miércoles, 14 de abril de 2010

Augusto Del Noce: una Interpretación Transpolítica de la Historia Contemporánea - Carlos Daniel Lasa

Augusto Del Noce: una Interpretación Transpolítica de la Historia Contemporánea
Dr. Carlos Daniel Lasa

Universidad Nacional de Villa María - Conicet (Argentina)


Material de lectura obligatoria para la primera Clase Magistral del Curso sobre Historia del Pensamiento Contemporáneo.


Preliminares

La obra de Del Noce titulada Il suicidio della Rivoluzione fue publicada por primera vez en el año 1978 por la editorial Rusconi. La misma es el resultado de una lectura transpolítica de la historia contemporánea. La expresión, señala el mismo Del Noce, pertenece a Renzo De Felice. Esta posición, a juicio de De Felice, sería propia de aquellos autores que examinan el fascismo no sólo a la luz de un completo análisis histórico sino también a partir de un riguroso análisis filosófico, con el intento de aprehender su esencia, su significado más íntimo y no dejarse distraer por los aspectos secundarios . Del Noce está convencido que la historia sólo puede interpretarse a la luz de su causa formal y no, como pensaba el marxismo, a la luz de su causa material. Para Del Noce, el verdadero motor de la historia no es la causa material, constituida por los conflictos de clase o el progreso tecnológico, sino la causa formal, la cual depende de una visión filosófica global que suministra las categorías a través de las cuales los cambios son pensados . De allí que, para Del Noce, la historia contemporánea deba interpretarse a la luz de una filosofía, cual es la marxista, que se hace mundo . ¿Qué significa que la filosofía se hace mundo? Significa que aquella «filosofía» propia del marxismo ya no quiere comprender el mundo sino transformarlo. Esta «filosofía» disuelve toda verdad y, con ello, todo valor absoluto y eterno (que es lo mismo que decir: la disolución de la ética o su absorción por parte de la acción política revolucionaria).

Ahora bien, esta revolución, que es total, se ha registrado, a juicio de Del Noce, en la historia contemporánea italiana. Refiere el pensador italiano: «Los ensayos contenidos en el presente volumen desarrollan la siguiente tesis: la historia contemporánea italiana –del acontecimiento del fascismo hasta hoy– tiene un carácter paradigmático por el estrecho paralelismo filosófico–político que la caracteriza; por ello, puede ser considerada como el microcosmos en el cual leer in vitro la forma en que el posible ocaso mundial de la civilización, en tanto suicidio de la revolución, debería asumir» . La tesis fundamental de Del Noce es ésta: el cumplimiento de la revolución coincide con su suicidio; y esta consecuencia directa: el momento presente de la historia no puede ser definido más que como el proceso encaminado hacia ese suicidio . Pues bien, en la referida historia italiana del siglo XX se destacan cuatro personajes que aparecen como centrales: Giacomo Noventa, Benedetto Croce, Giovanni Gentile y Antonio Gramsci. El propósito de Del Noce es determinar, más que aquello que los separa, aquello que los une . Y nos advierte que, si bien los cuatro pensadores son importantes, sin embargo el lugar de primacía lo ocupa Gentile, y ello por dos razones: por un lado, porque es el filósofo en el sentido técnico del término y, por el otro, porque es el filósofo del suicidio de la revolución . Refiere Del Noce: «… entre los infinitos documentos de la historia italiana de 1914 hasta hoy, la obra de Gentile ocupa un puesto privilegiado porque permite entender la unidad que recorre los dos períodos de esta historia: el fascista y el antifascista» . La unidad que recorre los períodos señalados está constituida por la intención de realizar una revolución ulterior al marxismo–leninismo, lo que equivale a decir que ambos están unidos también en el ulterior proceso de disolución. Para Del Noce, Italia ha sido el primer lugar en que ha acontecido el suicidio de la revolución de la mano de Giovanni Gentile. Señala Del Noce: «Se puede decir que Gentile fue el escribano del nihilismo: el acto de muerte de la teología, la prueba de la victoria de Nietzsche, no podrían ser extendidos a otros más que por un filósofo–teólogo, convencido de ser tal. Si se quiere escribir sobre Gentile y Heidegger, será necesario decir que el segundo confiere a la historia de la filosofía gentiliana su real significado: el proceso de la historia del pensamiento descripto por Gentile no va hacia la verdadera filosofía, como él pensaba, sino hacia el nihilismo. La “desvalorización de los valores hasta ahora considerados como supremos” es tanto más significativa ya que acontece dentro del pensamiento teológico mismo» .

