viernes, 28 de noviembre de 2025

La Realeza de Cristo y la Apostasía del Mundo Moderno [Incluye Video] - P. Alfredo Sáenz

La Realeza de Cristo y la Apostasía del Mundo Moderno
[Incluye Video]
P. Alfredo Sáenz
 

Extracto de la «Lectio Doctoralis» presentada por el R. P. Alfredo Sáenz SJ, reconocido Sacerdote Jesuita, destacado Teólogo y prolífico Escritor Argentino, durante el «X Foro Internacional Fe y Ciencia» de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), donde recibió el Doctorado Honoris Causa en el año 2013 y que fuera publicado en la Revista “Alma Mater”. Este posteo incluye el video con la exposición completa de su «Lectio». ¡Que lo disfruten!


[CentroPieper] Fue Pío XI en su Encíclica «Quas Primas», de la que se cumplen 100 años de su publicación el próximo mes de diciembre de 2025, quien nos expuso con gran detalle los motivos profundos en que se funda nuestra Fe en la Realeza de Cristo. La realidad de nuestro tiempo nos habla de un mundo –el llamado «mundo moderno»– que se ha separado de Cristo, que ha apostatado de Cristo. ¿Qué hacer frente a tan dramática situación? «Ir a la Reconquista de los espacios perdidos: a la Reconquista del Cristianismo y de la Cristiandad», nos insiste aquí el Padre Sáenz. «“Es necesario que Cristo Reine” –señala con San Pablo–. Y que Reine no sólo en los corazones de los individuos sino también en el orden temporal». Hoy nos complace publicar este extracto de su Conferencia en el Blog del Centro Pieper, en el marco de nuestro Curso Anual «Christus Regnat!...», pues el P. Alfredo Sáenz es un admirado Maestro, a quien le debemos muchísimo. ¡Agradezcamos a Dios por su vida entregada, rezando por él!


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La Realeza de Cristo y la Apostasía del Mundo Moderno
R. P. Dr. Alfredo Sáenz SJ


1.- Cristo, Plenitud de la Historia

Toda la historia camina hacia Cristo, tanto la del pueblo judío como la de los pueblos gentiles. El Antiguo Testamento, ante todo, cobra su sentido plenario cuando se lo considera como preparando su venida. Adán lo preludió como primer padre del género humano; Abel, como hijo inmolado y asesinado por su hermano; Melquisedec se le adelantó como sacerdote del Altísimo; Moisés como el legislador de la primera alianza; David lo figuró como rey guerrero y Salomón como rey pacífico. Todos esos personajes no fueron sino bocetos de Cristo, de la figura esplendorosa de Cristo. 

Cuando Él llegó, bien pudo decir: Ego sum, yo soy aquel anunciado por mis predecesores, tipos y figuras de mi ser y de mi obrar. Pero no sólo los personajes, hechos e instituciones del pueblo elegido trabajaron para Cristo. También trabajó para Él el mundo de los gentiles. Sócrates, Platón, Aristóteles: toda la filosofía griega, en última instancia, pensó para Él. Alejandría balbuceó su «logos» para que San Juan lo pudiera recoger en el prólogo de su Evangelio. También se puso al servicio del Señor el Imperio Romano, ofreciéndole su grandeza, su derecho, su organización, su paz augusta, hasta sus caminos… por los que transitarían los Apóstoles de Cristo para anunciar su Buena Nueva. 


2.- La Realeza de Cristo y la Teología de la Historia

«¿Tú eres Rey?», le preguntaría Pilatos al Señor. La respuesta es categórica: «Tú lo has dicho. Yo soy Rey. Para esto nací. Para esto vine al mundo». El fin de la Encarnación es ejercer su señorío sobre la humanidad. Para eso ha venido. Para eso ha nacido. El universo entero gravita hacia Cristo como hacia su término. No resulta, pues, extraño advertir cómo los profetas, cuando se refirieron al futuro Mesías, no vacilaron en llamarlo Rey. «Un niño nos ha nacido –dijo Isaías–. El Imperio ha sido asentado sobre sus hombros».


