viernes, 8 de julio de 2016

León XIII y el Americanismo - Mons. Pedro Daniel Martínez Perea

León XIII y el Americanismo
Mons. Pedro Daniel Martínez Perea


Texto publicado por el Sr. Obispo de San Luis en el año 2013, en un volumen colectivo de Homenaje al Padre Alfredo Sáenz, y digitalizado por el Centro Pieper para su Curso 2016 “Cristianismo en el Siglo XXI. Antecedentes, Conflictos, Perspectivas”.


El P. Alfredo Sáenz, en su lúcido libro sobre el modernismo, afirma que éste es deudor, entre otras doctrinas, del americanismo. Pues el americanismo consiste en el intento de la adaptación de la Iglesia con el mundo y con el 'espíritu del tiempo', en los cual se pone en evidencia la coherencia interna entre el americanismo y el modernismo. En otras palabras, los postulados del americanismo son los prolegómenos del modernismo [1].
 
El presente trabajo tiene por objeto profundizar este argumento, no sólo por lo que significa en sí mismo sino también, y sobre todo, por su gran actualidad. Daría la impresión que el tiempo no ha pasado. Luego de la exposición de la vida y el pensamiento del P. Isaac Hecker nos dedicaremos a desarrollar especialmente el Parlamento mundial de las religiones (Chicago 1893) y una referencia a la expansión del americanismo. De este modo podremos tener una mejor comprensión del porqué de la condena del americanismo por parte de León XIII (1899). En la conclusión tendremos oportunidad de hacer una reflexión teológica sobre el americanismo y sus consecuencias.


1. P. Isaac Hecker
 
El P. Hecker, era hijo de inmigrantes alemanes y bautizado en la Iglesia luterana [2]. Tipógrafo y miembro de un movimiento político democrático. El 2 de agosto de 1844 fue admitido en la Iglesia católica por el Obispo auxiliar de New York. Al año siguiente ingresó en el noviciado de los Padres Redentoristas y ordenado sacerdote el 23 de octubre de 1849 en Inglaterra. Desde su regreso a los Estados Unidos (1851) el P. Hecker se dedicó a las misiones entre emigrantes alemanes, como era la costumbre de los Padres Redentoristas. Con el tiempo y con la intención de realizarlas también para todos los fieles americanos el Arzobispo de New York le ofrece una casa. Comienza esa experiencia con dos compañeros y viaja a Roma, donde a los tres días de llegar es expulsado de su Congregación, por haber viajado sin permiso, violando así los votos religiosos. Recurre a la Santa Sede y finalmente, el 6 de marzo de 1858, queda libre de todos los cargos aunque sin pertenecer en adelante a la Congregación de los Redentoristas. El 10 de julio de ese mismo año funda en New York, con la aprobación del Arzobispo, la Comunidad Missionary Priests of St. Paul (Paulistas). En septiembre de 1908 tuvo la aprobación de la Santa Sede. Su doctrina y espiritualidad influyeron considerablemente en la Iglesia de los Estados Unidos. Participó en el Concilio plenario de Baltimore (1866) y en el Concilio Vaticano I (1869-1870) como teólogo del Arzobispo de Baltimore [3].

Ejerció su apostolado especialmente a través de las misiones y de la prensa (libros y revistas) con la intención de unir a la predicación de la doctrina católica la santidad personal. Familiarizado con la doctrina de L. Lallemant y J.-P. Caussade, con la mística renana, flamenca, carmelitana y jesuita (J. Taulero, beato Enrique Susón; J. Ruysbroeck; santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz; J. B. Scaramelli), Hecker ubica al centro de la vida espiritual la fidelidad y docilidad al Espíritu Santo. La cual consiste en quitar todo aquello que se presente como obstáculo para su acción y presencia en el alma. Ahora bien, esta vida espiritual es posible a todos, pues “[...] no exige milagros, ni acontecimientos extraordinarios, ni medidas especiales ni medios nuevos, ninguna perturbación en las ocupaciones de todos los días; exige simplemente que el alma cada vez ponga más atención a la acción del Espíritu Santo y que sea cada vez más fiel a sus inspiraciones” [4]. En muchos casos esto significaba responder a los problemas de su tiempo de modo individual, guiado directamente sólo por el Espíritu Santo, como si para la renovación de la sociedad se hacía necesario el 'bautismo del Espíritu Santo', como refiere Charles Maignen [5].
 
Quería elevar la calidad de la vida católica, pues sólo así podría concretarse un cambio en la vida personal y social. Ahora bien, si se quería transformar al hombre y a la sociedad de esa época, sostenía que era necesario una forma de vida espiritual diversa de la tradicional. Pues ésta, caracterizada por la vida consagrada al modo de los Padres del desierto; vida 'separada del mundo', largas meditaciones personales, mortificación austera, una obediencia que debilitaría el carácter, etc…, no representaba el tipo dominante de perfección cristiana para la segunda mitad del s. XIX. En efecto, el P. Hecker constata que en 'nuestros días' se vive en las fábricas, en los centros comerciales y en relación constante con otras creencias religiosas. En otras palabras, en medio de una 'sociedad plural', diríamos hoy, y “[...] es allí que se trata de introducir la santidad”.
 
Precisamente, la espiritualidad de la docilidad y fidelidad al Espíritu Santo, como él la presentaba, era la más apta para 'ese hombre moderno', ya que una vida religiosa tradicional, basada en los votos, no estaría conforme con el tiempo. En este sentido, la vida espiritual personal propuesta por el P. Hecker mostraba una originalidad particular marcada decididamente por un modo de apostolado activo más que contemplativo, pues el ejercicio de las virtudes llamadas activas responderían mejor a las necesidades del catolicismo de la segunda mitad del s. XIX.
 
Ante los males que afrontaba la Iglesia de su época quería proponer un remedio fundamental. Observaba una notable apatía e indiferencia por parte de los católicos en relación con la vida política y social. Ya que, según él, los católicos parecían refugiarse en distintas prácticas piadosas individuales como única solución ante la creciente envestida anticatólica en Europa, por la cual una minoría anticristiana “[...] hace la ley en Italia y en Francia, y, en estos antiguos hogares del catolicismo, despliega, contra todo aquello que es sagrado, una ferocidad pagana [...]” [6].

Ante esta situación publicó un 'Folleto' (unas 50 páginas) en el cual exponía la situación de la Iglesia ante tales dificultades y el modo cómo se deberían comportar los católicos: Exposición de la situación de la Iglesia ante las dificultades y controversias y las necesidades de los tiempos presentes [7].
 
La preocupación apostólica central de Hecker, según Elliott, consistía en evitar la doble catástrofe que amenazaba el mundo: “la exterminación del catolicismo por los Sajones y la apostasía del cristianismo por los Latinos”. El remedio a tantos males lo resumía en la reconciliación y la unidad de lo mejor de las características propias del modo de ser de los Sajones y de los Celtas-Latinos. Así para Hecker, en el futuro, “el Sajón sobrenaturalizará lo natural, el Celta-Latino naturalizará lo sobrenatural”. Elliott, por su parte, agrega que “la unión de las dos razas en la Iglesia, con su civilización y su fuerza es el verdadero medio para expandir rápidamente el cristianismo en todo el mundo [...] ha llegado el momento de llamar a la raza teutónica para que desarrolle sus fuerzas en la vida interior de la Iglesia” [8].

El P. Hecker, considerado por muchos como 'el apóstol de América', era de una personalidad poderosa, “de una actividad y una generosidad poco comunes”, algunos -no todos- lo consideraban ya como un santo [9].
 
En realidad, el proyecto del P. Hecker se encontraba enmarcado en una generalizada apreciación positiva incluso por la misma jerarquía católica. Daniel-Rops cita al respecto el siguiente texto del Arzobispo de Saint-Paul, Mons. Ireland en perfecta consonancia con las propuestas heckerianas:
 “La religión que necesitamos hoy [...] no consiste en cantar bellas antífonas en los coros de las catedrales vestidos con ornamentos recamados en oro mientras no hay nadie ni en la nave ni en las capillas y mientras fuera el mundo muere de inanición espiritual” [10].
 
Por otra parte, entre las consecuencias de vivir en una 'sociedad plural' también había que tener en cuenta la relación con los no-católicos y el modo de presentarles la doctrina católica. Al respecto, el fundador de los Paulistas proponía insistir más en las verdades doctrinales comunes que en aquellas con las cuales existían divergencias. Uno de sus modos de apostolado no tradicionales consistía en abrir “la puerta a los racionalistas” y presentar “una Iglesia abierta a la modernidad” [11].
 
Sin embargo, según Holden, ello no significaba debilitar la verdad divina, ni alterar la constitución misma de la Iglesia, manteniendo sin reservas ni compromisos la entera verdad que la Iglesia católica enseñaba. De hecho, Hecker enseñaba teniendo como base el Catecismo del Concilio de Trento [12].
 
Al respecto, surgieron distintas interpretaciones: algunos lo vieron sólo como un nuevo modo de obrar legítimo en la Iglesia, otros lo interpretaron como un método que dejaba de lado elementos esenciales de la doctrina católica: dogma, disciplina eclesiástica y la necesidad de la gracia.
 
La doctrina y práctica heckeriana establecieron, de hecho, una especie de unidad inseparable entre espiritualidad y política. En donde aquélla es la 'nueva espiritualidad' propuesta por él y ésta es la república, la democracia, al modo de los Estados Unidos de Norte América. Puesto que el futuro prometido por las ideas americanistas para la Iglesia requiere una espiritualidad nueva y, por ello, un sacerdocio nuevo. El Padre Hecker fue presentado precisamente -tanto por Mons. Klein como por Mons. Ireland- como el 'Typo del sacerdote americano', el 'ornamento y la joya del clero americano', el 'ideal del sacerdote para el nuevo futuro de la Iglesia', 'el Apóstol de la reconciliación de la Iglesia con el mundo', y así poder 'recuperar el terreno perdido' [13].
 
La difusión de la biografía de Hecker escrita por uno de sus discípulos y la manera como era presentada abrió un abanico de discusiones particularmente referidas al modo de vivir cristiano, tanto según el aspecto privado como social. Nos referimos al libro del Walter Elliott (1842-1928), The Life of Father Hecker (1891), traducido al francés, por Louise de Guérines, con Introducción de Mons. Ireland y con un Prefacio favorable de l'Abbé Félix Klein, profesor del Instituto Católico de París, con el título Le Père Hecker, fondateur des “paulistes” américains, 1819-1888 (1897) [14].
 