Para Del Noce, tanto el fascismo como el gramscismo se explican a la luz de la filosofía actualista gentiliana. Tanto Mussolini como Gramsci son deudores de Gentile; en este sentido, el pensamiento de Giacomo Noventa resulta interesante porque pone de relieve el horizonte común que comparten el fascismo y el antifascismo como, asimismo, la necesidad de llevar a cabo otra lectura de la historia italiana acontecida recientemente, lo cual exige una visión de la historia de la filosofía diversa a la canónica.


La filosofía de Giovanni Gentile: el actualismo

Para Del Noce, todo el actualismo de Gentile está contenido, en germen, en dos de sus obras juveniles: Rosmini e Gioberti y La filosofia di Marx . Pero, ¿qué es el actualismo?.

A juicio de Del Noce, el denominado actualismo gentiliano, resultado de la disociación de marxismo y materialismo, es la expresión de la completa filosofía de la praxis. Giovanni Gentile tuvo como maestro a Donato Jaja. De él recibió la crítica del intuito. Para Jaja no era posible la existencia de la intuición ya que aceptarla suponía asumir la teoría del conocimiento como visión y con ello, la idea de la revelación. Jaja entendía que el desarrollo crítico de la filosofía consistía en el abandono progresivo de la asimilación del conocer al ver. Para Jaja, el gran aporte del criticismo fue la crítica radical del intuito. Precisamente ha sido la filosofía moderna la que se he desembarazado, definitivamente, de la intuición y, con ello, de la metafísica. Crítica radical de la intuición equivale a crítica radical de la metafísica. Por este camino se va a delinear el actualismo. En este sentido, Marx, a juicio de Gentile, no ha sido crítico radical y, en consecuencia, ha permanecido en una postura metafísica . Para Gentile, hablar de materialismo histórico equivale a sostener una intrínseca, profunda e insanable contradicción . En efecto, para que el denominado materialismo histórico sea verdaderamente histórico debe, por un lado, negar en su construcción especulativa el propio fundamento por cuanto la misma (la construcción especulativa) está negando que fuera de lo sensible no existe realidad alguna; por otro lado, debe refutar los caracteres esenciales de toda intuición materialista, como por ejemplo, la concepción atomista de la sociedad o el mismo naturalismo. Para Gentile, la praxis es actividad creadora, producto del puro espíritu por medio del cual verum et factum convertuntur . Si el principio del hacer (como sucede en Marx) no fuese el espíritu sino la materia, la cual tiene en sí misma la ley de su propio desarrollo, entonces la actuación progresiva de este desarrollo sería totalmente independiente de las determinaciones del espíritu. Si para Gentile, entonces, la conciencia del hombre no es el reflejo de las condiciones materiales, entonces la superestructura adquiere un lugar mucho más importante que la estructura. Sin esta aportación gentiliana, ¿cómo hubiese surgido el marxismo gramsciano para el cual la ideología tiene una importancia fundamental?.

Para Gentile, la única realidad es el pensamiento. De allí que no pueda hacérsele ninguna concesión al realismo so pena de perder al sujeto, al pensamiento. La realidad no puede ser nunca el presupuesto del conocer, como sostienen las diversas formas de realismo. Si así fuese, el sujeto permanecería fuera de la realidad. El yo, el sujeto, no es, para Gentile, un ser o un estado, sino un proceso constructivo . Dado que el espíritu es un continuo farsi, un permanente hacerse, no hay contenido que venga desde fuera, sino que lo “otro” del conocimiento es una etapa del mismo espíritu que se debe atravesar sin jamás detenerse en ninguna de ellas ya que dicha operación equivaldría a la negación de la naturaleza inmanente de nuestro espíritu . El espíritu no es sino sus mismas manifestaciones en una unificación siempre dinámica . Por eso el espíritu es esencial libertad, creatividad y novedad, fuera de toda predeterminación de esquemas. El espíritu se autocrea en tanto tiene conciencia de sí; y puede tener conciencia de lo pensado sólo cuando tiene conciencia de pensar en lo que él actualmente piensa. La única realidad existente, en consecuencia, será el yo, el cual será único, absoluto, infinito, universal. No hay más substancialidad sino sólo el acto puro, el devenir puro. Este devenir puro, obviamente, no puede ser objetivado: es pura creatividad, libertad absoluta.