La Realeza de Cristo y la Apostasía del Mundo Moderno
P. Alfredo Sáenz


Nada, pues, de extraño que cuando el Ángel anunció su venida a la Santísima Virgen, no vaciló en decirle que «el Señor Dios le daría el trono de David su padre; que reinaría en la casa de Jacob para siempre y su reino no tendría fin». De ahí la gallarda afirmación de Santo Tomás: «Cristo tiene alma de rey». Cabe preguntarse cuál es el ámbito de su realeza. 

Él mismo nos lo dejó explicitado: «Mi reino está dentro de vosotros». Tal es el primer recinto de su Realeza, los corazones de los individuos. Su propósito es erigir en cada uno de ellos un Trono desde donde poder ejercer su Señorío. Él quiere que nuestra memoria, nuestro entendimiento, nuestra voluntad, nuestros afectos, nuestra alma y nuestro cuerpo se pongan a su servicio.

Su Señorío se extiende, pues, al entero orden temporal: las artes, la milicia, la economía, la educación, y sobre todo la política, que informa los demás campos. No otra cosa es lo que el Cardenal Pie llamaba «la política del Padrenuestro»: “Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”. Esta enseñanza que nos llega a través de la Sagrada Escritura constituye el fundamento de lo que se ha dado en llamar la Teología de la Historia. El maestro en dicha materia es San Agustín, quien nos ha dejado un prolijo desarrollo de la misma, sobre todo en su imperecedera obra «La Ciudad de Dios».

El Obispo de Hipona entiende el devenir de los siglos como un conflicto de raigambre teológica entre dos cosmovisiones, o «Dos Ciudades», según le agrada decir, la Ciudad de Dios y la Ciudad del Mundo; la primera, que se funda en la afirmación del primado de Dios y la consiguiente sumisión a Él de todas las demás cosas, el hombre incluido, al señorío de Dios; y la Ciudad del Mundo, que enarbola el primado del hombre, considerando todo lo demás, Dios incluido, como subordinado al hombre. «Dos amores crearon dos ciudades: el amor de Dios hasta el menosprecio de sí, la ciudad de Dios; y el amor de sí hasta el menosprecio de Dios, la ciudad del hombre».

Cada ciudad, nos sigue enseñando el Doctor de la historia, tiene su propio Rey: el de la Ciudad de Dios es Cristo y el de la Ciudad del Mundo es Satanás. Una ciudad, la de Dios, es peregrina, porque si bien sus ciudadanos viven en este mundo, como los otros, saben que su patria definitiva no es ésta sino el cielo; los integrantes de la otra ciudad son inmanentistas, ya que hunden sus raíces en la tierra, a la que consideran su patria terminal. Cada ciudad tiene su propia consigna: «Es necesario que Cristo reine», gritan los miembros de la Ciudad de Dios, mientras que los otros enarbolan su pretendida y soberbia autonomía: «No queremos que Éste reine sobre nosotros».


3.- El Hombre Moderno

Entendemos por «hombre moderno» el hombre tal cual ha quedado después de esta larga revolución anticristiana, que lo ha despojado de Dios, de Cristo y de la Iglesia; el hombre que es el resultado de la civilización creada sobre los escombros de la antigua civilización, impregnada por el cristianismo. Trataremos de darle forma a este diagnóstico señalando algunas de sus características

La primera es el relativismo, sobre el que tanto insistió Benedicto XVI. Esta doctrina se basa en una interpretación peculiar del concepto de verdad, cuya norma ya no sería el objeto acerca del cual se emite un juicio, sino otros elementos, como: la psicología del sujeto, lo que afirma la «opinión pública», etcétera. En su encíclica «Fides et Ratio» decía Juan Pablo II que para muchos de nuestros contemporáneos «el tiempo de las certezas ha pasado irremediablemente», por lo que la verdad se ha vuelto «relativa». Ya no es más «verdad», es mera opinión. Cada cual tiene «su» propia verdad.

La segunda característica del hombre de nuestro tiempo es el naturalismo. Esta corriente ideológica se basa en la idea de que la naturaleza se basta por sí sola, en plena emancipación de toda instancia sobrenatural. En el fondo no es sino una expresión del vértigo que producen las alturas a que Dios nos convoca. Es exactamente lo opuesto al Cristianismo. Porque ¿qué es el Cristianismo? Un doble movimiento, de descenso y de ascenso. Dios desciende, se hace hombre, para que el hombre se eleve, endiosándose por la Gracia. Desciende hasta nosotros para que nosotros ascendamos hacia Él. El naturalismo frena al hombre en su impulso ascensional. Esta forma de pensar ha llevado a que el hombre se considere como el centro absoluto del cosmos, seguro de estar ocupando el lugar de Dios y olvidando de que no es el hombre el que hizo a Dios, sino que es Dios quien hizo al hombre.


