domingo, 5 de abril de 2026

Resurrexit Sicut Dixit!


¡Santa y Feliz Pascua de Resurrección del Señor!







11 comentarios:

  1. La comisión belga ha escrito muchas cosas acertadas sobre María pero omitieron otras para no perjudicar el ecumenismo con los protestantes. Hay que destacar que Dios ha querido que nos salvemos en comunidad puesto que pecamos en comunidad con el primer Adán y la primera Eva todos los pecadores (los que murieron, están y morirán en pecado mortal) era necesario que la salvación se realizara en comunidad con un segundo Adán y una segunda Eva inmaculados de los que nacerá la Iglesia. María es la Iglesia, no sólo en cuanto recibió la gracia sino en cuanto recibió al Espíritu Santo del que nunca se separó aunque después de la muerte de Jesucristo haya comulgado para recibir nuevamente al Hijo y para que la Santísima Trinidad hiciera morada en Ella porque Ella comienza con los discípulos después de Pentecostés la comunidad de la Iglesia. Si la Iglesia es mediadora y corredentora lo es gracias a María y si María no puede ser medidora y corredentora tampoco puede serlo la Iglesia. Por ello, María es tan necesaria para los sacramentos como lo es la Iglesia. El enfoque de María no puede estar separado del enfoque de la Iglesia, por ello, María es la Mujer y la Iglesia es la Mujer que le pisa la cabeza a la serpiente, la Iglesia en cuanto se une a María es verdadera y vence a las herejías. En María está el sentido comunitario de la salvación del católico y en María está la explicación última de la necesidad de la Iglesia. Esto significa que la Iglesia es santa en cuanto se parece a María en su servicio y fidelidad a Cristo. La relación de Cristo y la Iglesia explica la relación de Cristo y María y viceversa. Aquí está el principal problema por el que se niega a María la condición de corredentora y mediadora o se la intenta relacionar con una mediación secundaria propia de los santos en las plegarias separada de los sacramentos. Aquí el problema no es la mediación de María sino también de la Iglesia. Es decir, que la Iglesia es la única auténtica y la única que salva en comunidad por medio de Cristo. Cristo es el único salvador pero la Iglesia tienen una función en la salvación de las almas, es medidora y corredentora, la Iglesia debe acatar todos los mandamientos de Dios y debe santificarse para llevar a cabo su función. Si se une a María es la Buena Mujer pero si se separa de María, si adultera sus enseñanzas y conductas para agradar a los ricos y poderosos se transforma en una Mala Mujer. Dentro de la Iglesia hay dos ciudades, dos bandos en lucha, lo hay en cada hombre y en el Mundo hasta que el tiempo esté maduro para la cosecha. Dos estarán en el lecho una será tomada y la otra dejada. San Agustín dice que la Iglesia también está en la Eucaristía, en nuestra unidad con Cristo formamos parte de la eucaristía en tanto formamos parte de Cristo, como en la vid injertados en Él por ello completamos en nuestros sufrimientos lo que falta del sacrificio de Cristo en la Cruz en tanto que Iglesia. Los títulos de María son títulos aplicables a la Iglesia y la Iglesia no puede tener títulos mayores ni diferentes a los de María. Cristo es varón, la Iglesia es Mujer, Cristo es Cabeza, la Iglesia es Cuerpo, el sacerdote debe ser varón para realizar el sacrificio incruento porque actúa como Cabeza en el momento de la consagración y el resto de los fieles como Cuerpo.

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  2. FSSPX (análisis jurídico y teológico)