Este Yo Trascendental equivale, para el pensamiento de Gentile, a la restauración de lo divino. Es un Absoluto que se hace a través de la historia. Gentile rechaza el Dios creador, aceptando la existencia de un dios que se resuelve en la autocreación de sí a través del mundo y del hombre. ¿Dónde encontrar el dios gentiliano? se pregunta Del Noce. Y responde diciendo que se lo encuentra en mi acto de autotrascendencia, lo que equivale afirmar el puro activismo. Anota Del Noce: «Perfecto es el encuentro, sobre la base de la unidad de las manifestaciones de la misma cultura, con el fascismo que “no es más que el absoluto activismo trasplantado al terreno de la política” y con el nuevo espíritu revolucionario, en el cual la acción se transforma en valor absoluto, pero al mismo tiempo privada de contenido positivo de modo de no querer otra cosa que no sea ella misma, no quedando otro objetivo que el de “anular aquello que existe”» .

El activismo es la inversión por medio de la cual la acción como transformación de la realidad es asumida como valor en sí, con la consiguiente degradación de los otros sujetos convertidos en puros instrumentos y obstáculos. El activismo conduce a una total despersonalización de lo real; la realidad es reducida a “objeto”, y asume aspecto de realidad en mi acción, como obstáculo que proyecto delante de mí para superarlo . La filosofía es, entonces, pura praxis; praxis que significa, nos dirá el mismo Gentile, «relación entre sujeto y objeto» . Cuando se conoce, continúa Gentile, «se construye, se hace el objeto, y cuando se hace o se construye un objeto, se lo conoce; por lo tanto, el objeto es un producto del sujeto; y, puesto que el sujeto no existe sin objeto, es necesario agregar que el sujeto, a medida que va haciendo o construyendo el objeto, se va haciendo o construyendo a sí mismo; los momentos de la progresiva formación del sujeto corresponden a los diversos momentos de la progresiva formación del objeto» . La filosofía de la praxis, entonces, al concebir el conocimiento como actividad productiva, termina afirmando la unidad entre el conocer y el querer.


Antonio Gramsci y el actualismo gentiliano

¿Qué vinculación puede existir entre el fascista Gentile y el marxista Antonio Gramsci? La vinculación, como muy bien ha advertido Del Noce, es estrechísima. Para Del Noce, Gramsci, «en su trabajo de “retraducción historizante” no encuentra a Marx sino, por el contrario a Gentile, aún creyendo encontrar a Marx» . Para Del Noce resulta claro que la novedad de Gramsci respecto de Marx o Lenin no puede explicarse como un desarrollo del marxismo o del marxismo–leninismo, sino como la prolongación de la filosofía de la praxis gentiliana. En este sentido, no se explicaría el rechazo de Gramsci respecto de la afirmación marxista de la ideología como reflejo de la estructura, esto es, de las condiciones materiales de producción. Refiere Gramsci: «La pretensión (establecida como postulado esencial del materialismo histórico) de presentar y exponer cada fluctuación de la política y de la ideología como una expresión inmediata de la estructura, debe ser combatida teóricamente como un infantilismo primitivo…» . Señala Del Noce que en la escuela marxista es posible considerar la acción recíproca entre estructura y superestructura, pero jamás puede abolirse el primado de la estructura, con la teoría materialista del reflejo, es decir, entender a las ideas como reflejo de las relaciones socio–económicas. Si para Gramsci la sociedad civil es todo el complejo de las relaciones ideológico–culturales de la vida espiritual, se vuelve a poner a la dialéctica a la cabeza, si bien de modo diverso al que lo había hecho Hegel. En consecuencia, «La historia no es más, en primer lugar, historia económica, sino historia de las concepciones del mundo, historia de la filosofía» .