Sobre «El Hombre Moderno»
P. Alfredo Sáenz



Otra característica del hombre moderno es el inmanentismo, la actitud del hombre que piensa que esta tierra es su patria definitiva. In-manere: “permanecer en”. Instalarse en el mundo. Echar raíces en el mundo, en la negación de toda trascendencia, que no existe. Todo su horizonte es esta tierra. 

Señalemos, finalmente, una última característica del hombre moderno: su pérdida del sentido de la existencia. Porque dicho hombre no encuentra sentido a su propia vida. Ya no se pregunta para qué vive ni hacia dónde se dirige. En la lápida de muchos hombres de nuestro tiempo se podría escribir: «El que aquí yace no sabe de dónde vino ni a donde fue». 


4.- ¿Qué Hacer?

Esta es la época en que nos ha tocado vivir. ¿Qué podemos hacer? Ir a la Reconquista de los espacios perdidos: a la Reconquista del Cristianismo y de la Cristiandad. Miremos al hombre de nuestro tiempo. Lo vemos maltrecho, desnudo, vulnerado. Curemos sus heridas. Y llevémoslo al mesón de la Iglesia. Entreguémoslo al Cristo que dijo: «Mi Reino está dentro de vosotros». Tratemos que al menos los que nos rodean, o quienes están bajo nuestro cuidado, le preparen un Trono en su interior.

No podemos consentir en que Cristo quede definitivamente destronado: que Cristo haya sido arrojado de la familia, de la cultura, del arte, de la economía, del ámbito laboral, de las armas, de la política. Pero tampoco nos quedemos en el lamento. Esforcémonos por la Reconquista de lo perdido. 

No se trata de volver al Medioevo, o de reinstaurar algunas costumbres propias de aquellos años. Pero sí de volver a la esencia de la Cristiandad, que no es otra cosa que hacer real aquel grito de San Pablo: «Es necesario que Cristo Reine». Y que Reine no sólo en los corazones de los individuos sino también en el orden temporal. Hacer lo que está a nuestro alcance para restaurar las familias y la entera sociedad. 

Volcarnos sobre todo al campo de la cultura, tan predileccionado por el enemigo. Formar pequeños islotes de Cristiandad: Colegios Católicos, pero Católicos en serio; Familias Católicas, pero Católicas en serio; Universidades Católicas, pero Católicas en serio. Siempre nos ha gustado convocar, sobre todo cuando estamos rodeados de jóvenes, a aquellos ideales a que fueron convocados los jóvenes Cristeros de la heroica México. Para concretar dicha aspiración se nos ocurrió inventar una sigla: OEA, no en alusión a la Organización de los Estados Americanos, sino a una consigna bien nuestra, entendiendo por «O» la palabra Oración, por «E» la palabra Estudio, y por «A» la palabra Apostolado.

Dentro de la Oración incluimos todo lo que se refiere a la vida espiritual, la victoria sobre las malas inclinaciones, la adquisición de las virtudes, la plegaria, la vida sacramental, la dirección espiritual, etcétera. El segundo ámbito es el del Estudio, ya que la crisis de nuestro tiempo es, como acabamos de recordarlo, prevalentemente cultural. Será preciso acceder a autores y libros serios y formativos; hoy que se ha perdido el hábito de la lectura, integrarse en grupos juveniles de formación, conocer las doctrinas del enemigo para saber refutarlas; en una palabra, hacer lo que Gramsci llamaba «la revolución cultural», si bien en sentido inverso al por él propiciado. Y finalmente el Apostolado, que no es mero proselitismo sino celo apostólico, ardor del alma, llama del espíritu encendido en esa hoguera hirviente de amor que es el Corazón de Cristo. 

Eso es lo que está a nuestro alcance, el combate. El día del juicio Dios no nos pedirá cuenta de las victorias que hayamos logrado sino de las cicatrices que el combate haya dejado en nosotros.



