Recuerdos de Carlos Alberto Sacheri
Alberto Caturelli
Extracto del escrito del Dr. Alberto Caturelli realizado especialmente para el libro “Sacheri: Predicar y Morir por la Argentina” del Dr. Héctor Hernández
Han transcurrido casi treinta años desde su martirio. No he dejado un solo día de tenerlo presente en la Santa Misa en el memento de los que han partido y nos esperan. Sé que él no lo necesita, pero sé también que aplicará mis oraciones a quienes más lo requieran.
En lo de Meinvielle
No recuerdo bien el día exacto en el cual nos conocimos. Yo soy mayor que Carlos Alberto y debo haberlo encontrado en una de mis visitas al Padre Julio Meinvielle, entre los años 1952 y 1954. Era estudiante de derecho y discípulo muy querido del Padre Meinvielle. Recuerdo muy bien su hermosa juventud llena de fervor y de virtudes cristianas. Pronto se hizo amigo de Celia, mi mujer. Era la época de mis primeros libros, entre ellos mi tesis doctoral sobre «El pensamiento de Mamerto Esquiú» que publicó la Universidad de Córdoba en 1954. Un estudio de Sacheri sobre este libro fue su primera publicación, aparecida en el n° 54 de la revista Presencia que dirigía el P Meinvielle. Carlos Alberto tenía veintiún años y yo veintisiete.
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Para nosotros no era ni es ni será retórica piadosa el Instaurare omnia in Christo. Ése era el objetivo de nuestras vidas. Sabíamos, sé, que nos cierra muchas puertas y engendra poderosos e implacables enemigos. Que así sea.
Regalo de Carlos
En 1958 partí a Europa por primera vez. A mi regreso, el 11 de octubre junto a mi mujer y a mi hijo mayor, entonces un niño que precisamente ese día cumplía sus seis años, estaba Carlos Alberto. A la tarde, acompañado por su novia María Marta, alegremente llevó a nuestro hijo a visitar el Zoológico y a tomar la merienda; culminó su labor afectuosa regalándole una gorra de granadero, que el niño durante mucho tiempo conservó. Esos días en Buenos Aires los pasamos muy bien hablando de cuanto nos unía y nos unió siempre. Cada uno seguía cumpliendo su misión que era, en realidad, la nuestra, la de siempre y para siempre. Nosotros ya teníamos cuatro hijos y llegarían después cuatro más. Los Sacheri tuvieron siete.



















