miércoles, 6 de noviembre de 2013

Breve Biografía de Emilio Komar (1921-2006 ) - Carlos A. Velasco Suárez

Breve Biografía de Emilio Komar
(1921-2006 )
Carlos A. Velasco Suárez


Emilio Komar falleció el  20 de Enero a los 84 años,  a los nueve meses de la muerte de Juan Pablo II, de quien era coetáneo (menos de un año menor), y con quien compartía algunos rasgos llamativamente similares, físicos y espirituales. Un común humus, genético y cultural, los alimentaba: ambos eslavos, ambos representantes genuinos de la gran tradición  cultural centro europea. Komar nació en Ljubljana el 4 de junio de 1921, sus padres fueron Ludovico Komar, militar retirado del ejército hasbúrgico, y Cecilia Blazic. Cursó estudios primarios en Škofja Loka y luego en Ljubljana. En esta ciudad completó estudios secundarios con orientación clásica y, a partir  de 1939, universitarios en Ciencias jurídicas. Continuó estos estudios en Italia, en la Universidad de Turín, donde recibió el título de Doctor en Derecho en 1943. Tuvo grandes maestros filosóficos en ambas universidades: en Ljubljana  Josip Turky y Eugen Spectorsky, en Turín Fran Waland, Giuseppe Gemmelaro y Carlo Mazzantini. Fue un destacado dirigente estudiantil católico colaborando además con escritos en diversas publicaciones, obteniendo un premio por un trabajo académico.

En los comienzos de la segunda guerra mundial combatió como oficial del ejército real de su patria. Se transformó más tarde en colaborador inmediato del gran líder esloveno J. Kralj. Participó entonces en arriesgadas tareas de la heroica resistencia civil  contra la dominación nazista primero, y comunista después. En medio de estas vicisitudes contrajo matrimonio en 1944 con Majda Ahacic, su compañera y mentora de toda la vida, con quién tuvo dos hijas en Europa y cuatro hijos más, dos varones y dos mujeres, en  la Argentina. La evolución de los acontecimientos políticos lo llevo a emigrar a Italia en 1945.  Definitivamente anexado su país al bloque comunista decidió, luego de considerar diversas opciones (Suiza y Estados Unidos entre otras), venir a establecerse en la Argentina con su mujer y sus hijas en 1948.

Vista desde la perspectiva de los años pasados esta decisión nos manifiesta el misterio de la conjunción de la Providencia de Dios y la libertad de los hombres. Cincuenta y ocho años de vida entregada sin concesiones, hasta extremos heroicos, a su vocación cristiana, humana, familiar y académica, constituyen un aporte a la cultura católica de la  Iglesia y de nuestra patria, que nos tomará años valorar en sus verdaderas dimensiones. Resulta imposible reseñarlo en estas líneas, baste subrayar los rasgos de genialidad: originalidad creativa y magnitud sobrehumana del esfuerzo realizado. Son, entre otros tantos, ejemplos de esta originalidad creativa: sus investigaciones sobre el racionalismo, que lo llevan a una fundamental reperiodización de la historia de la cultura moderna; el desarrollo de un personalismo ético  y metafísico alimentado en las fuentes de un tomismo genuino y existencial; su actualización permanente, siempre profunda y esclarecedora, de los problemas y autores de la cultura contemporánea y el contacto viviente con la cultura clásica, griega y latina, que dominaba y amaba.

La transmisión de esta sabiduría dio lugar a una tarea docente de asombrosa magnitud: habilitado como Profesor de Filosofía y Pedagogía en el Instituto de Profesorado del Consejo Superior de Educación Católica, fue Profesor de Ética y de Filosofía Moderna en la Universidad Católica  Argentina; Profesor de Filosofía y de Lenguas Clásicas en varias Instituciones y Profesorados y en el Seminario de San Isidro; incontables cursos para abogados, ingenieros, médicos, psiquiatras y psicólogos; y aquello que él llamaba su “género literario propio”, el curso o cursillo filosófico, con una metodología pedagógica personal, abierto a los auditorios más amplios y diversos. Se conserva, gracias a la devoción de una colaboradora, registro magnetofónico de cerca de trescientos de estos cursos y se calculaba hace algunos años en aproximadamente más de treinta mil personas su audiencia. Estos cursos desgrabados, así como  otros escritos, están siendo paulatinamente publicados por sus discípulos agrupados en “Sabiduría Cristiana”, entidad dedicada a la conservación y difusión de la obra del maestro y de su escuela.

Porque una de las contribuciones de esta entrega a la docencia es la formación de una “Escuela de Komar”, cada vez más importante en su número y en la calidad y riqueza de sus contribuciones académicas. Una característica distintiva de ella es el común y espontáneo sentir de sus miembros de pertenecer a una gran familia, que se une a la de sangre en la irradiación de la fecunda paternidad del maestro. Estos hechos, junto con muchos otros que no puedo reseñar en este espacio,  permiten  vislumbrar la importancia del magisterio de Komar para la cultura argentina. Poco tiempo después de su llegada tomó un fructífero contacto con los hombres de los Cursos de Cultura Católica (César Pico el primero) y tanto ellos como Komar supieron valorarse rápidamente. La identificación profunda y explícita de Komar con el espíritu de los Cursos y su significación para cultura católica argentina explica, desde la perspectiva de los años, que Komar y su escuela constituyan hoy entre nosotros una continuación importante del legado de los Cursos.