Fuente:







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8 comentarios:

  1. Muy buena conferencia.
    Nos hubiera gustado que en la primera parte del razonamiento del Padre Alfredo Sáenz hubiera estado más presente la enseñanza de San Agustín sobre las dos ciudades, la ciudad de Dios y la ciudad de Satanás.
    Es evidente que la historia se dirige a Cristo pero en una primera parte de esa historia como hay dos ciudades unos trabajan para que Cristo reine y otros trabajan contra Cristo, o sea, para que Cristo no reine.
    Unos preparan la Primera Venida para el reinado de Cristo y otros preparan el deicidio de Cristo que Él transformará en sacrificio para la salvación de muchos.
    Después de la Primera Venida de Cristo la historia también se dirige a Cristo, a la Segunda Venida de Cristo pero como en la Primera Venida así como unos trabajan para que Cristo reine aquí en la tierra otros trabajan para la construcción de la Bestia y para el gobierno global del Anticristo y del Falso Profeta.
    Así como el Antiguo Testamento profetizaba sobre lo que iba a pasar antes de la Primera Venida de Cristo, los cinco apocalipsis, el de Daniel, los tres evangelios sinópticos y el Apocalipsis de San Juan nos enseñan que en los últimos tiempos la mayoría de los hombres serán bestializados porque para separar el trigo de la cizaña es de pensar que conociendo cómo se comportan los hombres que muchos serán los bestializados y que habrá muy pocos santos o elegidos.
    Esta separación entre la ciudad de Dios y la ciudad de Satanás en que el trigo y la cizaña se podrán cosechar sólo va a darse con una apostasía general y muy pocos santos que se mantengan fieles a Dios.
    Es una estructura global de pecado, una cultura y civilización de la muerte que lleva a que los santos sean vencidos, o sea, a que no haya más santos.
    Si Dios no acortara esos tiempos ni los elegidos se salvarían.
    Ello implica que la humanidad a partir del momento de la Segunda Venida de Cristo no podrá aportar más almas al Cielo y eso justifica el final de los tiempos y que sólo Cristo venza al Anticristo con su presencia.
    No creemos que exista otra interpretación posible. Saludos en la Santa, Corredentora y Mediadora Virgen María

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  2. El wokismo busca prohibir y cancelar al otro. No estamos a favor de una Iglesia woke.
    Saludos en la Santa, Corredentora y Mediadora Virgen María

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  3. ¡Hasta para escribir “Cristo en un comentario tenemos moderadores!
    La Iglesia debe predicar con el ejemplo, no con la agenda.

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  4. Mediadora y Corredentora

    La Santa Virgen María es Mediadora y Corredentora por muchos motivos pero nos cen-tramos en uno de ellos.
    Nos centramos en el “Sí” dado por la Virgen a la encarnación del Verbo que fue estableci-do por Dios como consentimiento necesario para la salvación de los hombres después del pe-cado original.
    Para entender estas cosas debemos estudiar el Principio, la Plenitud y el Fin de la Historia de Salvación.
    En el principio, según Romano Guardini, Hugo Wast, etc., el demonio al ver la Creación, supo que estaba destinada a manifestar a Dios en la encarnación del Verbo, entonces, pensó en hacer caer en pecado a la creatura humana para tentar al Hijo y separarlo del Padre en el mo-mento de máxima debilidad.
    El objetivo era dividir la Santísima Trinidad, que el Hijo desobedeciera la voluntad del Padre, separa al Hijo del Padre, matar el Amor que los unía, el Espíritu Santo, dar muerte a Dios para ocupar su lugar.
    El demonio es asesino por naturaleza, su naturaleza es simple formada de esencia y exis-tencia, cuando vio la posibilidad de dar muerte a Dios, su decisión fue la de un asesino, se re-beló contra Dios con su esencia y existencia, de manera absoluta.
    El pecado de Adán y Eva es un pecado cometido en comunidad con toda su descenden-cia, salvo Cristo y María.
    El pecado original originante del primer Adán y la primera Eva es trasmitido a su descen-dencia que pasan a formar parte de la ciudad de Satanás en tanto confirma durante su vida con sus pecados la herencia maldita.
    El pecado original es el intento de los primeros padres de querer ser como dioses y decidir lo que está bien y mal, aceptando la posibilidad de hacer la guerra a Dios y darle muerte.
    Es un pecado contra los mandamientos de Dios inscriptos en la conciencia de los hombres y es confirmado por los pecados graves que estos hombres cometen en su vida.
    Por eso es conveniente el bautismo de los recién nacidos para ubicarlos en la ciudad de Dios y darle una herencia divina.
    Los pecados cometidos antes de la Primera Venida de Cristo prepararon y confirmaron el deicidio que Jesucristo transformó en sacrificio para la salvación de muchos y que Romano Guardini llamó “pecado original consumado”.
    Todos los pecados cometidos y que cometan los hombres después de la Primera Venida de Cristo confirman o confirmarán el “pecado original consumado” y preparan o prepararán el “pecado original esjatológico” del Apocalipsis, llamado “apostasía general” o “misterio de iniquidad”, los hombres recibirán al que venga en su nombre, al Otro, al Anticristo, que se sen-tará en el Templo de Dios haciéndose llamar Dios.
    El pecado original originante de Adán y Eva, el pecado original consumado en el deicidio de Cristo y el pecado original esjatológico son esencialmente el mismo pecado: el “non ser-viam” de Satanás, el querer ser como dioses pero sin Dios y contra Dios, el querer decidir el bien y el mal contra los mandamientos, etc.