    Se puede explicar la situación de la Iglesia y de la FSSPX de esta manera:
    Existió una ruptura en la Tradición de la Iglesia en el pasado reciente (CVII y Misa de Pa-blo VI, Bergoglio, Tucho, etc.) pues una parte de la jerarquía de la Iglesia intentó modificar el depósito de la fe para adaptar la Iglesia al Mundo moderno y generó una ruptura de manera que la Iglesia terrenal quedó en una situación irregular con una “parte” del depósito de la fe, todo el derecho canónico y la jerarquía.
    Por otra parte, el depósito de la fe íntegro expulsado de la Iglesia terrenal no dejó de exis-tir sino que providencialmente quedó en la FSSPX de una manera irregular, o sea, el depósito de la fe no completo porque faltaba el derecho canónico y la jerarquía de la Iglesia.
    Sería necesario que la Iglesia asumiera nuevamente el depósito íntegro de la fe comportán-dose como la FSSPX recién en ese momento se regularizaría la situación de la Iglesia y de la FSSPX.
    Gran parte de la jerarquía había visto pasar los siglos, no esperaba una Segunda Venida de Cristo pronto y esperaba una Iglesia triunfante como lo hizo la Primera Israel antes de la Pri-mera Venida, por ello, favorecieron un proceso de transición hacia una Iglesia ordenada al Mundo.
    Se consideró que había que adulterar la fe para sobrevivir porque lo importante era la su-pervivencia de la Iglesia para la salvación de las almas, no el amor a Dios sobre todas las cosas.
    Al ordenarse la Iglesia a la salvación de las almas no siguió los mandamientos de Dios pues está escrito que la Iglesia debe amar a Dios sobre todas las cosas incluso sobre la vida de la Iglesia.
    Y tanto la Iglesia terrenal como la FSSPX no cumplen lo ordenado de esperar la Segunda Venida de Cristo pronto sino que se ordenan a la salvación de las almas como fin último, o sea, a la Iglesia terrenal misma que es Creatura divinizada pero no es Dios.
    Al sustituir la Iglesia (salvación de las almas) a Dios, se puso la Iglesia en el lugar de Dios y se tomó atribuciones como si fuera Dios.
    Incluso vemos este error en el catecismo de San Pío X que establecía que el primer man-damiento de la Iglesia es ir a misa los domingos y fiestas de guardar y no, como está escrito en los mandamientos, amar a Dios sobre todas las cosas.
    La confusión en el Fin Último de la Iglesia que es Dios y no la salvación de las almas im-plicó ordenarse a la salvación de la Iglesia terrenal como si fuera a Dios mismo. Ello llevó a los funcionarios de la Iglesia y de la FSSPX a hacer proyectos sobre el día de mañana sin saber que esa misma noche sus almas serían tomadas.
    En vez de estar atentos a los signos de los tiempos, de tratar que no los encuentre despre-venidos la muerte, se han comportado como si la Iglesia y el Mundo tendrían siglos por delan-te porque amaban su vida y la vida de la Iglesia más que a Dios y ponían la salvación las almas (la vida de la Iglesia terrenal) sobre el amor a Dios.
    Esta confusión los volvió pragmáticos y hombres de poca fe, no creen en la Verdad y es-peculan haciendo el mal en que terminarán por obligar a Dios a sacar de los males que realizan, bienes y así preparan el Apocalipsis.
    Como no creen en la pronta Segunda Venida de Cristo se han puesto en la tarea de maso-nes, son constructores de una nueva Iglesia sinodal y ecuménica en la que entrarán todos, to-dos y todos.
    En esta Iglesia que unirán todos los credos, se cumplirá la parte “alegre” de las profecías sobre el Pueblo de Israel pero esta nueva Iglesia global no puede tener a Cristo como único Salvador y no puede considerar a la Iglesia católica como la única que salva.
    Este proyecto de construcción de una nueva cristiandad exigía unidad con el Mundo: un acuerdo con los ricos y poderosos que lo gobiernan.