De este modo ingresó la propuesta del P. Hecker con el sobrenombre: un catholicisme américan, por el lugar de su proveniencia. Para Delassus y también para l'Abbé F. Klein, aunque por motivos diversos, el P. Hecker fue presentado en Francia, debido especialmente a la difusión del libro de Elliott, como el ideal de sacerdote por imitar para los nuevos tiempos de la Iglesia. En definitiva, del sacerdote que necesitaba la Iglesia: el sacerdote moderno [15]. Tanto fue el influjo de este modelo que fue asumido por el mismo modernismo italiano como lo testimonia la novela de A. Fogazzaro, Il santo en donde se lee que en la casa Guarnacci una señorita madura había “bautizado a Benedetto como padre Hecker italiano y laico” [16].
 
Según Holden, Hecker y su doctrina fueron mal interpretados [17]. Sea de esto lo que fuere, el término de americanismo fue asumido y, a partir de allí, il fait son chemin. Por lo que a ese modo de pensar y de vivir se lo denominó con el nombre de americanismo. Ensayaremos determinarlo en sus rasgos principales que consideraremos en profundidad en el punto siguiente, al exponer el Parlamento mundial de las religiones (Chicago 1893).
 
En 1789 los católicos de Estados Unidos eran alrededor de 30.000 y en 1870 sumaban los 4.500.000. Una singularidad por considerar es 'el estilo propio' de la Iglesia católica americana, pues no se había desarrollado como en Europa “[...] y los problemas no se le planteaban de la misma manera que en Roma y en París. El apostolado que con tanto éxito realizaba era concebido según los métodos de la democracia”. A esto se agregaba la aceptación de la teoría de la 'necesaria' separación de la Iglesia y del Estado. Lo cual era considerado precisamente 'necesario', ya que de lo contrario en Estados Unidos una Iglesia del Estado sería sólo protestante. Por otra parte, no existía oposición aparente entre la modernidad y la religión. La vida política, moral e intelectual del s. XIX era exaltada por los católicos americanos, de más influjo en la opinión pública, sin mayor distinción. “De hecho se trataba de un catolicismo liberal, joven, emprendedor”, según Rops [18]. Si bien, también existían dos corrientes o tendencias dentro del mismo catolicismo estadounidense, a las que se las denominaba: la democrático-progresista y la tradicional-conservadora, como eran denominadas [19].


2. Parlamento mundial de las religiones (Chicago 1893)
 
Un acontecimiento particular y preocupante se agregaba a esta situación religiosa: El Parlamento mundial de las religiones, una especie de Congreso internacional de las religiones convocado con ocasión de la 'Exposición Universal de Chicago' (Chicago 1893) [20] abierto a todas las 'religiones' y al que los Obispos americanos se adhirieron. Así lo relata sintéticamente el histórico Daniel Rops:
“El cardenal Gibbons, arzobispo de Baltimore, aceptó la invitación dirigida a la Iglesia católica de enviar un representante, y durante diecisiete días pudo verse a sacerdotes reunidos con pastores de todos los protestantismos, con algunos archimandritas y hasta representantes del Brahamanismo y el Budismo; el objeto era «ponerse de acuerdo sobre ciertos principios morales y religiones comunes para una acción de conjunto contra comunes adversarios»” [21].
 
El Parlamento mundial de las religiones (Chicago, 11-28.IX.1893), realizado por iniciativa de ministros protestantes - presbiterianos (M. Barrows) y a la que se adhirieron los católicos, fue convocado con la intención de agrupar las formas de 'creencias' en torno a las ideas fundamentales que unen al género humano y en contra del materialismo y agnosticismo; contra todas las formas de incredulidad que se iba imponiendo en la sociedad. Con el fin de mostrar de qué manera éstas doctrinas son contrarias al bien de la humanidad. Es decir, el Congreso se inicia con 'buenas intenciones', si bien puramente filantrópicas. El mismo Cardenal Gibbons escribiendo a M. Barrows sostenía que se trataba de algo 'digno de ser promovido y elogiado'. Incluso serviría para la 'expansión exterior de la Iglesia' [22].
 
También debe ser comprendido como la 'conclusión' de un movimiento iniciado especialmente, por dos 'sociedades': Libre Asociación religiosa (fundada en Boston por F. E. Abbott, pastor de la Iglesia unitaria) y Sociedad de cultura moral (fundada por M. Félix Adler, hijo de un Rabino de New York). “Estas dos asociaciones, poniendo de relieve el elemento moral y la parte humana de la religión, habían logrado el acercamiento entre cristianos, israelitas y libres pensadores” [23].
 
En la primavera de 1891 se creó un Comité general, compuesto por miembros de diversas confesiones. Su presidente fue John Henry Barrows (presbiteriano de Chicago). La primera 'circular', junto con más de 40.000 documentos y 10.000 cartas, fue distribuida invitando “cordialmente a los representantes de todas las creencias para ayudar a presentar ante el mundo, en la Exposición de 1893, las armonías y los aspectos de unión religiosa de la humanidad y también para exponer las obras morales y espirituales que se encuentran en la base del progreso” [24]. En la segunda circular (1.III.1893) se enviaba el programa de los trabajos (16 días con tres sesiones por día, menos el domingo).
 
Sin embargo, no todos respondieron positivamente. Tanto la misma Iglesia presbiteriana de Chicago (a la que pertenecía M. Barrows) como la Asamblea general de las Iglesias presbiterianas de América (Portland 1892) condenaron solemnemente el proyecto del Parlamento mundial o Congreso de las religiones. A este rechazo, hay que sumar el del Sultán de Turquía, la de M. Pobedonotseff (Procurador general del Santo Sínodo de la Iglesia rusa) y la del Primado anglicano, quien sostenía que siendo “el cristianismo la única religión no podía comprender por qué esta religión puede ser considerada como formando parte de un congreso religioso, sin admitir a los otros cultos en pie de igualdad con ella” [25].
 
El 11 de septiembre y luego de dos años y medio de preparación, tuvo lugar la Sesión de inicio en el Anfiteatro Cristóbal Colón (Chicago). A las 10 de la mañana hicieron su ingreso los representantes de diez religiones históricas [26]. El primer hecho 'Parlamentario' fue un acto de adoración a Dios todo poderoso, a través del canto del Salmo 100. Luego, el cardenal Gibbons “con una voz débil, pero bien clara pronunció en inglés el «Padre Nuestro»” y a continuación el presidente del Comité organizador dio un eufórico discurso de bienvenida, por el que daba gracias a Dios de haber podido llegar a este día tan glorioso y único en la historia de la humanidad. “En este Congreso, la palabra religión significa amor y adoración a Dios, amor y servicio a los hombres. [...] aquí no se le pide a nadie que abjure de sus creencias, ni de hacer el menor compromiso con aquello que considere la verdad o el deber”. Por su parte, el Reverendo J. H. Barrows recordaba que al ingreso estaba escrito: Amor, Solidaridad, Fraternidad [27].
 
Le tocó el turno al Arzobispo católico de Chicago, Mons. Feehan y al Cardenal Gibbons, quien recordando la parábola del Buen samaritano sostenía que 'Cristo nos dejó la más bella lección de tolerancia que se pueda imaginar'. Luego siguieron una serie de discursos de bienvenida de los distintos representantes religiosos. Así comenzó formalmente el Congreso.
 
Las ideas centrales se pueden resumir en afirmaciones, muy genéricas por cierto en relación con los conceptos empleados: el Congreso era presentado como 'la coronación de 20 siglos de cristianismo'; convertir el mundo 'al dogma de la tolerancia universal y de la fraternidad'; lograr concertar una 'religión suprema, perfecta y universal en la que se afirme la paternidad de Dios y la fraternidad entre los hombres'; la 'búsqueda leal y sincera de las armonías de la religión'. A éstas, habría que agregar también los conceptos de caridad, amor, humanidad, cristianismo, tolerancia, etc…
 
La última Sesión del Parlamento mundial de las religiones tuvo lugar el miércoles 27 de septiembre: dos Salas llenas de casi 4.000 personas cada una escuchando el canto del Salmo 24. Luego la multitud cantó un himno del cardenal Newman y terminó con el Alleluia de Haendel interpretado por un coro de 500 miembros [28]. En la Sala Cristóbal Colón, las últimas palabras de clausura y despedida del primer 'Congreso universal de las religiones' estuvieron a cargo de M. Charles Bonney (protestante de Chicago) dirigiéndose a los asistentes como “¡adoradores de Dios y amigos del hombre!”. Mientras que en la Sala Washington hicieron sus discursos y oraciones los representantes de las 'tres religiones de la Biblia': Barrows (cristiano); Mons. Keane (católico) y el Rabino Hirsch (comunidad de Israel).
 
El temario fue muy extenso, si bien siempre en relación con la religión y cada expositor lo hacía desde su punto de vista o vivencia religiosa. A partir de las Actas podríamos agrupar en cuatro grandes ítems los temas tratados: I. Dios, el hombre, la religión como característica esencial del hombre y las religiones principales de la humanidad; II. La religión y su relación con la moral, el arte, las letras, la filosofía, la ciencia, la familia y la sociedad; III. Unión de la familia humana en una religión perfecta y universal. En definitiva, todo estaba centrado en las discusiones relativas a la unión de los cristianos (iglesias cristianas) y todos los hombres unidos en una religión perfecta y universal, 'superadora' de la cristiana y de cualquier otra.
 
En este contexto los representantes católicos presentaron 20 trabajos. Destacamos cuatro expositores: P. Walter Elliott; Cardenal Gibbons, J. J. Keane y Merwin-Marie-Snell.
 
Bajo el título: El supremo fin y oficio de la religión [29], el P. W. Elliott mostraba, en el tercer día del Congreso, que el oficio y fin de la religión “consiste en dirigir las aspiraciones del alma hacia el bien infinito y en asegurar una perfecta fruición”. Se refirió a la gracia que eleva al hombre a participar de la divinidad, y cita la doctrina del Concilio de Trento según la cual Cristo, nuestro Salvador, no sólo opera una restauración de la naturaleza sino que eleva al hombre a un estadio más alto de la misma naturaleza.
 
Sosteniendo que “la Iglesia es el pilar y fundamento de la verdad” afirma que el supremo fin y oficio de la religión no consiste sólo en el perdón del pecado, sino en la elevación a la unión con Dios, transcendiendo de ese modo la pura vida natural. Así “la humanidad se hace una con la Divinidad” [30].
 