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  5. Opuesta a esta ciudad de Satanás se presenta, en batalla, la ciudad de Dios.
    Dios creó al hombre varón y mujer, a la mujer la sacó de la costilla y no de más abajo o más arriba, de manera que el hombre tuviera una compañera, no estuviera solo, viviera en comuni-dad y poblara el Paraíso.
    Esto significa que “pensó” en la encarnación del Verbo por medio de una Mujer: María.
    Con la caída de Adán y Eva, Dios se propuso salvar al hombre y prometió que una Mujer pisaría la cabeza de la serpiente. Esta Mujer es la segunda Eva unida al segundo Adán: Cristo.
    Si la ciudad de Satanás comenzó con el “pecado original originante”, la ciudad de Dios comenzó antes, en la eternidad, Dios “pensó” un Cristo encarnado gracias a una Mujer como cumbre de la Creación.
    La encarnación del Verbo fue “pensada” por Dios en la eternidad, tomando el lenguaje humano de manera análoga podemos pensar estas “ideas eternas” de Dios como necesarias unas y otras como condicionales, como si fueran proposiciones, siguiendo a Kalinowski, en las cuales el nexo toma un tono contingente o condicional, por ejemplo, “Dios pudo o no haber creado”, “Dios pudo o no haber salvado al hombre caído”, es cierto que decidió crear y deci-dió salvar pero que Dios haya sabido desde el principio cuál iba a ser su decisión no le quita nada a la libertad divina.
    En estas ideas eternas de Dios que son análogas a proposiciones condicionales, está que Cristo se encarne en una Mujer, María, llena de gracia, sin mancha para no manchar con el pe-cado su descendencia.
    En Ella se encarnaría el Verbo y el Verbo encarnado es la mejor y mayor manifestación de Dios en la Creación.
    Después de la caída, la segunda Eva y el segundo Adán son creados sin pecado. El segun-do Adán es una Persona divina, el Hijo de Dios, con dos naturalezas, una humana y otra divi-na.
    Con Cristo, gracias a María, llega a la Plenitud la Historia de Salvación, y los que formaron parte de la ciudad de Dios antes de la Primera Venida recibieron su gracia de esa Plenitud y los que forman parte de la Iglesia después de la Primera Venida la reciben de la misma Fuente.
    Así como la ciudad de Satanás se construye en comunidad a partir del “pecado original originante” de Adán y Eva; la ciudad de Dios se construye en comunidad en la encarnación de Cristo, la Nueva Alianza, gracias a María y a la vida, pasión y muerte de Jesucristo transfor-mada en sacrificio para la salvación de muchos.
    La salvación está edificada sobre Cristo y su Iglesia porque Dios quiso que la salvación sea en comunidad, que exista una comunidad de salvación, una Alianza, no sólo entre el Hombre y Dios sino entre un segundo Adán, una segunda Eva y Dios, entre Cristo y los discípulos, en-tre María y San Juan, entre María y los discípulos, entre la Iglesia y Dios, no hay ruptura en el tiempo de esta Nueva Alianza.
    Con la muerte de Jesucristo, María queda en como en prenda, como garante de la Nueva Alianza en el tiempo de oscuridad hasta la venida del Espíritu Santo sobre los discípulos para la formación de la Iglesia.
    La comunidad de salvación (opuesta a la comunidad de pecado) en la Nueva Alianza la forman primero Cristo, María y José, la Santa Familia, cuando José queda constituida como en el origen entre María y Cristo.
    Jesucristo muere antes que María pero la comunidad de salvación se mantiene primero en-tre María y su hijo adoptivo, San Juan, luego, entre María y los discípulos y, por último, en la Iglesia para continuar esa comunidad hasta el fin de los tiempos.
    Cuando Dios “pensó” sus ideas eternas, “pensó” en la encarnación del Verbo en una Mu-jer. María estaba en los planes de Dios, antes de crear nada y mucho antes del pecado original.
    Esta Mujer es una persona humana llena de Gracia, el Espíritu Santo descendió sobre Ella, no es Dios pero, entre todas las creaturas, ocupa el lugar más alto, debajo de Dios sobre ánge-les y arcángeles porque fue creada para ser Madre de Dios, para que el Verbo se encarnara.
    Con la caída de Adán y Eva, Dios lleva adelante la segunda Creación con el segundo Adán y la segunda Eva.