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  3. Había que ponerse al servicio del Mundo (de los ricos y poderosos del Mundo) porque ha-bía que sobrevivir a cualquier precio y evitar el martirio o que la Iglesia se anonadara, desapa-reciera, muriera, la salvación de las almas confundida con la salvación de la Iglesia terrenal y convertida en el primer mandamiento de la Iglesia debía llevar a la apostasía general y al miste-rio de iniquidad.
    Porque querer evitar la muerte de la Iglesia a cualquier costo era oponerse a la Segunda Venida de Cristo pronto y oponerse a que la Historia de Salvación llegue a su fin.
    A estos nuevos evangelizadores de ese fin de la Historia de Salvación sólo les interesa la parte “alegre”, pasan directamente a hablar de la Jerusalén Celestial y omiten las profecías apocalípticas de Daniel, los tres apocalipsis de los Evangelios sinópticos y el Apocalipsis de San Juan.
    Para construir una Iglesia para el Mundo, la jerarquía debía demostrar que podía modificar el depósito de la fe sin consecuencias y la primera consecuencia fue la FSSPX.
    Expulsaron el depósito de la fe íntegro y el depósito no desapareció, como esperaban, sino que quedó en la FSSPX.
    Atacaron a la FSSPX para hacerla desaparecer y la Santa Misa tradicional volvió a ingresar en la Iglesia terrenal con la Fraternidad Sacerdotal San Pedro cuya función principal era evitar el crecimiento y contribuir a la desaparición de la FSSPX.
    Es decir, la Fraternidad Sacerdotal San Pedro y la Santa Misa tradicional en la Iglesia si-nodal y ecuménica tienen como función evitar que los fieles se vayan a la FSSPX para, luego, eliminar definitivamente la Santa Misa tradicional y modificar por completo el depósito de la fe.
    Esto surge del documento “Traditionis Custodes” de Bergoglio y del último memorando distribuido por el cardenal Roche el 08 de enero de 2026 entre los cardenales asistentes al pri-mer sínodo organizado por Prevost.
    No sabemos si todos los miembros de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro conocen que su existencia está supeditada a la existencia de la FSSPX y que en cuanto esta última desaparezca deberá desaparecer la Fraternidad Sacerdotal San Pedro o prohibirse la Santa Misa tradicional en ella.
    Más bien parecería lo contrario porque han atacado a la FSSPX como si la misma hubiera escrito documentos del calibre de los de Bergoglio o Tucho en los últimos años o como si la FSSPX hubiera caído en alguno de los terribles escándalos que llevan a cabo distintos miem-bros del clero de la Iglesia terrenal.
    Tiran la piedra para arriba como se puede ver en un trabajo de un grupo de teólogos, Theo-logus, sobre la legitimidad de las consagraciones episcopales sin mandato pontificio de la FSSPX ( https://www.infocatolica.com/?t=opinion&cod=54879 )
    Sin perjuicio de lo que hemos dicho en el capítulo anterior, a saber, que si el obispo Le-febvre designó cuatro obispos a los que excomulgó Juan Pablo II en 1988 porque lo hacía sin mandato pontificio y, luego, Benedicto XVI les levantó la excomunión y afirmó que la Santa Misa tradicional no podía ser prohibida porque había sido siempre válida e intentó favorecer esa liturgia con el Motu Proprio Summorum Pontificum y, después, Bergoglio atacó esa litur-gia con “Traditionis Custodes” aunque, según dice el obispo Pagliarini, favoreció y reconoció a los sacerdotes de la FSSPX.
    Mientras la FSSPX reconozca a la jerarquía de la Iglesia terrenal, la jerarquía podrá exco-mulgarla y levantarle las excomuniones todas las veces que quiera. Otra cosa es saber si esas excomuniones fueron o serán válidas y producen las consecuencias que toda excomunión pro-duce, o sea, si la FSSPX con sus fieles son o no católicos y salvan o no sus almas según la vo-luntad y opinión del obispo de Roma de turno.