Ahora bien, el actualismo gentiliano, a juicio del propio Gentile, ha dado lugar a dos posiciones políticas diversas: por un lado, la de Gentile; por el otro, la de Gramsci. La primera, dominada por la idea de reforma, conduce al fascismo, esto es, a aquel movimiento político que se caracteriza por conservar lo propio de la nación italiana aunque dándole una nueva configuración . En este sentido, Gentile, a través de la idea de restauración, pretendía «salvar» al catolicismo. Para nuestro filósofo, el camino del pensamiento moderno hacia la radical inmanencia era irreversible y, por lo tanto, la operación de inmanentización de lo divino era la única posibilidad de salvar lo divino. La segunda postura, dominada por la idea de revolución, conduce a la propuesta revolucionaria total anunciada por Antonio Gramsci . Gramsci, en efecto, «Quiere conducir al marxismo al máximo rigor crítico, liberándolo de todas las incrustaciones positivistas–naturalistas, o paleomaterialistas, iusnaturalistas o neokantianas. Su problema es rigurosamente filosófico dado que para él la victoria del marxismo está ligada a la prueba de su verdad filosófica. Para él, revolución y filosofía son una misma cosa» .

El actualismo ha generado, por un lado, el fascismo, en el cual ha primado la idea de revolución–restauración en su versión inmanentista y, por el otro, la revolución gramsciana que es concebida en términos de revolución total. El actualismo que nutre la revolución ulterior al marxismo–leninismo es el hilo conductor que enhebra todos los acontecimientos políticos acontecidos en la historia italiana después de la primera guerra hasta nuestros días. La caída del fascismo ha significado el rompimiento del fascismo como régimen, pero la continuación de aquel movimiento revolucionario dirigido hacia un totalitarismo prosigue. Para Del Noce, la continuación del fascismo revolucionario debe ser vista en el eurocomunismo (ello como producto de la versión subjetivista de la filosofía de la praxis), y en las dos políticas a las que, de hecho, ha dado lugar: el fascismo y el gramscismo. De allí que no haya fractura alguna entre fascismo y antifascismo sino continuidad, pero una continuidad de un proceso de disolución que tiene su punto de partida en el nacimiento del fascismo en el año 1899, año de la publicación de La filosofia de Marx de Giovanni Gentile .


El suicidio de la revolución

Del Noce está plenamente convencido que la discusión de la cuestión Gentile–Gramsci le permite formular las categorías interpretativas adecuadas de la historia contemporánea. Señala Del Noce: «Con su discusión (se refiere al tema Gentile–Gramsci) llegamos al momento conclusivo de aquella que suele ser denominada interpretación transpolítica de la historia contemporánea, es decir, aquella que privilegia, en dicha historia, el momento filosófico, o que está atenta al paralelismo entre filosofía y política como rasgo nuevo que la especifica» . Del Noce ha demostrado, de modo harto palmario, que el pensamiento gramsciano es la versión revolucionaria del actualismo. En este sentido, Gramsci fue deudor de una filosofía del devenir o de la praxis de cuño gentiliano que había llegado a su cenit. Por eso, la oposición entre filosofía especulativa (o filosofía del ser) y filosofía del devenir o de la praxis, era llevada por Gramsci a sus consecuencias más extremas. Pero he aquí que esta coherencia revolucionaria gramsciana conduce a la disolución de la mismísima revolución. ¿Qué significa esto? La revolución debe asumir la imposibilidad de pasar de lo negativo a lo positivo; debe hacerse cargo de la afirmación de la desvalorización de los valores considerados como supremos hasta ese momento . El historicismo asumido por Gramsci se niega como filosofía por cuanto abandona totalmente la interpretación del mundo para concentrarse en su transformación. De este modo, la razón, careciendo de su objeto propio, deviene razón instrumental, una razón instrumental que no reconoce fin alguno más allá del medio técnico. Todo valor, pensado como absoluto y eterno, muere, y en consecuencia, la instancia ética es negada por cuanto la libertad humana carece de una verdad con la cual medirse. La ética, pues, queda totalmente absorbida por la política revolucionaria. Si, entonces, todos los valores son pensados como productos de determinadas condiciones psicológicas o sociológicas, la única «moral» que al hombre le queda es aquella centrada en la vitalidad. Reconoce Del Noce: «… la única moral que puede reconocer es la del incremento de la vitalidad» . Y añade: «De donde se advierte la paradoja por la cual la vitalidad, de materia que debe ser dominada y transfigurada por los valores, pasa a ser elevada a valor, mejor dicho, a medida de todo valor. La transformación que se ha operado en Occidente del sesenta en adelante va en este sentido» . De lo dicho se desprende que el pensamiento de Gramsci, en lugar de ser la ideología del consenso comunista capaz de hacer pasar a la civilización occidental de la necesidad a la libertad, ha dado lugar al actual orden tecnocrático neocapitalista .