La cualidad distintiva que tendrá que tener el ideal religioso no está formado por un conjunto de verdades sobre Dios y sus atributos sino por la meditación en todos sus atributos, de los cuales el supremo es el amor. Amor que está por encima de todas las virtudes. Por ello la obediencia no tiene el lugar de honor entre ellas.

La exposición del Cardenal J. Gibbons fue leída el cuarto día por Mons. J. J. Keane: La religión católica colma las necesidades de la humanidad [31]. Luego de trasmitir a los presentes las disculpas del Cardenal porque no podía hacerse presente en ese momento y de una introducción en la cual realiza un breve relato sobre la 'religión' y el mundo antes de la venida de Cristo, expone, en el contexto de la universalidad del catolicismo, el rol positivo de la Iglesia católica en la construcción y 'elevación' de la sociedad. Ante todo, al purificarla en su raíz a través de la alianza matrimonial, pues siempre ha mantenido la santidad y la indisolubilidad del matrimonio. “Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”. La religión católica siempre ha proclamado la santidad de la vida desde su inicio, rechazando el infanticidio que era “una mancha oscura en la civilización pagana” (a dark stain on Pagan civilization). La Iglesia católica ha condenado enfáticamente la matanza de niños inocentes y no con menos energía “la atroz doctrina de Malthus quien sugirió los métodos antinaturales (unnatural methods) para disminuir la población de la familia humana”. Al infanticidio anti-natalista lo considera como una plaga social [32].
 
También la Iglesia católica no ha sido ajena a las necesidades de los más pobres. Por ello, ha establecido asilos para niños necesitados, abandonados, ancianos y desvalidos, como lo testimonian las Congregaciones religiosas surgidas para tal fin. Sobre todo, ha instituido Hospitales, algo prácticamente desconocido para el mundo pagano antes de la venida de Cristo. De todo esto existen ejemplos admirables de caridad heroica y martirio a lo largo de los 2.000 años.
 
La Iglesia católica también ha ennoblecido el trabajo manual y colaborado eficazmente para mitigar la esclavitud y para aboliría después. Concluyó su intervención mencionando a otras Instituciones filantrópicas de Baltimore y leyendo la frase de Cicerón: “Homines ad Deos nulla re proprius accedunt quam salutem hominibus dando”.
 
La interesante exposición de Mons. John J. Keane [33], La idea de la Encarnación en la historia y en Jesucristo, aparece como una seguidilla de preguntas a las distintas religiones paganas (griegos en general) y orientales (Asia e India) para que expliquen las cuestiones más profundas de la religión (Revelación, existencia de Dios y de la Encarnación) a partir de sus mismos presupuestos (Again we ask, whence this concept?; We ask eastern Asia: How can the phenomena of the Infinite Being be finite?; We ask again; etc.). Para concluir que el panteísmo y el emanacionismo no pueden explicarlas. Precisamente “porque esas bases son contradictorias” y, por ello, nunca podrán constituir una filosofía.

A continuación comienza interpretando distintos textos de las Sagradas Escrituras para responder al interrogante sobre la Encarnación: ¿Puede Dios y el hombre llegar a ser uno? Para concluir, a partir de las profecías del Antiguo Testamento y del testimonio de los mismos contemporáneos de Cristo que lo acusan “¿cómo tu siendo hombre te haces llamar Dios?”, que la Iglesia católica tiene la misión y la autoridad espiritual para trasmitir la realidad del Emanuel, del Dios encarnado [34].
 
El 16º día del Congreso, Merwin-Marie Snell [35] expuso acerca del Futuro de la religión. Se refirió a la universalidad de la religión, pues todo ser humano tiene inscripto en su mismo ser la solidaridad hacia los demás, la mutua cooperación entre los hombres ¿quién hay en el mundo que no ame? Incluso, cada pensamiento humano es, en último análisis, el sueño de unirse a la 'hermandad cósmica' (“is a dream of cosmic brotherhood”). Todo querer humano tiende a buscar revestirse de la salvación divina. La religión en cuanto tal, es algo inmortal y un elemento esencial de la naturaleza humana (“We know that religion is [...] inmortal [...] is an essential element of human natura”). Si bien es cierto que cada religión se manifiesta de distintas maneras tanto intelectual, espiritual, moral, estética como prácticamente, sin embargo todas tienen los mismos principios, los mismos instintos y las mismas aspiraciones (“but at bottom of them all are the same principles, the same instincts, the same aspirations”).
 
Por ello, por ser universal, ninguna religión o sacerdocio podrá monopolizarla. “La característica fundamental de la religión del futuro consistirá en una unión universal en el amor”, por lo que, minimizando las diferencias, serían aceptadas todas. La religión es 'infinita en sus formas'. La religión así entendida, concluye Snell “establecerá en la tierra el mismo orden que reina en los cielos” (“it will establish upon earth a haevenly order”).


3. Expansión del americanismo

Todos los asistentes al Parlamento mundial de las religiones se despidieron con la intención de reencontrarse en uno próximo por realizarse en París en 1900. Al respecto, es importante destacar que siempre el tema religioso es considerado exclusivamente bajo el aspecto puramente histórico y en ningún caso según la revelación o sobrenatural. En tal sentido se refería la circular con la cual se invitaba para el Congreso internacional de historia de las religiones (París 1900) [36]. De la lectura sobre todo del paper preparado por el Cardenal Gibbons y aún más de la exposición de M.-M. Snell emerge claramente que se enmarcaban dentro de esta consigna, es decir de mostrar según una simple (Gibbons) o grosera (Snell) perspectiva humana y filantrópica a la religión católica. Parecería que ésta fuera una 'gran obra filantrópica' y que la caridad/amor es presentada más como una ayuda sociológica para el hombre que como una virtud teologal vivificada por la gracia.
 
A tres años de la finalización del primer Parlamento se realizó en Francia (24-25 de agosto de 1896), el primero y último de los Congresos eclesiásticos realizados en ese país: el Congreso de Reims, con ocasión de la conmemoración del bautismo de Clodoveo. Fue considerado por algunos como “el acto más importante de la Iglesia de Francia después del Concordato” y como una 'especie de peregrinación' eclesiástica a Reims. Tenía por objeto temas propios eclesiásticos, como por ejemplo: la organización del clero, los estudios auxiliares que tendrían que ser asumidos y la acción por realizarse en el futuro.
 
Al respecto la Santa Sede, no respondió al telegrama de invitación, ya que si sería “el primero en su género, también sería el último”. El silencio de Roma hizo pensar en su desaprobación. Incluso el Obispo de Nancy, a través de la “Semaine Religieuse de Reims”, instaba a los eclesiásticos de la Diócesis para que no participaran de Congresos de ese género “sin previa autorización” [37].

En estos contextos, se abrieron camino las ideas americanistas. En Estado Unidos de Norte América, y debido a la gran inmigración, crecía, en el ambiente político-social, la voluntad de mantener una conciencia nacional, una identidad propia americana (fundada en los principios de la libertad, la democracia y la laicidad) y, en el católico, su propia identidad católica dentro de una sociedad protestante.
 
Todo lo cual suscitaba una clara oposición en Italia o en Francia. En ésta el conflicto entre los católicos fue mayor, pues los monárquicos propugnaban una actitud tradicional en relación con el Estado y la cultura y los republicanos, por otra parte, una adaptación a la nueva cultura moderna. Republicanos y 'americanizantes' de Estados Unidos ambos presentaban al P Hecker y su obra como símbolo común y un nuevo punto de partida necesario.
 
Discusiones y tensiones que, en realidad, venían de antes. Nos referimos a tres escritos de M. Anatole Leroy-Beaulieu, considerado “libéral, catholique, plus que catholique libéral”, y del'Abbé F. Klein sobre la democracia y la Iglesia quien propugnaba un “accord désirable entre le christianisme et la démocratie”, continuando con ello el pensamiento de Leroy-Beaulieu [38]. En este contexto, no se podían no 'escuchar' los ecos de las doctrinas ya condenadas de Lamennais, para quien la libertad y la soberanía del pueblo eran las palabras mágicas [39].
   
Por otra parte, en relación con los estudios eclesiásticos los partidarios del americanismo expresaban también su rechazo a la escolástica y a Santo Tomás de Aquino, tal como lo evidenciaba el Nuncio Lorenzelli al Cardenal Rampolla en diciembre de 1899 [40]. La carta hace referencia al Congreso Internacional de historia de las religiones, por celebrarse al año siguiente en Francia (1900) y que ya se hablaba, en ambiente sacerdotal francés, de la formación de un 'Parlamento de las Religiones', como una copia del formado en el Congreso de Chicago de 1893.
 
Este modo 'americano y católico' de afrontar la sociedad moderna no sólo se difundía en Francia sino también en Italia, como lo testimonia Ornella Confessore, estudiosa e investigadora del tema:
“La «central» operativa para la difusión del catolicismo americano era Roma en donde O'Connell abría su casa a eclesiásticos y laicos ocupados en la «modernización de la iglesia», entre los cuales l'abbé L. Duchesne, Rector del Colegio Francés en Roma, el barón F. von Hügel, el bolandista F. von Ortroy, los cardenales Vannutelli, p. J. Zahm teórico del evolucionismo, el histórico F. X. Kraus, el teólogo H. Schell, la baronesa A. d'Eichtal [...]” [41].
 
A fines del s. XX comenzaron a convocarse nuevamente los Parlamentos mundiales de las religiones. En 1988 se realizó la Formación de un Concejo del Parlamento mundial de las religiones en Chicago (USA), que fue el encargado de convocar y organizar el Parlamento mundial de religiones en 1993 en Chicago (USA), en conmemoración del centésimo aniversario del de 1893. Luego se realizó nuevamente en 1999 en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), en 2004 en Barcelona (España). En 2007 se realizó El Foro universal de las culturas en Melbourne (Australia) y en 2009, en el mismo lugar, el Parlamento mundial de las religiones [42].
 
 
4. León XIII y el americanismo
 
Ante tales acontecimientos intervino León XIII, como solícito Pastor, especialmente en relación con las consecuencias doctrinales y eclesiales de una cultura que se fundaba exclusivamente en la 'sola razón' y la 'ciencia'. En particular, lo realizó con el objeto dirimir las discusiones planteadas. En este sentido, mandó estudiar la cuestión de aquello que en los pasillos se conocía como American way. Antes de considerar la Carta en la cual León XIII condena el americanismo, expondremos dos Informes (Votos) al respecto que se encuentran en el Archivo de la Congregación de la Fe [43].
 