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  4. Es cierto que existe descrédito en atacar al que defiende el depósito íntegro de la fe mien-tras se promueve y no se hace nada con los que fomentan distintas herejías dentro y fuera de la Iglesia pero si lo que se busca es sobrevivir a cualquier precio y si se parte de que Cristo no vuelve pronto, con la presente situación de debilidad política y económica de la Iglesia con respecto a los ricos y poderosos del Mundo resulta necesaria una apostasía general.
    Si no se quiere una Iglesia anonadada y mártir es necesario que en la presente situación se proceda a la apostasía general con lo que las profecías se cumplen de la peor manera posible por la maldad de los hombres.
    Si no se cree en el Apocalipsis y no se lo quiere, no se quiere la Segunda Venida de Cristo pronto y ello implica que no se quiere a Cristo, no se quiere a Cristo crucificado y resucitado como único salvador de la Humanidad. Se quiere otra cosa, otro Cristo, algo que lo imite pero que no sea Él, un Anticristo.
    Los mismos que se quejan de los argumentos legalistas son los primeros en recurrir a los ju-ristas para defender sus puntos.
    Como la FSSPX reconoce a la jerarquía de la Iglesia y reconoce el derecho canónico de la Iglesia después del Concilio Vaticano II se ve expuesta a excomunión.
    El código de derecho canónico de 1983 hay un artículo específico dedicado a destruir a la FSSPX, el canon 1382 que establece la excomunión latae sententiae por consagración episco-pal sin mandato pontificio. Sobre ese sólo canon puede basarse la decisión última de la jerar-quía de Prevost para excomulgar a la FSSPX con los mismos argumentos utilizados por Juan Pablo II. ¿Para qué va a innovar?
    Al reconocer a la jerarquía de la Iglesia, la FSSPX queda en manos de la jerarquía en cuan-to de ella depende su existencia.
    Este problema no puede resolverse más que como lo hizo el obispo Lefebvre que designó obispos y recibió la excomunión pero no la aceptó y aquí está la situación irregular de la FSSPX porque si se recibe la excomunión de una jerarquía que reconoce como válida no puede no aceptarse como válida la excomunión.
    Si la jerarquía de la Iglesia puede crear una institución religiosa como la FSSPX, también la puede destruir, también puede negarle la designación de obispos.
    La FSSPX está en esta situación irregular de la que no puede salir.
    La Iglesia con una parte del depósito de la fe perdido también está en una situación irregu-lar al exigir obediencia sin que exista un elemento de fondo estable que justifique esa obedien-cia.
    Si el fin último es la salvación de las almas y, para ello, es necesario la presencia de la Igle-sia, este fin último de la institución le permite a la jerarquía de la Iglesia cambiar el depósito de la fe porque está ordenada a su propia sobrevivencia y no a Dios
    La obediencia a la jerarquía como si fuera la obediencia a Dios hace que la jerarquía se ponga en el lugar de Dios, le cambie la plana a Dios, establezca su agenda, otra agenda con otra “verdad” religiosa, moral, litúrgica, doctrinal, etc. lo que implica la construcción de una Iglesia sinodal para la jerarquía y no para Dios.

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  5. Por otra parte, la jerarquía de la Iglesia utiliza la excomunión contra la FSSPX porque es la única institución católica que dificulta la creación de una Iglesia global ecuménica, una ONU de las religiones bajo el modelo de las reuniones de Juan Pablo II en Asís.
    Los tradicionalistas lefebvrianos y el arzobispo Viganó son los únicos que se preocupan se-riamente de las consecuencias de la excomunión, los únicos a los que puede dañar “algo” una medida como ésta, no a la Iglesia alemana, no a la Iglesia oficial china.
    La designación de obispos por un obispo transfiere el munus y la potestad o jurisdicción (esta última, en potencia), es decir, la designación de un obispo supone conferir el munus y la jurisdicción en un mismo acto, aunque la jurisdicción queda en potencia y no en acto hasta que el pontífice la establezca.
    Esta distinción de un “munus” en acto y una “jurisdicción” en potencia es acorde con los argumentos de la FSSPX y de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro.
    Así, LG 21 del CVII enseña que, mediante la consagración episcopal, se confiere la pleni-tud del sacramento del Orden. La consagración episcopal, junto con la función (munus) de santificación, confiere también las funciones de enseñar y de gobernar, las cuales, sin embargo, por su propia naturaleza, solo pueden ejercerse en comunión jerárquica con la cabeza del cole-gio y sus miembros.
    Es el mismo problema de la figura del “papado emérito” de Benedicto XVI quién, según algunos, conservó el “munus” y transmitió el “ministerio”, por supuesto, en el caso del pontífi-ce podría dar lugar a confusiones entre un “papa” que permanece pasivo mientras hay un obis-po de Roma que ocupa su lugar y ejerce el ministerio.
    El error doctrinal entre el “munus” y la “jurisdicción” (esta última en potencia o en acto) que vemos en los escritos de la FSSPX y de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro demuestra que la cuestión es discutible y, por ello, no permitiría excomulgar a Benedicto XVI.
    Además, este error doctrinal explica las consecuencias de que las funciones de enseñar y gobernar se encuentren separadas de la función de santificación en Bergoglio y en Prevost.
    Esta trasmisión del “munus” junto con la “potestas o ministerio” puede darse de manera que la potestad sea recibida en potencia y no en acto y pueda ser después designado el lugar en que debe ejercerse la jurisdicción.
    Así, con su histórica participación la Fraternidad Sacerdotal San Pedro mientras volvía a introducir la Santa Misa tradicional en la Iglesia, la misma Fraternidad ahora ataca las consa-graciones de la FSSPX y nos acerca la nota n° 2 de LG que no es contraria a la comprensión de la recepción de una jurisdicción en potencia:
    “En la consagración episcopal se otorga la participación ontológica en las funciones (mune-ra) sagradas, como se desprende de manera indudable de la Tradición y también de la tradi-ción litúrgica. Se emplea deliberadamente el término funciones (munera) y no el de poder (po-testas), ya que este último podría entenderse como un poder apto para ejercerse en acto. Pero para que exista tal poder apto para ejercerse, debe intervenir la determinación canónica o jurí-dica por parte de la autoridad jerárquica. (…) Tal norma ulterior es requerida por la naturaleza de la cosa, porque se trata de funciones que deben ser ejercidas por varios sujetos que, por vo-luntad de Cristo, cooperan de manera jerárquica. Es evidente que esta “comunión” se ha apli-cado en la vida de la Iglesia según las circunstancias de los tiempos antes de haber sido codifi-cada en el derecho.”