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  6. Al pecado en comunidad, Dios le opone una salvación en comunidad que no puede estar separada de su Fuente que es Dios mismo.
    En esta salvación en comunidad, el papel de María es necesario pues pronuncia el “Sí” que hace posible la encarnación del Verbo, por ese “Sí” se une al Espíritu Santo, recibe a Cristo y con Cristo acepta su pasión, muerte y resurrección gloriosa.
    Si el pecado original fue terrible porque los primeros padres aceptaban la posibilidad de hacerle la guerra a Dios y darle muerte, lo fue también porque ellos estaban en gracia, eran in-mortales y eran sabios.
    El “Sí” de María fue “terrible” porque contiene y acepta no sólo la encarnación del Verbo sino su vida, pasión, muerte de Cruz y resurrección gloriosa y lo fue también porque lo realiza una joven en la mayor soledad y sin elevada preparación.
    Alguien dijo que María no hizo ningún milagro, hizo el Milagro, el milagro más grande de todos, el nacimiento del Hijo de Dios.
    Toda la salvación y la ciudad de Dios dependieron del “Sí” de María porque Dios así lo quiso. Y lo mismo puede decirse de la Creación y de la Iglesia.
    No entender o rechazar la comunidad de salvación del Segundo Adán y la Segunda Eva, es no entender o rechazar la comunidad de salvación de Cristo y su Iglesia.
    Esto implica no entender o rechazar la Historia de Salvación y la Creación.
    Si en comunidad pecamos es necesario, según lo establecido por Dios, que en comunidad nos salvemos, además, es razonable que así sea.
    Por ello, la Iglesia tiene por Madre a María porque gracias a María la Iglesia recibió a Cris-to y con Él la salvación, rechazar la comunidad entre María y Cristo es rechazar la comunidad entre Cristo y su Iglesia.
    Dios pensó la salvación haciendo depender toda la Creación del “Sí” de María. Sin el “Sí” de María no habría salvación.
    Esta Nueva Alianza, esta comunidad de salvación se continúa en la Iglesia terrenal en co-munión con la Iglesia celestial unidas a Cristo.
    Si salimos de esa comunidad nos ponemos inmediatamente en pecado, en la ciudad de Sa-tanás, no hay terceras opciones.
    Sólo por el “Sí”, María es acreedora de los títulos de Corredentora y Mediadora y estos tí-tulos son necesarios aunque no suficientes para hablar de Ella.
    María no es Dios, no es de naturaleza divina pero es la Madre de Dios y no hay títulos su-ficientes para hablar de Ella.
    Siendo María Creatura divinizada, está debajo de Dios sobre ángeles y arcángeles y como Madre de Cristo forma parte esencial de la Creatura divinizada que es la Iglesia. Fue elevada al Cielo en cuerpo y alma para que siguiera, como persona divinizada, actuando a favor de la Iglesia, las almas de los difuntos no son personas, por ello, es necesario la resurrección de los muertos.
    Corresponde decir que la Iglesia es Medidora y Corredentora en el mismo sentido en que María lo es, participa activamente en la obra de salvación.
    La Iglesia es Mediadora y Corredentora, si el título se puede aplicar a María y sino no.
    Alguien dijo: “cumplo en mi cuerpo lo que falta del sacrificio de Cristo en la Cruz para la salvación de la Iglesia” y ello porque María se unió en ese “Sí” original a la pasión, muerte de Cruz y resurrección gloriosa.
    Toda la vida de María es una confirmación de ese “Sí”. Las siete palabras que dice Cristo en la Cruz son las siete espadas que atraviesan el corazón de María.
    En el sacrificio de Cristo, Jesús no deja sola a su madre sino que le da un primer hijo adop-tivo, San Juan, y la Iglesia santa participa, en comunidad, con sus constantes méritos, dolores y sacrificios en “completar lo que falta del sacrificio de Cristo en la Cruz para la salvación de los hombres” sólo porque María unida a Cristo lo hizo primero.
    La Iglesia estaba ya en María, el “Sí” de María contiene en germen el nacimiento, vida, pa-sión, muerte de Cruz y resurrección gloriosa de nuestro Salvador y, por ello, contiene a la Igle-sia.
    María es la Segunda Eva que con el Segundo Adán dan vida a la Iglesia.