 
4.1. Dos Informes Romanos
 
Se trata de los Votos de los consultores P. Giacinto Maria Cormier (Voto Cormier), casi un año antes de la condena del americanismo, y del P. David Fleming O.M. (Voto Fleming), al año de la condena [44]. El primero es un estudio sobre el libro del P. W. Elliott, Le Père Hecker y el otro acerca del americanismo, una vez condenado.
 
El Voto Cormier, del 5 de mayo de 1898, se refiere tanto al libro sobre el P. Hecker como al americanismo tal como allí se exponía. Al respecto, parafrasea una Conferencia de Mons. O'Connel, rector del Colegio Americano en Roma, en un Congreso Internacional (Fribourg 1897): L'Américanisme d'après le P. Hecker, ce qu'il est et ce qu'il n'est pas. O'Connel distingue entre un Americanismo político y religioso. A éste lo señala como “Reino del individualismo, perfeccionado por la asistencia del Espíritu Santo”. Así se explica, continúa Cormier, que el P. Hecker se lanzara a un apostolado sin relación de dependencia con la jerarquía. Y aquí se encontraba el problema verdadero del P. Hecker [45].
 
El juicio que emite acerca del americanismo es negativo, pues lo considera perjudicial y dañoso para Dios, para la Iglesia, para la vida religiosa y para el mismo Estado Americano [46]. Injuria a la Iglesia, porque los innovadores en nombre de la evolución, que en realidad es una revolución, pretenden dejar de lado la cuestión de la verdad, para lograr una “monstruosa alianza de todas las religiones”, a la cual hacía referencia brevemente el mismo P. Hecker y que sus seguidores lo desarrollaron ampliamente [47].
   
En este sentido, hace una referencia tan aguda como reveladora. Transcribe un texto que pone de manifiesto la imagen de la Iglesia propuesta por el P. Hecker, antes de su conversión: la Iglesia tiene que llegar a satisfacer las verdaderas necesidades de la humanidad. Ahora bien, ¿de qué manera? Responde el mismo fundador de los Paulistas: La salvación de las almas por medios espirituales tradicionales (oración, penitencia, Eucaristía y los otros sacramentos) no son suficientes. Por el contrario, es necesario “hacerle llegar la salvación y la transfiguración del cuerpo a través de los sacramentos terrestres” (sic!) [48]. En cuanto se refiere a la vida religiosa, expresa que el P. Elliott “defiende el concepto fundamental de la vida religiosa libre al poner en duda la utilidad absoluta e intrínseca de los votos” [49].
 
Cormier propone algunas soluciones o remedios al problema planteado, si bien en relación con un juicio final acerca del argumento prefiere “callar” [50]. Con el nombre de 'remedios' destacamos los siguientes. Condenar el libro del P. Elliott, pero sin condenar al P. Hecker, particularmente para impedir que se forme una especie de secta místico-liberal que podría extenderse cada vez más [51]. Nombrar Obispos y profesores en los Seminarios ajenos a las ideas americanistas, para así lograr no tanto “americanizar el catolicismo sino catolizar el americanismo” [52].
 
Prácticamente al año de la condena del americanismo se encuentran dos Votos del P. David Fleming y Documentos varios. En el primero (8.XI.1899) afirma que, según su opinión, los 'americanistas' no buscaban una renovación social al modo de los franceses, “sino más bien una renovación Eclesiástica y Teológica” [53]. Entre los Documentos varios destacamos la carta del Obispo de Nancy (27.IV.1899) al Santo Oficio en la cual denuncia los artículos que difundían las ideas americanistas publicados en la Revista “La Quinzaine” convertida en el “órgano principal del Americanismo” [54].


4.2. León XIII y la condena del americanismo
 
Estando así las cosas, el 22 de enero de 1899 León XIII, movido por la caridad apostólica y en cumplimiento de su deber apostólico (officio muneris ad te damus), escribió, al respecto, una Carta al Arzobispo de Baltimore, el Cardenal James Gibbons: Ep., Testem benevolentiae.

Una primera apreciación es que se trata de una Carta personal, si bien con tono mesurado pero firme, y no de una Encíclica, lo cual muestra una actitud delicada y respetuosa hacia la persona del Cardenal. Luego de reconocer el apostolado realizado por el valeroso episcopado americano, el Romano Pontífice realiza en ella una distinción al considerar el americanismo. Sí por americanismo se comprenden “los dones espirituales que pertenecen al pueblo de América”, las características propias como las de cualquier otro pueblo, la fuerza apostólica de los católicos y su generosidad y las costumbres y leyes americanas entonces “no hay ninguna razón para rechazar ese nombre”. El conjunto de la Carta se refiere al 'otro' americanismo, que rechaza y condena. Se trata del doctrinal y el que intenta la 'adaptación' con el mundo, renunciando a la forma de vida tradicional en la Iglesia [55].
 
León XIII intentaba, por una parte, devolver la paz a muchos fieles turbados por los acontecimientos y, por otra, poner fin a las discusiones definiendo los límites de los problemas planteados tanto llamando la atención (cavenda, corrigenda) como dando instrucciones precisas doctrinales y disciplinales en orden a guardar la integridad de la fe.
 
En concreto, se refiere a los contenidos del libro de W. Elliott sobre la vida del P. Hecker, que había suscitado controversias en relación con la propuesta del modo de vivir cristiano. Las afirmaciones del P. W. Elliott estaban dirigidas a dejar el modo tradicional cristiano en aras de un apostolado acorde con los tiempos modernos y que tomó el nombre de americanismo.
 
Estas nuevas ideas, afirma el Romano Pontífice, si bien se fueron construyendo con la intención de 'atraer' a los que se encontraban apartados de la Iglesia, no obstante sostenían que la Iglesia debía:
1. Adecuarse al mundo moderno adulto (ad adulti saeculi humanitatem).
2. Relajar su antigua severidad (ac veteri relaxata severitate).
3. Aceptar o ceder a las nuevas opiniones y a las exigencias del mundo (recens invectis populorum placitis ac rationibus indulgere).

Los tres aspectos señalados no se referían sólo a asuntos disciplinales sino también algunos doctrinales pertenecientes al depósito de la fe. La falsedad de 'esas nuevas ideas' se hace evidente con el solo hecho de estudiarlas a la luz de “la naturaleza y origen de la doctrina que la Iglesia enseña” [56].

El Santo Padre considera particularmente los errores (fides et mores) del llamado 'americanismo'. En primer lugar, identifica la actitud y práctica que conduce a omitir y despreciar alguno de los principios de la doctrina cristiana. Ahora bien, ¿cuáles son estos principios? El Magisterio nos propone principios que deben ser creídos (fides) y principios referidos al modo de vivir (disciplina vivendi). En relación con los principios de fe divina y católica, pertenecientes a la Revelación y trasmitidos por un juicio solemne o por el magisterio ordinario y universal, estos no pueden ser ni disminuidos ni suprimidos.
 
En relación con el modo de vivir católico León XIII sostiene que por su misma naturaleza y sin cambiarla puede acomodarse a las exigencias de los tiempos, como lo prueba la misma historia. En efecto, la Iglesia “de tal manera se ha acostumbrado a moderar su disciplina que, manteniendo intacto el derecho divino, nunca ha dejado de acomodarse al carácter y genio de las naciones que ella abraza” [57].
 
Ahora bien, es al Romano Pontífice que le ha sido confiado no sólo el supremo magisterio sino también el de gobernar a toda la Iglesia. Por ello, también le corresponde determinar acerca del modo de la vida cristiana de los fieles. Estas apreciaciones deben ser leídas a la luz de las afirmaciones de Pío VI (1775-1799) quien “condenó, como injuriosa para la Iglesia y el Espíritu de Dios que la guía, la doctrina contenida en la proposición 78 del Sínodo de Pistoia” según la cual la Iglesia podía “establecer una disciplina inútil o más pesada de aquello que la libertad humana pueda soportar” [58].

Por tales motivos, el modo de vivir católico propuesto por el americanismo es errado y no es católico. A este error se agrega otro y que es más peligroso aún. Es aquel que sostiene que los fieles deben tener la misma libertad en la Iglesia de la que tienen en el mundo y en los asuntos del orden civil [59]. Lo cual lleva a un individualismo y a substraerse de la mediación de la vigilancia y del poder de la Iglesia, queridos por Dios, en relación con la vida cristiana [60]. E incluso, tal libertad la extienden en relación con todo aquello que no haya sido objeto del ejercicio del magisterio infalible del Romano Pontífice. Esto quiere decir, entonces, que quedarían fuera de la autoridad de la Iglesia todos los demás argumentos (fides et mores) que no hubieran sido propuestos infaliblemente. De ello se sigue la excesiva licencia, en nombre de 'la libertad', para escribir y hablar que confunde las mentes de los católicos [61].
 
A este punto, nos podemos preguntar ¿en qué consiste el llamado americanismo? ¿Cuáles son los fundamentos a partir de los cuales se construye? León XIII no dejará pasar por alto estos interrogantes y los responderá puntualmente [62].
 
En primer lugar, el americanismo rechaza la mediación magisterial externa y afirma la directa asistencia del Espíritu Santo que derrama su gracia en los fieles, sin intervención humana. “Él le enseña y los guía por cierta misteriosa inspiración” de modo ordinario. Es claro que el Espíritu Santo realiza su obra misteriosamente en las almas y, si así no fuera, en vano serviría para la salvación cualquier ayuda externa [63]. Sin embargo, en la actual economía de la salvación, ordinariamente Dios ha obrado y obra especialmente a través de los hombres.
 
Por otra parte, el americanismo le concede a las virtudes naturales una capacidad tal que por sí solas serían preferibles a las sobrenaturales. Pues, según los seguidores de esta novedad, aquéllas responderían “mejor a las necesidades y costumbres de los tiempos y ayudan más al hombre el tenerlas puesto que lo disponen mejor para obrar y lo hacen más fuerte en su acción”. Por ello tendrían mayor eficacia y fecundidad apostólica que las sobrenaturales [64].
 
Estas afirmaciones americanistas no sólo son contrarias a la doctrina católica sobre la relación gracia-naturaleza (la gracia no destruye sino eleva y perfecciona la naturaleza) sino también a la del pecado original y sus consecuencias. Puesto que a partir de esas afirmaciones se seguiría que la sola naturaleza 'sin la gracia' podría alcanzar la bienaventuranza eterna [65].
 