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  6. “Por eso se afirma expresamente que se requiere la comunión jerárquica con la cabeza y los miembros de la Iglesia. La comunión es una noción tenida en gran estima en la Iglesia antigua (como lo sigue siendo hoy, sobre todo en Oriente). No se entiende como un vago sentimiento, sino como una realidad orgánica, que exige una forma jurídica y está animada al mismo tiempo por la caridad.” (Nota praevia n. 2).
    La nota anterior no es contraria a la afirmación de que la consagración transmite el munus y la potestas, esta última, sólo en potencia.
    Otro aporte involuntario de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro en el mismo sentido es un texto de un reconocido teólogo tradicionalista, el abad Raymond Dulac, quién explica que en el LG 21 no hay ruptura alguna con la doctrina católica anterior: “La consagración produce una destinación innata, indeleble, inscrita en el “carácter episcopal”, de gobernar una porción de la Iglesia, pero esta aptitud necesita ser reducida al acto mediante un verdadero “poder” de jurisdicción”. (La collégialité épiscopale au deuxiéme concile du Vatican, Le Cédre, 1979, pg. 119-120).
    Es decir, la consagración que un obispo realiza de otros obispos genera la recepción del munus y de la potestas (en potencia) esta potestas necesita un verdadero poder de jurisdicción que transforme lo que está en potencia en acto.
    Contra nuestra afirmación de una potestas recibida en potencia presentamos un comentario de “Urbel”.
    La tesis de la FSPXII se basa en el canon 109 del Código de Derecho Canónico (1917): "Los que son admitidos en la jerarquía eclesiástica (...) son constituidos en los grados de la po-testad de orden por la sagrada ordenación; ... en los demás grados de la jurisdicción [salvo el supremo pontificado], por la misión canónica". Esto es, la sagrada ordenación confiere única-mente la potestad de orden, no la de jurisdicción. Esta segunda se recibe por la misión canóni-ca.