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  7. La Iglesia nace de María en cuanto que Cristo nace de María, así como María tuvo en su interior a Cristo, así la Iglesia tiene en su interior a Cristo.
    No es que la Virgen haya conocido el sacrificio cruento de Cristo en la Cruz al momento de dar el “Sí, quiero” de la Esposa pero existió, sin duda, de parte de Dios un pedido de en-trega y sacrificio que incluía a ese porque Dios trata el hombre con magna reverencia y no po-día hacer menos con María.
    Ese “Sí” se lo recordará Dios a María muchas veces y Ella lo irá confirmando y meditando en silencio durante toda su vida, fue el gran salto de fe, “hágase en mí según tu Palabra”, una entrega total, aceptó la condición de “Sierva” de una manera tal que la hace merecedora de los títulos de Reina, Madre y Señora de la Iglesia.
    O la Iglesia santa es como María, Corredentora y Mediadora, o el hombre se salva sin ne-cesidad de la Iglesia.
    O la Iglesia santa es Mediadora y Corredentora como María o el hombre se salva por cual-quier camino.
    El “Sí” de María es el mismo “Sí” de Jesús dado en el Monte de los Olivos, es el “hágase tu Voluntad”, aceptar la condición de “Sierva”, con ese “Sí” pisa la cabeza del Dragón y se opone al “non serviam” que esclaviza a los hijos de la oscuridad y a los espíritus inmundos de los aires.
    Ese “Sí” providencial es comunión con el Hijo.
    María recibe al Hijo antes que la Iglesia, mantiene esa comunión con el Hijo durante la vi-da de Jesucristo, mantiene la comunión con los discípulos después de la muerte de Jesús y par-ticipa en el nacimiento de la Iglesia, sigue siendo Madre de la Iglesia en su vida terrenal y sube al Cielo en cuerpo y alma para continuar su trabajo de Madre de la Iglesia desde el Cielo.
    Las apariciones reiteradas de la Virgen y sus milagros indican que la posición y títulos de María no son discutibles ni por la jerarquía ni por los sínodos ni en el Cielo ni en la Tierra.
    El rezo del Rosario nos muestra la relación íntima que existe entre Cristo y María y entre María y la Iglesia santa.
    El culto a la Virgen nos muestra el verdadero sentido de la fe. Ella es la que destruye todas las herejías.
    Y es que si María es Mediadora y Corredentora; la Iglesia lo es también pero, como diría el Padre Leonardo Castellani, “sinon non” y aquí entra el tema de la única Iglesia verdadera y del ecumenismo católico.
    Si el ecumenismo se da en una única Iglesia verdadera Corredentora y Mediadora junto con María y unida a Cristo, el ecumenismo es válido, pero realizar reuniones en Asís para for-mar una ONU de religiones y sostener que todas las religiones manifiestan a Dios bajo la for-ma de un poliedro es herejía.
    Sostener que todas las religiones salvan es rechazar la religión verdadera, sostener que to-das las Iglesias salvan es rechazar a la Iglesia verdadera, es rechazar a la Iglesia Corredentora y Mediadora como María unida a Cristo.
    Y es que María destruye todas las herejías contra la Iglesia santa, en tanto y en cuanto, la Iglesia otorgue el lugar y los títulos que le corresponden a María, la Iglesia, entonces, podrá ocupar el lugar y los títulos de María.
    El Cristo que nos predica la jerarquía será el verdadero Cristo y no un Anticristo, en tanto y en cuanto, no construya un muñeco de trapo e instrumentalice a Cristo para que diga ciertas cosas y calle otras mientras no se lo pone al servicio de la agenda de los ricos y poderosos del Mundo.
    El Cristo que nos predica la jerarquía será el verdadero Cristo y no un Anticristo, en tanto y en cuanto, nos lo presente misericordioso pero también justo porque va a juzgarnos en el Jui-cio Final.
    El Cristo que nos predica la jerarquía será el verdadero Cristo y no un Anticristo, en tanto y en cuanto, no lo utilice para fundamentar ideología de moda como el ecologismo, el femi-nismo, la bendición de parejas del mismo sexo, el cambio climático u otras cosas.