Asimismo es errada la 'distinción americanista' entre virtudes activas y virtudes pasivas. Distinción por la cual, sostienen, éstas fueron más acordes a los tiempos pasados mientras que aquéllas serían las más apropiadas para los tiempos modernos. Ahora bien, si esto es así, quiere decir entonces que sólo ciertas virtudes cristianas se adaptan a un tiempo histórico determinado y otras a otros. Incluso, al enumerar a las virtudes evangélicas entre las llamadas virtudes pasivas concluyen que la vida religiosa y los votos religiosos no sólo “se alejan del espíritu de nuestro tiempo, porque restringen los límites de la libertad humana”, sino también son dañinos para la perfección cristiana del hombre y de la sociedad [66].
 
Al respecto, León XIII lúcidamente identifica el error conceptual de tal división, ya que no existen virtudes meramente pasivas. Pues la virtud, en cuanto virtud, se ordena a la perfección de una potencia, cuyo fin es un acto [67].
 
La consecuencia, a su vez, de estas falsas distinciones es considerar sin valor permanente las máximas evangélicas y, por lo tanto, tendrían que cambiar y adaptarse al 'ritmo' de cada época histórica. Pero es claro que no puede aceptarse, pues “Cristo es el Maestro y ejemplo de toda santidad: y a su medida se deben conformar todos los que aspiran a la vida eterna”. Ahora bien, “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por todos los siglos” (Heb 13, 8) y es para todos los hombres de todas las épocas, el Modelo por imitar: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11, 29); “Aquellos que son de Cristo han crucificado su carne con sus vicios y concupiscencias” (Gal 5, 24).
   
En este marco debe ser comprendida la vida religiosa y los votos, como siempre han sido valorados y presentados por la Iglesia en su práctica y doctrina. “Aquellos, que de tal manera se ligan con la santidad de los votos, lejos de perder la propia libertad, disfrutan de una libertad más plena y más libre, a saber, aquella «por la cual Cristo nos ha liberado» (Gal 4, 31)” [68].

Una vez precisados estos conceptos, la Carta se refiere en particular al método de apostolado católico para atraer a los hombres al seno de la Iglesia. Argumento clásico en el americanismo, según el cual debían dejarse los caminos y métodos tradicionales usados hasta ahora en la Iglesia para elegir otros más acordes con los tiempos modernos.
 
“Sobre este asunto -sostiene el Romano Pontífice- bastará evidenciar, dilecto hijo Nuestro, que no es prudente despreciar aquello que la antigüedad en su larga experiencia ha aprobado, siguiendo además las enseñanzas apostólicas” [69]. Entre los modos 'tradicionales' enumera:
- El cumplimiento religioso del propio deber de estado.
- Vivir íntegramente las buenas costumbres.
- Ejercitar las obras de caridad.
- Tener una sincera y continua oración a Dios.
 
Finalmente, el Santo Padre determina que no se pueden aprobar las doctrinas conocidas con el nombre de americanismo, como acabamos de exponer. No sólo porque es injurioso para los Obispos de América y para ese mismo país [70], sino también porque da la impresión de querer “una Iglesia distinta en América de aquella que está en las demás regiones del mundo”. Siendo que la Iglesia verdadera “es una, tanto por su unidad de doctrina como por su unidad de gobierno, y también católica. Cuyo centro y fundamento ha sido instituido por Dios en la Cátedra del Bienaventurado Pedro, que con razón se llama Romana, pues «donde está Pedro allí está la Iglesia»” [71].


Conclusión
 
El americanismo fue considerado en su momento como el fruto de la 'evolución' de la humanidad, en la que debería zambullirse el cristianismo si quería sobrevivir socialmente. Esta 'evolución' se consideraba como heterogénea y no homogénea y, en este sentido, en último análisis dejaría de ser ella misma. Puesto que no se trataba de algo que evoluciona sino que su término es algo que se presenta esencialmente y profundamente distinto a su origen, que es de donde partió esa supuesta evolución.

Asimismo, se presentaba al cristianismo, especialmente a partir del Parlamento mundial de las religiones, como surgiendo evolutivamente del paganismo. Es decir, desde el hombre y no desde la Revelación. En este sentido se observa en el americanismo la negación práctica de la distinción entre naturaleza y gracia, consecuencia de la confusión entre el orden natural y el sobrenatural. O mejor, la reducción de éste en aquél. A su vez la nueva religión universal sería la cúspide también evolutiva, e inevitable, del cristianismo. Ahora bien, si esto es así entonces el cristianismo tendría que adaptarse a la situación actual de la humanidad y a las nuevas condiciones del mundo. Condiciones que se 'imponen sin resistencia' posible si se pretende su renovación, tanto interior como exterior [72]. Se proponía una 'religión' que sería la universal, perfecta y definitiva como si el cristianismo no fuera la definitiva manifestada por Dios mismo en Jesucristo, plenitud de la Revelación del Padre.
   
Por otra parte, el americanismo toma su nombre no sólo por el lugar geográfico sino también, y sobre todo, porque se encuentra unido a la misión de Estados Unidos de Norte América. Misión que tiene entre sus características distintivas, -según Mons. Keane- “la destrucción de las barreras y de las hostilidades que superan las razas”, e incluso, en “un futuro no muy lejano -sostenía Mons. Ireland- América conducirá el mundo”. Pues así como en el pasado la Providencia se sirvió de Roma o de España, ahora es América (Estados Unidos de Norte América) la elegida para guiar los destinos de la humanidad [73].
 
En este contexto y según los organizadores, el Parlamento mundial de las religiones tendría que ser considerado como un momento o eslabón en el camino hacia una unidad superior de los pueblos. Incluso serviría, sostenía Mons. Keane, como incentivo para “[...] futuros congresos internacionales de religiones en el que todos se unirán en una tolerancia y en una mutua caridad, en donde todas las formas de religión se dirigirán juntas contra todas las formas de irreligión [...]” [74]. De este modo se lograría 'la vuelta a la unidad de los hijos de Dios'. Alguno podría afirmar en relación con el 'espíritu' del Congreso que en él, en último análisis, se habrían 'recogido' -siguiendo a san Justino- la supuesta existencia de gérmenes divinos en todas las expresiones religiosas y en las filosofías paganas. De alguna manera se habría repetido y actualizado en él lo mismo que sucedió en la plenitud de los tiempos, a través del envío de una estrella a los gentiles, cuyos rayos han guiado a los más inteligentes a los pies del Niño divino en Belén [75].
 
Al respecto e irónicamente (dolorosamente irónico para nosotros) comenta el Profesor protestante al manifestar la presencia del cardenal Gibbons ubicado en el centro de los demás representantes de las diez religiones históricas y al 'pronunciar', como en nombre de todos ellos, el Padre Nuestro:
“Qué acto solemne! qué acontecimiento inaudito en los anales de la Iglesia católica, el hecho de este arzobispo, revestido de púrpura romana, levantándose en medio de esta asamblea de heréticos, de paganos y de cismáticos y diciendo la oración del Señor Jesús. Cuánto estamos lejos de los tiempos donde O'Connel decía: «La Iglesia católica reza por todos los hombres. Ella no reza con ninguna otra iglesia»” [76].
 
La pretendida unión de todos se lograría no por la polémica sino a través de una especie de irenismo. En otras palabras, no por la exposición y defensa de una o unas verdades de fe -que son y se presentan como contrarias a sus opuestas- sino a través de la negación de esa verdad o verdades. Precisamente porque no habría ninguna 'Verdad' en sí, sino sólo las consensuadas. Es decir, que para 'llegar a ser todos los hombres un solo rebaño en un mismo redil', era necesario absolutamente evitar toda 'polémica' y 'aceptar' o 'tolerar' que la verdad conviva con el error [77].
 
El americanismo, presentándose como una 'nueva era' o 'nueva fase' para la Iglesia católica que va hacia adelante, es un modo de pensar (fides) y practicar (mores) el catolicismo 'adaptándose' a lo cambiante y contingente del mundo, al 'espíritu del tiempo' y a la nueva cultura sin dogmas. Esto conlleva necesariamente la introducción del cambio y de la contingencia en la misma doctrina católica, como lo da a entender el mismo Klein en su prefacio a la Vie du P. Hecker escrita por W. Elliott [78].
 
Estas afirmaciones significan que el 'espíritu' del Congreso de las religiones no admitiría verdades estables, fijas u objetivas. Por ello, se presentaba como urgente la necesidad de adaptarse a la vida del mundo y exigencias del momento. Lo cual significaba la negación de una 'verdad para contemplar' y la afirmación de solo una 'verdad para hacer'. Ahora bien, en este pasaje de la contemplación a la acción no importa tanto una verdad objetiva sino de 'vivir' una misma experiencia religiosa y moral que uniría a los hombres en la supuesta religión universal y perfecta. Es decir, se realiza la reducción de la verdad a la praxis.

Esta última reflexión nos conduce a sacar dos conclusiones importantes. La reducción de la verdad a lo puramente práctico y contingente, sin referencia a una estable (teórico-contemplativa), termina en la adaptación de la misma Iglesia con el mundo y con el 'espíritu del tiempo', en lo cual consiste el fundamento del americanismo [79]. Por otra parte, la 'espiritualidad americanista' se traduce en activismo práctico, olvidando que la vida interior de la gracia y la contemplación es aquello que explica y da sentido al apostolado. Pues, como sostiene el P. A. Sáenz, las llamadas 'virtudes pasivas' “condicionan la fecundidad del obrar”. Espiritualidad que se apoya, en definitiva, en las propias fuerzas “y que bajo la apariencia de difundir la fe o, incluso, del apostolado, pone como principio de toda la vida espiritual la propia acción, el propio pensamiento, la propia eficacia en la difusión de la fe o en la difusión de las propias ideas, aunque sean rectas” [80]. Así se explica el 'menos-precio' y posterior 'des-precio' de la vida religiosa en general y de la vida religiosa contemplativa en particular.
 