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  7. Y, contra la jurisdicción hoy conferida a no clérigos, como las mujeres puestas al frente de Dicasterios Religiosos, está el canon 118 del mismo Código de 1917: “Solamente los clérigos pueden obtener la potestad, ya de orden, ya de jurisdicción eclesiástica”. (comentarista Urbel en artículo de Infocatólica 29/03/26 “Pagliarani defiende las consagraciones de la FSSPX en una extensa entrevista” ( https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=54993 )
    Las consagraciones de obispos de la FSSPX, según los principios jurídicos de los que ella parte, reconocimiento de la jerarquía de la Iglesia, reconocimiento de Prevost como “pontífi-ce”, reconocimiento del derecho canónico, hacen que se deduzca que su designación de obis-pos puede ser declarada por Prevost opuesta a la jerarquía y excomulgar a sus miembros.
    Por otra parte, la excomunión de Prevost tendrá entonces el mismo valor jurídico y religio-so que la excomunión realizada por Juan Pablo II en 1988, o sea, es posible que un obispo de Roma posteriormente levante esa excomunión y que la misma sea o no aceptada como válida por la FSSPX.
    Es evidente que una parte de la presente jerarquía de la Iglesia no quiere la comunión con la FSSPX porque esta última conserva el depósito de la fe íntegro y la Santa Misa tradicional que impiden el ecumenismo sinodal, por ello, no designa obispos en la FSSPX puesto que quiere construir una nueva Iglesia sinodal y ecuménica que pueda servir también a los fines de los ricos y poderosos del Mundo (agenda 2030 – gobierno global).
    La FSSPX puede argumentar sobre la base del canon 1323 inc. 4° del Código de Derecho Canónico de 1983 que contempla el estado de necesidad sólo por la necesidad de conservar el depósito de la fe íntegro y no por la necesidad de salvar almas.
    La FSSPX no puede argumentar que conserva el depósito de la fe íntegro para la salvación de las almas porque la FSSPX reconoce que algunas almas pueden salvarse en la Iglesia terre-nal después del CVII por lo que debe argumentar que lo hace a los fines de cumplir con la vo-luntad de Dios.
    La función de la FSSPX es preservar el depósito de la fe pero no salvar almas sino cumplir la voluntad de Dios porque debe amarse a Dios sobre todas las cosas y ese amor a Dios y esa obediencia a Dios exige la no obediencia a la jerarquía en lo que es contrario al depósito de la fe.
    ¿Existe una misión particular para los futuros obispos de la FSSPX?
    Sí, su misión no es la salvación de las almas sino hacer la voluntad de Dios y preservar el depósito de la fe íntegro. Evitar que una parte de la jerarquía haga desaparecer la fe y la Santa Misa tradicional.
    O sea, la FSSPX debe ordenarse al amor a Dios sobre todas las cosas y no a la salvación de las almas, misión de la Iglesia que siempre debe estar subordinada al cumplimiento de los mandamientos de Dios.
    O sea, ni la Iglesia ni la FSSPX puede apelar al argumento de la salvación de las almas pa-ra justificar acciones pecaminosas a fin de conservar una Iglesia popular y evitar el anonada-miento, el martirio o la muerte de la Iglesia y del Mundo, o sea, el Apocalipsis y la Segunda Venida de Cristo pronto.

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  8. Es más, el Apocalipsis debería ser esperado por la Iglesia y por la FSSPX porque sólo se puede entrar en la eternidad y estar con Dios si se muerte y por las promesas de la Jerusalén Celestial y de la creación de nuevos cielos y nuevas tierras.
    Ahora, eso de que la FSSPX está fuera de la “comunión con la jerarquía” es falso, a saber, no toda la jerarquía se ha manifestado en contra de la FSSPX, algunos han pedido por ella, como el arzobispo Viganó, monseñor Schneider, el obispo Strickland, etc.
    Por otra parte, la gran mayoría de obispos al ser consultados sobre la Santa Misa tradicio-nal, en la época de Bergoglio, se manifestaron en contra de su persecución según información que se filtró en los últimos días.
    Es posible que la gran mayoría de obispos del Mundo no quiera que se excomulgue a la FSSPX y prefiera mantener un trato respetuoso y cierta consideración para con la misma, una “cierta” comunión en una época en que las herejías y apostasías azotan a la Iglesia.
    ¿Es la consagración fuera de la comunión jerárquica un acto intrínsecamente malo?
    No podemos decir que la FSSPX esté fuera de la comunión jerárquica, es cierto que parte de la jerarquía quiere su destrucción pero, como dijimos, la FSSPX tiene como misión preser-var el depósito de la fe íntegro.
    La pregunta que deberíamos hacernos es:
    ¿Puede la FSSPX aceptar como depósito de la fe a los documentos de Bergoglio y como liturgia a la misa del cardenal masón Bugnini llamada misa de Pablo VI?
    ¿Puede la FSSPX aceptar como depósito de la fe la comunión de los divorciados; el orde-namiento de la Iglesia a la agenda 2030 por palabra, obra y omisión; las afirmaciones reiteradas de que la Iglesia no es la única vía de salvación y de que las demás religiones manifiestan a Dios en la forma de un poliedro; etc., etc. etc. sin que ello implique dejar de lado el depósito íntegro de la fe?
    Debemos recordar que el depósito íntegro de la fe no está en los libros sino en la vida de la Iglesia.
    La situación irregular de la Iglesia y la FSSPX nos generan la obligación de preguntarnos si conservan los tradicionalistas de la jerarquía de la Iglesia el depósito de la fe íntegro o se trata sólo de una postura o pose pronta a cambiar ante presiones o ventajas.
    Por obediencia al obispo de Roma, los tradicionalistas de la jerarquía de la Iglesia, sólo pa-recen ejercer el derecho al pataleo.
    Si se obedece a los hombres más que a Cristo, no se es digno de Cristo y no merecen lla-marse católicos.
    Los fieles de la FSSPX no van a ir a la Iglesia de Bergoglio y Prevost porque no podrían, en conciencia, asistir a la misa de Pablo VI o comulgar con las ruedas de carreta que les ofre-cen los nuevos obispos de Roma.
    No van porque su conciencia invenciblemente cierta les indica que es un pecado apoyar lo que una parte de la jerarquía ha hecho y hace desde el CVII, con más velocidad desde Bergo-glio, lo entienden como apostasía.