Komar fue Decano de la Facultad  de Filosofía y Letras de la Universidad Católica Argentina durante los años 1981 y 1982. El Consejo Superior de Educación Católica le otorgó en 1988 el premio “Divino Maestro”. En 1992 el Papa Juan Pablo II lo nombró Caballero, en el grado de Comendador de la Orden de San Gregorio Magno en reconocimiento por los importantes servicios prestados a la Iglesia. El Obispo de San Isidro, Monseñor Jorge Casaretto le entregó esta designación, que había propiciado, en una ceremonia en la Catedral Diocesana. Desde 1995 fue, junto  con el filósofo español Julián Marías, uno de los dos miembros de honor de la Asociación Médica Argentina. En 1998 recibió una condecoración del Arzobispo de Ljubljana, Dr. Franc Rode, por la  trayectoria de toda su vida.

La severa enfermedad crónica de Komar (una diabetes insulino-dependiente), fue hiriendo gradualmente su salud mientras mantenía inalterable su ritmo sobrehumano de trabajo. Las descompensaciones se fueron haciendo mas frecuentes e intensas en los últimos años, en particular luego de su retiro de la Universidad Católica, a la que se vio obligado a renunciar en todos sus cargos  frente a conflictos derivados de miserias humanas que dolorosamente sobrevienen en la vida de las instituciones. La gravedad de su cuadro hizo temer, con fundadas razones, por su vida.  Este hecho dio lugar a un extraordinario movimiento de solidaridad y de toma de conciencia que puso  de manifiesto la magnitud del alcance de su magisterio y la profundidad de su penetración en los corazones. Se preparó un volumen de homenaje (“Vida llena de sentido”), con colaboraciones de una amplia gama de discípulos, que fue presentado en un emocionante y multitudinario acto en la Biblioteca Nacional a fines de 1999.

A partir de este momento los acontecimientos se fueron desarrollando de manera significativa. Se fundó “Sabiduría Cristiana”, entidad hoy transformada en la Fundación Emilio Komar, encargada de recoger, preservar y difundir el pensamiento de Komar y de su escuela y que lleva a cabo desde entonces una intensa actividad de clases, cursos, simposios, reuniones anuales y publicaciones. Komar fue el centro de la mayoría de las reuniones anuales dictando clases memorables que convocaron a grandes auditorios. Gracias a  la  dedicación fervorosa de dos de sus discípulas, Guadalupe Caldani de Ojea Quintana y Marisa Mosto de Etchebarne, comenzó el trabajo esforzado de trascripción y edición de los cursos conservados. Hasta la fecha se han editado ocho cursos de variada duración en otros tantos volúmenes y el trabajo sigue adelante sin prisa y sin pausa. Comenzó a tener cumplimiento así el deseo que expresé en 1996 en la presentación del volumen “Orden y Misterio”: “El magisterio asombrosamente fecundo de Komar reclama su registro escrito”, y, mas adelante, subrayaba la “urgente necesidad” de esta tarea y agregaba: “Esta es una tarea de gran aliento que de ninguna manera le compete con exclusividad al Dr. Komar sino, mas bien, a todos sus discípulos”.

De manera convergente se fue produciendo en los últimos años un reconocimiento creciente de la obra de Komar en su patria, Eslovenia. Había escrito en su idioma casi un centenar de ensayos, meditaciones y editoriales en diversas publicaciones del exilio. Al recuperar Eslovenia su libertad y proclamar su independencia en 1991, este reconocimiento cobró renovado impulso. Su  amigo Zorko Simchiz, destacado escritor y poeta, regresó a ella con su familia y contribuyó de manera eficaz a este propósito. Komar viajó allí por primera vez después de haber emigrado, tomó contacto con intelectuales y dirigentes, y pronunció luego una importante conferencia sobre la actualidad de Santo Tomás en la Universidad del Sagrado Corazón de Milán, especialmente invitado por Don Luigi Giussani, fundador del conocido movimiento “Comunione e Liberazione”. Desde Eslovenia enviaron a la Argentina, por períodos, grupos de jóvenes universitarios para que se formaran con él. Su libro “Orden y Misterio” fue traducido y bellamente editado con un estudio crítico de un destacado filósofo esloveno en el que reconocía a Komar como uno de los dos más grandes filósofos católicos eslovenos del siglo trascurrido, subrayando que Komar descollaba  por la calidad y la belleza de su estilo literario. Fue nombrado Profesor Honorario de la Universidad de Lubjljana y, un mes antes de su muerte, miembro vitalicio de su Senado Académico, máxima distinción esta que lo hizo feliz y coronó como broche de oro la parábola  de su vida y de su obra.

Cabe referirse, para terminar, a la última y definitiva lección de  esta vida: la manera ejemplar con que aceptó su enfermedad con sus dolorosas limitaciones y el espíritu indomable con que siguió sirviendo a su misión de maestro hasta el último aliento. En este final, en este tránsito triunfal a la consumación y plenitud de su vida, se pone en evidencia también, de manera patente, ese misterioso parentesco espiritual con Juan Pablo II que mencionamos al comienzo de esta nota.

El Señor me concedió la gracia de poder despedirme de él un día antes de salir de vacaciones, el 3 de Enero, a pocos días de su descompensación final, que sobrevino el 6. Había cumplido cincuenta años de ser su discípulo y amigo. Quedó viva en mi corazón la imagen de profunda serenidad y bonhomía que irradiaba su persona. Me cuentan quienes lo acompañaron ya muerto que esta imagen se hizo aún más patente en su rostro, como si quedara trasuntada en él la dicha y la paz de la primera visión de su encuentro con el Padre.








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