El influjo de estas doctrinas y sus consecuencias influyeron también en la concepción del sacerdocio católico, pues ahora se trata de un sacerdocio nuevo para los tiempos nuevos. Para lo cual habría que adaptar en los Seminarios sus planes de formación. Pues decían que hasta ese momento, la formación en ellos habría sido 'exclusivamente clerical, subrayando el rol de lo sobrenatural en desmedro de 1o natural y humano'. Por ello en la reforma de los estudios habría que darle un espacio más amplio a las cuestiones sociales y a los tema temporales [81]. Es decir, releer la formación a la luz de los 'sacramentos terrestres', como afirmaba Hecker. Es oportuno mencionar aquí la visión eclesial de quienes, como el P. Alfredo Sáenz, comprendieron 1a necesidad de dedicarse a la formación integral de los futuros sacerdotes, según las enseñanzas de la Iglesia. Al respecto, nos remitimos al trabajo en este volumen del Pbro. Dr. Luis González Guerrico.





Notas

[1] SÁENZ A., El modernismo: Crisis en las venas de la Iglesia, (Colección 'La Nave y las Tempestades') (Ediciones Gladius, Buenos Aires 2011), 84-96. Cfr. GISLER A., Der Modernismus. Dargestellt und gewürdigt, (Verlags-anstalt Benziger & Co., Köln 1912), pp. 27-222. 397-413.

[2] Para la vida del P. Hecker véanse ELLIOTT W., The life of Father Hecker, (The Columbus Press, New York 18942) y su versión francesa Le Père Hecker fondateur des “Paulistes” américains, 1819-1888, (Librairie Victor Lecoffre, París 18975); HOUTIN A., L'Américanisme, (Émile Nourry, Paris 1904), pp. 30-35; GISLER A., Der Modernismus. Dargestellt und gewürdigt, cit., pp. 53-77; HOLDEN V. F., Hecker (Isaac-Thomas), en DdS T. 7 (1969), coll. 126-131. Para las obras de Hecker y bibliografía véanse coll. 130-131; SÁENZ A., El modernismo: Crisis en las venas de la Iglesia, cit, pp. 85-86.

[3] Acerca de la situación religiosa general en los Estados Unidos y del protestantismo, véase TANQUEREY A., Amérique, en DTC T. 1 (1909), coll. 1049-1052.1074-1081; en relación con el catolicismo en particular véase ANDRÉ G., Amérique, en Ibid., coll. 1052-1074.

[4] Cfr. HOLDEN V. F., Hecker (Isaac-Thomas), cit, col. 129.

[5] Cfr. MAIGNEN CH., Le Père Hecker est-il un saint?, (Études sur l´Américanisme) (Desclée - Librairie de Victor Retaux. Rome-Paris 1898), p. 115.

[6] ELLIOTT W., Le Père Hecker, fondateur des “paulistes” américains, 1819-1888, cit, p. 399.

[7] An Exposition of the Church in View of Recent Difficulties and Controversies and the Present Needs of the Age, (1874), cfr. ELLIOTT W., The Life of Father Hecker, cit., p. 392; IDEM, Le Père Hecker, fondateur des “paulistes” américains, 1819-1888, cit., pp. 399-400. Acerca de la publicación del Folleto veáse IDEM, The Life of Father Hecker, cit., p. 397; IDEM, Le Père Hecker, fondateur des “paulistes” américains, 1819-1888, cit., p. 406.

[8] ELLIOTT W., Le Père Hecker, fondateur des “paulistes” américains, 1819-1888, cit,. p. 405-407.

[9] Cfr. ROPS D., L'Église des Révolutions. Un combat pour Dieu, T. 2 (Librairie Arthéme Fayard, París 1963), p. 332. Cfr. MAIGNEN CH., Le Père Hecker est-il un saint?, cit., pp. 291-323.

[10] ROPS D., L'Église des Révolutions. Un combat pour Dieu, T. 2, cit., p. 331.

[11] Cfr. ELLIOTT W., Le Père Hecker, fondateur des “paulistes” américains, 1819-1888, cit, p. 348; SÁENZ A., El modernismo: Crisis en las venas de la Iglesia, cit., p. 86.

[12] Cfr. HOLDEN V. F., Hecker (Isaac-Thomas), cit., coll. 128-129.

[13] Cfr. ELLIOTT W., Le Père Hecker, fondateur des “paulistes” américains, 1819-1888, cit., pp. II. 392. [Prefacio de l'Abbé F. Klein], p. VIII, nota 1: “«Le P. Hecker reste pour moi le type, non seulement du prêtre américain, mais du prête moderne, du prête qu'il faut à l'Église pour recouvrer le terrain que lui ont fait perdre le protestantisme et l'incrédulité, aussi bien que pour la rendre capable de reprendre sa marche en avant dans l'accomplissement de sa mision divine.» (Lettre de l'abbé Dufresne, du diocèse de Genève, l`auteur de la Vie anglaise)”. [Introducción de Mons. Ireland], p. LV: “Nous considérerons toujours Isaac Hecker comme l'ornement et le joyau de notre clergé américain, comme le type qu'il faudrait voir se reproduire le plus possible parmi nous. Sans doute on trouvera à améliorer les détail, et ce sera à l'avantage de la religion; mais pour les ligne principales qui constituent la personnalité de cet homme éminent, sachons les conserver avec amour, et tâchons de les reproduire dans la formation de notre futur clergé”. DELASSUS H., L'américanisme et la conjuration antichrétienne, (Société de Saint-Agustin - Desclée de Brouwer et Ci, Lille - París 1899), pp.152-161. Es importante hacer notar que este libro tiene el imprimatur el 8 de diciembre de 1898, es decir un mes antes de la condena del americanismo por León XIII. BONGIORNI E., La dottrina cristiana e le dottrine del Santo di A. Fogazzaro. Perché all'Indice?, (s/ed., Brescia 1906), p. 176.

[14] Cfr. ELLIOTT W., The Life of Father Hecker, cit; IDEM, Le Père Hecker, fondateur des “paulistes” américains, 1819-1888, cit.

[15] Cfr. IDEM, Le Père Hecker, fondateur des “paulistes” américains, 1819-1888, cit., Cfr. DELASSUS H., L'américanisme et la conjuration antichrétienne, cit, p. 4.

[16] Citado en BONGIORNI E., La dottrina cristiana e le dottrine del Santo di A. Fogazzaro. Perchè all'Indice?, cit, p. 175: “Non tutti avranno l`erudizione della signorina matura, e però sarà facile che alcuno domandi: Chi è questo padre Hecker? e cosa ha mai egli a che fare col Santo?”.

[17] Cfr. HOLDEN V. F., Hecker (Isaac-Thomas), cit., col. 130.

[18] ROPS D., L'Église des Révolutions. Un combat pour Dieu, T. 2, cit., pp. 330-331.

[19] Cfr. CONFESSORE O., L`americanismo: conservazione o innovazione?, en “Cristianesimo nella Storia” 12 (1991), p. 623.

[20] Cfr. The World's Parliament of Religions. An illustrated and popular story of the World's first Parliament of Religions, held in Chicago in connection with the columbian Exposition of 1893, 2 Vol. (Edit., J. H. Barrows) (The Parliament Publishing Company, Chicago 1893). En total son más de 1.600 páginas escritas en letra pequeña.

[21] ROPS D., L'Église des Révolutions. Un combat pour Dieu, T. 2, cit., p. 332; Cfr. BLASINA P., La «Revue des Deux Mondes» e l'americanismo, en “Cristianesimo nella Storia” 8 (1987), pp. 536-538.

[22] Los católicos que más se destacaron por su simpatía en relación con estas ideas, fueron: el primado católico de Estados Unidos, Cardenal James GIBBONS (1834-1921); el Arzobispo de Chicago, Mons. Patrick FEEHAN (1829-1902); el Arzobispo de Saint Paul (Minnesota) Mons. John IRELAND (1838-1918); y el Rector de la Universidad de Washington y luego Arzobispo de Dubunque, Mons. John Joseph KEANE (1839-1918). Este último, fue el encargado de asegurar la representación de los católicos al Parlamento o Congreso mundial de las religiones. El P. Walter ELLIOTT (1842-1928), conocido especialmente por su obra sobre el P. I. Hecker y la divulgación de su pensamiento.

[23] Cfr. BONET-MAURY G., Le Congrès des Religions a Chicago en 1893, (Librairie Hachette et Cie, Paris 1895), p. 7. “La science comparée des religions, les récits des voyageurs et de missionnaires sincères, rendant témoignage aux vertus de maint païen, ont fait le reste et jeté comme un pont sur l'abîme qui séparait el monde juif et chrétien du monde des gentils” (Ibid.).

[24] Citado en BONET-MAURY G., Le Congrès des Religions a Chicago en 1893, cit., p. 10.

[25] El texto completo, tal como nos lo trasmite el mismo Bonet-Maury, es el siguiente: “Le christianisme est la religion unique. Je ne puis comprendre comment cette religion peut être regardée comme faisant partie d'un congrès religieux, sans qu'on admètte les autres cultes sur un pied d'égalité avec elle. Votre programme déclare que l'Église de Rome est l'Église catholique et il traite l'Église épiscopale d'Amerique et, par analogie, l'Église d'Angleterre comme étant en dehors de l'Église catholique. Or cette situation qui nous serait faite est intolerable” (Ibid., p. 13).

[26] Cfr. The World's Parliament of Religions. An illustrated and popular story of the World's first Parliament of Religions, held in Chicago in connection with the columbian Exposition of 1893, cit., Vol. 2, p. 59. BONET-MAURY G., Le Congrès des Religions a Chicago en 1893, cit., p. 16: “A dix heures les représentants de dix religiones historiques firent leur entrée bras dessus, bras dessous, au milieu des vivats enthousiastes de l'assemblée et prirent place sur l'estrade. Impossible de rendre le spectacle pittoresque qu'elle offrait. Au centre, vètu d'une robe écarlate et sur un siège d'honneur, le cardinal Gibbons, primat catholique des États-Unis. A se côtés étaient groupés les délégués orientaux, aux robe multicolores: ici c'était le brahmane Vivekananda vêtu de rouge, sa tête bronzée surmontée d'un turban jaune; prè de lui, le bouddhiste Dharmapala, vêtu d'une toge de blancheur immaculée, sur laquelle se détachait sa chevelure noir d'ébène. A gauche de l`estrade, Mgr Latas, archevêque de Zante, entouré de deux ou trois popes; près de lui, la face noire, mais aux yeux brillants, de Mgr Arnett, évêque méthodiste d'Afrique, et plus loin, à droite, le groupe des mandarins chinois et des bonzes japonais, en robe de soie de toutes les couleurs de l`arc-en-ciel”.