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  9. La comunión con la jerarquía no es algo solamente “jurídico” sino principalmente “teológi-co” y cuando decimos teológico no sólo referimos a la caridad sino al depósito de la fe sin el cual la caridad no puede darse, no a nivel sobrenatural, no contra la revelación y la doctrina santa, no contra Dios.
    Tampoco se sentirán los fieles de la FSSPX cómodos con la excomunión puesto que tienen la conciencia invenciblemente cierta de la situación irregular en que está la FSSPX y la Iglesia terrenal y esta situación irregular se les presenta como grave, o sea, no les genera la certeza de la salvación de sus almas, están a la buena de Dios, dependen de la misericordia de Dios por-que parte de la jerarquía de la Iglesia se ha opuesto a la justicia divina.
    En ese sentido, Prevost agravará la conciencia invenciblemente cierta de estar en una situa-ción irregular dentro de la FSSPX sin que genere ninguna migración hacia la Iglesia terrenal, lo que sí puede generar es desesperación que termine en la apostasía.
    Además, la comunión de la jerarquía de la Iglesia hoy es sólo formal (jurídica), no es de fondo, no está en el depósito de la fe compartido, la comunión de la jerarquía está partida por cismas en proceso en Alemania y en China gracias al proceso sinodal de Bergoglio y al acuer-do secreto del Vaticano con el gobierno chino para que este último designe obispos transfi-riendo el munus y la potestas.
    O sea, al gobierno chino se le permite lo que a la FSSPX se le prohíbe, a los gobernantes chinos ateos declarados se les permite designar obispos y se considera que estas designaciones suministran el “munus” mientras que a los obispos de la FSSPX se les prohíbe y se los ataca con la excomunión.
    O sea, la comunión de la jerarquía de la Iglesia sólo se sostiene en lo formal (jurídico) por-que también está dividida o partida internamente entre tradicionalistas, conservadores y pro-gresistas, por ello, la excusa para la excomunión de la FSSPX sólo puede argumentarse desde lo jurídico y no sobre base teológica.
    Estos grupos (tradicionalistas, conservadores y progresistas) tienen una comprensión de la fe completamente diferente y opuesta, no existe en la jerarquía de la Iglesia actual un depósito de la fe compartido y, por ello, no están en comunión, estamos ante una Iglesia partida en lo doctrinal, moral, litúrgico, etc.

