orígenes exclama: “Si Dios me concediera ser lavado en mi sangre, para recibir el segundo bautismo habiendo aceptado la muerte por Cristo, me alejaría seguro de este mundo... Pero son dichosos los que merecen estas cosas” (Hom. Iud. 7, 12). Estas frases revelan la fuerte nostalgia de Orígenes por el bautismo de sangre. Y, al final, este irresistible anhelo se realizó, al menos en parte. En el año 250, durante la persecución de Decio, Orígenes fue arrestado y torturado cruelmente. A causa de los sufrimientos padecidos, murió pocos años después. Tenía menos de setenta años.

miércoles, 24 de agosto de 2022

Noé, Daniel y Job: Lectio divina de Ez 14,12-23 en la Tradición de los Padres de la Iglesia - P. Pedro Edmundo Gómez OSB

Noé, Daniel y Job: Lectio divina de Ez 14,12-23
en la Tradición de los Padres de la Iglesia
P. Pedro Edmundo Gómez OSB


Tres clases de hombres que alcanzan la libertad en tres estados de vida


Texto de la Sagrada Escritura

Ezequiel 14, “12 La palabra del Señor me llegó en estos términos: 13 Hijo de hombre, si un país peca contra mí cometiendo alguna infidelidad, yo extenderá mi mano contra él y agotaré todas sus reservas de alimento: enviaré el hambre sobre él y extirparé por igual a hombres y animales. 14 Pero si se encuentran en ese país estos tres hombres: Noé, Daniel y Job, ellos salvarán su vida a causa de su justicia –oráculo del Señor–. 15 Si yo suelto las bestias feroces contra ese país para dejarlo despoblado, y él se convierte en un desierto intransitable, a causa de las fieras; 16 aunque se encuentren en ese país estos tres hombres, juro por mi vida –oráculo del Señor– que no podrán salvar ni a sus hijos ni a sus hijas: ellos solos se salvarán, mientras que el país quedará desierto. 17 O bien, si yo atraigo la espada contra ese país, diciendo: «Pase la espada por este país y extirpe de él a hombres y animales»; 18 aunque se encuentren en ese país estos tres hombres, juro por mi vida –oráculo del Señor– que no podrán salvar ni a sus hijos ni a sus hijas: ellos se salvarán. 19 O si envío la peste contra ese país y desahogo en forma sangrienta mi indignación contra ellos, extirpando por igual a hombres y animales; 20 aunque se encuentren en ese país Noé, Daniel y Job, juro por mi vida –oráculo del Señor– que no podrán salvar ni a sus hijos ni a sus hijas: ellos solos se salvarán a causa de su justicia. 21 Así habla el Señor: Aunque yo envié contra Jerusalén mis cuatro terribles castigos –la espada, el hambre, las bestias feroces y la peste– para extirpar de ella a hombres y animales, 22 ahí queda un resto de sobrevivientes que hacen salir a sus hijos y a sus hijas y vienen adonde están ustedes. Ustedes verán su mala conducta y sus obras, y se consolarán de la desgracia que atraje sobre Jerusalén, de todo lo que mandé contra ella. 23 Ellos los consolarán, porque ustedes verán su mala conducta y sus obras, y así sabrán que no sin motivo hice todo esto en la ciudad –oráculo del Señor–“.