[27] Cfr. BONET-MAURY G., Le Congrès des Religions a Chicago en 1893, cit., pp. 18-20.

[28] Cfr. Ibid., pp. 29-34.

[29] Cfr. ELLIOTT W., The supreme end and office of religion, en The World's Parliament of Religions. An illustrated and popular story of the World's first Parliament of Religions, held in Chicago in connection with the Columbian Exposition of 1893, cit., Vol. 1, pp. 462-465.

[30] Cfr. Ibid., p. 464-465: “The supreme end and office of religion is not the expiation of sin, but elevation to union with God. [...] The supreme end and office of religion is to cause men by love personally to approximate the ideal, not merely of humanity, but of humanity made one with the Deity. […] in an order of life transcending the natural”. Los corchetes son nuestros.

[31] Cfr. GIBBONS J. (card.), The needs of Humanity supplied by the Catholic Religion, en Ibid., pp, 485-493.

[32] En el mismo sentido se expresaba el Reverendo T. U. Dudley (protestante), véase DUDLEY T. U., The historic Christ, en Ibid., pp. 785-795. Especialmente pp. 787-788.

[33] Cfr. KEANE J. J., The Incarnation idea in history and in Jesus Christ, en Ibid., Vol. 2, pp. 882-888.

[34] Cfr, Ibid., p. 888: “To that church he gives a commission of spiritual authority extending to all ages, to all nations, to every creature - a commission that would be amdness in any mouth save that of God incarnate. This is the testimony concerning himself given to an inquiring and needy world by him whom no one will dare accuse of lying or imposture, and the loving adoration of the ages proclaims that his testimony is true”.

[35] Cfr. Ibid., pp. 1325-1327.

[36] Cfr. LAPLANCHE F., La crise de l`origine. La science catholique des Évangiles et l'histoire au XX siécle, (L'Évolution de l'Humanité) (Éditions Albin Michel, Paris 2006), p. 31: “[...] le ministre du commerce et de l'Industrie, responsable de l'Exposition universelle de 1900, rédige une circulaire pour inviter les savants á participer au Congrès international d'histoire des religions, dont il souligne l'aspect exclusivement historique”. El corchete es nuestro. Cfr. ROPS D., L'Église des Révolutions. Un combat pour Dieu, T. 2, cit., pp. 284-285.

[37] Cfr. DELASSUS H., L'américanisme et la conjuratiun antichrétienne, cit., pp. 176-186. 377-380.

[38] Cfr. LEROY-BEAULIEU A., La Paputé, le socialisme et la démocratie, en “Revue des Deux Mondes”: I. L'évolution du Saint-siège et l'enseignement social de Léon XIII (15.XII.1891, pp. 721-767); II. L'Église, l'intervention de l'État et la legislation sociale (15.I.1892, pp. 356-388); III. Les Sindicats, l'alliance avec le quatrième état et la paix sociale (1.III.1892, pp. 96-139); KLEIN F., La démocratie et l'Église, d'après les récents ouvrages de M. Anatole Leroy-Beaulieu, en “Le Correspondant” (10.VIII.1892), pp. 401-424. Cfr. BLASINA P., La «Revue des Deux Mondes» e l'americanismo, cit., pp. 521-530.

[39] Cfr. GREGORIO XVI, Ep. encycl., Singulari Nos (25.VI.1834), en EE 2, nn. 48-57. Cfr. MEINVIELLE J., De Lamennais a Maritain, (Biblioteca de Ensayistas Contemporáneos) (Ediciones Theoria, Buenos Aires 19672), pp. 51-56. 282-286; SÁENZ A, El modernismo: Crisis en las venas de la Iglesia, cit, pp. 74-84.

[40] Cfr. BLASINA P., La «Revue des Deux Mondes» e l'americanismo, cit., p. 546, nota 66: “Il Nunzio Lorenzelli, che non aveva democrático cristiano, scriveva in una comunicazione al card. Rampolla del 21 dicembre 1899: «Sul mentovato congresso [...] è venuto stamane a parlarmi anche il deputato sacerdote Lemire, il quale desiderava conoscere il mio modo di vedere in proposito. Gli ho detto che non ho alcuna opinione da esprimere a questo riguardo, ma che mi permettevo di manifestargli il desiderio de non dover leggere negli Atti del futuro Congresso di Bourges la colluvie di spropositi pronunziati in quello similare di Reims, ove gli Abbés démocratiques (sic) parlarono de gli studii ecclesiastici in un senso diametralmente opposto all'Enciclica Aeterni Patris e grossolanamente ingiurioso alla Scolastica ed a S. Tommaso. Non credo che tali Congressi possano intitolarsi delle Opere Sacerdotali; e pure rendendo omaggio alle buone intenzioni dell'Abbé Lemire, debbo confessare che il suo modo di parlare dell'azione dello Spirito santo nei cuori e del compito della Chiesa a questo riguardo, mi ha costretto a fargli notare la soverchia somiglianza, per non dire identità, dei suoi pensieri cogli errori dell'Eckerismo (sic) od Americanismo, recentemente condannato dalla Santa Sede». Cf A.S.V., Segreteria di Stato, a. 1899, rubr. 248, fasc. 2, ff. 135-137. […]”. Los paréntesis son textuales. Los corchetes son nuestros.

[41] CONFESSORE O., L'americanismo: conservazione o innovazione?, cit., p. 626, nota 14. Cfr. IDEM, L'Americanismo cattolico in Italia, (Studium, Roma 1984).

[42] Véase la página web respectiva: www.parliamentofreligions.org.

[43] En cuanto se refiere a los documentos relativos en el Archivo Secreto Vaticano nos remitimos a los estudios realizados por O. Confessore y P. Blasina, ya citados.

[44] Cfr. ARCHIVO DE LA CONGREGACIÓN DE LA FE, Stanza Storica, Rerum variarum (1900, Parte 2a, Busta, n. 5). En esta 'Busta' se encuentran, además de los dos Votos a los que nos referimos, informes, retractaciones de los interesados, recortes de diarios y revistas, propaganda, artículos de esa época. Algunos artículos en alemán (Litterarische Beilage, Kölnischen Volkszeitung) sobre la teología moral y varios diarios más sobre el tema, todos de 1901.

[45] Cfr. Voto Cormier (5.V.1898), en Ibid., pp. 7.11. 41. “Si compendia in due parole: Regno dell'individualismo, perfezionato dall'assistenza dello Spirito Santo” (p. 11). Las cursivas son textuales.

[46] Cfr. Ibid., p. 31: “È pregiudizievole e dannoso a Dio, alla Chiesa, allo stato religioso, all'America stessa”.

[47] Cfr. Ibid., p. 34: “I novatori vogliono, a nome dell'evoluzione (che meglio sarebbe nominata se al principio della parola si aggiungesse un r) lasciar indietro la questione della verità per unir nella carità tutti quanti, credenti e insultori del domma, biasimando così quegli vigorosi Atleti della fede dai secoli passati, e vagheggiando non so qual mostruosa alleanza di tutte le religioni; teoria a cui il P. Hecker accennò brevemente, ma che i suoi seguaci più ampiamente svilupparono”. Las cursivas son textuales.

[48] Cfr. Ibid., p. 35: “Ancora protestante Hecker, così ideava la vera Chiesa: «Si l'Église ne va pas au-devant des vrais besoins de l'humanité pour les satisfaire par tous le moyens religieux en son pouvoir, elle doit s'en prendre à elle-même de ce que les hommes recherchent les divertissements profanes. Elle pourvoit au salut de l'âme par des moyens spirituels, tels que la prière, la pénitence, l'Eucharistie et les autres sacrements. Il lui faut maintenant pourvoir au salut et à la transfiguration du corps par des sacrements terrestres»”. Las cursivas son textuales.

[49] Cfr. Ibid., p. 48: “Però lo storico Paulista del P. Hecker, P. Elliott, fa un passo di più, difendendo il concetto fondamentale della vita religiosa libera col mettere in dubbio l'utilità assoluta ed intrinseca dei voti”. La cursiva es textual.

[50] Cfr, Ibid., p. 54: “[...] una questione scabrosa che spetta all'alta Sapienza delle vostre Eminenze; tanto più che diverse considerazioni estrinseche possono modificare notabilmente questa conclusione, presa dalla cosa in se. Per cui taccio”. La cursiva es textual.

[51] Cfr. Ibid., p. 53: “[...] una specie di serta mistico-liberale, tanto più pericolosa quanto più speciosa, più ondeggiante, più difficile a convincere di fallo”. La cursiva es textual.

[52] Cfr. Ibid., pp. 54-55: “[La mejor medicina] è la preventiva, scegliendo Vescovi alieni dalle idee Americaniste, e procurando che i porfessori dei Seminarii o delle Universtià siano imbevuti della più pura dottrina di Roma e valenti a volgarizzarla [...]. Allora si potrebbe sperare di raggiungere il vero e felice scopo, che formulo così: «NON GIÀ AMERICANIZZARE IL CATTOLICISMO, MA CATTOLICIZZARE L'AMERICANISMO»”. La versalita es textual.

[53] Cfr. Voto Fleming (8.XI.1899), en Ibid., p, 5: “Etenim «Americanistae» non quaerebant renovationem Socialem in sensu Gallorum, sed potius renovationem Ecclesiasticam et Theologicam”. Este Voto está publicado en diciembre por la Suprema Sacra Congregatio Sancti Officii con el siguiente título: De variis Opusculis, Dissertationibus in Ephemeridibus circa «Americanismum» aliasque questiones hodiernas.

[54] Cfr. SUPREMA SACRA CONGREGATIO SANCTI OFFICII, De periodicis La Quinzaine et La vie catholique ac de Americanismo. Supplementum ad duas Relationes de eadem materia, (Martius 1900), en Ibid., p. 9: “Cette revue a étè et reste malgré la condamnation portée par le souverain Pontife, l'organe principal de l'Americanisme. Elle est aussi un des organes des démocrates qui se disent chrétiens et qui tous ont été américanistes et s'efforcent d'enlever toute portée et tout sens pratique à la lettre de Notre Saint Père le Pape” (p. 9). La cursiva es textual.