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  10. Una Iglesia terrenal, en esas condiciones, no pueden apelar a una comunión para excomul-gar a la FSSPX porque esa comunión no existe fuera de la figura del obispo de Roma y de la obediencia a éste.
    Este es el único elemento de comunión en la jerarquía de la Iglesia actual, la autoridad, no la liturgia, no la doctrina, no la moral y ello no es suficiente para hablar de comunión en la fe y para fundamentar una excomunión.
    No hay ninguna comunión de fe compartida por la jerarquía y no puede exigirse a la FSSPX algo que no existe en la jerarquía de la Iglesia y menos argumentar sobre la base de una comunión formal y puramente jurídica para justificar una excomunión con lo que esta úl-tima implica en sus consecuencias graves para los fieles.
    Con ello, cae el argumento de que la FSSPX no está en comunión con la jerarquía porque hoy no hay “comunión de fe” dentro de la jerarquía, o sea, no hay un depósito de la fe íntegra que comparta toda la jerarquía. La comunión es siempre una cuestión de fe, supone un depósi-to de la fe común que no se construye sobre la sola obediencia al obispo de Roma.
    La ausencia de un depósito de fe compartido en la jerarquía termina por minar la autoridad del obispo de Roma, la unidad de la Iglesia y favorece los cismas que están en proceso.
    La jerarquía de la Iglesia encontrará dificultades para explicar a sus fieles la excomunión de los miembros de la FSSPX, su persecución al depósito de la fe y a la Santa Misa tradicional y su dedicación exclusiva a la construcción de una religión e Iglesia diferentes pero estas difi-cultades están siendo subsanadas por medio de una distribución equitativa de la ignorancia moral y religiosa y una obediencia presentada como virtud principal dentro de la Iglesia.
    El modelo del nuevo orden global de embrutecimiento y empobrecimiento gradual por la agenda 2030 es análogo al camino sinodal y ecuménico de Bergoglio y la reunión con los ricos y poderosos del Mundo en el Vaticano un día antes de que el aborto fuera aprobado en Espa-ña y en Argentina es prueba suficiente.
    No existe comunión de fe en la jerarquía entre Prevost y los demás obispos y cardenales en temas gravísimos como la familia y los sacramentos en la comunión de divorciados, la bendi-ción de parejas del mismo sexo, si la Iglesia católica es la única vía instituida por Dios para la salvación de los hombres, en cuanto a la liturgia, la moral, la importancia o no de la ecología para la salvación de las almas, los títulos que le corresponden a la Santa Corredentora y Me-diadora Virgen María y que son los mismos que deberían aplicarse a la Iglesia porque si María no es corredentora ni mediadora la Iglesia no puede serlo, etc. etc.
    La visión de hacia dónde debe caminar la Iglesia católica que tiene Prevost y los cardena-les designados por Bergoglio es diferente y opuesta a la visión tradicional, implica el cambio, implica un depósito de la fe mudable y adaptable y de ser posible una “agenda” que sustituya la idea de “depósito”.
    La excomunión de la FSSPX sería un acto dañino, gravemente pecaminoso, intrínsecamen-te malo, porque a los que han conservado el depósito de la fe la jerarquía de la Iglesia los cas-tiga, a los que han conservado la Santa Misa de siempre los castiga, a los que se han mantenido fieles a la jerarquía los castiga mientras promueve o permite conductas y doctrinas desviadas.

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  11. Sería un ataque no sólo contra la FSSPX sino contra la Iglesia terrenal en cuanto dañaría gravemente a los fieles tradicionalistas dentro la Iglesia, o sea, a los que saben de teología y fi-losofía católicas y no se dedican exclusivamente a la política eclesiástica. Sería un pecado gra-vísimo que confirmaría la línea de apostasía general por la que caminan.
    Pero, nos parece, que esto será exigido a la jerarquía y a Prevost, los ricos y poderosos del Mundo les exigirán este sacrificio para el nuevo ídolo del gobierno global que quieren una reli-gión e Iglesia global ecuménica y politeísta. Este es el sacrificio que se les pide porque quieren sacrificios, no misericordia.
    Por ello, entendemos que es muy difícil que Prevost no proceda, por medio de Tucho, no personalmente, no se va a exponer, a la excomunión de la FSSPX, quizás después de haber ex-comulgado a uno o dos obispos alemanes como para decirle a los tradicionalistas que no es contra ellos la cosa.
    Por eso Trump dijo que Prevost era débil, para provocar, pero no es débil, es otro Bergo-glio, otro obispo de Roma sin el munus necesario para el papado y las consecuencias de esta ausencia se harán sentir en sus actos, palabras y omisiones.
    Esto lo determina nuestra lógica pero, quién sabe, quizás Dios tenga misericordia de la Iglesia y de la FSSPX.
    Sería acertado pedirle a Tucho que explicite el depósito de la fe que supuestamente com-parte la jerarquía de la Iglesia y sobre el que se basará la excomunión pues es para todos evi-dente que no existe, lo que supone ausencia de comunión y la sola obediencia al obispo de Roma, tarde o temprano, no va a ser suficiente para mantener la unidad.
    Como se dice de la Mala Mujer del Apocalipsis que la Bestia se comerá sus carnes o se re-partirá sus vestidos es algo posible hoy ante la ausencia de una comunión en la fe en la Iglesia.
    Esperemos no tener que analizar más estos temas (esta esperanza mundana pronto chocará con la realidad) porque no somos ni vamos a formar parte de la FSSPX pero nos molestan las injusticias y la barbarie.
    https://getinkspired.com/es/story/605851/chapter/fsspx-analisis-juridico-y-teologico-2143908/

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