La revolución, contrariamente a sus intenciones, ha abierto las puestas al totalitarismo de la nada. Refiere Del Noce: «Aquello que la idea revolucionaria prometía era el pasaje del reino de la necesidad y de la subordinación al reino de la libertad; el pasaje en gran parte ha acontecido, mas en el sentido de la instauración del reino de la fuerza» . ¿Qué queda, se pregunta Del Noce, después de la caída de los valores tradicionales en la forma clásica, cuales son Dios, la familia y la patria?. Y nos responde: «Aquello que queda después de tantas negaciones es la afirmación del total egocentrismo; total en el sentido de que todo adquiere significado solamente en aquello que puede convertirse en instrumento para la afirmación del yo. La relación de aquel único (el yo) con los otros asume valor solamente en la medida en la cual multiplica sus fuerzas» .


La «filosofía cristiana» de Giovanni Gentile y el modernismo

Nos parece que el actualismo gentiliano no sólo nos permite comprender los fenómenos políticos del siglo XX sino también los religiosos. Concretamente, dentro de la Iglesia católica, consideramos que las premisas del actualismo han seguido dos caminos equivalentes a los de Gentile y a los de Gramsci. Por un lado, la de aquellos que han intentado salvar al catolicismo inmanentizándolo (operación, ésta, llevada a cabo por el mismísimo Gentile); y por el otro, la de aquellos otros que, con mayor coherencia, han terminado negándolo de modo radical.

Veamos: como acertadamente señala el filósofo italiano Augusto del Noce, existe una visión o una lectura de la modernidad, de naturaleza eminentemente filosófica, que se ha instalado y finalmente impuesto en Occidente. Del Noce señala que esta lectura es filosófica por cuanto los diversos fenómenos que se han ido sucediendo, después del medioevo, han sido considerados como hechos que reflejan una determinada concepción de la vida y de la historia. Por eso, nos dice el agudo filósofo italiano, la historia opera una particular visión ideológica desde la cual se ven los hechos . Y esta idea de modernidad asume un sentido axiológico designando el punto de llegada a un escenario en el cual no es ya posible sostener la instancia sobrenatural, la trascendencia religiosa. La modernidad es concebida, pues, como el proceso histórico irreversible que desemboca en el inmanentismo más radicalizado. Giovanni Gentile, convencido de este destino ineluctable del pensamiento occidental, se propone salvar al catolicismo. En la conferencia que Gentile ofrece en la Universidad de Firenze, el 9 de febrero de 1943, se presenta como católico y como salvador de la religión católica. Desde su óptica, para lograr este cometido, era preciso «inmanentizar el catolicismo». La Revelación divina, para Gentile, constituye un mito. Así, entonces, la nueva versión o visión del catolicismo será la del actualismo, esto es, la afirmación del divino inmanente . De este modo, Gentile rechaza el principio esencial de la tradición católica, o sea, el primado del ser que equivale a la afirmación de la superioridad de lo inmutable. Refiere Del Noce: «Primado de la contemplación, primado de lo inmutable y realidad de un orden eterno son afirmaciones equivalentes que coinciden con la definición del modelo del conocimiento en la intuición intelectual». Y añade: «El reconocimiento de tal forma de conocimiento se hace una sola cosa con la posibilidad misma del pensamiento metafísico. La historia de la filosofía está allí para demostrarlo; toda filosofía del devenir se halla orientada a negarse como metafísica, y no es ciertamente un accidente que la crisis del primado del Logos comience con el hegelismo» .