[55] Cfr. LEÓN XIII, Ep., Testem benevolentiae (22.I.1899), en Enchiridion delle Encicliche, T. 3 (Edizioni Dehoniane Bologna, Bologna 1997), n. 2069; ROPS D., L'Église des Révolutions. Un combat pour Dieu, T. 2, cit., pp. 334-335. “La parte centrale del documento era estata scritta da Satolli e Mazzella con la consulenza di P. Brandi, direttore di La Civiltà cattolica; il resto da Rampolla e da Leone XIII con lusinghieri apprezzamenti sulla chiesa americana” (CONFESSORE O., L'americanismo: conservazione o innovazione?, cit, p. 632, nota 43).

[56] Cfr. LEÓN XIII, Ep., Testem benevolentiae, cit., n. 2058: “Id autem non de vivendi solum disciplina, sed de doctrinis etiam, quibus «fidei depositum » continetur, intelligendum esse multi arbitrantur. Opportunum enim esse contendunt, ad voluntates discordium alliciendas, si quaedam doctrinae capita, quasi levioris momenti, praetermittantur, aut molliantur ita, ut non eumdem retineant sensum quem constanter tenuit Ecclesia. Id porro, dilecte fili Noster, quam improbando sit consilio excogitatum, haud longo sermone indiget; si modo doctrinae ratio atque origo repetatur, quam tradit Ecclesia”.

[57] Cfr. Ibid., n. 2060: “Aetatum vero praeteritarum omnium historia testis est, Sedem hanc Apostolicam, cui, non magisterium modo, sed supremum etiam regimen totius Ecclesiae tributum est, constanter quidem «in eodem dogmate, eodem sensu eademque sententia» haesisse; ac vivendi disciplinam ita semper moderari consuevisse, ut, divino incolumi iure, diversarum adeo gentium, quas amplectitur, mores et rationes nunquam neglexerit”.

[58] Cfr. Ibid., nn. 2060-2061. El texto citado por el Santo Padre es: Pío VI, Const., Auctorem fidei (28.VIII.1794), prop. 78, en Dz.-Schön., n. 2678 [MANSI, T. 38, coll. 1276D-1277A].

[59] Cfr. SÁENZ A., El modernismo: Crisis en las venas de la Iglesia, cit., pp. 92-93. Este argumento por el que se equipara la libertad que cualquier ciudadano tiene en los asuntos civiles a la libertad del fiel cristiano dentro de la Iglesia ya había sido sostenida 30 años antes en el Congreso de científicos católicos alemanes (Munich 1863), en Verhandlungen der Versammlung katholischer Gelehrten in München vom 28. September bis 1. Oktober 1863. (Ed. Pius Bonif. Gams, O.S.B.), (Georg Joseph Manz, Regensburg 1863), pp. 97-98.

[60] Cfr. LEÓN XIII, Ep., Testem benevolentiae, cit., n. 2061: “In causa tamen da qua loquimur, dilecte fili Noster, plus affert periculi estque magis catholicae doctrinae disciplinaeque infestum consilium illud, quo rerum novarum sectatores arbitrantur libertatem quamdam in Ecclesiam esse inducendam, ut, constricta quodammodo potestatis vi ac vigilantia, liceat fidelibus suo cuiusque ingenio actuosaeque virtuti largius aliquanto indulgere. Hoc nimirum requiri affirmant ad libertatis eius exemplum, quae, recentius invecta, civilis fere communitatis ius modo ac fundamentum est”.

[61] Cfr. Ibid.: “Praestat igitur quamdam potius notare opinionem, quae quasi argumentum affertur ad hanc catholicis libertatem suadendam. Aiunt enim, de Romani Pontificis infallibili magisterio, post solemne iudicium de ipso latum in Vaticana Synodo, nihil iam oportere esse sollicitos: quam ob rem, eo iam in tuto collocato, posse nunc ampliorem cuivis ad cogitandum atque agendum patere campum.- Praeposterum sane arguendi genus: si quid enim ex magisterio Ecclesiae infallibili suadet ratio, hoc certe est, ut ab eo ne quis velit discedere, imo omnes eidem se penitus imbuendos ac moderandos dent, quo facilius a privato quovis errore serventur immunes. [...]. Licentia quae passim cum libertate confunditur; quidvis loquendi obloquendique libido; facultas denique quidlibet sentiendi literarumque formis exprimendi, tenebras tam alte mentibus obfuderunt, ut maior nunc quam ante sit magisterii usus et necessitas, ne a conscientia quis officioque abstrahatur”.

[62] [Nota del Centro Pieper: Las “negritas” son nuestras]

[63] Cfr. Ibid., n. 2062: “Verum, quod etiam experiendo novimus, hae Sancti Spiritus admonitiones et impulsiones plerumque, non sine quodam externi magisterii adiumento ac veluti comparatione, persentiuntur”.

[64] Cfr. LEÓN XIII, Ep., Testem benevolentiae, cit., n. 2063: “Profecto maxime in excolendis virtutibus Spiritus Sancti praesidio opus est omnino: verum qui nova sectari adamant, naturales virtutes praeter modum efferunt, quasi hae praesentis aetatis moribus ac necessitatibus respondeant aptius, iisque exornari praestet, quod hominem paratiorem ad agendum ac strenuiorem faciant”.

[65] Cfr. Ibid.; TOMÁS DE AQÚINO (san), S. Th., In II Sent., dist., 6, art. 6, sed contra 1; Ibid., dist., 34, q. 1, art. 5; In III Sent., dist., 13, q. 1, art. 1; Ibid., dist., 23, q. 3, art. 4, sed contra 1; Ibid., dist., 24, q. 1, art. 3; In IV Sent., dist., 4, q. 2, art. 1; S. Th., I, q. 62, art. 5; Ibid., II-II, q. 10, art. 10; De Veritate, q. 27, art. 6, ad 1; cfr. Ibid., q. 14, art. 9, ad 8; De Malo, q. 2, art. 11.

[66] Cfr. LEÓN XIII, Ep., Testem benevolentiae, cit. “Cum hac de naturalibus virtutibus sententia, alia cohaeret admodum, qua christianae virtutes universae in quo quasi genera dispertiuntur, in «passivas», ut aiunt, atque «activas»; adduntque, illas in elapsis aetatibus convenisse melius, has cum praesenti magis congruere” (n. 2064). “Ex quo virtutum evangelicarum veluti contemptu, quae perperam «passivae» appellantur, pronum erat sequi, ut religiosae etiam vitae despectus sensim per animos pervaderet. [...]. Aiunt enim, illa ab ingenio aetatis nostrae dissidere plurimum, utpote quae humanae libertatis fines coerceant; esseque ad infirmos animos magis quam ad fortes apta; nec admodum valere ad christianam perfectionem humanaeque consociationis bonum, quin potius utrique rei obstare atque officere” (n. 2065).

[67] Cfr, Ibid., n. 2064; TOMÁS DE AQUINO (san), S. Th., I-II. q. 55, art. 1.

[68] LEÓN XIII, Ep., Testem benevolentiae, cit., n. 2065. Cfr, Ibid., n. 2066: “Nec discrimen est laudis inter eos qui actuosum vitae genus sequuntur, atque illos, qui, recessu delectati, orando afflictandoque corpori vecant. Quam hi etiam praeclare de hominum societate meruerint, mereant, ii norunt profecto qui, quid ad placandum conciliandumque Numen possit «deprecatio iusti assidua» (Iac 5,16), minime ignorant, ea maxime quae cum afflictatione corporis coiuncta est”.

[69] Ibid., n. 2068.

[70] Ibid., n. 2060.

[71] Ibid., nn. 2060. 2069. La cita está tomada de AMBROSIO (san), Enarrationes In XII Psalmos Davidicos, In Ps., XL, 10, en PL 14, col. 1082A: “Ubi ergo Petrus, ibi Ecclesia: ubi Ecclesia, ibi nulla mors; sed vita aeterna”.

[72] Cfr. DELASSUS H., L'américanisme et la conjuration antichrétienne, cit., pp. 129.144.

[73] Cfr. Ibid., pp. 123-126. 188. Algo semejante, pero aplicado a Alemania como patria de la teología católica, ya lo había afirmado antes I. von Döllinger en su famoso discurso: Pasado y presente de la teología católica en el Congreso de científicos católicos alemanes (Munich 1863), Rede über Vergangenheit und Gegenwart der katholischen Theologie, en Verhandlungen der Versammlung katholischer Gelehrten in München vom 28. September bis 1. Oktober 1863, cit., pp. 25-59. “Es así que en nuestros días la antorcha de la ciencia teológica se ha cambiado desde su lugar anterior y al final ha llegado el turno para que la Nación alemana llegue a ser la representante más distinguida de las disciplinas teológicas. Griegos, españoles, italianos, franceses, ingleses, nos han precedido y puedo decir, con el poeta romano: Illos primus equis Oriens afflavit anhelis, Nobis sera rubens accendit lumina vesper. [...]. Por ello, es en Alemania que debemos buscar en adelante la patria de la teología católica. Ningún otro pueblo como el alemán ha mantenido con tanto esmero, amor y precisión los dos ojos de la teología: la historia y la filosofía” (pp. 44. 47-48). La cursiva es textual.

[74] Citado en DELASSUS H., L'américanisme et la conjuration antiehrétienne, cit., p. 124. La cursiva es textual. Cfr. Ibid., pp. 123-126.

[75] Cfr. BONET-MAURY G., Le Congrès des Religions a Chicago en 1893, cit., p. 5.

[76] Ibid., p. 18.

[77] Cfr. DELASSUS H., L'américanisme et la conjuration antiehrétienne, cit., pp. 129. 144.

[78] Cfr. Ibid., pp. 44. 76-77. 101. 266.

[79] “Die Grundwelle des Amerikanismus: Versöhnung der Kirche mit der Welt und Anpassung an den Zeitgeist” (GISLER A., Der Modernismus. Dargestellt und gewürdigt, cit, pp. 154-159). Cfr. DELASSUS H., L'américanisme et la conjuration antichrétienne, cit., pp. 1-13.

[80] SÁENZ A., El modernismo: Crisis en las venas de la Iglesia, cit., p. 95. ANDEREGGEN I., Experiencia espiritual. Una introducción a la vida mística, (EDUCA: Editorial de la Universidad Católica Argentina, Buenos Aires 2009), p. 882.

[81] Cfr. DELASSUS H., L'américanisme et la conjuration antichrétienne, cit., pp. 174-175.



Fuente: AAVV, Lucidez y Coraje. 
Homenaje al Padre Alfredo Sáenz en sus Bodas de Oro Sacerdotales,
Editorial Gladius, Buenos Aires 2013, págs. 31-63.





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