I. Primer paso, el sentido alegórico: tres hombres, tres descendencias, tres clases

Orígenes (Siglo III), Homilías sobre Ezequiel IV, 4-8

“4. ‘Cortaré de ella al hombre y al ganado, y si estuvieran estos tres hombres en medio de ella…’ (Ez. 14, 13-14). ¿Cómo puede el número de estos tres habitar al mismo tiempo en una tierra pecadora? ¿Cómo pueden coexistir las vidas de personas que viven en tiempos tan diversos? En el presente, leemos que, en la tierra pecadora, habitaron al mismo tiempo: Noé que estuvo en el diluvio, Daniel que habitó entre los cautivos de Babilonia, y Job de quien se dice que vivió en tiempos de los patriarcas y de Moisés. Pues encontramos este tiempo en la vida de Job. ¿Qué podemos decir entonces? Debemos recordar, como se ha dicho a menudo, que, de la misma manera que un hombre engendra a un hombre, así Israel engendra a Israel; porque Israel, cuando era Jacob, engendró al pueblo de Israel. Y encontramos en las Escrituras el nombre de Israel usado tanto para un hombre como para todo el pueblo (…). Obviamente, para poder explicar el presente pasaje sobre Noé, Daniel y Job. En efecto, como Israel engendra a Israel, Jacob a Jacob, Rubén a Rubén, los demás a los demás, así Noé engendra a Noé. Y diré que, de los hijos de Noé, Set era de Noé, pero Cam no era de Noé, pues no tenía la semejanza de su padre. Y como los que son de Abraham no son todos hijos de Abraham, aunque son de su descendencia, no son de sus hijos, porque son pecadores; así, los que tienen la semejanza de los actos de Daniel son Daniel, los que imitan la paciencia de Job se convierten en Job. Así que no vengas a decir: bienaventurado Noé porque se hizo digno de ser el único elegido por el Señor en el diluvio, y cuando los demás perecían en el diluvio, ser con los suyos conservados sanos y salvos; sino que considera que tú también, si haces lo que hizo Noé, serás Noé. Escucha al Salvador: ‘Si fuerais hijos de Abrahán, haríais las obras de Abrahán’ (Jn. 8, 39). Así que ser hijo de Abraham es hacer las obras de Abraham; ser hijo de Noé es hacer la obra de Noé; ser hijo de Daniel es hacer lo que hizo Daniel. Seguir aquello por lo que Job llegó a ser glorioso (Job 40, 5), por ejemplo, haber perdido sus bienes y soportar con paciencia tanto las pérdidas de los bienes familiares como las muertes de sus hijos, y decir: ‘El Señor lo ha dado, el Señor lo ha quitado. ¡Sea bendito el nombre del Señor!’ (Job 1, 21); ser quemado con los males del cuerpo y golpeado con los variados dolores de sus males, y, sin embargo, en los mismos tormentos, glorificar a Dios, ser capaz de dar respuestas divinas, y, en medio de las torturas, pronunciar una palabra profética como la que pronunció Job, es ser imitador de Job. Y, además, de esta manera también, se pueden encontrar al mismo tiempo Noé, Daniel y Job.

5. (…) Daniel, que fue entregado ‘al jefe de los eunucos’ con Ananías, Azarías y Misael, era eunuco, y ahora se dice: ‘Noé, Daniel y Job no podrán salvar hijos ni hijas’, etc. Porque imaginemos - Noé tenía hijos - ¿cómo se enseñará a los hijos de Daniel, de quien los judíos narran que era eunuco? Pero como su alma fue santa y fructífera, y como por palabras divinas y proféticas procreó muchos hijos, se dice: ‘Y si se hallaren en él estos tres varones: Noé, Daniel y Job, tan sólo ellos, por su justicia, salvarían su vida’. Nosotros también podemos volvernos Daniel y, para no enumerar a todos los santos, puedo ser Pablo, si soy imitador de aquel que declara: ‘Sed imitadores míos’ (1 Cor. XI, 1), (…). Eres su hijo, la descendencia de Pablo. No te sorprendas de convertirte en hijo del Apóstol: ten virtudes y serás hijo de Cristo: ‘Hijitos míos, dice, por poco tiempo todavía estoy con vosotros’ (Jn. 13, 33). Ahora bien, cuando lo seas del Hijo, lo serás también del Padre Todopoderoso, porque son de una sola y misma naturaleza. Esta es la obra del justo, y a esto aspira: como hijo de Daniel, de Jacob, de Noé, de Abraham, a elevarse a la adopción de Dios, y a ser llamado no ya con nombres de hombres, sino con los títulos de los hijos de Dios (…).

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