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  8. La “comunión humana” querida por Dios no es solamente la que une al hombre con su Creador sino la que nos une en una comunidad santa, casi una familia creada a semejanza de la Santísima Trinidad, la Iglesia Una santa católica apostólica y romana, parece que algunos no han entendido lo que significa “una” y ni siquiera pasemos a “santa”.
    A la comunidad de los hijos de la oscuridad que nace del pecado original de Adán y Eva se le opone la comunidad de los hijos de la luz que nacen desde el Cielo con la nueva Eva y el nuevo Adán.
    A la vieja Creación caída en el pecado por Adán y Eva, se le opone una nueva Creación nacida de la santidad de Cristo y María.
    Dios quiso que esta nueva Creación tuviera nacimiento en una Virgen llena de gracia, san-ta, inmaculada, etc. para no manchar a Cristo y a la Iglesia, modelo Ella misma de lo que debe ser la Iglesia como Madre y como Esposa. Aunque María es madre de Cristo y esposa del Es-píritu Santo y la Iglesia es esposa de Cristo y Madre de la jerarquía, los sacerdotes y los fieles.
    No podemos quitarle mérito y título alguno a María sin que ese robo de mérito y título pase a perjudicar a la Iglesia porque la misma unidad que tuvo y tiene Cristo con María es la misma unidad que tuvo y tiene Cristo con su Iglesia.
    Quizás entonces se comprenda que las reacciones del Pueblo de Dios a los ataques contra la Virgen son las reacciones de sus hijos adoptivos pues Cristo es hermano y tenemos por Ma-dre a María.
    Y, por supuesto, se puede escribir mucho sobre el “Sí” de María y se puede estudiar otros aspectos de su vida y de su relación con su Hijo y gran parte de esto se ha hecho.
    Se puede argumentar de múltiples formas a favor de los títulos de “Corredentora y Me-diadora” de la Virgen, no hay forma de negarlos, pero sabemos que el lector de nuestros días no es un gran lector y puestas las bases, otros más capaces corregirán lo que deba corregirse y ampliarán lo que deba ampliarse.
    Pero algo importante se dijo.
    A veces, cuando el más encumbrado en la Iglesia, el más grande, el más fuerte, el más pro-tegido, se atreve a decir algo en contra de la Madre de Dios, puede (y resaltamos ese “puede”) Dios tomar al más bajo, al más insignificante, al más débil, al peor de todos y enviarlo a que de una paliza al gigante.
    Dios puede hacer esto y muchas cosas más.
    FIN DE LA PRIMERA PARTE DEL LIBRO
    Índice
    Lo mejor está por venir ……. 2
    Nueva Orden Mendicante …… 8
    El diálogo …... 14
    La verdad …….. 24
    No nos achiquemos ……… 35
    La Iglesia y el dinero ... 45
    No despreciar las señales … 51
    Misericordia satánica …… 53
    Castellani …… 57
    Concilio Vaticano II … 61
    Dogma y lenguaje … 70
    ¿Contrarrevolucionario? ... 75
    Viganó …... 78
    Masones católicos …. 84
    La realeza de Cristo .. 89
    Las Fiestas …….. 91
    Salvan almas … 95
    Mediadora y Corredentora …. 97
    https://getinkspired.com/es/story/485392/chapter/mediadora-y-corredentora-2024323/

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