Gentile es plenamente consciente que la Iglesia católica se encuentra en la vereda opuesta de su pensamiento y entiende claramente que el modernismo significa la destrucción misma de ella. Expresa Gentile: «El misticismo, la intimidad de la religión, el método de la inmanencia (se está refiriendo a la concepción modernista) con el anexo pragmatismo religioso sería, en rigor, lo hemos abiertamente demostrado a propósito de Laberthonnière, la negación de la trascendencia; es decir, no del catolicismo post-tridentino, sino de la misma religión, en cuanto tal. Una vez que nosotros podemos encontrar a Dios solamente en nosotros, y entenderlo sólo según nuestras exigencias vitales… la Iglesia, como tradición elaboradora de la revelación, y la misma revelación, y por eso la posición extrínseca de lo divino al espíritu, es destruida; y la necesidad religiosa no puede ser más satisfecha sino con la elaboración racional del objeto, que se ha encontrado en el espíritu; es decir, con la filosofía que crea a Dios» . En este sentido, para Gentile, la encíclica Pascendi dominici gregis de San Pío X es una «magistral exposición y una crítica magnífica de los principios filosóficos de todo el modernismo» . Para Gentile, en efecto, resulta totalmente contradictorio hacer aquello que hacen los modernistas: pretender mantener la existencia de un Dios creador, distinto del mundo y, simultáneamente, asumir el método de la inmanencia. La posición de Laberthonnière «… quiere ser dinamismo moral autónomo, y no puede, no quiere descartar el principio de la gracia y de lo sobrenatural» ; la verdad, nos dice Gentile, «… está en nosotros, la hacemos nosotros. El método para encontrarla es el de la inmanencia» .

Gentile considera que para salvar al catolicismo es menester separarlo del pensamiento griego–platónico. Sostener esta relación equivale a negar la libertad y la actividad creadora del espíritu humano. El pensamiento griego es, para Gentile, «Un racionalismo estático, intelectualista, gobernado por el ideal de una verdad absoluta, eterna, objetiva, ante la cual el hombre es espectador» . Pero acaso, ¿la operación de Gentile no ha sido llevada por no pocos teólogos dentro del mismo seno de la Iglesia católica?. Algunos, dominados por la idea de reforma gentiliana y asumiendo una posición totalmente acrítica de la modernidad, entendiéndola como un proceso irreversible hacia la radical inmanencia, han puesto al cristianismo de acuerdo con el siglo, desarrollando del mismo el elemento terreno y convirtiéndolo en progreso de la civilización, lo que implicaría un «inveramento» del catolicismo a través de una nueva teología . Otros, también desde una filosofía del devenir o de la praxis, pero con un mayor rigor lógico, han declarado la muerte definitiva del cristianismo y de toda religión dado que el mismo Dios ha muerto.

No se trata de ser presa del falso dilema: o transformarse inmanentizándose, o sucumbir. Dicha “transformación” ha desembocado, precisamente, en la trampa más peligrosa de la que puede ser presa una cultura: el nihilismo. La operación de “liberar” al catolicismo de la filosofía griega ha conducido a forjar una visión del hombre en la cual el carácter técnico ha terminado sustituyendo por completo al contemplativo; de allí que el hombre sea definido a partir de su actividad transformadora de la naturaleza a través del trabajo, y no por su contemplación y participación en lo divino. La filosofía de la praxis ha sido, precisamente, aquella que ha generado, en lugar del reino de la libertad que prometía, aquella realidad contraria: el advenimiento de la sociedad nihilista y opulenta a la cual Del Noce definió en estos términos: “Es una sociedad que acepta todas las negaciones del marxismo en relación al pensamiento contemplativo de la religión y de la metafísica; que acepta, por lo tanto, la reducción marxista de las ideas a instrumento de producción; pero que, por otra parte rechaza del marxismo los aspectos revolucionarios–mesiánicos, por lo tanto, aquello que de religioso permanece en la idea revolucionaria. Bajo esta mirada representa verdaderamente el espíritu burgués en estado puro; el espíritu burgués que ha triunfado respecto de sus dos tradicionales adversarios, la religión trascendente y el pensamiento revolucionario” . Los mismísimos resultados de la filosofía de la praxis han puesto en evidencia que los legítimos anhelos del hombre moderno no pueden ser satisfechos siguiendo su camino. En consecuencia, los pensadores cristianos debieran dejar de ser deudores serviles de dicha ideología, y repensar, desde la filosofía del ser iluminada por la fe, los problemas que aquejan al hombre contemporáneo. Del Noce recuerda a los mismos católicos que el renacimiento católico no puede surgir a partir de una filosofía de la praxis o del devenir sino, según el pensamiento de León XIII, sólo puede ser religiosa, filosófica y política dado que esta última es requerida para la salvación temporal de la sociedad humana. Pero, «… esta política debe apoyarse sobre una filosofía que sea a su vez un preámbulo de la fe» .





Dr. Carlos Daniel Lasa




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